¡Tú no mami! (pero casi)… ¡Feliz día del padre!

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El hetero-patriarcado ha configurado un rol de padre que se ha creído “inmutable” durante mucho tiempo dentro de un modelo “clásico” de familia. Al padre se le otorgaba la responsabilidad de proteger y encauzar a su prole por “el buen camino” mediante el ejercicio jerárquico de la autoridad. Por suerte, no obstante, esa figura paterna que, hasta hace bien poco, era la del jefe de familia, al que se profesaba respeto (si no cierto miedo) ante su disciplina, se ha deslizado hacia la de un padre, cercano y solidario, que disfruta de la experiencia del desarrollo de la crianza. Este disfrute de la paternidad cuestiona el estereotipo de masculinidad, asociado tradicionalmente a la fuerza y el poder, para empezar a ejercer una relación, más duradera y comprometida, en la que, hoy día, muchos hombres viven su paternidad de una forma intensa, afectiva y satisfecha.

Es justo afirmar ya que no hay un sólo tipo de padre y que,  la paternidad se experimenta, individualmente, en la vida de cada sujeto. En este sentido, existen trabajos que clasifican a los padres en tres grandes grupos: los” intensos” (que incluye a aquellos hombres que se han centrado en la atención de su descendencia) los “responsables” (constituido por el grupo que entiende, y asume, su responsabilidad en la crianza y está dispuesto a sacrificar horarios de trabajo o aficiones para estar más tiempo “en casa”) y los” complementarios” (que apoyan desde “el exterior” ya que ven las labores paternas con mayor naturalidad en una mujer que en ellos mismo). En definitiva, una relación, la de los padres con sus hijos e hijas,  que está cambiando y, con ello, ha de modificar patrones de conducta en los grupos humanos.

Sin embargo lo cierto es que, en la naturaleza, los padres que se implican en la crianza de su prole no abundan. En aquellos grupos en que lo hacen, entre los parientes más próximos del género Homo (es decir, los mamíferos) la implicación de los machos depende de los efectos de ciertas hormonas. Concretamente, destaca la oxitocina, como responsable del establecimiento de las relaciones de apego entre individuos y, en los procesos de formación de lazos familiares. Por tanto, existen algunas bases biológicas que soportan el desarrollo de una paternidad comprometida y activa. En la especie humana, de hecho, se han recogido datos, en plasma y saliva, de este neuropéptido que demuestran que estos niveles correlacionan con la intensidad de la interacción de los padres que estaban cuidando a sus bebes de 4 a 6 meses de edad. Además, un padre desarrolla una relación muy poderosa con sus hijos e hijas que se manifiesta en una actividad cerebral específica en las regiones relacionadas con los circuitos de recompensa.

Por tanto, se puede afirmar que el cerebro de los varones, está perfectamente capacitado para el disfrute de la crianza. Entonces ¿qué ha pasado con todos esos hombres que, durante siglos, han sido “padres ausentes”?…

Hay una hipótesis demoledora al respecto, pues resulta curioso que se haya probado que, la experiencia emocional de las personas que tienen una talante emprendedor y las respuestas cerebrales hacia su propia empresa, se parecen a las de los padres frente a sus propia descendencia. El empleo de técnicas de resonancia magnética cerebral, ha permitido corroborar que, los empresarios varones que se auto-clasificaron como muy unidos con su compañía, mostraron una supresión similar de la actividad en la corteza cingulada posterior, la unión temporo-parietal y la corteza prefrontal dorso-medial, a la que presentaban padres afectuosos durante la visualización de imágenes de sus propios hijos e hijas frente a otros menores . Además, la intensidad emocional se ponía de manifiesto en la amígdala y el núcleo caudado donde unos y otros evidenciaban el grado de su vinculación: Es cierto, para algunos empresarios, su compañía es su “criatura” y existe un “amor empresarial” que, de alguna manera, suplanta el parental apoyándose en estructuras cerebrales asociadas con la recompensa y el procesamiento emocional, así como la comprensión social.

