La Primavera, la Lengua Madre y la Madre de las Lenguas.

Dime algoCada 21 de marzo se celebra el DIA MUNDIAL DE LA LENGUA Nowruz (escrito نوروز en persa). Es el año nuevo del calendario persa. Obviamente, coincide con el equinoccio de primavera. Se trata de una lengua hablada en Irán, aunque se pueden  encontrar comunidades “persa-parlantes” en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán,​ Rusia, Irak, Omán, Emiratos Árabes y Pakistán (sin contar con los centenares de miles de hablantes que hay en diáspora) o sea que, es posible, que hayan más  de 100 millones de personas que tengan este idioma como lengua materna. El persa, dentro de la familia indo-europea, pertenece a las lenguas indo-iranias y está documentado, con diferentes variantes, desde hace más de 25 siglos. Sea como fuere, el Navruz, fue inscrito en 2009 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconociéndose, así, que la fiesta del 21 de marzo se ha celebrado durante, al menos, 3000 años. Esta conmemoración ha de llevarnos a centrar nuestra atención, en la importancia de la lengua como eje vertebrador de las sociedades humanas.

Nuestro cerebro se sirve de la lengua para comunicarse y, aquella que oímos en la cuna, forja nuestro pensamiento para siempre. La comunicación es una actividad consciente que nos permite intercambiar información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas. Y no es un proceso fácil. Se ha de producir:  la intención de comunicar, la persona emisora tiene que componer un mensaje. y codificarlo, para transmitir la señal, que ha ser recibida y decodificada para que el mensaje, finalmente, sea interpretado por parte de un sujeto receptor. Cada elemento, por tanto, precisa de las especializaciones sensoriales y cognitivas necesarias para la percepción de un lenguaje que permita “entenderse” y cuyo origen biológico, se puede intuir a partir de la observación de la comunicación entre primates “no-humanos”. Sin embargo, todavía se desconoce mucho acerca de los mecanismos neurológicos y etológicos que subyacen a sus habilidades comunicativas.

No obstante, parece bien establecido que el sistema de comunicación entre primates consiste en una complicada mezcla de disposición genética, circunstancias ambientales, y aprendizaje de tareas. Así, se sabe que, en distancias largas, los primates se apoyan en señales auditivas. Pueden emitir numerosos y variados sonidos como el siseo de serpiente (a modo de llamada de alarma) o el aviso del depredador…  Claro que eso no es hablar: y entonces ¿Pueden primates distintos a la especia humana aprender un lenguaje “simbólico”? Lo cierto es que los intentos de enseñarles una lengua oral no han sido nada satisfactorios (entre otras cosas por el simple hecho de que carecen de un aparato vocal adecuado) Sin embargo, es un clásico el trabajo con un chimpancé, llamado Washoe, que aprendió el “Lenguaje de Signos Manuales “. Llegó a saber utilizar y combinar hasta 160 signos, e incluso supo generalizar el uso de un signo a nuevos casos, a partir de su referente originario (lo que sugiere que la comunicación compleja no se limita a la Humanidad). No obstante, aunque entre simios se haya demostrado que comprenden ciertos mensajes, la especie humana va un paso más allá: su comunicación es bidireccional, conversacional y, se basa en consensos en cuanto a cómo se quiere transmitir. No hay un equivalente directo en la comunicación de los primates. Al igual que otros animales, los primates se comunican para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, tales como evitar a los depredadores o mantener la cohesión social durante los desplazamientos. Pero el habla, como tal, sigue siendo una cualidad humana. En gran medida consecuencia de las capacidades vocálicas únicas de nuestra especie.

De hecho, hace apenas unos 7.000 años que nuestra especie empezó a dejar muestras de su dominio del lenguaje al empezar a escribir. Pero cualquier bebe humano, que no escribe, obviamente, es capaz de aprender cualquier idioma, lo que potencialmente, hace que esta competencia pueda ser considerada, además de innata, universal.  Esto podría implicar que surgió, en nuestros ancestros comunes, en África. En esta hipótesis, la aparición del lenguaje debe ser anterior al movimiento migratorio con que se habitó el resto del planeta hace 60.000 años. En esta línea, un estudio ha analizado las riquezas de los fonemas de los diferentes idiomas, situando el origen del lenguaje en algún lugar del sudoeste africano. Para ello se empleó un método similar a los análisis genéticos, observando que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de este continente. Así, algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras que el hawaiano (muy alejado del origen africano desde donde irradió nuestra capacidad comunicativa) tiene tan solo 13. Esto implicaría que la aparición del lenguaje moderno, habría coincidido con toda una explosión de las capacidades cognitivas humanas que se produjeron poco antes del inicio de la “Gran Migración”. Parejos a este éxito adaptativo corrieron el desarrollo cerebral y las capacidades de vocalización.

Y las de audición.

De hecho, la comprensión del habla permanece ampliamente preservada en las personas adultas a pesar del significativo cambio neurofisiológico relacionado con la edad. Sin embargo, el rendimiento de los sujetos más mayores disminuye rápidamente cuando las condiciones de eficacia auditivas son peores.

Por el contrario, la maduración del cerebro durante la infancia es vital para el desarrollo normal de las habilidades del lenguaje. La mayoría de las áreas de procesamiento de lenguaje se desarrollan en el segundo año de vida en un hemisferio del cerebro, que a menudo corresponde al opuesto de la mano dominante.

En este proceso, las nuevas técnicas de neuro- imagen, han permitido identificar, toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Entre ellas, regiones subcorticales (como el caudado-putamen), así como las áreas premotoras y, especialmente, estructuras de la corteza cerebral relacionadas con las cortezas auditivas primarias y secundarias (como la circunvolución temporal superior, que sería responsable del procesamiento morfo-sintáctico así como, la integración de la información sintáctica y semántica; la circunvolución frontal inferior, o área de Brodmann , relacionada con el procesamiento sintáctico,  y la  memoria de trabajo;  misión que comparte con la circunvolución frontal inferior y, por último, la circunvolución temporal media que se encargaría del  procesamiento léxico semántico)

En definitiva, hablar (y entenderse) fue todo un gran reto evolutivo superado con éxito gracias  a una, nada sencilla, red de estructuras que responde en nuestro cerebro a los requerimientos de comunicación.

