No lo olvides. #DiaMundialDelAlzheimer

Nome acuerdo

Nada nos identifica, como individuo, mejor que nuestros recuerdos. Es nuestra memoria la dueña del paisaje a dónde pertenecemos, la que sabe quién nos importa y a quién importamos… ¡La memoria! esa función cerebral que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar la información del pasado y que, sin embargo, es inexacta y, además, frágil… Y los recueros se pierden.

Olvidamos.

Esos olvidos pueden deberse al paso del tiempo aunque las evidencias parecen indicar que, si bien los recuerdos se conservan de por vida, lo que fallaría es el modo de acceder a ellos. Esto se debería a diversos procesos: Uno de los más comunes (y mejor establecido) es el estrés y sus hormonas mediadoras, los glucocorticoides (de los que se conoce su papel en estructuras cruciales para el proceso de rememorar como es el hipocampo). No obstante, la memoria está diseminada por distintas localizaciones especializadas. Así, mientras en algunas regiones del córtex temporal se almacenan los recuerdos más antiguos, el significado de las palabras se guarda en la región central del hemisferio derecho y los datos de aprendizaje en el córtex parieto-temporal. También participan los lóbulos frontales que se dedican a organizar la percepción y el pensamiento. No en balde, atención y memoria se interconectan de modo que, si en el momento de codificación no se tiene el interés adecuado, no se retendrá la información generada. Esta puede ser la base de muchos “despistes” del tipo: “¿dónde puse las gafas?”... Además, en el cerebro, cuando se intenta recuperar o codificar una información, pueden producirse “interferencias” con otros recuerdos. Aquí estaría la causa principal  del fenómeno “en la punta de la lengua” (o sea una inaccesibilidad temporal de una determinada información almacenada). Mucho más graves pueden ser los fallos del sistema de la memoria que implican recordar información perturbadora no deseada. El recuerdo inaccesible puede variar, siendo desde un error cometido en alguna tarea, hasta una experiencia verdaderamente amarga para el sujeto. Este sería el origen de recuerdos persistentes que pueden llevar a la aparición de fobias o estrés post-traumático.

Con todo, probablemente, la más extendida y dolorosa patología asociada a la pérdida de memoria es, sin duda, la enfermedad de Alzheimer. Es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta con un deterioro cognitivo y evidentes trastornos conductuales. Los síntomas de la enfermedad ya fueron identificados por Emil Kraepelin a principios del siglo XX, mientras que la neuropatología característica fue observada, por primera vez, por Alois Alzheimer en 1906. El doctor Alzheimer identificó el primer caso de lo que hoy se conoce como enfermedad de Alzheimer, en una mujer de 51 años de edad: Auguste Deter.

Hasta hace bien poco se desconocía casi todo de esta infortunada mujer, pero, tras una larga búsqueda, en 1995 los doctores Maurer, Volk y Gerbando encontraron, traspapelada en un sótano del hospital de Frankfurt, una carpeta azul atada con una cinta. Era la historia clínica de la paciente Auguste: esposa de un ferroviario, nacida el 16 de mayo de 1850, de la Iglesia Reformada. Admitida el 25 de noviembre 1901… El historial está integrado por 32 páginas, donde se describe con detalle el inicio, los síntomas, el trascurso de la enfermedad, la causa de la muerte y los resultados de la autopsia. Allí se detalla que Auguste (hasta el debut de la enfermedad un ama de casa normal) tenía problemas de comprensión y de memoria, así como afasia, desorientación, paranoias, un comportamiento impredecible y problemas psicosociales. Se cita como uno de sus primeros síntomas un fuerte sentimiento de celos hacia su marido. Pronto mostró progresivos fallos de memoria, que se manifestaban con la incapacidad para encontrar el camino a casa y conductas erráticas , como arrastrar objetos sin sentido, esconderse o desarrollar la creencia de que otras personas querían matarla, de forma que empezaba a gritar. Durante su internamiento, sus gestos mostraban una completa impotencia. Estaba desorientada en tiempo y espacio declarando (cuando aún podía) que se sentía confusa y totalmente perdida. Las descripciones incluyen la confusión de la llegada del médico con la visita de un funcionario con el que se disculpaba por no haber acabado su trabajo, mientras que en ocasiones gritaba asustada porque el médico quisiera intervenirla. La regresión mental avanzó gradualmente. Así cuando sufría delirios llamaba a su marido y a su hija con aspecto de tener alucinaciones auditivas. Con frecuencia gritaba durante horas y con una voz horrible. Tristemente, tras cuatro años y medio de enfermedad, la paciente falleció. Al final estaba completamente apática y confinada a la cama, donde adoptaba la posición fetal.

Tras la muerte de la mujer, Alzheimer examinó su cerebro al microscopio. En este proyecto colaboró también su compañero, el distinguido neurólogo Franz Nissl. Alzheimer se concentró en el material morfológico mientras que Nissl desarrollaba estudios experimentales sobre reacción de las células nerviosas a la sección de sus axones. Como consecuencia de este trabajo, en 1907, vieron la luz los conocidísimos hallazgos  de Alois con el título “Sobre una enfermedad específica de la corteza cerebral” que, por primera vez en la historia, describían, con amplios detalles clínicos y dibujos, las lesiones cerebrales características de la enfermedad.

Lo que Alzheimer y Nissl encontraron en el cerebro de la pobre señora Deter, fue un número disminuido de neuronas en el córtex cerebral, junto con cúmulos de proteínas en ovillos o filamentos neurofibrilares en el citoplasma de las neuronas. La corteza cerebral era más estrecha de lo normal y presentaba las anomalías que, aún en la actualidad , siguen siendo las características patológicas principales de la enfermedad de Alzheimer.

La pérdida de neuronas y sinapsis en la corteza cerebral y en ciertas regiones subcorticales resulta en una atrofia de las regiones afectadas, incluyendo una degeneración en el lóbulo temporal y parietal, así como partes de la corteza frontal y la circunvolución cingulada. Allí se concentran, por un lado, las placas o acúmulos extraneuronales constituidos por un material anómalo (denominado, al principio, amiloide por teñirse como el almidón, pero que hoy se sabe que son de composición proteica) y que pueden contener terminaciones de neuronas degeneradas y estar rodeados de células gliales reactivas. Por otro lado, aparecen ovillos neurofibrilares, que son acumulaciones de material aparentemente fibroso en el interior de las propias neuronas. Las placas son depósitos densos, insolubles, de una proteína (la beta-amiloide) y de material celular que se localizan fuera y alrededor de las neuronas. Estas continúan creciendo hasta formar fibras entretejidas dentro de la célula nerviosa, constituyendo los citados ovillos.

Lamentablemente, a pesar de haber transcurrido más de un siglo de estas primeras evidencias experimentales,  aún la etiología completa de la enfermedad de Alzheimer no ha sido completamente dilucidada. No obstante, clásicamente, se han definido tres líneas de pensamiento: el déficit de la acetilcolina, la acumulación de amiloide o tau y los trastornos metabólicos. Hoy en día la mayor parte de los datos concluyentes proceden de los estudios de sobre el acumulo anómalo de la ya mencionada proteína beta-amiloide y tau en el cerebro de los pacientes con Alzheimer. En clave genética, los avances han procedido del estudio de la cohorte de pacientes de Alzheimer precoz. En este grupo, la enfermedad se produce por la aparición de mutaciones en los genes de otras proteínas (las denominadas presenilinas) que son una familia de proteínas transmembrana con actividad proteasa. Se han descrito dos, cuyo gen se encuentra en el cromosoma 14 humano y otra más situada en el cromosoma 1. También bajo esta perspectiva se explora la incidencia de la relación de la enfermedad de Alzheimer con el cromosoma 21 (ya que la mayoría de los afectados por el “síndrome de Down” o trisomía del cromosoma 21, padecen lesiones neuropatológicas similares a las del Alzheimer). Por último, existen hallazgos que relacionan la vulnerabilidad depresiva a los rasgos de personalidad y la psicopatología en la enfermedad de Alzheimer.