Por suerte la recuperación del rol del padre, que se entrega y disfruta de la crianza, puede (y debe) poner las cosas de nuevo en su sitio…
Para saber más:
Entrepreneurial and parental love-are they the same? Halko ML, Lahti T, Hytönen K, Jääskeläinen IP. Hum Brain Mapp. 2017 Mar 13.
Moxitocinahers report more child-rearing disagreements following early brain injury than do fathers. Bendikas EA, Wade SL, Cassedy A, Taylor HG, Yeates KO. Rehabil Psychol. 2011
Maternal and paternal plasma, salivary, and urinary oxytocin and parent-infant synchrony: considering stress and affiliation components of human bonding. Feldman R, Gordon I, Zagoory-Sharon O. Dev Sci. 2011 Jul;14(4):752-61.
Brain responses differ to faces of moxitocinahers and fathers. Arsalidou M, Barbeau EJ, Bayless SJ, Taylor MJ. Brain Cogn. 2010 Oct;74(1):47-51.
Nuevos padres

 

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Sin π no soy nada: El instinto matemático.

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¿Es “natural” hacer cuentas? ¿Hay un “instinto matemático“?¿Es posible que exista un “cerebro que goza” con la aritmética y  el álgebra?… Las preguntas son pertinentes porque aunque  casi (y sin casi) de vergüenza decirlo, habrá que admitir que, las Matemáticas (así, en general), provocan, ya desde la escuela, cierta “hostilidad” (las  “Mates” no son precisamente populares entre el alumnado sino, más bien, temidas cuando no detestadas) Pero es una opinión injusta (MUY INJUSTA) y tomada a la ligera pues, la realidad es, que cada día, miles de veces al día, todas personas ( y no solo ellas: es algo más bien frecuente en el Reino Animal) compararan, suman o sustraen cantidades …Y determinadas regiones corticales resultan activadas durante estas tareas así que:

¿Cómo “se llevan” cerebro y Matemáticas? … ¡Pues divinamente!

Cuantificar y calcular ha demostrado tener una enorme ventaja adaptativa: El cerebro de bastantes especies puede hacer “trabajos aritméticos” (por ejemplo, la capacidad de aproximar o comparar cantidades está presente en primates no humanos o aves, entre otros). Por tanto, como todo lo que es importante para la supervivencia, está capacitación ha devenido en la especialización, en esa tarea, de una determinada región cerebral. Así, hay algunos elementos de la anatomía (y momentos del desarrollo del cerebro), directamente vinculados con el pensamiento matemático.

Para empezar, parece bastante probado que, algunas áreas de la corteza (en concreto la parietal lateral y la temporal ventral) codifican para representaciones de cantidades y dígitos. De hecho, existen experimentos que muestran que cuando las personas realizan “tareas aritméticas” en sus cabezas se activan “centros de Matemáticas”. Estudios de neuro-imagen, electrofisiología o sobre lesiones cerebrales, han implicado al lóbulo parietal en esta “tarea numérica” de modo que el cerebro, en esa zona, ante   [5 ] o [cinco]  o [*****] identifica  y “sabe” que son lo mismo.

Esta es la base de la “Teoría del Código Triple” que establece que, el cerebro humano, contiene tres representaciones numéricas diferentes: la cantidad simbólica, la verbal y la abstracta, y que cada una, está codificada en una región cerebral distinta. En este esquema, el código de magnitud se localizaría en los sulcos intraparietales bilaterales (activándose cuando se tiene que estimar o comparar las cantidades); el código visual, se situaría en las áreas occipito-temporales ventrales inferiores (siendo responsable del procesamiento de las formas “dibujadas “de números , en general “dígitos árabes”, y la aritmética); y, por último, el código verbal se encontraría en las áreas relacionadas con el lenguaje en la región temporo-parietal izquierda, (involucrada en el acceso a la memoria de los hechos aritméticos permitiendo, con ello, que los números estén representados fonológicamente).