Para saber más:

Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa. Atkinson, Q.D. Science (2011):  http://science.sciencemag.org/content/332/6027/346

Human brain evolution writ large and small. Sherwood, C.C., .Bauernfeind A.L. , Bianchi, S., Raghanti, M.A. , .Hof P.R.P rogress in Brain Research (2012) 195: 237-254)

How the brain attunes to sentence processing: Relating behavior, structure, and function. Fengler,A. , Meyer, L., Friederici A.D. Neuroimage(2016) 129: 268–278 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4819595/

Adaptive significance of right hemisphere activation in aphasic language comprehension Meltzer J.A., Wagage,S., Ryder,J. , Solomon, B. , Braunb, A.R., Neuropsychologia (2013); 51(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3821997/

Functional reorganization of language networks for semantics and syntax in chronic stroke: Evidence from MEG. Kielar A. , Deschamps T., Jokel R. , Meltzer J.A.Hum Brain Mapp (2016); 37(8):2869-93.

Development of a selective left-hemispheric fronto-temporal network for processing syntactic complexity in language comprehension  Xiao,Y. Friederici,A.D. Margulies,D.S. Brauera,J. Neuropsychologia (2016) 83: 274–282. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4780430/

Neural Processing during Older Adults’ Comprehension of Spoken Sentences: Age Differences in Resource Allocation and Connectivity. Peelle,J.E., Troiani,V., Wingfield,A., Grossman, M.  Cereb Cortex. (2010); 20(4): 773–782. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2837088/

Asyntactic Comprehension, Working Memory, and Acute Ischemia in Broca’s Area versus Angular Gyrus. Newhart,M. Trupe,L. A., Gomez,Y.  Cloutman,L. Jarred Molitoris,J.  Davis,C. Leigh,R.,  Gottesman,R.F., Race,D. HillisA.E.,Cortex( 2012); 48(10): 1288–1297.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3389171/

https://elpais.com/elpais/2015/08/07/ciencia/1438961176_330561.html

 

 

 

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AL ENAMORARTE NO LO NOTAS PERO TE DEJA IDIOTA… y ¡la culpa la tiene la dopamina!

corazón

Se acaba enero y, con él, se marchan los últimos coletazos de festejos navideños y, hasta las rebajas se terminan… Así que, en lo más frío del frío invierno y, cuando aún queda muy lejos el renacer primaveral, ¡llega febrero! A este mes, huérfano de grandes fechas, sólo le salva del triste erial comercial en que transcurre, los Carnavales y, sobre todo  ¡San Valentín!… Y eso que, según dice Wikipedia, el 14 de febrero es una celebración que se hizo popular hace bien poco: Solo a partir del siglo XX, al empezar a denominarse “día de los enamorados”. No obstante, hay que hacer constar que su origen no es nada “romántico”. Bien al contrario: parece ser que, en la antigua Roma, el 14 de febrero estaba dedicado a una fiesta muy truculenta de la fertilidad, llamada Lupercalia. Dicha celebración, incluía dar de latigazos para favorecer la preñez (¡vamos,” un amor” de festividad!) La “entrañable tradición”, en el año 496, fue prohibida por el papa Gelasio I que instauraría, en su lugar, el 14 de febrero como día de San Valentín. El santo resulta ser uno de los tres mártires, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. Real o no, la leyenda habla de un médico romano, que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador Claudio) De casamentero a patrón del enamoramiento, solo había un paso que, en nuestro país, fundamentalmente, le debemos a la cadena, de grandes almacenes, Galerías Preciados. Su dirección, sería la encargada de poner en marcha una, tan exitosa como edulcorada, campaña comercial, que dura hasta hoy (para alegría de las hojas de balance de ventas…)

Pero ¿qué lleva a personas, que hasta el momento parecían normales, a transformarse en sujetos que “se mueren de amor” o “que se quieren más que al aire que respiran?.

Pues (sintiéndolo mucho por la poesía) entre otras cosas, son responsables de que estemos en éxtasis: una corteza prefrontal inundada de dopamina, oxitocina corriendo por la venas, o adrenalina y serotonina fluyendo con intensidad… ¡Ya está!

¡Hormonas y cerebro que nos llevan a locura!  No obstante, como escribiera Friedrich Nietzsche “En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón”

Buscar los orígenes de “este estado transitorio de enajenación, que denominamos amor”, ha conducido a comprobar que activa las regiones cerebrales responsables de una felicidad más plena, y que producen un placer más intenso (áreas que, por cierto, son blanco, también para las drogas más adictivas).  Este grupo de estructuras reciben el nombre de “circuito de recompensa” y se relacionan con la potenciación de aquellas conductas que son más favorables para pervivencia del individuo (como comer) o de la especie (como reproducirse). Así que, lejos de un  “supremo encuentro entre espíritus puros”, esto va más de la supervivencia de la especie. Todo depende de lo placentero que resulte el encuentro en pareja, y de que estos grupos neuronales se activen fuertemente con el acercamiento amoroso.  De hecho, cuando el amor romántico se estudia a través de la resonancia magnética funcional, se comprueba la activación de áreas nerviosas concretas, con solo mostrar al sujeto la imagen del ser amado. Entre ellas, destaca el área tegmental ventral, que se estimula, y envía señales a otras partes del cerebro, como el núcleo caudado. No obstante, estas estructuras neuro-anatómicas involucradas en el amor romántico, también están estrechamente relacionadas con las conexiones que organizan motivación y emoción. Neuro-químicamente, la reunión de los amantes, estimula la vía dopaminérgica mesolímbica. En esta vía, la dopamina se libera desde la mencionada área tegmental ventral  hacia el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, que luego se dirige al pálido ventral para completar todo el “circuito de recompensa”. De ahí que, en ese “momento mágico”, del enamoramiento el cerebro de la “víctima” de la pasión “no esté para nada más”. El sentimiento amoroso desencadenado en el, tradicionalmente, denominado sistema límbico, ocupa a las áreas responsables del procesamiento emocional, motivación y memoria.

De este modo, lóbulos temporales, hipotálamo, amígdala e hipocampo, se activan para llevarnos a sentir el disfrute supremo. Con esa activación se va reforzar, ese sentimiento positivo, cuando ocurra nuevamente el evento inicial deseable (en nuestro caso el encuentro con la pareja) y, si no ocurre espontáneamente, va inducirnos  la búsqueda del mismo.

En cualquier caso, siendo sin duda la vía dopaminérgica fundamental, además de la dopamina, hay más componentes del “coctel del amor”. Entre ellos destacan dos neuro-péptidos :  la oxitocina y la vasopresina,  ambos bajo control hipotalámico y relacionados con la duración del vínculo…Porque, pasada la fiebre inicial, el apego garantizará que la pareja viva una tranquila y duradera relación, más próxima a la paz de la complicidad que al embeleso arrebatado de las primeras fase del cortejo. Asimismo, se modifican los niveles de sustancias directamente relacionadas con los estados de animo, como adrenalina o serotonina. Por último, también tienen su importancia los cambiantes niveles de estrógenos y andrógenos. Y es importante recalcar que, tanto hombres como mujeres, tienen todas estas moléculas, pero las proporciones difieren entre sexos y con la edad… Pero esto, obviamente ¡es otra historia!