Sea como fuere, es evidente que, queda mucho por aclarar. Se necesitan formas de diagnóstico precoz o terapias realmente efectivas;  por eso, cada 21 de septiembre, desde la Organización Mundial de la Salud (auspiciado por Alzheimer’s Disease Internacional) se organiza la celebración del Día Mundial del Alzheimer con un doble objetivo; por un lado, sensibilizar a la sociedad acerca de esta “epidemia del siglo XXI”, así como sus consecuencias socio-sanitarias; y por otro lado, desarrollar campañas de investigación para promover la compresión de esta patología.Y es que solo investigación puede ayudar a conservar (e incluso recuperar) los recuerdos.

No lo olvides 

Para saber más:

The Seven Sins of Memory, Houghton Mifflin, 2001. D. Schechter.

Procesos de recuperación en recuerdo y reconocimiento.  Manzanero, A.L.  (2008). En A.L.    Manzanero.  Psicología del Testimonio. Madrid: Psicología Pirámide.

Auguste Deter, el ama de casa alemana que se convirtió en el primer paciente de Alzheimer del mundo https://www.bbc.com/mundo/noticias-44483590

https://www.investigacionyciencia.es/blogs/psicologia-y-neurociencia/63/posts/la-historia-clnica-de-auguste-d-13791

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-92272003041200002

https://knowalzheimer.com/quien-fue-alois-alzheimer/

https://alzheimer.medico-guia.com/alzheimer-historia.html

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0165032718303318?via%3Dihub

Depressive vulnerability in women with Alzheimer’s disease: Relationship with personality traits and abnormal personality dimensions. Joana Henriques-Calado, Maria Eugénia Duarte-Silva Ana Sousa Ferreira; 2018, (241)182-191. https://doi.org/10.1016/j.jad.2018.08.004

 

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En seguida lo hago… El cerebro procastinador: La ciencia que se esconde tras nuestra necesidad de posponer

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Procrastinar, básicamente, es posponer una tarea pero, lo realmente intrigante, es por qué se retrasan algunas obligaciones (y otras no) y, sobretodo, por que algunas personas son más proclives a esta especie de ataques de “vagancia”. Por otra parte, no estaría de más,  determinar cuán perjudiciales son, para el propio sujeto, y cómo de controlables resultan estas “arremetidas internas” de aplazamientos sine díe…  Porque hasta la Real Academia define esta “acción de vagar” (o estar ocioso) nada menos que como, tener tiempo y lugar suficiente o necesario para hacer “algo” (¡”Algo”!, así, sin determinar…)  Por lo que, descrito de este modo, sucumbir a esta pereza podría entenderse como el “dolce far niente” de la cultura italiana (que tanto gasto de energía inútil evita)  y, por ello, convertir a la ociosa inactividad en, casi, una terapia para eliminar tensiones y favorecer la creatividad… De hecho, existe una auténtica tradición de, apasionada y optimista, defensa de la holgazanería, entendida, poco más o menos, como un sinónimo de la “buena vida”… Y, ademán, hay datos experimentales que han evidenciado que el “cerebro que vaga” en realidad explora nuevas rutas  (https://damassincaballeros.wordpress.com/2017/07/27/por-que-irse-de-vacaciones-no-es-opcional-la-trascendencia-neurobiologica-de-tomarse-un-respiro/ )

Sin embargo, abandonarse a la pereza, a esa falta de ganas de ponerse a actuar (casi siempre por “comodidad”) conduce a incumplir obligaciones a menudo urgentes y, casi siempre, necesarias. Aunque sea en aras de reservar energías, ceder a la desgana evita llevar a cabo “algo” que convendría hacer (y eso genera conflictos en el cerebro que ha de tomar la decisión de actuar). En este sentido, la procrastinación sería una suerte de “forma refinada de pereza” ya que se traduce en evitar tareas que hay que hacer (¡sí o sí!) pero sustituyéndolas por otras más placenteras o menos difíciles. Esto implica que, de forma inconsciente, se cambia una acción “desagradable” por otra más “apetecible” …  Además, al implicar una actividad, el cerebro fabrica, de camino, una excusa: la persona puede justificarse a sí misma por no haber cumplido con la obligación inicial, porque estaba “haciendo otra cosa” … No obstante, obviamente, no dejan de ser comportamientos “auto-saboteadores” pues, ante el perentorio reclamo de obligaciones contraídas, es mucho más fácil seguir el impulso hacia la “tarea distractora” y decir (o, mejor, decirnos):  En cuanto termine B hago A, de verdad, en seguida lo hago…  Aunque, con toda probabilidad, ese “en seguida” nunca va llegar y se va a dejar para mañana lo que se debió hacer ayer:   Eso es PROCASTINAR.

