No por mucho madrugar… Neurociencia y crono-biología

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El refranero sobre el tema del “pereceo matutino” no parece tener una “decisión tomada”.  Sus opiniones no se alinean con ninguna de las irreconciliables tribus de dormidores: ni por las aves nocturnas, ni por los pájaros de trinos mañaneros (de hecho, clásicamente, se ha utilizado el símil de los búhos y las alondras para ejemplificar esos patrones de conducta)… ¡Y quizás, gracias a eso, acierte de pleno la tradicional colección de sentencias! Porque de lo que no hay duda es de que, al despertar, claramente nos dividimos en “víctimas de sábanas pegajosas” y “somnolientos precoces” y la ciencia empieza a encontrar datos sobre como las dos posturas son, parcialmente, verdaderas. Así, por un lado, el saber popular, recoge la evidente invariabilidad del fotoperiodo en aforismos como el “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Sin embargo, el archiconocido “A quien madruga dios le ayuda” igual también tiene algo de razón porque (aunque no se pueda afirmar nada sobre intervenciones divinas) desde los resultados obtenidos parece que, dios no sabremos, pero los genes es probablemente sí que, algo, ayuden…

Respecto a la primera afirmación refranera, es cierto que todos los organismos se adaptan al ritmo diario (y son capaces de seguir ciclos sueño-actividad que solapan con el patrón de luz-oscuridad de la zona, y estación, donde habiten). También  para la especie humana, pues sin duda, la iluminación no va a llegar antes (por mucho que se madrugue) y, en una cultura agrícola, esto es una limitación insalvable. Bien es cierto que, culturalmente, este hecho, al menos en principio, cada vez tiene menos influencia. Por ejemplo, el estado español, oficialmente, no está situado en el huso horario que le corresponde geográficamente y, por tanto, la actividad cotidiana lleva un desfase de dos horas de retraso, respecto al resto de países de su entorno y la actividad lumínica natural. Pues bien, aunque ahora que se “haga la luz” no dependa de la amanecida, sino de la red eléctrica, ese tipo de desajuste puede tener un cierto efecto fisiológico (en los neurotransmisores y la actividad cerebral del sujeto afectado)… Y aquí entra la otra “línea de opinión” sobre la “fortuna madrugadora”: de la mano del concepto de cronotipo que se corresponde directamente con la función del “reloj biológico” de cada sujeto.

En esta línea, números estudios han probado que, en la especie humana, existen tres tipos de respuestas principales: matutina o madrugadora, vespertina o trasnochadora, e intermedia. Aunque es cierto que se puede reajustar este cronotipo ante cambios externos, también lo es que esto supone un esfuerzo para el cerebro: y, de hecho, hay innumerables datos sobre lo pernicioso que resulta, para el individuo, los “cambios de turno”, superar un “jet-lag” o los cambios “sociales” de ritmo de actividad. En general, la persona matutina (que representa, más o menos, el 25% de la población) mantiene sus funciones cognitivas máximas por la mañana y empiezan a disminuir por la tarde (con lo que se acuesta temprano y, como consecuencia de ello, madruga). Un sujeto vespertino por su parte (otro 25% de la población) se caracteriza porque nota más dificultad para realizar tareas que impliquen funciones cognitivas superiores al despertarse en la mañana, pero sus capacidades avanzan con el día, y son máximas por la tarde-noche (por lo que tenderá a acostarse después). La mitad de población restante, tiene un comportamiento intermedio y, como su propio nombre indica, se encuentra a medio camino. Así, la capacidad para mantenerse alerta de cada sujeto, se verá afectada tanto por la cantidad de tiempo de permanencia en vigilia ,como por, obviamente, el momento del día. En este contexto, estudios con resonancia magnética funcional, han puesto de manifiesto que las personas que habitualmente trasnochan pueden permanecer despiertas durante más tiempo, que las madrugadoras, antes de rendirse por fatiga mental. De hecho, tras unas diez horas en vela, los sujetos que madrugan, muestran una menor actividad en las áreas cerebrales vinculadas a la atención, en comparación con los que trasnochan (además se sentir más somnolencia y realizar las tareas de forma más lenta). Esto efectos tienen una base fisiológica, y hay pruebas de ello, ya que, orgánicamente, estos ciclos de sueño-vigilia, correlacionan con los niveles de una hormona: la melatonina. Así, el grupo mayoritario de cronotipo intermedio tendrá un pico máximo hacia las 3 a.m., el matutino sobre dos o tres horas antes, y el vespertino dos o tres horas después.  Además, el cronotipo varía con la edad. En la infancia tiende a ser “tempranero” y se va retrasando con los años. Luego, en la pubertad y la adolescencia se convierte en notablemente “noctámbulo” para, sobre los veinte años de edad, modificar el cronotipo hacia la zona intermedia, y volver a sufrir desajustes en la ancianidad.