En definitiva, querido enamorado, querida enamorada, si está en esas primeras fases de arrobo, de frenesí, de arrebato: ¡a disfrutar! Su amor está activando las vías  dopaminérgicas: Es cierto, de repente algo ha cambiado  en su interior. Así se explica muchas de las conductas que su enamoramiento desencadena: esa euforia sin límite, el insomnio y la ansiedad que padece, o esa pasión desmedida por el objeto de sus desvelos. Todos son consecuencia de las altas dosis de dopamina circulante que se corresponden con el inicio de una relación amorosa…Aunque cuidado con volverlo patológico, de pura excitación placentera ¡el amor puede resultar adictivo! .

Sea como fuere, el amor es una tormenta emocional  difícil de describir pero imposible de detener , así que “atontante” o no, en circunstancias normales, los datos de la Neurociencia indican que, sin duda, debe hacernos felices… Nada apoya que suframos  por amor, así que: ¡feliz día de San Valentín!

Para saber más: 

The Oxytocin-Vasopressin Pathway in the Context of Love and Fear.; Carter CS. Front Endocrinol (Lausanne). 2017 Dec 22;8:356. doi: 10.3389/fendo.2017.00356. eCollection 2017. Review.. PMID: 29312146 Free PMC Article.

The Role of Oxytocin and Vasopressin in Attachment. Carter CS. Psychodyn Psychiatry. 2017 Winter;45(4):499-517. doi: 10.1521/pdps.2017.45.4.499.PMID: 29244625.

‘Love builds brains’: Representations of attachment and children’s brain development in parenting education material. Wall G.Sociol Health Illn. 2017 Dec 12. doi: 10.1111/1467-9566.12632. PMID: 29235128

http://www.ngenespanol.com/ciencia/salud/13/02/14/funciona-amor-cerebro/

http://www.mentesana.es/psicologia/cerebro/neurociencia-amor-como-se-enamora-nuestro-cerebro_971

https://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-enamorado_a12240.html

 

 

 

“Erre que erre” o los inconvenientes de no dejarse convencer

cambiar de opinión

Leo con sorpresa (y algo de contradicción interna ¡a que negarlo!) que una famosa estrella de Hollywood anda vendiendo ¡¿lavativas?! de un café carísimo, ¡eso sí!, pero que, a fin de cuentas, no son más que irrigaciones anales.  Sea como fuere, me resulta curioso, que (por muy apasionante que sea la fisiología digestiva) se ocupen, tan explícitamente, de “labores de retrete” en el ambiente “mega-ultra-glamuroso” que (se supone) rodea a nuestra protagonista. Más asombrosa, aún, es la repercusión mediática que todo esto ha tenido porque, la pseudo-terapia que sugiere, resulta, dicho sea de paso, como poco, inútil, cuando no absolutamente contraindicada para mantener la salud del colon.  Con todo, lo realmente preocupante es ¡que lo vende! O lo que es lo mismo, ¡hay gente que SE LO CREE! y, por tanto,  lo compra.

Esto no deja de ser una prueba más de que CREER ES UN ACTO VOLUNTARIO. Solo aceptando esta evidencia, se puede entender que, de motu proprio, las personas se aferren a convicciones como estas (por infundadas que sean). De hecho, parece que cuando se establece una creencia, se ponen en marcha ciertos resortes mentales que influenciarán cualquier juicio posterior. Se produce el denominado fenómeno de “ceguera a la elección” que hace que, una vez se escoja una opción, inevitablemente, se trate de justificarla. Quien controla este mecanismo puede generar adhesiones inquebrantables haciendo comprar, al grupo recién converso, “cafés  purgadores de colón”, o cualquier otra peregrina idea.  Paralelamente, conseguirá también  volver una labor ímproba (cuando no imposible) la tarea de hacer cambiar su opinión al respecto, aun cuando las evidencias indiquen, claramente, que se está persistiendo en una equivocación manifiesta…¡Se ha conseguido la “fidelización del cliente total”!, demoledora para el juicio crítico, pero sin competencia posible.

No obstante, lamentablemente, en este caso, se trata de algo más que una anécdota, más o menos jocosa , ya que se enmarca en un ambiente social en el que las “pseudo-ciencias pseudo-curativas” cada día, parecen reunir más crédulos discípulos (a los que, por otra parte, una vez convencidos, resulta extremadamente difícil sacar de su error).Y es que, el problema de conseguir que alguien cambie de opinión, hunde sus raíces en el hecho de que el cerebro trabaja partiendo de la base de que no se equivoca. Así, dado que, modificando un juicio se acepta que se ha cometido un error, cambiar un punto de vista no será, para nada, fácil.

De hecho, existen bastantes estudios que han probado que, ni argumentos, ni evidencias sirven para ello. Bien al contrario, pareciese que, el hecho de mostrar pruebas contra lo defendido, reforzase la posición y creencias sostenidas por cada individuo y su grupo de referencia.  Para que así ocurra, la mente humana se ve impelida a fijar posiciones ante  cualquier cuestión que se plantee reaccionando, fundamentalmente, en clave  emocional y juzgando al respecto (mientras que, la indecisión, es considerada una prueba de inconsistencia o debilidad).  Sin embargo, al opinar prematuramente, o con datos insuficientes, es más proclive a equivocaciones de las que será mucho más difícil desprenderse pues, el cerebro YA HABRÁ TOMADO PARTIDO y, una vez hecha una elección, la circuitería neuronal de toma de decisiones, va a empezar a trabajar a favor de sustentarla (especialmente si entran en el terreno de las creencias definitorias de la persona, como serían postulados religiosos o políticos, por ejemplo).  Por esta vía, por tanto, se va a establecer todo el “corpus ideológico” de cada sujeto. Por lo que un buen consejo sería “pensar antes de hablar” (o, mejor aún “consultar con la almohada”) para dejar un tiempo de reflexión antes de “posicionarse”sobre cualquier tema, aunque resulte más fácil decirlo que hacerlo. Además, existen hallazgos que indican que, precisamente, las personas se aferran a sus convicciones con mayor intensidad frente urgencias o amenazas (reales o aparentes). Así, las creencias afianzarían las redes grupales en condiciones de riesgo, al mantenerlas sin discusión lo que sería ventajoso. Algo así como que “contra algo” (o alguien) es cuando más unidad se consigue. Por cierto que, alguna situación política recurrente (como los debates territoriales en las regiones europeas), serían un magnífico ejemplo de esto.