Sea como fuere. lo cierto es que unas personas procrastinan más que otras, dando prioridad a los placeres sencillos por encima de las tareas más complejas (aunque, estas últimas, sean más necesarias ,o enriquecedoras, o urgentes, o todo la vez…). Esta pauta de conducta (tan extendida, como habrá que reconocerlo, poco conveniente) tiene una serie de bases neuroetológicas de las que se empiezan a conocer las claves. En este contexto, núcleo del problema es que si, a fin de cuentas, aplazar las tareas traerá consecuencias que, a final, han de producir ansiedad, agotamiento y hasta pánico ¿qué impele, entonces, al cerebro a “dejarlo todo para luego”? La clave parece estar en una correlación encontrada entre impulsividad y procastinación… Y es que existen estudios indican que, se pueden diferenciar grupos de individuos más predispuestos a perder la atención ante una distracción. Además, estas personas, tendrían más probabilidades para desarrollar tendencias impulsivas. Esta pauta de conducta, haría que pospusiesen sus objetivos a largo plazo para más adelante. Este hallazgo indicaría que los rasgos de personalidad procrastinadora e impulsiva, presentarían una cierta correlación entre ambas…`¡Y habría una explicación fisiológica para ello! pues, la tarea poco deseable, tediosa o difícil, es desplazada por una distracción que genera, a corto plazo, una sensación de bienestar, liberando una dosis de dopamina, aunque se pequeña. La “molécula del entusiasmo,” además, va a reforzar la conducta “de aplazamiento” ya que la liberación de dopamina potencia la repetición del comportamiento (no en balde, la ruta dopaminérgica es la vía que subyace a todas las adicciones). Se trataría, por tanto, de un funcionamiento, poco eficiente, de los circuitos de toma de decisiones del cerebro. La razón es que, el proceso de toma de decisiones, implica elecciones y con ello, es probable, que se despierten sentimientos de ansiedad. Obviamente, para controlarla ciertos mecanismos neurales se tienen que activar. De hecho, se sabe que ciertas fibras nerviosas, que se originan en una parte de la corteza prefrontal asociada con las emociones, están implicadas en el proceso. Así, las conexiones entre corteza prefrontal y estriado puede actuar, procesando la información sensorial y emocional de la corteza, para producir una decisión y, con ello, una acción. No obstante, no solo la corteza prefrontal está implicada, también la corteza parietal, tálamo y ganglios basales participan en el fenómeno. Además, en tareas con componentes emocionales, o que implican cierto riesgo, serán la corteza orbitofrontal y cíngulada anterior las regiones más activas mientras que, corteza prefrontal dorsolateral  y  cíngulada posterior, se activarán más en tareas cognitivas, sin componentes de peligro. Ahora bien, si durante la toma de una decisión el individuo no está concentrado en la tarea que tiene entre manos, será el sistema límbico quien intervendrá (mediante el complejo amigdalino y estructura hipocampal). Como consecuencia de ello, el sujeto se verá condicionado por los incrementos puntuales de los niveles de dopamina que acompañan a postergar lo que resulta poco atractivo. De hecho, en las estructuras citadas se han encontrado diferencias entre los “cerebros hacedores” y los “procrastinadores”. Las personas difieren en su capacidad para iniciar mecanismos de autocontrol y control emocional y, estas diferencias interindividuales, relacionan el control de la acción, con las variaciones en la estructura cerebral y la conectividad neural. De modo que la capacidad efectiva de “tomar decisiones” correlaciona, de forma significativa, con el volumen de la amígdala y con la conectividad entre ésta y la corteza cingulada anterior dorsal. Este hecho implica que, la arquitectura anatómica y la red funcional de la amígdala, podrían ser la causa última del éxito en la consecución de metas y objetivos utilizando, de manera eficiente, los procesos de control psico-fisiológico. Dado que la función principal de la amígdala es evaluar diferentes situaciones con respecto a sus resultados potenciales (advirtiendo sobre las posibles consecuencias negativas de cada acción concreta), si la interacción entre la amígdala y la corteza se ve afectada, el control de la acción ya no se podrá ejecutar con éxito. Las personas con un mayor volumen de amígdala pueden estar más ansiosas por las consecuencias negativas de una acción y tenderán, por ello, a vacilar y posponer las cosas.

En definitiva, aunque desde un punto de vista evolutivo, la impulsividad y la búsqueda de una gratificación instantánea han beneficiado a nuestros ancestros (en un mundo donde el mañana era completamente incierto) al poderse hoy alcanzar un más que razonable nivel de seguridad, el cerebro ha tenido que aprender a aplazar las recompensas. Por tanto, es difícil vencer la impulsividad, controlarse perseverando en las tareas, para centrarse en el beneficio a largo plazo… Cabiendo la posibilidad de que, algunos, incluso nunca lo consigan (y la razón pude estar en los circuitos descritos).

Y entonces ¿cómo dejar de procrastinar?¿se puede si quiera?. La respuesta es que para ello se necesita del entrenamiento y aprendizaje y, gracias a la plasticidad de estas estructuras nerviosas, conseguir remodelar la conducta: La mejor herramienta es,  precisamente, emplear nuevas pautas y hábitos que aumenten la motivación a continuar… Pero esta parte, ya si eso,  la cuento luego…

😉  

Para saber más:

https://blog.cognifit.com/es/procrastinar-no-dejes-para-manana-lo-que-puedas-hacer-hoy/

https://lamenteesmaravillosa.com/practicas-el-il-dolce-far-niente/

https://www.realsimple.com/work-life/life-strategies/time-management/procrastination

https://www.huffingtonpost.es/2014/09/02/por-que-procrastina_n_5629572.html

https://www.sciencedaily.com/releases/2018/08/180822090455.htm

¿SE ACABÓ LO BUENO?… Lo que la Neurociencia sabe de la “vuelta a la rutina”

rutinadeltiempo

La llegada de septiembre trae consigo un sinfín de tópicos, asociados al final del periodo de tregua, soleada y feliz que, se supone,  conceden las vacaciones veraniegas. Incluso se le ha puesto un rimbombante nombre de patología: es el síndrome post-vacacional pero… ¿De verdad enferma terminar de descansar? ¿En serio “se acabó lo bueno”?

Existen numerosos datos que demuestran que el descanso no es opcional, que el organismo humano necesita hacer paradas en su actividad para poder continuar con ella pero, tras estos periodos de relax,  sin duda, volver a la vida diaria de cada cual, no tiene por qué resultar duro. Sin embargo, lo cierto es que, llegado el momento del retorno, son bastante unánimes  las quejas sobre la vuelta a la rutina (como si recuperar una vida predecible fuese una maldición apocalíptica y… ¿Verdaderamente, lo es?)

La rutina se pinta como una asfixiante pauta de conducta alienante. Sin embargo, lo cierto es que numerosos datos apuntan a mostrar que el comportamiento humano se asienta sobre hábitos y costumbres. El cerebro necesita de esas acciones repetitivas que se vuelven arraigadas con práctica y reiteración. Ir a trabajar a misma hora, vivir en el mismo barrio o frecuentar a la misma gente, son costumbres que constituyen las bases de un comportamiento adaptativo. Para ello, se ha de llegar a establecer un hábito de forma tan arraigada que se manifieste de manera “casi involuntaria” (pensemos en esa experiencia, bastante común, de confundir el itinerario si un día no hay que ir “al mismo sitio de costumbre” y, a pesar de ello, terminamos en camino a “donde siempre”… ¡Cómo si un “piloto automático” condujese a la clase de inglés del lunes se quiera o no!).  El cerebro “sabe lo que toca a hacer” e inducido, por la repetición prolongada del comportamiento, produce respuestas inculcadas que se reproducen, casi instintivamente, ante determinadas situaciones ambientales…

Pero no son situaciones “cualquiera”: La respuesta “de costumbre” solo se desencadena en aquellas condiciones a las que el sujeto se enfrenta reiteradamente y, cómo sabe qué va a pasar, su atención se puede desplazar a nuevos objetivos… Mientras, pareciese que nuestro pies se dirigen, por sí solos, hacia el “lugar donde todo el mundo sabe tu nombre” como se decía la sintonía (https://www.youtube.com/watch?v=SoZJUK4_ue8) de la al mítica serie Cheers… Y lo del bar del barrio, y el aperitivo de los domingos, no es un ejemplo baladí , ya que pone de manifiesto como las conductas  rutinarias son ¡reconfortantes!…Porque, probablemente, es  esta la característica más relevante del proceso: resulta placentero y gratificante, para el cerebro, moverse en esas situaciones donde sabemos qué hacer, cuando y con quién hacerlo… O sea que ser rutinario y predecible ¡te hará feliz!