Dependiendo de las demandas de la tarea, estas regiones del cerebro interactuarían entre sí, de una forma organizada (por ejemplo, durante el  reconocimiento visual simple de un número frente a la determinación del menor entre varios o, reconociendo el vocablo que identifica a la cifra).Se trata por tanto de un proceso fascinante y complejo en el que, la existencia de múltiples lazos de retro-alimentación entre estas regiones corticales, operarían en diferentes etapas de procesamiento numérico.  Así, cuando se identifican diferentes dígitos, en el lóbulo parietal izquierdo se inicia una cadena de acontecimientos, comparando números en lo profundo de la hendidura post-central derecha. Si, además, se empieza a “operar” con las cifras (por ejemplo multiplicando) se provoca una fuerte activación de la hendidura interparietal izquierda. Pero es que, si se hace más de una operación, se causará una mayor activación en el lóbulo prefrontal, así como en la región anterior del surco interparietal derecho. En definitiva, se trata de un proceso que va “reclutando estructuras “ especializadas con cada tarea.  De su correcta ejecución depende la exactitud en las operaciones realizadas y la eficacia en el cálculo elaborado.

Así que, es hay un “cerebro calculador” que, además, necesita “recordar” como hacerlo (osea que, otro mito a derribar, es que las Matemáticas no necesitan memoria). De hecho, se ha evaluado la relación entre, el desempeño en tareas algebraicas y de agudeza en el manejo numérico y, la experiencia en álgebra, implica la formación de un esquema de memoria para la estructura básica de las ecuaciones. El sistema se ejercita y mejora con la práctica. Por tanto, estas habilidades se van perfeccionando con procesos de aprendizaje a lo largo de la vida…

Y a lo “largo de una que vida” en la que, la adolescencia, es la etapa en el que las capacidades cognitivas (que han empezado a formarse durante la infancia) se refinan y , por tanto es, precisamente, durante este periodo de intensa transformación cerebral, donde las estructuras neurales muestran su mejor predisposición al aprendizaje matemático. Es obvio que hacer, entonces, una estimulación adecuada permitirá aprovechar la plasticidad del cerebro al máximo (y en el mejor momento).

Sería muy interesante que, las gentes que enseñan Matemáticas, tomaran en consideración todos estos hallazgos en Neurociencia y, apoyándose en el desarrollo neurofisiológico, facilitaran en su alumnado la aparición y  evolución del pensamiento matemático…

Quizás así las “Mates” pierdan, de una vez por todas, su más que inmerecida “mala fama” y más gente se de cuenta de que “Sin π no soy nada”

Para saber más:

Mapping human temporal and parietal neuronal population activity and functional coupling during mathematical cognition Daitch, A.L.; Foster,B.L.;   Schrouff, J; Rangarajan,V.; Kaşikçi, I.; Gattas,S. y Parvizi (2016) J.PNAS vol. 113 no. 46.

Brain activity during arithmetic in symbolic and non-symbolic formats in 9–12 year old children. Peters, L.;  Polspoel , B.;  Op de Beeck H. y  De Smedt, B.  (2016), Neuropsychologia. Volume 86, 19–28

Individual Differences in Algebraic Cognition: Relation to the Approximate Number and Sematic Memory Systems . Geary, D.C.; Hoard, M.K.; Nugent, L. y  Jeffrey N. RouderJ.N. (2015). J Exp Child Psychol. 2015 Dec; 140: 211–227..

Cerebro, cognición y Matemáticas.  Radford, L. y André, M. (2009)  Revista latinoamericana de investigación en matemática educativa. vol.12 no.2 .

Functional imaging of in numerical processing adults and 4–y–old children. Cantlon, J. F., Brannon, E. M., Carter, E. J. y  Pelphrey, K. A. (2006). PLOS Biology 4 (5), 844–854.

The change of the brain activation patterns as children learn algebra equation solving. Qin, Y., Carter, C. S., Silk, E. M., Stenger, V. A., Fissell, K., Goode, A. & Anderson, J.R. (2004). PNAS 101(15), 5686–5691.

How educational theories can use neuroscience data. Mind, Brain and Education Willingham, D., T. & Lloyd, J. W. (2007). 1 (3), 140–149.