Cabría preguntarse “qué pasa en las cabezas” de esas personas que siguen defendiendo cualquier postulado, aun cuando, objetivamente, les resulte perjudicial… Y algo se empieza a saber: Existen datos que sitúan el origen de esta especie de juego de autoengaños, en la corteza frontal posterior medial (pMFC). Esta estructura juega un papel clave en la detección de discrepancias entre las condiciones deseadas por cada sujeto, y las que realmente disfruta (o padece) ajustando el comportamiento posterior para resolver dichos conflictos.  Para ello, en situaciones de crisis, la pMFC actuaría potenciando la adhesión a las ideologías, como un mecanismo cognitivo subyacente a los procesos de decisión. Se trata del mecanismo mental que fuerza a huir de las paradojas e incoherencias cuando generan “disonancia cognitiva”. Gracias a él, cuando se entra en contradicción entre creencias y hechos, no se acaba con la disolución del grupo que mantenía la idea que se muestra equivocada, sino que se refuerza encontrando justificaciones “ad hoc”. He aquí el origen de las elaboradísimas teorías “conspiranóícas” en general. Estos mecanismo neurales actuarían, igualmente, con cualquier afirmación del tipo “la Tierra es plana”, “el Apolo 11 no llegó a la Luna” o, las extremadamente peligrosas, de apoyo a la homeopatía, del negacionismo climático, o del gremio anti-vacunas, por ejemplo…

Es importante señalar, en este contexto, que las ideologías resumen las dimensiones de una persona, definiendo tanto su comportamiento en público, como en privado, por lo que confieren  propiedades “identitarias”, asumiendo, con ello, postulados y valores. Y, lógicamente, “sostenella y no enmendalla”, sería una respuesta común ante los retos personales y de grupo. De hecho, la Historia muestra, en abundancia, hasta que extremos se llega en defensa de creencias sociales, como son convicciones políticas, o confesiones religiosas (generando tanto actos de valor heroico, como de una injusticia horrorosa). Por tanto, si se quiere, en un debate, una mínima posibilidad de éxito, se ha de tener en cuenta que, cada cerebro, construye su razonamiento desde un supuesto de veracidad y, por tanto, NO SE VA A DEJAR CONVENCER de que está equivocado.

Pero, si las pruebas no sirven ¿cómo generar, entonces, un cambio de actitud cuando la mayoría de experimentos muestran que los prejuicios tienen “las de ganar” frente a las nuevas ideas? Pues parece evidente que una buena estrategia para impedir que se extienda una creencia (especialmente si esta es irracional o peligrosa) pasaría por evitar la confrontación directa, para no activar el mecanismo de defensa cognitivo contra quién indica que se está en un error. También es útil, dar una idea original al respecto, ya que la dinámica anti-disonancia cognitiva, tiende a dar razones para justificar los conceptos que ya se tienen, pero no las innovaciones.  Si se presenta el razonamiento cómo nuevo no tendrá que ajustarse a las ideas previas, evitando lo que se ha denominado “efecto ancla”‘… Porque las opiniones son cómo los clavos ¡se hunden más cuanto más se martillean! dejando “anclado” el razonamiento al juicio pre-instaurado.  

La conclusión es que “tener razón” es un “sentimiento” muy arraigado y, por tanto, no se estará predispuesto  a tratar de escuchar  argumentos que “osen”a intentar quitarnos tan preciada posesión , pero persistir en un  error no es loable, ni se debe justificar con la fidelidad a unos principios inquebrantables, bien al contrario, aunque cueste, RECTIFICAR ES DE SABIOS (¡y SABIAS!)

Para saber más:

http://www.elperiodico.com/es/extra/20180109/lavativas-cafe-gwyneth-paltrow-6539424

Manual de instrucciones para cambiar de opinión: https://verne.elpais.com/verne/2014/11/17/articulo/1416205830_000028.html

https://www.newyorker.com/science/maria-konnikova/i-dont-want-to-be-right

http://naukas.com/2010/08/19/ceguera-a-la-eleccion-asi-inventamos-una-explicacion-para-nuestras-decisiones/

http://www.vozpopuli.com/altavoz/next/Ciencia-Psicologia-Neurociencia_0_701029898.html

http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0071303#pone.0071303-Moore1

Neuromodulation of group prejudice and religious belief;  Soc Cogn Affect Neurosci. 2016 Mar; 11(3): 387–394, (2015); Colin Holbrook, Keise Izuma, Choi Deblieck, Daniel M. T. Fessler, and Marco Iacoboni.

Nonpolitical Images Evoke Neural Predictors of Political Ideology . Curr Biol. (2014); 24(22): 2693–2699. Woo-Young Ahn,  Kenneth T. Kishida,Xiaosi Gu,Terry Lohrenz,Ann Harvey, John R. Alford, Kevin B. Smith, Gideon Yaffe,John R. Hibbing, Peter Dayan, and P. Read Montague.

Individual differences in political ideology are effects of adaptive error management Behavioral and Brain Sciences, Volume 37, Issue 3  (2014) , pp. 324-325  Michael Bang Petersen, Lene Aarøe.

Attitude Change: Persuasion and Social Influence;  Wendy Wood. Annual Review of Psychology Vol. 51:539-570 (2000).

 

 

 

 

 

 

 

La edad de las mujeres. Neurociencia de la menopausia.

Envejecer no es juventud perdida, sino una nueva etapa de oportunidad y fuerza”. (Betty Friedan).abuela
Desde que Darwin propusiese la Selección Natural como mecanismo para explicar la Evolución de las especies, se da por sentado que,  cualquier ser vivo está, en cierta manera, impelido a incrementar las posibilidades de que sus genes pasen a la siguiente generación. De hecho, la Evolución no consiste en que un individuo consiga sobrevivir, sino que el grupo pueda reproducirse: de ahí que la existencia de la menopausia resulte tan intrigante.

Lo cierto es que, en el Reino Animal, la menopausia es un hecho insólito. La mayoría de las hembras conservan su fertilidad casi hasta el final de sus días. Bien es verdad que, sin embargo, existen algunos ejemplos de “vida post-reproductiva”, como ocurre en los peces Poecilia reticulata, que pasan aproximadamente el 13.6% de su vida en la fase post-reproductiva; o algunos insectos, como los áfidos, que pueden extender su vida superado el periodo reproductivo, lo que se ha relacionado con la defensa de su colonia.