Es cierto que esta propiedad del cerebro tiene un” lado oscuro” pues es verdad que la adquisición de un hábito es bastante independiente (en principio) de si estas acciones producen resultados útiles. De modo que las costumbres adquiridas no tienen por qué ser, necesariamente, beneficiosas (por ejemplo, “un cigarrito después de comer” o cualquier otro hábito asociado con el tabaquismo, resulta, casi, tan potentemente adictivos como la propia nicotina) Sin embargo,  es tan grande la ventaja adaptativa que supone esta capacidad de responder estereotipadamente ante situaciones comunes, que el cerebro favorece el establecimiento de estos protocolos (aun a riesgo de que el mecanismo fije pautas no tan beneficiosas e, incluso, hábitos directamente nocivos). Obviamente, la forma en que esta fijación se produce implica los circuitos neuronales de recompensa, que se activan y unen a las personas con sus más queridos ritos. No en balde, constituyen el conjunto de estructuras cerebrales que, mediante estímulos, nos hacen “sentirnos bien” después de realizar cualquier actividad o modifican comportamientos mediante un refuerzo positivo: Se aprende a comportarse y hacerlo produce una gran satisfacción…

Se tienen costumbres porque se aprenden códigos y se encuentran soluciones y esta capacidad depende de circuitos neurales encargados de ello. Desde el principio, el cerebro, va sumando experiencias que le confieren habilidades de modo que sus aprendizajes iniciales (como caminar o hablar) se adquieren por repetición hasta que el cerebro los automatiza. Pero no va a parar de aprender y, así se irán “afinando” las conductas (y no sólo caminará sino que podrá, correr, saltar ¡o ejecutar complicados ejercicios de gimnasia  rítmica!  que, por cierto, se llaman “rutinas”). Con la enorme satisfacción que produce adquirir más y más destrezas. Lógicamente, esa placentera sensación (como todo lo grato) se relaciona con la “molécula del disfrute” o sea, la dopamina, que se libera cuando, bien establecidos estos “protocolos de actuación,” se optimizan las respuestas del individuo. Esta substancia es un neurotransmisor que se produce en muchas partes del sistema nervioso y tiene numerosas funciones, incluyendo la actividad motora, la motivación, el humor, la atención o el aprendizaje. En el constante proceso de adquirir experiencia, la dopamina desempeña un papel crucial, entre otras cosas, porque ayuda a mantener la motivación. Sus niveles circulantes en el cerebro están implicados en el refuerzo de los hábitos (por ejemplo, es lunes, hay que levantarse temprano e ir al colegio y la ruta es… etc. etc.  Al seguir estas”instrucciones”,  prefijadas, o hábitos, nos sentiremos seguros ya que intuimos que se favorece “que todo vaya bien”)  Además,  esos niveles se relacionan con la “focalización” de la conducta en un objetivo. En este sentido, es importante recordar que, la capacidad de ejercer un control sobre las acciones, permite a las personas ajustar sus respuestas de acuerdo con las necesidades y deseos en cada momento. No obstante, todo el rato, el cerebro va a oscilar entre la confortable repetición de las pautas y la necesaria dosis de manejo de imprevistos (en nuestro ejemplo, si resultase que habían obras en el camino y tuviésemos que explorar un nuevo itinerario, o algo así, es muy útil que “no cunda el pánico” por tener que salir de “lo habitual…). De hecho, la dopamina está relacionada tanto con los comportamientos habituales, como en aquellos en que el sujeto “improvisa” para conseguir el objetivo.  De hecho, se ha demostrado que los fármacos potenciadores de la dopamina aceleran el paso a esa especie de “modo automático” asociado a las conductas rutinarias y, las lesiones en la vía dopaminérgica nigroestriada, evitarían la formación del hábito. Sin embargo, por otro lado, la predicción de resultados, que está vinculada a una conducta repetida mil veces, parece estar sostenida por un circuito (dopaminérgico también) que incluye la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo accumbens. Lo cierto es que, sea como fuere, se trata de estructuras implicadas en los circuitos de recompensa cerebrales.

Se podría afirmar que, los niveles de dopamina van jugar un papel fundamental al incorporar una señal de aprendizaje que permite intuir las recompensas venideras, favoreciendo, así, las acciones útiles… Fomentando, en suma, usos y costumbres. Además esos hábitos (asociados a efectos predecibles) aumentan la sensación de ejercer un alto grado de control sobre aspectos clave del entorno (ya se sabe: Más vale malo conocido…). De hecho el tema del control es clave: Aunque la curiosidad y la motivación sean fundamentales en la adquisición de un hábito (y por tanto en el aprendizaje) una vez establecido resulta muy difícil vencer la rutina de un circuito cerebral bien consolidado (es decir, bien aprendido) que permite dirigir nuestros pasos con eficacia en el entorno seguro de la vida “del día a día” que controlamos en tanto que conocemos.

En definitiva, que tras el disfrute veraniego y fugaz de lo inusual o hasta imprevisto, lo bueno, no solo no se acaba, sino que vuelve empezar ¡de la mano de lo cotidiano que nos protege y sostiene!...Que ya lo decía Reade:

Siembra un pensamiento y cosecharás una acción

 Siembra una acción y cosecharás un hábito;

 Siembra un hábito y cosecharás un carácter;

 Siembra un carácter y cosecharás un destino…

Para saber más:

“Managing Post-holiday Stress Naturally”. Diabetes Self Manag. Wiley F. 2015;32(1):64-6.

“How to beat the post-holiday blues”.Nurs Stand. Day-Calder M. 2016 Sep 14;31(3):37-38.

“Safety out of control: dopamine and defence” Behav Brain Funct. Kevin Lloyd and Peter Dayan, 2016; 12: 15. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4878001/

“Reliance on habits at the expense of goal-directed control following dopamine precursor depletion“ Psychopharmacology (Berl).  Sanne de Wit, Holly R. Standing, Elise E. DeVito, Oliver J. Robinson, K. Richard Ridderinkhof,2,3 Trevor W. Robbins, and Barbara J. Sahakian, 2012; 219(2): 621–631. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3249188/

“Shifting the Balance Between Goals and Habits: Five Failures in Experimental Habit Induction” J Exp Psychol Gen. Nelson Cowan, Ed. 2018 Jul; 147(7): 1043–1065. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6033090/

“Enhanced Avoidance Habits in Obsessive-Compulsive Disorder “ Biol Psychiatry. Claire M. Gillan,Sharon Morein-Zamir,Gonzalo P. Urcelay,Akeem Sule,Valerie Voon,Annemieke M. Apergis-Schoute,Naomi A. Fineberg, Barbara J. Sahakian, and Trevor W. Robbins,2014; 75(8): 631–638. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3988923/

https://www.webmd.com/balance/features/after-vacation-tips-to-bounce-back-fast#1

http://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-existe-sindrome-postvacacional-claves-vuelta-trabajo-vacaciones-20180828075936.html

https://neuropediatra.org/2015/09/20/rutina-habito-y-aprendizaje-solo-21-dias/10.1016/j.neuron.2014.08.060

 

 

TURING in memoriam . Cuando no había ORGULLO y la injusticia era legal.

 

vvvOrgullo2018

Amarse, hasta hace bien poco, podía ser perseguido y condenado, legalmente, por “indecencia y perversión”. Baste recordar que, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, la homosexualidad se consideraba un delito en Europa. De hecho, avergüenza y duele que, ahora mismo, en el mundo queden 72 países que criminalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo e, incluso, ser gay o lesbiana, puede costar la vida en 8 de ellos. Mientras esta trágica situación perdura, al rededor del 28 de junio, en todo el mundo (el sábado anterior o posterior a esta fecha) se celebra El Día del Orgullo con marchas y desfiles por la diversidad, la libertad y el respeto. El día escogido se debe a que, en 1969, la madrugada del 28 de junio, la policía de Nueva York dirigió una redada contra el pub Stonewall, situado en el Greenwich Village. Se considera que, este dramático episodio, señala el momento en que se inicia la lucha contra todo un sistema, legal, policial y social, que condenaba los afectos no hetero-normativos… Porque era delito. Y estaba penado.