Sorpresa: ¡Tenía razón!…Bárbara McClintock y el maíz

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Decía Séneca que «No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va». Igualmente cierto es, no obstante que, nada puede parar a la verdad cuando se abre paso (aunque, lamentablemente, si frenarla). Los hallazgos de la estadounidense Bárbara McClintock en el maíz muestran, cuan cierta es, esta última afirmación.Bárbara se especializó en citogenética en los años 20, pero tardó, unas cuantas décadas, en que su descubrimiento se reconociera con el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1983.

Su historia con la Ciencia, comienza con sus estudios sobre los cambios que se producen en los cromosomas durante la reproducción del maíz. Empleando protocolos de microscopía desarrollados en su laboratorio, identificó fenómenos esenciales como la recombinación genética que se produce durante la meiosis (proceso que permite la generación de gametos en las especies). Fue, de hecho, diseñadora de una técnica para visualizar cromosomas. Con estos protocolos consiguió relacionar caracteres que se heredaban conjuntamente con segmentos cromosómicos (análisis del ligamiento). Su trabajo con el maíz le llevó también a hipotetizar que debía existir una estructura en los extremos de los cromosomas que los estabilizaran (ósea los “telómeros”, que hoy son conocidos por su importancia en los procesos de envejecimiento, por ejemplo). Sin embargo, siendo con todo esto, muy obvia la importancia de su aportación científica, la revolución conceptual vino de su descubrimiento del proceso de” transposición de elementos del genoma”.

Bárbara extrajo de sus experimentos datos para explicar cómo los genes determinan ciertas características físicas y, en una época en que los genes se imaginaban como “entes cuasi-estáticos “planteó la idea de que la transmisión de los caracteres parentales a la progenie dependía de ciertos “movimiento en los cromosomas “, descubiertos en las plantas de maíz. McClintock dilucidó el mecanismo subyacente al fenómeno generador de pautas de color en semillas de maíz, y su herencia genética. Descubrió que, ciertos lugares del cromosoma (loci), eran elementos” transponibles” que podían, por tanto, cambiar su posición en el cromosoma.

Esta aproximación cambió el concepto del genoma: No se trataba de un conjunto de instrucciones fijas, que pasa de generación en generación, sino una estructura “dinámica”. Semejante afirmación en palabras de la propia McClintock recibió del resto de la comunidad científica, una respuesta como de «perplejidad e incluso hostilidad».

Pero, de cualquier manera, McClintock continuó con la línea de investigación (aunque, habría que reconocer que abandonó en parte la publicación de sus resultados al respecto). Y lo cierto es que, para que se valorara adecuadamente, fue preciso que se “redescubriera” está “movilidad génica” cuando este proceso fue descrito por otros autores en bacterias y levaduras mucho tiempo después.

No debió ser fácil para Bárbara aceptarlo pues, para el ser humano, es duro no contar con el apoyo de su grupo de identidad. Hay que tener gran auto-confianza en el trabajo realizado para seguir creyendo en él aún cuando no se consigue convencer a “los miembros pares” de nuestra comunidad , ya que tenemos una innata necesidad de búsqueda de aprobación.

Y no todas la opiniones son valoradas igualmente: Se busca el reconocimiento de nuestro “grupo de referencia” (en el caso de McClintock el resto de investigadores) aquel cuya valoración, nos aporta crédito y estatus. No se olvide que, en tanto que miembros de la gran familia Primate, la especie humana es social y, su pertenencia a un grupo un factor identitario básico. Esta interacción entre la opinión del entorno y como se reacciona ante ella se establece en el cerebro, activando mecanismos que procesan las emociones básicas y competencias sociales. El centro del proceso es la amígdala (esa pequeña estructura de nuestro cerebro cuya función es la gestión emocional, en general; y, en particular, interpretar las señales de hostilidad y peligro, de afecto o confianza). En ese circuito participan también corteza prefrontal, surco temporal o corteza occipital, entre otras. Un funcionamiento apropiado de toda esta compleja red garantiza la autoestima y creatividad que ha de permitir soportar un rechazo inicial cuando el sujeto SABE QUE TIENE RAZÓN.

Cuando, por fin, se obtiene el reconocimiento del mérito de lo conseguido, justamente, el cerebro desencadena una clara sensación de satisfacción. Y es que queremos ser queridos, que no se nos rechace, ni se nos desmerezca.