Entre estas escasísimas excepciones de hembras que sobreviven mucho más allá de su vida reproductiva, se encuentran, obviamente, las mujeres, y las hembras de dos especies de cetáceos. En una de ellas, las orcas (Orcinus orca) esta fase vital parece ser de muy reciente aparición, y se vincula al aumento de su esperanza de vida. La orca entra en menopausia a partir de los 30 años, pero puede vivir hasta los 100. Precisamente por esto es muy interesante comprobar en qué condiciones se ha propiciado este estado fisiológico: La clave parece estar en la supervivencia de la prole. Diversos estudios han mostrado que las crías de las madres maduras tienen una tasa de mortalidad muy superior a la de las jóvenes. Es muy sugerente lo que ocurre cuando una orca y su hija crían en el mismo año o el siguiente, pues, en este escenario, la cría de la primera tiene 1,67 veces más probabilidades de morir antes de los 15 años (inicio de la fase adulta), y esto no ocurría si la orca madura criaba en periodos en los que su hija no lo hacía.

Este patrón de cría vendría a apoyar a la denominada “hipótesis de la abuela”, que postula que las hembras mayores, ya infértiles, podrían dedicar todo su tiempo, recursos y experiencia, a ayudar a sus hijas con sus prole. La ventaja de que las hembras menopáusicas dejarán de reproducirse pronto en sus vidas, estaría en ayudar a nietos y nietas a sobrevivir. En el caso de las orcas (que son animales con complejas estructuras sociales) esta conjetura parece muy acertada, puesto que las hembras de mayor edad tienen un gran bagaje de conocimiento ecológico, sobretodo acerca de la localización de alimentos.

La “hipótesis de la abuela” llevada a la Antropología (y por tanto, a la especie humana) implicaría que, dado que en la primeras tribus las hijas migraban a nuevas familias, no tendrían ninguna relación grupal hasta la maternidad. En estas condiciones, la colaboración con sus familiares en la crianza de la prole sería beneficiosa genéticamente para ellas. Simultáneamente, cada bebe estaría mejor cuidado, las madres recibirían una notable y experimentada ayuda, y las abuelas aumentarían la probabilidad de que sus genes se perpetuaran a través de las siguientes generaciones. Además, al proporcionar sustento y apoyo a sus parientes, incrementarían sus redes sociales, lo que podría traducirse en una mejor gestión de los recursos. De una manera semejante a la descrita para las orcas, varias investigaciones indican que, en los pueblos cazadores-recolectores, las mujeres serían, durante todas sus vidas, importantes abastecedoras de alimentos, y su conocimiento del entorno resultaría de enorme importancia para su comunidad.

En definitiva, la aparición de la menopausia implica un cambio radical en los ciclos vitales de las hembras que afectaría a la viabilidad del grupo en su conjunto. En este sentido, en general la especie humana se ha ido haciendo más y más longeva. En el caso concreto de las mujeres, la esperanza de vida media se estimaba en veinte años en la Prehistoria, cuarenta y cinco años en la Edad Media, y ochenta años hoy en día (en las sociedades desarrolladas). No obstante, siempre la máxima duración de la vida humana ha superado a la edad de la menopausia; lo que sí ha ido cambiando es el porcentaje de mujeres que lograban alcanzarla. Este hecho se ha manifestado (como han probado diversos estudios etnográficos) en las relaciones en los grupos humanos, poniéndose de manifiesto que, la menopausia, no estaba marcada por una “patologización” de este periodo de las vidas de las mujeres, ni por consecuencias sociales negativas, bien al contrario: se traducía, incluso, en algunos grupos primitivos, en una mayor consideración comunitaria.

Sea como fuere se trata de un momento de ajustes y cambios de capacidades físicas. Así, durante la vida fértil, el ovario produce dos tipos de hormonas: estrógenos y progesterona, con acciones a muchos niveles del organismo femenino. Tras la menopausia, por tanto se generará un déficit de ambos tipos de moléculas que se asociará con modificaciones a todos los niveles del organismo. En clave neurofisiológica, los estrógenos y/o progestágenos, tienen mecanismos de recepción específicos en el sistema nervioso que se han demostrados esenciales en diversos procesos cognitivos y de ritmos biológicos. La pérdida de estrógenos en la menopausia no sólo disminuye la fertilidad sino que también conlleva la pérdida de un elemento neuroprotector clave en el cerebro femenino. Además, generalmente, niveles elevados de las hormonas ováricas, son beneficiosos para la optimizar procesos de atención sostenida, memoria espacial, verbal o de reconocimiento.

No obstante, se estima que una mujer de 75 años de edad aún conserva al menos el 90% de su metabolismo basal, el 70% de su función cardiovascular y coordinación muscular y el 50% de su actividad pulmonar y, de hecho el 89% del funcionamiento de su sistema nervioso, en comparación con el estado funcional que presentaba cuando tenía 20. De modo que, la menopausia, sólo es un evento biológico y no precisa ser “medicalizado”, sino comprendido. En este sentido,  la menopausia, como otros temas de género, se han visto afectados, negativamente , por valores y asunciones culturales tan amplios como perniciosos y sesgados.

Referencias para saber más:

La Ira, el “Reloj del Apocalipsis” y la Cara del Enemigo.

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El “reloj del Apocalipsis o “del Juicio Final“, es un reloj simbólico que se puso en marcha bajo el impacto de la destrucción causada por el primer (y, hasta ahora, último) lanzamiento de bombas atómicas contra zonas habitadas. Allá por el 1947, la junta directiva del Bulletin of the Atomic Scientists en la Universidad de Chicago, imaginó cuánto separaba a la especie humana de la medianoche que representaba la “destrucción total y catastrófica” de la Humanidad. Aunque al principio la analogía solo se refería a la amenaza de guerra nuclear global, hoy en día, la incansable creatividad humana en la búsqueda de su propia extinción, ha hecho que se incluyan también factores como, el cambio climático o, todo nuevo desarrollo técnico e industrial que pudiera infligir algún daño irreparable a la Tierra como planeta. La metáfora implica que el número de minutos que le quedan a la Humanidad para “su medianoche” se “calcule” periódicamente… Y en 2017, el reloj se adelantó “tres minutos para las 24 horas” (por primera vez desde hacía años) debido al resurgimiento de los nacionalismos en la política mundial y, sobretodo, a causa de los recientes cambios de opinión en el gobierno estadounidense respecto a temas como armamento, inmigración o problemas ambientales.

En este contexto, la nueva presidencia norteamericana, sin duda había intensificado el sonido de “ los tambores de guerra”  y acelerado el peligro de destrucción global. Sin embargo, dado que “cuando uno no quiere, dos nos riñen” (como mi madre solía decir cuando intentaba culpar a otra gente de mis cuitas), se estaría a salvo gracias a que, por suerte,  “hacen falta dos para empezar el baile”…

Sin embargo, tristemente, en los últimos tiempos, parece que sobran voluntades para avenirse a la pelea. Y hay un candidato que marcha con ventaja: Corea del Norte. Baste, como ejemplo, una sencilla búsqueda en internet sobre “pruebas nucleares y Corea”: arroja cerca de 1.180.000 resultados… Todos ellos referidos a que el 3 de septiembre, supuestamente, en este país, se detonó con éxito una bomba de hidrógeno que puede equiparse en un misil de alcance intercontinental.