Y si alguien ejemplifica, para la comunidad científica, la esta injusticia con dramáticas consecuencias es, sin duda, Turing y su tragedia personal. Un héroe. Un genio.

Una víctima.

El matemático, científico de la computación y criptógrafo londinense Alan Mathison Turing, era un hombre tan brillante como complejo. Por su famosa “Máquina de Turing”, está considerado uno de los padres de la informática ya que, al formalizar los conceptos matemáticos que la sustentaban, allá por 1936, iba a establecer los fundamentos de la computación. Su diseño fue presentado en la revista Proceedings of the London Mathematical Society y, aunque tan solo era un dispositivo que manipulaba símbolos sobre una tira de cinta (de acuerdo a una tabla de reglas) puede ser adaptada para simular la lógica de cualquier algoritmo de computación. De hecho, permite explicar, muy bien, las funciones de la CPU dentro de los ordenadores. Solo por este trabajo ya se merecía un sitio preponderante en la HISTORIA DE LA CIENCIA y, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Pero su vida se vio azotada, como la de toda la población europea de su tiempo, por la Segunda Guerra Mundial. Y sabía cuál era su deber. Por eso puso sus habilidades, para el cálculo y la lógica, al servicio de la lucha contra el nazismo enfrentándose (y venciendo) a otra máquina: Enigma. La “Máquina Enigma” era un sistema de rotores que permitía, al ejército alemán, tanto cifrar como descifrar, mensajes, haciendo las comunicaciones nazis inexpugnables… Hasta que resolvió su código el genial Alan. Se estima que este éxito acortó la duración de esa guerra entre dos y cuatro años. Salvando miles, quizás millones, de vidas. Una acción heroica que, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Sin embargo, su vida fluyó por otros cauces y de hecho, se adentró en el diseño de uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales (el del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido). Poco tiempo después, construiría otra de las primeras máquinas de computación en la Universidad de Mánchester. Estaba poniendo los pilares de lo que denominamos “Inteligencia Artificial”. Fue tan trascendente su visionario punto de vista que, con su “Test de Turing”, aún hoy, se prueban las habilidades de las máquinas para exhibir un comportamiento inteligente (similar al de un ser humano o indistinguible de éste). Un talento que, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Debería haber sido así. Pero no fue.

Alan fue procesado, perseguido y condenado.

Por quién amaba. Por cómo amaba.

Le dieron a elegir entre un año de prisión o “curarle” con una terapia hormonal, experimental, que pretendía ser un “tratamiento de reducción de la libido”. La barbarie cruel, la intransigencia ignorante, recubiertas de legalidad vigente. Se cebaron , sin consideración alguna, con el genio, con el héroe, con el ser humano… Y lo destruyeron. Su sentencia fue la castración química mediante una serie de inyecciones de estrógenos (que, es bien sabido, ejercen numerosos efectos periféricos y centrales). Trágica y dolorosamente acabalaron con él, física y psíquicamente. Era 1952. Murió dos años después, muy posiblemente por suicidio.

Hasta el 24 de diciembre de 2013 el gobierno del Reino Unido, no reconoció cuánto le debía Europa (y el mundo) a Turing y que injustamente había sido tratado. Cuanto dolor, cuanto sufrimiento detrás de la intolerancia y crueldad de una sentencia… De muchas, de demasiadas, sentencias como la de Alan. Pero ya hace mucho tiempo de esto ¿de verdad que, aún, hace falta un Día del Orgullo?

Sin duda.  Hay tantas razones como víctimas de prejuicios homófobos se producen diariamente. Para recordarlo. Para no olvidarlas. Para que nunca más, nadie, se sienta escrutado o asediada por ir de la mano de su pareja. Para que nunca más, nadie, llame nada a nadie por besarse… Para que nunca más, nadie, tenga que sufrir por AMAR A QUIEN LE DE LA GANA.

Entre tanto sigue siendo necesario reivindicar.

Entre tanto celebremos, en las calles que han de ser de todos y de todas:  FELIZ DÍA DEL ORGULLO

Para saber más:

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20180628/dia-orgullo-gay-historia-28-junio-5234055

https://www.20minutos.es/opiniones/helena-resano-columna-celebrar-dia-orgullo-3070185/

http://blogs.elpais.com/turing/2012/07/turing-el-nacimiento-del-hombre-1912-la-maquina-1936-y-el-test-1950.html

https://elpais.com/internacional/2013/12/24/actualidad/1387873660_129481.html

Adela Muñoz Páez (2012) “Historia del veneno: De la cicuta al polonio”. Editorial: DEBATE. ISBN: 9788499921693

 

 

La Primavera, la Lengua Madre y la Madre de las Lenguas.

Dime algoCada 21 de marzo se celebra el DIA MUNDIAL DE LA LENGUA Nowruz (escrito نوروز en persa). Es el año nuevo del calendario persa. Obviamente, coincide con el equinoccio de primavera. Se trata de una lengua hablada en Irán, aunque se pueden  encontrar comunidades “persa-parlantes” en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán,​ Rusia, Irak, Omán, Emiratos Árabes y Pakistán (sin contar con los centenares de miles de hablantes que hay en diáspora) o sea que, es posible, que hayan más  de 100 millones de personas que tengan este idioma como lengua materna. El persa, dentro de la familia indo-europea, pertenece a las lenguas indo-iranias y está documentado, con diferentes variantes, desde hace más de 25 siglos. Sea como fuere, el Navruz, fue inscrito en 2009 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconociéndose, así, que la fiesta del 21 de marzo se ha celebrado durante, al menos, 3000 años. Esta conmemoración ha de llevarnos a centrar nuestra atención, en la importancia de la lengua como eje vertebrador de las sociedades humanas.

Nuestro cerebro se sirve de la lengua para comunicarse y, aquella que oímos en la cuna, forja nuestro pensamiento para siempre. La comunicación es una actividad consciente que nos permite intercambiar información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas. Y no es un proceso fácil. Se ha de producir:  la intención de comunicar, la persona emisora tiene que componer un mensaje. y codificarlo, para transmitir la señal, que ha ser recibida y decodificada para que el mensaje, finalmente, sea interpretado por parte de un sujeto receptor. Cada elemento, por tanto, precisa de las especializaciones sensoriales y cognitivas necesarias para la percepción de un lenguaje que permita “entenderse” y cuyo origen biológico, se puede intuir a partir de la observación de la comunicación entre primates “no-humanos”. Sin embargo, todavía se desconoce mucho acerca de los mecanismos neurológicos y etológicos que subyacen a sus habilidades comunicativas.

No obstante, parece bien establecido que el sistema de comunicación entre primates consiste en una complicada mezcla de disposición genética, circunstancias ambientales, y aprendizaje de tareas. Así, se sabe que, en distancias largas, los primates se apoyan en señales auditivas. Pueden emitir numerosos y variados sonidos como el siseo de serpiente (a modo de llamada de alarma) o el aviso del depredador…  Claro que eso no es hablar: y entonces ¿Pueden primates distintos a la especia humana aprender un lenguaje “simbólico”? Lo cierto es que los intentos de enseñarles una lengua oral no han sido nada satisfactorios (entre otras cosas por el simple hecho de que carecen de un aparato vocal adecuado) Sin embargo, es un clásico el trabajo con un chimpancé, llamado Washoe, que aprendió el “Lenguaje de Signos Manuales “. Llegó a saber utilizar y combinar hasta 160 signos, e incluso supo generalizar el uso de un signo a nuevos casos, a partir de su referente originario (lo que sugiere que la comunicación compleja no se limita a la Humanidad). No obstante, aunque entre simios se haya demostrado que comprenden ciertos mensajes, la especie humana va un paso más allá: su comunicación es bidireccional, conversacional y, se basa en consensos en cuanto a cómo se quiere transmitir. No hay un equivalente directo en la comunicación de los primates. Al igual que otros animales, los primates se comunican para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, tales como evitar a los depredadores o mantener la cohesión social durante los desplazamientos. Pero el habla, como tal, sigue siendo una cualidad humana. En gran medida consecuencia de las capacidades vocálicas únicas de nuestra especie.