Una investigación rigurosa y unos hallazgos potentes, como los de McClintock, deben imponer la evidencia de los hechos. Los descubrimientos incontestables deben conducir al reconocimiento social al final y, con ello, a la satisfacción personal del sujeto.

Por suerte, aunque tarde, (muy tarde) Bárbara McClintock, lo consiguió.

Para saber más:
https://en.wikipedia.org/wiki/Barbara_McClintock

Campelo, F.F. “ Gestión de la autoestima en las organizaciones” (2016) 73–92: Quitándole ambigüedad y brindando nitidez a los fundamentos de nuestras relaciones

Mucho más que hacer fotos: Rosalind Franklin

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Rosalind Elsie Franklin fue biofísica y cristalógrafa, de hecho, las técnicas por ella desarrolladas, establecieron la base de los resultados que valieron el Nobel de Química, en 1982, a Aaron Klug “por el desarrollo de los métodos cristalográficos para descifrar la estructura de los complejos proteínicos de los ácidos nucleicos”. Klug era su discípulo y, es posible, que tal vez, de haber seguido con vida, ambos hubieran compartido el galardón. Sin embargo la muerte truncó, muy prematuramente, todo: Esta brillantísima científica, perdió la vida, más que probablemente, debido a su total entrega a una investigación, de cuyos riesgos, apenas se tenía conocimiento.

Franklin hizo muchas aportaciones con su quehacer en el laboratorio pero, si por algo es conocida, es por el trabajo que hizo posible la observación de la estructura del ADN, mediante imágenes tomadas con rayos X. Lamentablemente, falleció cuatro años antes de que la Academia Sueca premiara a las personas implicadas en que, se reconociera, que se habían abierto las puertas a la compresión de las bases moleculares de la herencia genética. Franklin murió por un tumor de ovario que probablemente estaba relacionado con su trabajo sin protegerse de los rayos X. Un sacrificio personal, que permitió desentrañar las bases moleculares de la heredabilidad de los caracteres genéticos, pero que pudo dañar su propio ADN y desencadenar el cáncer. De hecho, sin sus hallazgos, no sabríamos dónde buscar el origen de esta terrible enfermedad….

Pero el premio fue a parar, sólo, a Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick. No puede concederse el nobel a título póstumo, es cierto, pero no lo es menos, que fue muy injusto que, durante la entrega del mismo, ni siquiera se mencionase que imagen de difracción de rayos X obtenida por Franklin (conocida como la “Fotografía 51”) dio la clave para interpretar la doble hélice del ADN …

Y es que el impacto del trabajo de Franklin va mucho más allá “de una foto”: Permitió comprender que las bases del ADN se apareaban en una doble hélice y con ello la replicación del ADN y , saber cómo se organizan las bases en la doble hélice puso, en manos de la investigación, herramientas para explorar como, a lo largo del desarrollo, se expresan unas características y otras no…

En definitiva ya que, todos los organismos vivos, se organizan con las instrucciones de sus ácidos nucleicos, su trabajo está detrás de cualquier avance en la compresión de los secretos de la transmisión de la vida.

Fue una heroína, alguien que, como decía Aristóteles, hizo de la excelencia no un acto, sino un hábito.

Para saber más:

https://es.wikipedia.org/wiki/Rosalind_Franklin

http://esmateria.com/atomos/rosalind-franklin-gran-cientifica-en-la-sombra/

Sin rencor a pesar de tu jefe: Jocelyn Bell y el olvido

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Mirar al cielo sin sentir cierto sobrecogimiento es casi imposible. El ser humano no puede (ni debe) evitar la seducción por lo que existe más allá del pequeño, aunque fascinante, mundo que habita…Y eso le pasaba a la joven Susan Jocelyn Bell, una astrofísica norirlandesa que descubrió la primera radioseñal de un púlsar junto a su tutor de tesis, el doctor Hewish. Púlsares son «estrellas pulsantes» de neutrones cuyo periodo de pulsación aumenta cuando disminuye su velocidad de rotación. Algunos púlsares, con periodos extremadamente constantes, han sido utilizados para calibrar instrumentos de precisión. Jocelyn Bell, en Cambridge, había colaborado en la puesta en marcha de un radiotelescopio. El hecho es que los quásares habían sido descubiertos hacía poco, y este aparato se diseñó para usar los destellos interplanetarios en su estudio, ya que constituían una suerte de fuente astronómica de energía electromagnética. En este proyecto, Bell detectó un pequeño patrón en los registros de las lecturas. Así, descubrió que se trataba de un pulso regular, de alrededor de uno por segundo, y le puso el divertido nombre de Little Green Man 1, (LGM1; Hombrecillo verde 1). El descubrimiento de las “estrellas pulsantes” fue reconocido con un Premio Nobel que, sin embargo, olvidó la aportación del Bell. Lo cierto es que desde el principio la exclusión de Jocelyn Bell, entre los galardonados con el Premio Nobel, causó, como poco, controversia entre sus colegas. Sin embargo, ella afirma no lamentarlo sino que, bien al contrario, cree que”le ha ido mejor en la vida sin ese galardón”.

Esta afirmación, ante tamaña injusticia demuestra que, Jocelyn Bell no solo es una de las científicas más brillantes de nuestra era, sino un ejemplo de la buena gestión ante la adversidad… Ósea como vivir sin rencor. Por salud mental.

Superar un agravio sufrido puede evitar desequilibrios físicos graves por lo que hay que elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos. Obviamente, se trata de una manifestación de grandeza moral pero es que, además, tiene resultados beneficiosos para la persona que es capaz de hacerlo. A lo largo de la vida, todo el mundo pasa por momentos duros, con amistades que no fueron leales o, como en el caso de Jocelyn, con un jefe desconsiderado. En respuesta a las emociones dolorosas, los individuos pueden reaccionar con ira, hostilidad y deseo de venganza. Y sería lógico.

Pero hay una alternativa que incluye renunciar al resentimiento. Lo interesante, es que existen estudios que han probado mediante imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) que, la superación de la ofensa, se asocia con la activación de la red neuronal implicada en la teoría de la mente, la empatía y la regulación del afecto, incluyendo estructuras como la corteza prefrontal y parietal. Gracias a este circuito “contra el rencor” el cerebro posee los mecanismos para hacer un procesado cognitivo y emocional, que erradique la hostilidad crónica, la rumia de los acontecimientos pasados, y  sus efectos adversos.

Toda la Fisiología se basa en la búsqueda del mantenimiento del equilibrio interno, también en la gestión emocional de lo que nos ocurra. Así, hay una función homeostática de los procesos de toma de decisiones, que permitan al individuo restablecer su equilibrio emocional subjetivo, después de haber sufrido un evento interpersonal hiriente.

Y “Pasar Página.”

Para saber más:
How the brain heals emotional wounds: the functional neuroanatomy of forgiveness”. Ricciardi E, Rota G, Sani L, Gentili C, Gaglianese A, Guazzelli M, Pietrini P. Front Hum Neurosci. 2013.
“Beyond prejudice: are negative evaluations the problem and is getting us to like one another more the solution? Dixon J, Levine M, Reicher S, Durrheim K. Behav Brain Sci. 2012.
“Forgiveness and psychopathology: psychobiological and evolutionary underpinnings”. Stein DJ, Kaminer D. CNS Spectr. 2006.

… Y así la señora Mentén ayudó a controlar la depresión: la Mujer detrás de la Fórmula

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La vida es una colección de reacciones químicas, en sucesión, en paralelo, en serie o a la vez, en fase o desfase… Que esas reacciones se produzcan en la velocidad y el momento adecuados son la causa de salud o enfermedad, de alegría o tristeza. De cómo se realicen esas reacciones se ocupan unas biomoléculas fascinantes: LAS ENZIMAS.

Las enzimas son proteínas que catalizan reacciones químicas, ósea hacen factible que se produzca una reacción que, siendo energéticamente posible, transcurre a una velocidad muy baja. Pero las enzimas son extremadamente selectivas con sus sustratos y, su velocidad de transformación en productos, crece solo con algunas reacciones y, por tanto, el conjunto de enzimas presentes en una célula determina el tipo de metabolismo que puede llevar a cabo dicha célula.