Sin duda, la escalada de provocaciones entre ambos países, se personaliza en sus dos líderes: Donald Trump y Kim Jong-un. Y, de hecho, con el ensayo se ha alcanzado un grado de conflicto verbal, directo, nunca visto entre el gobernador supremo de Corea de Norte, y el presidente estadounidense.

Se trata de dos personalidades que no parecen, ni mucho menos, lentas a la cólera. Bien al contrario sus cerebros parecen, ciertamente, iracundos. Sin embargo, el poder que detentan implica que, su enojo no sea un problema privado sino que, lógicamente, pueda preocupar (de hecho, incluso, asustar) a todo el resto de la Humanidad.

En cualquier caso, es innegable que, la ira de unos y el miedo del resto, son dos de las emociones básicas y universales de la especie humana y su función principal está al servicio de la supervivencia reaccionado contra agresiones y peligros. Pero cuando aparecen con reiterada frecuencia en la vida cotidiana, surgen problemas. Serios problemas. Qué las origina y cómo se potencian es, por tanto, de enorme interés… Y algo se empieza a saber al respecto, gracias a los trabajos en Neurociencia.

Y es que los cerebros humanos se han seleccionado en grupos sociales. Las interacciones entre individuos que gestionan, les han conferido una indudable capacidad adaptativa, permitiendo a cada sujeto diferenciar, con solo “mirarse a la cara” quién es amigo y quién no.  Los enemigos irreconciliables (como Trump y Kim Jong-un), se identifican entre sí, se enfrentan y, tal pareciese que, uno actúa como némesis del otro. Las víctimas potenciales se amedrentan ante la violencia y, su miedo, también se refleja en sus caras (y en sus constantes vitales generando una respuesta fisiológica a estrés muy relevante). La expresión interna de la ira, por su parte, presupone un elevado nivel de activación neurofisiológico que en primates, por cierto, se ha asociado con niveles altos de testosterona (hormona vinculada a la conducta agresiva y dominante), así como niveles bajos de cortisol (responsable de la activación de la respuesta de alerta). Este complicado despliegue neuroendocrino es la base de todo proceso emocional y sustenta la comunicación social. A escala evolutiva, los primates sobrevivieron por la eficiencia de sus grupos y, para que el grupo fuese eficaz, se requirió un refinado sistema de reconocimiento de sus miembros que se centró en el análisis de sus caras.

El semblante del enemigo y, sobretodo, la dirección de su mirada han demostrado desempeñar un papel importante en este proceso. De hecho existen datos que indican que, la percepción de la ira, se ve reforzada por la mirada directa (y por ello desafiante), mientras una cara temerosa se asocia con mirar hacia “otro lado” valorándose como huidiza. Así sostener la mirada reta al enemigo, apartarla evidencia el miedo.

Como consecuencia, según la hipótesis de la señal compartida, tanto la emoción como el comportamiento de la mirada, se asocian con orientaciones de motivación conductual para acercarse o evitar al otro sujeto. No obstante, esta teoría, aunque apoyada por alguna evidencia, está cuestionada en cuanto a la realización de los juicios de expresiones temerosas. No así acerca del efecto de la mirada retadora. Esto implica que, tal vez, las personas se equivoquen sobre quién está asustado, pero no tienen dudas sobre con quién se han enfadado.

Además, en este sentido estudios recientes demuestran que la interacción de la expresión facial y la dirección de la mirada, difiere entre individuos con distinto grado de ansiedad. Así, las personas que sufren altos grados de ansiedad muestran una mayor capacidad de localización de rostros temerosos, mientras que los individuos poco ansiosos no se focalizan tanto en ellas. De modo que se diría que, entre los que tienen miedo, hay cierto grado de solidaridad y que se identifican mejor entre ellos…

Por tanto, señores Trump y Kim Jong-un, les haría un ruego: Dejen de mirarse fijamente y dirijan sus iracundos y desafiantes ojos hacia los rostros del resto de la gente. Quizás así comprueben que todos los desvían, unidos por el miedo que sus acciones provocan…  Si, por ello, se las replanteasen, tal vez, se vuelva a retrasar el “Reloj del Fin del Mundo”.

Para saber más:

Borod, J.C.  (2000). The Neuropsychology of Emotion. Publisher: Oxford University Press; Cap. 13. ISBN-10: 0195114647.

Herrero, N. (2011).  ¿Qué ocurre cuando nos enfadamos? Mente y Cerebro, Nº 47.

Potegal M. (2012) Temporal and frontal lobe initiation and regulation of the top-down escalation of anger and aggression. Behav Brain Res. 231(2):386-95.

Lieberman HR, Thompson LA, Caruso CM, Niro PJ, Mahoney CR, McClung JP, Caron GR. (2015 ). The catecholamine neurotransmitter precursor tyrosine increases anger during exposure to severe psychological stress. Psychopharmacology (Berl). https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/pmid/25220844/

Rasia-Filho AA, Londero RG, Achaval M. (2000) Functional activities of the amygdala: an overview. J Psychiatry Neurosci. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/pmid/10721680/

https://es.wikipedia.org/wiki/Reloj_del_Apocalipsis

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/neurobiologa-de-la-lectura-523/qu-ocurre-cuando-nos-enfadamos-8746

http://asociacioneducar.com/cerebro-ira

http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyg.2017.01186/full

 

 

 

Por qué irse de vacaciones no es opcional: La trascendencia neurobiológica de “tomarse un respiro”

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La actividad supone un esfuerzo mental y físico. Por ello, se necesita una gestión apropiada de ocupaciones y tareas que mantengan, en los límites adecuados, la aparición del agotamiento tanto psíquico como corporal. El cansancio se identifica con falta energía para emprender o continuar las tareas emprendidas. El sujeto nota cambios en su capacidad de respuesta y, a pesar de que exista voluntad de hacerlo, no puede continuar con sus cometidos. Es importante señalar que esa necesidad de descanso, que invoca la aparición de fatiga, es un mecanismo de protección imprescindible. De hecho, el sujeto se puede poner en grave peligro por no escuchar adecuadamente las señales de aviso.