De hecho, hace apenas unos 7.000 años que nuestra especie empezó a dejar muestras de su dominio del lenguaje al empezar a escribir. Pero cualquier bebe humano, que no escribe, obviamente, es capaz de aprender cualquier idioma, lo que potencialmente, hace que esta competencia pueda ser considerada, además de innata, universal.  Esto podría implicar que surgió, en nuestros ancestros comunes, en África. En esta hipótesis, la aparición del lenguaje debe ser anterior al movimiento migratorio con que se habitó el resto del planeta hace 60.000 años. En esta línea, un estudio ha analizado las riquezas de los fonemas de los diferentes idiomas, situando el origen del lenguaje en algún lugar del sudoeste africano. Para ello se empleó un método similar a los análisis genéticos, observando que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de este continente. Así, algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras que el hawaiano (muy alejado del origen africano desde donde irradió nuestra capacidad comunicativa) tiene tan solo 13. Esto implicaría que la aparición del lenguaje moderno, habría coincidido con toda una explosión de las capacidades cognitivas humanas que se produjeron poco antes del inicio de la “Gran Migración”. Parejos a este éxito adaptativo corrieron el desarrollo cerebral y las capacidades de vocalización.

Y las de audición.

De hecho, la comprensión del habla permanece ampliamente preservada en las personas adultas a pesar del significativo cambio neurofisiológico relacionado con la edad. Sin embargo, el rendimiento de los sujetos más mayores disminuye rápidamente cuando las condiciones de eficacia auditivas son peores.

Por el contrario, la maduración del cerebro durante la infancia es vital para el desarrollo normal de las habilidades del lenguaje. La mayoría de las áreas de procesamiento de lenguaje se desarrollan en el segundo año de vida en un hemisferio del cerebro, que a menudo corresponde al opuesto de la mano dominante.

En este proceso, las nuevas técnicas de neuro- imagen, han permitido identificar, toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Entre ellas, regiones subcorticales (como el caudado-putamen), así como las áreas premotoras y, especialmente, estructuras de la corteza cerebral relacionadas con las cortezas auditivas primarias y secundarias (como la circunvolución temporal superior, que sería responsable del procesamiento morfo-sintáctico así como, la integración de la información sintáctica y semántica; la circunvolución frontal inferior, o área de Brodmann , relacionada con el procesamiento sintáctico,  y la  memoria de trabajo;  misión que comparte con la circunvolución frontal inferior y, por último, la circunvolución temporal media que se encargaría del  procesamiento léxico semántico)

En definitiva, hablar (y entenderse) fue todo un gran reto evolutivo superado con éxito gracias  a una, nada sencilla, red de estructuras que responde en nuestro cerebro a los requerimientos de comunicación.

Para saber más:

Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa. Atkinson, Q.D. Science (2011):  http://science.sciencemag.org/content/332/6027/346

Human brain evolution writ large and small. Sherwood, C.C., .Bauernfeind A.L. , Bianchi, S., Raghanti, M.A. , .Hof P.R.P rogress in Brain Research (2012) 195: 237-254)

How the brain attunes to sentence processing: Relating behavior, structure, and function. Fengler,A. , Meyer, L., Friederici A.D. Neuroimage(2016) 129: 268–278 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4819595/

Adaptive significance of right hemisphere activation in aphasic language comprehension Meltzer J.A., Wagage,S., Ryder,J. , Solomon, B. , Braunb, A.R., Neuropsychologia (2013); 51(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3821997/

Functional reorganization of language networks for semantics and syntax in chronic stroke: Evidence from MEG. Kielar A. , Deschamps T., Jokel R. , Meltzer J.A.Hum Brain Mapp (2016); 37(8):2869-93.

Development of a selective left-hemispheric fronto-temporal network for processing syntactic complexity in language comprehension  Xiao,Y. Friederici,A.D. Margulies,D.S. Brauera,J. Neuropsychologia (2016) 83: 274–282. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4780430/

Neural Processing during Older Adults’ Comprehension of Spoken Sentences: Age Differences in Resource Allocation and Connectivity. Peelle,J.E., Troiani,V., Wingfield,A., Grossman, M.  Cereb Cortex. (2010); 20(4): 773–782. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2837088/

Asyntactic Comprehension, Working Memory, and Acute Ischemia in Broca’s Area versus Angular Gyrus. Newhart,M. Trupe,L. A., Gomez,Y.  Cloutman,L. Jarred Molitoris,J.  Davis,C. Leigh,R.,  Gottesman,R.F., Race,D. HillisA.E.,Cortex( 2012); 48(10): 1288–1297.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3389171/

https://elpais.com/elpais/2015/08/07/ciencia/1438961176_330561.html

 

 

 

Donde habita el Talento… El Sexo del Cerebro

 

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Consideremos esta afirmación: la Humanidad está constituida por PERSONAS ¿Parece bien formulada y evidente por si misma? ¿Sí? Pues no.  Las manifiestas desigualdades entre hombres y mujeres, siguen haciendo imprescindible considerar cuál es la causa de que, más de la mitad de la población humana sea, aún, objeto de estudio, como colectividad homogénea y (lo que es peor) como problema. El trato desigual puede terminar en flagrante discriminación (cuando una persona sea objeto de comportamientos distintos en función de su sexo) pero, antes de eso, se tuvieron que magnificar diferencias. Desde la cuna: Tú de rosa y yo de azul.  Distintos y ¿Desiguales? ¿Por naturaleza?

En realidad, como ocurre mayoritariamente en el Reino Animal, tan sólo se trata de Dimorfismo Sexual. Es decir, las personas  presentan  un  conjunto  de  diferencias  morfológicas  y  fisiológicas  que  caracterizan, y  distinguen, a  los  dos  sexos .  Estas diferencias, tienen una base genética que sustenta características físicas, propias de machos o hembras, variables entre unas especies y otras, y entre individuos de una misma especie. Así, el tamaño, la disposición de la grasa corporal o del vello, la fuerza muscular, o el tono de la voz, son bastante dimórficos en nuestra especie. Sin embargo, que los patrones de conducta lo sean, es un tema que (durante décadas) ha generado controversia.  Es importante profundizar en este tema  pues, se da la paradoja de que, frente a la incansable búsqueda de argumentos para sustentar la asimetría social de hombres y mujeres en clave biológica, no ocurre lo mismo con las mucho más evidentes diferencias anátomo-patológicas. Lo  cierto  es  que, una somera  revisión de las publicaciones de cualquier área de la Biomedicina, evidenciará,  de inmediato que, hace solo apenas dos décadas, que  se  inició, en los  Institutos  Nacionales  de  Salud  (NIH), en EEUU el estudio específico de la Salud de la Mujer …Y que, sorprendentemente, habría que esperar ¡hasta  el 2013!, para  que, de nuevo  el  NIH, fuese pionero  al  exigir  planes  de  sexo  y  de  inclusión  de  género  en  la investigación  pre-clínica. Tan es así que, históricamente, los laboratorios han prescindido de las hembras animales, para evitar posibles cambios de comportamiento relacionados con su ciclo reproductivo. Sin embargo, se sabe, por ejemplo, que muchos fármacos requieren una dosis diferente dependiendo del sexo.