Una joven investigadora fue la responsable de que hoy se pueda cuantificar y predecir este proceso: Maude Leonora Menten. Ella fue la científica canadiense que en 1912 en la Universidad de Berlín, trabajando con Leonor Michaelis, diseñó el modelo matemático que permite definir a qué velocidad se dará una reacción en presencia de la enzima adecuada. En definitiva, puso los pilares de lo que se denomina cinética enzimática. Juntos propusieron un modelo simple para explicar la mayoría de las reacciones catalizadas por enzimas. En este modelo la enzima se combina, reversiblemente, con su sustrato para formar un complejo enzima-sustrato que cuando se rompe formará el producto de la reacción y regenerará a la enzima.

Una consecuencia de su trabajo es que permitió definir la constante de Michaelis-Menten (Km) que es característica de cada enzima y particular para su sustrato. Este parámetro Km no varía con la concentración de enzima, pero informa sobre su “eficacia”. Así una Km pequeña refleja una alta afinidad de la enzima por su sustrato porque, a una baja concentración del mismo, la enzima ha conseguido que la reacción alcance la mitad de la velocidad máxima de generación de producto. Mientras que una Km alta implica una baja afinidad de la enzima por su sustrato y, sólo a una concentración elevada del mismo, la enzima conseguirá desarrollar la mitad de su velocidad máxima de reacción.

Las enzimas están presentes en todos los procesos metabólicos…Y enzimas son las “monoamino oxidasas” (MAO).

Las MAO (aunque fueron descubiertas por Mary Hare en el hígado) están presentes en el sistema nervioso, en neuronas y astroglía catalizando la reacción que utiliza el oxígeno para eliminar un grupo amino de una molécula, resultando el correspondiente aldehído y amonio. En concreto, las MAO catalizan la degradación de neurotransmisores como la serotonina.

En tanto que enzimas, de la velocidad que las MAO permitan para que se dé la reacción, depende el tiempo que los neurotransmisores tienen para circular por el cerebro. Debido a este papel clave en la inactivación de la serotonina, entre otros, las disfunciones de la MAO (por exceso o defecto de actividad) son causantes de algunos de los trastornos neurológicos más frecuentes, como la depresión. Por ello, las investigaciones farmacológicas se centraron entonces en controlar la cinética de este grupo de enzimas diseñando inhibidores de la misma: los conocidos I-MAO (uno de los más importantes tipos de medicamentos prescritos para el tratamiento de la enfermedad)

De modo que conocer cómo controlar la velocidad de la reacción química resultó ser vital para la salud mental…Y así la señora Mentén ayudó a controlar la depresión.

“El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!”: Rita Levy-Montalcini y el Factor de Crecimiento Neuronal.

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Cada enero, inevitablemente, surge una especie de nostalgia causada por la evidencia del paso del tiempo… Tiempo que, en su transcurso, cansa y desgasta. Cada enero conviene, por ello, repasar la peripecia vital de alguien que, como Rita Levi-Montalcini, hizo cierto que merece la pena dar vida a los años, y no sólo años a la vida… ¡Y lo hizo llenando más de un siglo de experiencias y compromiso!

Decía Rita Levi-Montalcini que, para vivir mejor los años que se vivan, la clave estaba en mantener curiosidades, empeños y tener pasiones… La de ella fue la Ciencia. Y descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso. Sin embargo no le fue fácil convencer a la comunidad científica de ello (durante casi medio siglo sus hallazgos estuvieron en entredicho) no obstante, la solidez de su trabajo hizo innegable aceptar su validez y en 1986 se le concedió el premio Nobel.