El cuerpo se prepara y defiende, entrando en un estado de fatiga caracterizado por cambios neurofisiológicos. A medida que se  realiza una tarea , gradual y acumulativamente, se reduce la eficacia y el estado de alerta, lo que afecta a su rendimiento en general. De esta forma, el inicio de ese proceso de pérdida de atención,  fuerza al organismo a bajar su nivel de actividad preservando su integridad de un sobre-esfuerzo que podría dañarlo irreversiblemente. Sin embargo, cómo y cuándo se produzca la aparición de fatiga, depende de rasgos del sujeto como su edad, género, condiciones físicas y psicológicas o estado de salud. En cualquier caso, si no se responde adecuadamente a las señales de presencia de fatiga, se producirá un impacto negativo en el funcionamiento emocional, social u ocupacional de la persona, provocando  graves alteraciones en su calidad de vida.

De hecho, al ser un proceso paulatino, el individuo puede empezar a presentar síntomas de cansancio antes de que sea consciente de su agotamiento. El origen de este fenómeno “de desconexión gradual” está en el diseño cerebral que se dirige a focalizar sus recursos neuronales en una tarea optimizando, con ello, su rendimiento. La fatiga, lo perciba el sujeto o no,  provoca  poco a poco, dispersión, falta de atención y disminuye su  capacidad resolutiva. Un trabajo excesivo se traducirá, más pronto que tarde, en un incremento de la tendencia a cometer errores, pero aún no se conoce bien qué patrones de actividad cerebral anticipan esta pérdida de eficacia neuronal. No obstante, existen hallazgos  que sugirieren la actividad cerebral evocada antes de una ejecución “defectuosa” de una tarea  bajo situaciones de cansancio, involucran a la corteza frontal medial e insular posterior y se extienden a las regiones cerebrales típicamente asociadas con la integración de procesos sensoriales e interoceptivos. El desajuste dentro de los procesos de control cognitivo podría acumularse, progresivamente, expresándose como una disminución de la atención y el esfuerzo relacionados con la tarea. En el cerebro, se están mandando señales para desconectar la atención y emprender un proceso de relajación recuperadora. De hecho, existen datos que prueban que, descansar y dedicarse a actividades de ocio, es clave para el mantenimiento del funcionamiento neuronal. En este punto es importante recalcar que, por tanto, “tomarse unas vacaciones” no ese algo opcional: es absolutamente necesario generar espacios, entre la rutina diaria, para el  descanso.

Es más, ahondado en el estudio del papel funcional del descanso (a parte de su evidente función recuperadora) existen datos que indican que, durante ese descanso, el cerebro puede estimular reflexión y creatividad. La razón de esto es que  posee una “red de estado de reposo” o “red neural por defecto” (DMN, del inglés: default-mode-network), que se activa en momentos de asueto. Se trata de un conjunto de regiones del cerebro que abarca, entre otras, al hipocampo (como principal gestor de los recuerdos) estructuras la corteza posterior cingulada y el precuneo (relacionadas  con atención, memoria y percepción) o la corteza prefrontal medial (implicada en la toma de decisiones)  así como diversas zonas temporales de la corteza (dónde se recuperan recuerdos y experiencias sociales o se ubica la “Teoría de la mente”). Cuando el cerebro se encuentra en esta condición de mínima demanda y, por tanto, no está concentrado en hacer una tarea específica, esta red se activa y se empieza a enviar y recibir información entre las regiones que lo constituyen.

O sea que un conjunto muy complejo y especializado sistema neuronal “se activa” cuando la persona “se desactiva”. Es legítimo pensar que parece una inversión de recursos demasiado grande como para que, dedicarse a “no hacer nada” , efectivamente,  “no sirva para nada”. De hecho, lo que ocurre es que, sólo el cerebro “que descansa” (libre de la atención focalizada que caracteriza al estado de alerta) puede establecer nuevas conexiones vía esos “circuitos internos” entre cuestiones, en apariencia, inconexas, identificar patrones y elaborar nuevas ideas. El cerebro, en definitiva, CREA. Consecuentemente, creatividad  e innovación pueden disminuir como efecto de la extensión del horario laboral o de estudio y la sobrecarga de trabajo. Estar relajados sin ocupación alguna, no sólo no es una pérdida de tiempo, sino que es la única  forma de permitir al cerebro  generar nuevas soluciones  a viejos problemas.

Obviamente, ningún momento mejor para conseguir este efecto que durante las vacaciones. Sin duda, la propia palabra, etimológicamente, posee ya ese sentido de encontrar un tiempo de “vaciamiento, libertad y suspensión de actividades y obligaciones”. Durante ese periodo, el cerebro encontraría el momento de reestructurase y generar respuestas originales. Las vacaciones son un derecho que ha de permitir, no solo prevenir estrés u otras patologías, sino que, además, según lo descrito,va a favorecer que se incremente la productividad y se mejore el desempeño laboral. Además, descansar, relajarse y reducir el estrés, son primordiales para el bienestar y salud de las personas, obviamente, pero también es beneficioso para las empresas ya que, la fatiga acumulada, provocará errores, por pérdida de atención, y acabará con la capacidad mental para resolver problemas de manera innovadora.

En conclusión, ante cualquier argumentario que predique que renunciar al derecho al descanso habla de un elevado compromiso con el trabajo, habrá de recordar que, fisiológicamente, está probado que trabajar sin “tomarse un respiro” afecta innegablemente a la salud del sujeto conduciéndole a un descenso inevitable de su rendimiento y creatividad.

Así que, por el bien de todo el mundo ¡habrá que tomarse un feliz , saludable y muy  merecido descanso!

PARA SABER MÁS:

Raichle ME, MacLeod AM, Snyder AZ, Powers WJ, Gusnard DA, et al. A default mode of brain function. Proc Natl Acad Sci U S A. 2001;98:676–682.

Mazoyer B, Zago L, Mellet E, Bricogne S, Etard O, et al. Cortical networks for working memory and executive functions sustain the conscious resting state in man. Brain Res Bull. 2001;54:287–298.

Anticevic A, Repovs G, Shulman GL, Barch DM. When less is more: TPJ and default network deactivation during encoding predicts working memory performance. Neuroimage. 2010;49:2638–2648.

Mason MF, Norton MI, Van Horn JD, Wegner DM, Grafton ST, et al. Wandering minds: the default network and stimulus-independent thought. Science. 2007;315:393–395.

Schilbach L, Eickhoff SB, Rotarska-Jagiela A, Fink GR, Vogeley K. Minds at rest? Social cognition as the default mode of cognizing and its putative relationship to the “default system” of the brain. Conscious Cogn. 2008 Jun;17(2):457-67.