Mientras se obviaban estos problemas (que podían, por cierto, dañar gravemente la salud de las mujeres) se intensificaba la búsqueda de diferencias incontrovertibles entre los gustos, necesidades y, sobretodo, conductas femeninas y masculinas (que en definitiva, demostraran la indiscutible supremacía del hetero-patriarcado) No hubo suerte (o sí, según se mire…) Y es que, buscar dimorfismo en el caso concreto del cerebro es aún más complicado, de lo que ya es, en el resto del organismo. Casi nada en el cuerpo humano es “blanco” o “negro” (bueno, en este caso quizás es más apropiado mantener el “rosa” y “azul”) sino que, el desarrollo, mantiene un continuo en el proceso madurativo, tan complejo como eficaz. Y, obviamente, el cerebro también. Pero, dado que en el cerebro se sitúa el origen de las conductas (y el género está constituido por comportamientos, actividades y atributos que, una sociedad, considera como apropiados para hombres y mujeres) es aquí donde habría que busca a la “mujer-mujer” o /y al “hombre de verdad” (signifique esto lo que signifique…) En este marco ideológico,  lo que fuese consecuencia de la expresión de las diferencias de sexo, se plasmaría, de forma innata, mientras que, la propia plasticidad del cerebro, garantizaría una cierta modulación a través de la experiencia de cada sujeto.  Sin embargo, el cerebro, que es un órgano estructuralmente muy especial, para ejecutar la increíble cantidad de tareas que realiza continuamente, precisa de una bioquímica en sus neuronas, igualmente especializada. Tanto que, un diseño tan “binario” no parece haber encontrado acomodo en sus redes estructurales. De hecho, parece que esa capacidad única de controlar, modular, integrar y procesar información, se sustenta en un extraordinario mosaico de genomas variados, resultado de la acción modificadora de elementos intercalados, que amplifican la diversidad de los genes existentes, posibilitando un repertorio casi infinito de expresiones de ellos. Esto querría decir que, diferentes neuronas dentro del mismo cerebro tienen varios complementos de ADN, sugiriendo que ellas, funcionan de una forma ligeramente diferente unas de otras, incluso en la misma persona. Desafiando el dogma de que los genomas neuronales son invariables, la neurogénesis, estaría creando diversidad incluso de una neurona a otra, enriqueciendo,  con ello, la plasticidad cerebral. En esta línea se sitúan los resultados que arroja, de manera periódica, la Neuro-Endocrinología. Las hormonas sexuales (y, sobretodo, la distribución de sus receptores dentro del cerebro) serían la clave diferenciadora en él. La testosterona, por un lado “masculinizaría” mientras los estrógenos por otro “feminizarían”. Sin embargo, aunque las influencias hormonales son bastante críticas, no es menos cierto que, en ambos sexos , se secretan las hormonas citadas y el “cóctel de señales químicas” en el cerebro es mucho más complejo (además, tiene una importancia crucial la inter-conversión de las diferentes moléculas). Así, todo un aluvión de resultados, empiezan a reforzar la hipótesis de que el desarrollo cerebral es un proceso dinámico sobre el genoma, en el que están actuando en paralelo e influenciándose mutuamente, numerosos elementos. En este contexto, las diferentes regiones del cerebro reaccionan de maneras distintas a las influencias del sexo, pero también (¡cómo no!) ambientales y de otros tipos. Por ejemplo, la exposición a diferentes formas de estrés prenatal, pueden retroalimentar este proceso, alterando el desarrollo cerebral haciendo que los (demasiado) simples estereotipos masculinos o femeninos, para intereses, habilidades o capacidades, fracasen en sus predicciones.

Los estudios de neuro-imagen corroboran esta afirmación, ya que en el cerebro no han podido encontrarse grandes diferencias por pertenecer a uno u otro sexo. Más bien, parece que las personas están hechas de los mencionados “mosaicos” que, con distintas distribuciones de estructuras, una forma personal y rasgos individuales, son únicos para cada sujeto. Aunque se aprecien ciertas diferencias en tamaño, y en algunas de regiones en particular del cerebro, o en la composición de las neuronas y morfología de las dentritas, o el contenido de algunos neurotransmisores, sin embargo, se dan grandes superposiciones entre las distribuciones de mujeres y hombres. Por ejemplo, el sexo femenino  ha sido relacionado, por lo general, con una mayor proporción de sustancia blanca y un cuerpo calloso de mayor tamaño (lo cual estaría vinculado a una transmisión de la información más rápida entre los distintos hemisferios y estructuras); también se han encontrado indicios de que, el sistema límbico (la parte del encéfalo más “emocional”) tiende a ser algo mayor. En lo que respecta al sexo masculino, su cerebro contaría con una mayor proporción de materia gris (relacionada con el procesamiento de la información); así mismo, se dice que, en los hombres también suele haber un hipotálamo mayor (siendo éste el  auténtico centro regulador del sistema neuroendocrino). Sin embargo las últimas investigaciones (que han identificado hasta una docena de regiones o conexiones cerebrales que diferían entre los sexos) han puesto en evidencia que los cerebros reales son una mezcla de ambos patrones, y los “sólo masculinos” o “sólo femeninos” no llegaron a 1 de cada 10 casos.

En definitiva, la distinción CEREBRO MASCULINO, CEREBRO FEMENINO sólo sería posible si las diferencias de sexo/género en los rasgos del cerebro fueran altamente dimórficas. Y eso no es lo que pasa. El cerebro que reúne cualidades únicas en cada sujeto, moldea sus habilidades en un mosaico diverso, híbrido, ¡prodigioso!. En él, se originara el talento, entendido como esa especial capacidad intelectual, que hace que una persona tenga facilidad para desarrollar una actividad. Por tanto, el talento, también nace independiente de  cuál es sexo del sujeto, en cuyo cerebro se alberga… Y tan necesitada como está la Humanidad de él: ¡No se puede seguir desperdiciando a la mitad!…La mitad femenina, por cierto.

Para saber mas: 

“Sex differences in rat decision-making: The confounding role of extraneous feeder sampling between trials”. Donovan CH, Wong SA, Randolph SH, Stark RA, Gibb RL, Gruber AJ. Behav. Brain Res. (2018) 342:62-69. doi: 10.1016/j.bbr.2018.01.018.

“Sexual differentiation of the human brain: relation to gender identity, sexual orientation and neuropsychiatric disorders”. Bao AM, Swaab DF. Front Neuroendocrinol. (2011) 32(2):214-26. doi: 10.1016/j.yfrne.2011.02.007.

