La edad de las mujeres. Neurociencia de la menopausia.

Envejecer no es juventud perdida, sino una nueva etapa de oportunidad y fuerza”. (Betty Friedan).abuela
Desde que Darwin propusiese la Selección Natural como mecanismo para explicar la Evolución de las especies, se da por sentado que,  cualquier ser vivo está, en cierta manera, impelido a incrementar las posibilidades de que sus genes pasen a la siguiente generación. De hecho, la Evolución no consiste en que un individuo consiga sobrevivir, sino que el grupo pueda reproducirse: de ahí que la existencia de la menopausia resulte tan intrigante.

Lo cierto es que, en el Reino Animal, la menopausia es un hecho insólito. La mayoría de las hembras conservan su fertilidad casi hasta el final de sus días. Bien es verdad que, sin embargo, existen algunos ejemplos de “vida post-reproductiva”, como ocurre en los peces Poecilia reticulata, que pasan aproximadamente el 13.6% de su vida en la fase post-reproductiva; o algunos insectos, como los áfidos, que pueden extender su vida superado el periodo reproductivo, lo que se ha relacionado con la defensa de su colonia.

Entre estas escasísimas excepciones de hembras que sobreviven mucho más allá de su vida reproductiva, se encuentran, obviamente, las mujeres, y las hembras de dos especies de cetáceos. En una de ellas, las orcas (Orcinus orca) esta fase vital parece ser de muy reciente aparición, y se vincula al aumento de su esperanza de vida. La orca entra en menopausia a partir de los 30 años, pero puede vivir hasta los 100. Precisamente por esto es muy interesante comprobar en qué condiciones se ha propiciado este estado fisiológico: La clave parece estar en la supervivencia de la prole. Diversos estudios han mostrado que las crías de las madres maduras tienen una tasa de mortalidad muy superior a la de las jóvenes. Es muy sugerente lo que ocurre cuando una orca y su hija crían en el mismo año o el siguiente, pues, en este escenario, la cría de la primera tiene 1,67 veces más probabilidades de morir antes de los 15 años (inicio de la fase adulta), y esto no ocurría si la orca madura criaba en periodos en los que su hija no lo hacía.

Este patrón de cría vendría a apoyar a la denominada “hipótesis de la abuela”, que postula que las hembras mayores, ya infértiles, podrían dedicar todo su tiempo, recursos y experiencia, a ayudar a sus hijas con sus prole. La ventaja de que las hembras menopáusicas dejarán de reproducirse pronto en sus vidas, estaría en ayudar a nietos y nietas a sobrevivir. En el caso de las orcas (que son animales con complejas estructuras sociales) esta conjetura parece muy acertada, puesto que las hembras de mayor edad tienen un gran bagaje de conocimiento ecológico, sobretodo acerca de la localización de alimentos.

La “hipótesis de la abuela” llevada a la Antropología (y por tanto, a la especie humana) implicaría que, dado que en la primeras tribus las hijas migraban a nuevas familias, no tendrían ninguna relación grupal hasta la maternidad. En estas condiciones, la colaboración con sus familiares en la crianza de la prole sería beneficiosa genéticamente para ellas. Simultáneamente, cada bebe estaría mejor cuidado, las madres recibirían una notable y experimentada ayuda, y las abuelas aumentarían la probabilidad de que sus genes se perpetuaran a través de las siguientes generaciones. Además, al proporcionar sustento y apoyo a sus parientes, incrementarían sus redes sociales, lo que podría traducirse en una mejor gestión de los recursos. De una manera semejante a la descrita para las orcas, varias investigaciones indican que, en los pueblos cazadores-recolectores, las mujeres serían, durante todas sus vidas, importantes abastecedoras de alimentos, y su conocimiento del entorno resultaría de enorme importancia para su comunidad.

En definitiva, la aparición de la menopausia implica un cambio radical en los ciclos vitales de las hembras que afectaría a la viabilidad del grupo en su conjunto. En este sentido, en general la especie humana se ha ido haciendo más y más longeva. En el caso concreto de las mujeres, la esperanza de vida media se estimaba en veinte años en la Prehistoria, cuarenta y cinco años en la Edad Media, y ochenta años hoy en día (en las sociedades desarrolladas). No obstante, siempre la máxima duración de la vida humana ha superado a la edad de la menopausia; lo que sí ha ido cambiando es el porcentaje de mujeres que lograban alcanzarla. Este hecho se ha manifestado (como han probado diversos estudios etnográficos) en las relaciones en los grupos humanos, poniéndose de manifiesto que, la menopausia, no estaba marcada por una “patologización” de este periodo de las vidas de las mujeres, ni por consecuencias sociales negativas, bien al contrario: se traducía, incluso, en algunos grupos primitivos, en una mayor consideración comunitaria.

Sea como fuere se trata de un momento de ajustes y cambios de capacidades físicas. Así, durante la vida fértil, el ovario produce dos tipos de hormonas: estrógenos y progesterona, con acciones a muchos niveles del organismo femenino. Tras la menopausia, por tanto se generará un déficit de ambos tipos de moléculas que se asociará con modificaciones a todos los niveles del organismo. En clave neurofisiológica, los estrógenos y/o progestágenos, tienen mecanismos de recepción específicos en el sistema nervioso que se han demostrados esenciales en diversos procesos cognitivos y de ritmos biológicos. La pérdida de estrógenos en la menopausia no sólo disminuye la fertilidad sino que también conlleva la pérdida de un elemento neuroprotector clave en el cerebro femenino. Además, generalmente, niveles elevados de las hormonas ováricas, son beneficiosos para la optimizar procesos de atención sostenida, memoria espacial, verbal o de reconocimiento.

No obstante, se estima que una mujer de 75 años de edad aún conserva al menos el 90% de su metabolismo basal, el 70% de su función cardiovascular y coordinación muscular y el 50% de su actividad pulmonar y, de hecho el 89% del funcionamiento de su sistema nervioso, en comparación con el estado funcional que presentaba cuando tenía 20. De modo que, la menopausia, sólo es un evento biológico y no precisa ser “medicalizado”, sino comprendido. En este sentido,  la menopausia, como otros temas de género, se han visto afectados, negativamente , por valores y asunciones culturales tan amplios como perniciosos y sesgados.

Referencias para saber más:

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