Harrison,B.J., Pujol,J., Contreras-Rodríguez,O., Soriano-Mas,C. López-Solà, M. , Deus,J., Ortiz,H., Blanco-Hinojo,L.,  Alonso,P., Hernández-Ribas,R., 5 Cardone, rN., JMenchón J.M. 5.  Task-Induced Deactivation from Rest Extends beyond the Default Mode Brain Network. PLoS One. 2011; 6(7): e22964. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3146521/

Eichele T, Debener S, Calhoun VD, Specht K, Engel AK, et al. Prediction of human errors by maladaptive changes in event-related brain networks. Proc Natl Acad Sci U S A. 2008;105:6173–6178. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2329680/

 

 

Por mi culpa, por mi gran culpa. El cerebro “Penitente”

Nazareno

Sentirse culpable es un estado emocional frecuente en el ser humano, que se aprende desde la infancia. La culpa surge cuando hay un contraste entre lo que se tiene por ideal, y lo que se ejecuta en realidad. Si lo que se hace está en desacuerdo con los principios y valores que el individuo sostiene y acepta, entonces, aparece el sentimiento de culpabilidad. Por tanto, la culpa, se originaría por algo que se debe cambiar o mejorar y sería, claramente, adaptativa. Sentirse culpable (como cualquier otro patrón de conducta) tiene su origen en un complejo circuito de conexiones neurales, que se activa, durante el proceso de valoración que conduce, a la persona, a tomar conciencia de la inadecuación de sus actos. En este sentido, el avance en las técnicas para el estudio del funcionamiento cerebral, está proporcionando un fecundo campo de experimentación para localizar dónde residen todas las emociones como, la maldad y la bondad, el amor o el odio y, claro, la culpa.

Las emociones han sido objeto de estudio de la Biología en general y la Etología en particular desde los trabajos de Darwin. “The Expression of the Emotions in Man and Animals” (1872) marca el inicio de las investigaciones en conducta emocional. El científico británico mantenía, ya entonces, que la gestión de las emociones era innata, aunque admitiendo la posibilidad de aprendizaje que incrementaría la probabilidad de que el sujeto (y su especie) se adaptasen a un medio ambiente en continua modificación. La Neurobiología de las emociones, ha permitido delimitar como el cerebro establece ciertos mecanismos de regulación de los estados de placer y de dolor, de recompensa y de castigo. Por tanto, las emociones son definidas como patrones de respuestas químicas y neurales, cuya función es contribuir al mantenimiento de la vida del sujeto. Así, las mismas estructuras neuroanatómicas que sustentan el control y la regulación los diferentes estados fisiológicos, participan del mantenimiento del equilibrio emocional. de este modo se originan las denominadas emociones primarias (felicidad, tristeza, miedo, ira, sorpresa y aversión/asco) y secundarias o sociales (vergüenza, celos, orgullo y por supuesto, culpa). Por ejemplo, el tronco del encéfalo se encuentra implicado en prácticamente todas las emociones; en la amígdala se localiza, entre otros, el origen del miedo o la rabia, el hipotálamo y la corteza prefrontal ventromedial parecen ser las responsables de tristeza o ira; y la corteza cingulada anterior, parece jugar un cierto papel en la toma de consciencia de la emoción. Además, se liberan hormonas de varios tipos en la corriente sanguínea, que se dirigen, por una parte, hacia diversas zonas periféricas del organismo, y, por otra, hacia distintas zonas cerebrales. Un delicado conjunto de interacciones que integran todo el comportamiento emocional.

Respecto, específicamente a la investigación sobre la génesis del sentimiento de culpa, la neuroimagen ofrece la posibilidad de saber qué sucede en las distintas áreas del cerebro cuando el sujeto se enfrenta a concepto de “responsabilidad” sobre algo o alguien. Se escoge ese paradigma para el estudio porque, dado que responsabilidad es la cualidad por la que el individuo se ve obligado a responder de sus actos u opiniones, esto le  ha de conducir a contraer deudas o compromisos de reparación de las consecuencias de su supuesto delito, con la consiguiente valoración moral. Por esta vía, alguien que es responsable de algo, y no satisface su compromiso, sufre de un íntimo sentimiento de vergüenza y culpa.  Fisiológicamente, de entre todo el enorme circuito del cerebro emotivo, al parecer, ambas emociones se generarían en estructuras muy próximas.

De nuevo, estudios de neuroimagen (realizados en personas a las que se les pedía que recreasen situaciones que les generaran sentimientos de culpabilidad o vergüenza), mostraron activación en el lóbulo temporal en ambos casos. Dentro de las áreas temporales, no obstante, la vergüenza activó el cíngulo anterior y el giro para-hipocampal, mientras que la culpa se reflejó en una mayor actividad del giro fusiforme y el temporal medio. De forma específica, el sentir vergüenza parece que activa también áreas del lóbulo frontal (giros frontales inferior y medio) mientras que el sentirse culpable se asociaría con la actividad del sistema límbico vía  amígdala e ínsula. Los experimentos realizados muestran, además, ciertas diferencias de género ya que, en el caso de la culpa, las mujeres sólo mostraban activación de las áreas temporales mientras que, los hombres, activaron también algunas zonas frontales, occipitales y la amígdala.

En definitiva, una red neuronal hace que aparezca la culpa y, con ella, da la oportunidad al individuo de emprender la modificación de una situación no  deseada  (ni deseable)… Y, en cerebro, también se ha de iniciar la “Redención”, ¿siendo, por tanto, éste el significado biológico de la “Penitencia”?

De hecho, la respuesta parece encontrarse en la evidencia de que el dolor mitiga el sentimiento negativo que provocó la falta cometida. El malestar físico puede aliviar el sufrimiento mental. Existen investigaciones, al respecto, que indican que se generaría un comportamiento de búsqueda de dolor físico para proporcionar una suerte de “purga emotiva” de los sentimientos de culpa o vergüenza. El cerebro se vuelve “penitente” y, al parecer, el castigo auto-infringido, produce el efecto de consuelo y perdón deseado. Ahí estaría, por tanto, el origen neurofisiológico del éxito de los diferentes rituales de “expiación de los pecados.”

Para saber más:

Neurobiology of emotion at a systems level. En J.C. Borod (eD.): The Neuropsychology of Emotion. Adolphs, R. y Damasio, A.R. (2000). Oxford: Oxford University Press.

FISIOLOGIA DE LA CONDUCTA (11ª ED.) Neil R. Carlson, 2014

The Expression of the Emotions in Man and Animals Darwin, C.R. (1872/1965).. Chicago: University of Chicago Press.

BIOLOGIA DEL COMPORTAMIENTO HUMANO: MANUAL DE ETOLOGIA HUMANA, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, 1993

LA EMOCIÓN DESDE EL MODELO BIOLÓGICO. F. Palmero: http://reme.uji.es/articulos/apalmf5821004103/texto.html

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/51/el-dolor-mitiga-la-culpa-8808

http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/la-verguenza-y-la-culpa-vecinas-en-el-cerebro-831407742415

http://elpais.com/elpais/2015/04/10/ciencia/1428694015_335589.html