“La psicología de las diferencias de sexo”. Bausela, E., Colom, R. y Zara, M.J. Madrid: Biblioteca Nueva, 429. (2004). Boletín de Estudios e Investigación

Sex beyond the genitalia: The human brain mosaic https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4687544/

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/pensamiento-mgico-445/el-sexo-del-cerebro-8205

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/sexo-gnero-y-ciencia-720/existe-un-cerebro-femenino-15734

http://www.ngenespanol.com/fotografia/fotogalerias/17/01/9/edicion-especial-sobre-genero-revista-national-geographic/

AL ENAMORARTE NO LO NOTAS PERO TE DEJA IDIOTA… y ¡la culpa la tiene la dopamina!

corazón

Se acaba enero y, con él, se marchan los últimos coletazos de festejos navideños y, hasta las rebajas se terminan… Así que, en lo más frío del frío invierno y, cuando aún queda muy lejos el renacer primaveral, ¡llega febrero! A este mes, huérfano de grandes fechas, sólo le salva del triste erial comercial en que transcurre, los Carnavales y, sobre todo  ¡San Valentín!… Y eso que, según dice Wikipedia, el 14 de febrero es una celebración que se hizo popular hace bien poco: Solo a partir del siglo XX, al empezar a denominarse “día de los enamorados”. No obstante, hay que hacer constar que su origen no es nada “romántico”. Bien al contrario: parece ser que, en la antigua Roma, el 14 de febrero estaba dedicado a una fiesta muy truculenta de la fertilidad, llamada Lupercalia. Dicha celebración, incluía dar de latigazos para favorecer la preñez (¡vamos,” un amor” de festividad!) La “entrañable tradición”, en el año 496, fue prohibida por el papa Gelasio I que instauraría, en su lugar, el 14 de febrero como día de San Valentín. El santo resulta ser uno de los tres mártires, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. Real o no, la leyenda habla de un médico romano, que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador Claudio) De casamentero a patrón del enamoramiento, solo había un paso que, en nuestro país, fundamentalmente, le debemos a la cadena, de grandes almacenes, Galerías Preciados. Su dirección, sería la encargada de poner en marcha una, tan exitosa como edulcorada, campaña comercial, que dura hasta hoy (para alegría de las hojas de balance de ventas…)

Pero ¿qué lleva a personas, que hasta el momento parecían normales, a transformarse en sujetos que “se mueren de amor” o “que se quieren más que al aire que respiran?.

Pues (sintiéndolo mucho por la poesía) entre otras cosas, son responsables de que estemos en éxtasis: una corteza prefrontal inundada de dopamina, oxitocina corriendo por la venas, o adrenalina y serotonina fluyendo con intensidad… ¡Ya está!

¡Hormonas y cerebro que nos llevan a locura!  No obstante, como escribiera Friedrich Nietzsche “En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón”

Buscar los orígenes de “este estado transitorio de enajenación, que denominamos amor”, ha conducido a comprobar que activa las regiones cerebrales responsables de una felicidad más plena, y que producen un placer más intenso (áreas que, por cierto, son blanco, también para las drogas más adictivas).  Este grupo de estructuras reciben el nombre de “circuito de recompensa” y se relacionan con la potenciación de aquellas conductas que son más favorables para pervivencia del individuo (como comer) o de la especie (como reproducirse). Así que, lejos de un  “supremo encuentro entre espíritus puros”, esto va más de la supervivencia de la especie. Todo depende de lo placentero que resulte el encuentro en pareja, y de que estos grupos neuronales se activen fuertemente con el acercamiento amoroso.  De hecho, cuando el amor romántico se estudia a través de la resonancia magnética funcional, se comprueba la activación de áreas nerviosas concretas, con solo mostrar al sujeto la imagen del ser amado. Entre ellas, destaca el área tegmental ventral, que se estimula, y envía señales a otras partes del cerebro, como el núcleo caudado. No obstante, estas estructuras neuro-anatómicas involucradas en el amor romántico, también están estrechamente relacionadas con las conexiones que organizan motivación y emoción. Neuro-químicamente, la reunión de los amantes, estimula la vía dopaminérgica mesolímbica. En esta vía, la dopamina se libera desde la mencionada área tegmental ventral  hacia el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, que luego se dirige al pálido ventral para completar todo el “circuito de recompensa”. De ahí que, en ese “momento mágico”, del enamoramiento el cerebro de la “víctima” de la pasión “no esté para nada más”. El sentimiento amoroso desencadenado en el, tradicionalmente, denominado sistema límbico, ocupa a las áreas responsables del procesamiento emocional, motivación y memoria.

De este modo, lóbulos temporales, hipotálamo, amígdala e hipocampo, se activan para llevarnos a sentir el disfrute supremo. Con esa activación se va reforzar, ese sentimiento positivo, cuando ocurra nuevamente el evento inicial deseable (en nuestro caso el encuentro con la pareja) y, si no ocurre espontáneamente, va inducirnos  la búsqueda del mismo.

En cualquier caso, siendo sin duda la vía dopaminérgica fundamental, además de la dopamina, hay más componentes del “coctel del amor”. Entre ellos destacan dos neuro-péptidos :  la oxitocina y la vasopresina,  ambos bajo control hipotalámico y relacionados con la duración del vínculo…Porque, pasada la fiebre inicial, el apego garantizará que la pareja viva una tranquila y duradera relación, más próxima a la paz de la complicidad que al embeleso arrebatado de las primeras fase del cortejo. Asimismo, se modifican los niveles de sustancias directamente relacionadas con los estados de animo, como adrenalina o serotonina. Por último, también tienen su importancia los cambiantes niveles de estrógenos y andrógenos. Y es importante recalcar que, tanto hombres como mujeres, tienen todas estas moléculas, pero las proporciones difieren entre sexos y con la edad… Pero esto, obviamente ¡es otra historia!

En definitiva, querido enamorado, querida enamorada, si está en esas primeras fases de arrobo, de frenesí, de arrebato: ¡a disfrutar! Su amor está activando las vías  dopaminérgicas: Es cierto, de repente algo ha cambiado  en su interior. Así se explica muchas de las conductas que su enamoramiento desencadena: esa euforia sin límite, el insomnio y la ansiedad que padece, o esa pasión desmedida por el objeto de sus desvelos. Todos son consecuencia de las altas dosis de dopamina circulante que se corresponden con el inicio de una relación amorosa…Aunque cuidado con volverlo patológico, de pura excitación placentera ¡el amor puede resultar adictivo! .

Sea como fuere, el amor es una tormenta emocional  difícil de describir pero imposible de detener , así que “atontante” o no, en circunstancias normales, los datos de la Neurociencia indican que, sin duda, debe hacernos felices… Nada apoya que suframos  por amor, así que: ¡feliz día de San Valentín!

Para saber más: 

The Oxytocin-Vasopressin Pathway in the Context of Love and Fear.; Carter CS. Front Endocrinol (Lausanne). 2017 Dec 22;8:356. doi: 10.3389/fendo.2017.00356. eCollection 2017. Review.. PMID: 29312146 Free PMC Article.

The Role of Oxytocin and Vasopressin in Attachment. Carter CS. Psychodyn Psychiatry. 2017 Winter;45(4):499-517. doi: 10.1521/pdps.2017.45.4.499.PMID: 29244625.

‘Love builds brains’: Representations of attachment and children’s brain development in parenting education material. Wall G.Sociol Health Illn. 2017 Dec 12. doi: 10.1111/1467-9566.12632. PMID: 29235128

http://www.ngenespanol.com/ciencia/salud/13/02/14/funciona-amor-cerebro/

http://www.mentesana.es/psicologia/cerebro/neurociencia-amor-como-se-enamora-nuestro-cerebro_971

https://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-enamorado_a12240.html