Nacida en Turín, era la menor de cuatro hijos de una familia sefardí y, desde niña, tuvo el empeño de estudiar. Su padre, sin embargo, como probablemente todos los padres de los años 20, quería casarla bien… Pero ella anhelaba algo diferente: hacer de la búsqueda del conocimiento y la responsabilidad social el centro de su vida. Deseaba ayudar a las personas que sufrían. Así, en 1930 se matriculó en la Facultad de Medicina y se graduó con la máxima calificación en 1936 (en las puertas del inicio de la” Gran Tragedia Europea”). De hecho, en 1938 Benito Mussolini publicó el “Manifesto per la Difesa della Razza”, que prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional, lo que, en realidad, implicaba su separación de, la que empezaba ser, una muy brillante labor investigadora. Pero la palabra rendición no estaba en el diccionario de Rita: En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, montó, a la luz de las velas, un laboratorio secreto en su dormitorio, donde estudiaba el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo. Finalizada la guerra, aceptó una invitación de la Universidad Washington, bajo la supervisión de Viktor Hamburger y fue allí donde culminó su trabajo acerca del factor de crecimiento nervioso (NGF), por el que acabaría recibiendo, junto a Stanley Cohen, el premio Nobel.

El desarrollo del sistema nervioso empezó a comprenderse con el descubrimiento de la señales químicas que lo dirigían, de ahí la trascendencia de los trabajos de Rita Levy-Montalcini. Así, en el embrión, a partir de una placa neural (una zona engrosada de la capa ectodérmica), el tubo neural se diferencia formando el encéfalo y la médula espinal. En este proceso la presencia de factores neurotróficos como el propio NGF es vital. El NGF, lógicamente, es una proteína muy conservada en la escala filogenética, constituyendo su presencia una condición necesaria para la supervivencia y crecimiento de las neuronas inmaduras. Según modelo de funcionamiento más aceptado, la producción durante el período embrionario de cantidades pequeñas de factores neurotróficos, debido a su limitada disponibilidad espacio-temporal, provoca que los axones de las neuronas susceptibles a estas moléculas compitan por el factor. Los axones que han tenido acceso a los factores neurotróficos sobreviven y forman conexiones, mientras que los otros degeneran y, de esta forma, se desarrollan las vías nerviosas.

Además, el NGF ejerce sus funciones también fuera del sistema nervioso central. El factor actúa a través de la estimulación de la síntesis hepática de las hormonas de crecimiento; o, a través de receptores específicos, en el desarrollo y la función de los ovarios; estimula angiogénesis en diferentes tejidos; aumenta la proliferación de las células endoteliales… Y, aún queda mucho trabajo pendiente sobre el papel de la molécula descubierta por la Dra. Levy-Montalcini (de hecho, por ejemplo, se estudia su posible utilidad en las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer).

Y es que la Ciencia siempre está planteándose nuevos retos y, detrás de cada hallazgo, surge una nueva pregunta. Rita Levy-Montalcini lo sabía. Y sabía que, en la búsqueda de las respuestas, todos los cerebros, de todas las etnias, de hombres y de mujeres, eran necesarios, y que había que trabajar por facilitar el acceso de todas las personas al conocimiento. Por eso, toda su vida, fue ejemplo de integridad en el trabajo científico y compromiso con la sociedad, ayudando a niñas desfavorecidas a tener acceso a la educación. En 1994 creó la Fundación que presidió hasta su muerte, dedicada a prestar ayuda a la formación a todos los niveles de mujeres jóvenes, sobretodo en África. Además, el 16 de octubre de 1999, fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y, el 1 de agosto de 2001, Carlo Azeglio Ciampi, entonces presidente de la República Italiana, la designó senadora vitalicia.

En definitiva, la vida ejemplar de una MUJER, tan inteligente como valerosa y comprometida con la igualdad de género o, lo que es lo mismo, con la dignidad de todos los seres humanos. Porque, ciertamente, el cerebro no se arruga, la mente no se para y, el tiempo, se gana llenándolo de nuevos retos.

Para saber más:

“Elogio de la imperfección”. RITA LEVI-MONTALCINI. Ediciones B, S. A.(1989).

“El factor de crecimiento nervioso en la neurodegeneración y el tratamiento neuro-restaurador”. L. Lorigados-Pedre, J. Bergado-Rosado. REV NEUROL (2004); 38: 957-71.

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/35/el-factor-de-crecimiento-nervioso-2632

http://www.huffingtonpost.com/cesar-leo-marcus/rita-levimontalcini-una-m_b_2411739.html