Por tanto, una vez más, aunque el ambiente modula, la genética determina y,  por ello, algunas personas madrugan y otras no. Lo impactante es que, estudios recientes, han encontrado que, además, las personas con “buen despertar” refieren un mayor bienestar y presentan una reducción estadística del riesgo de padecer esquizofrenia y depresión. Esta afirmación se basa en el hallazgo de hasta 351 genes que influyen en la capacidad natural de despertarse pronto. Los datos que se han extraído de estos experimentos indican que, al menos en parte, los motivos por los que algunas personas son madrugadoras y otras nocturnas, radican en diferencias existentes en la forma en que el cerebros reacciona a las señales de la luz externa y el funcionamiento normal de los “relojes internos” (unas diferencias que podrían tener efectos significativos en la capacidad endógena individual para controlar el tiempo eficazmente). El análisis del  papel que juegan  los diferentes grupos de genes que se han identificado, indicaría cierta influencia en la vulnerabilidad frente a riesgos asociados a enfermedades y trastornos mentales. Sin embargo no se han encontrado que madrugar proteja contra enfermedades como diabetes u obesidad (aunque existan hallazgos previos que indicasen que el comportamiento noctámbulo suelen tener una peor regulación metabólica).Sobre la distribución de estos genes se ha encontrado que, muchos de ellos son los responsables de regular los relojes circadianos del cuerpo (y con ello, los procesos bioquímicos que gobiernan la periodicidad de las actividades celulares). Para unos cuantos, se ha identificado su expresión en el hipotálamo, (en regiones implicadas en la regulación del sueño y la vigilia), algunos otros participan en el metabolismo de insulina y los hay que influyen en el procesado de sustancias estimulantes, como la cafeína y la nicotina. También la incidencia de la luz parece tener transcendencia pues es un factor importante porque detiene la producción de melatonina (cuyo papel que es favorecer el sueño) . En este sentido, algunos resultados sugieren que las personas madrugadoras perciben la luz de forma ligeramente distinta a las trasnochadoras, pues se detectaron la presencia de genes expresados en la retina del ojo.

En definitiva , los ritmos afectan a la salud, influyen en memoria, atención, o la temperatura corporal, por ejemplo, y, por tanto, hay que intentar que se mantengan lo más estables y ajustados posible a las características de cada quién… Así que: Felices sueños!… ¡Cuando le toque!

Para saber más:

Jagannath A, Taylor L, Wakaf Z, Vasudevan SR, Foster RG (2017), “The genetics of circadian rhythms, sleep and health”. Hum Mol Genet;26(R2):R128-R138.

Meir Kryger, Thomas ; Roth, William Dement (2011) . “Principles and Practice of Sleep Medicine.” (Fifth Edition).  Elsevier Inc.

Pavlova M.(2017), “Circadian Rhythm Sleep-Wake Disorders.” Continuum (Minneap Minn); 23(4, Sleep Neurology):1051-1063

Samuel E. Jones, Jacqueline M. Lane, […]Michael N. Weedon ( 2019)”Genome-wide association analyses of chronotype in 697,828 individuals provides insights into circadian rhythms”. Nature Communications.  https://www.nature.com/articles/s41467-018-08259-7

Sueños, ensueños y ritmos circadianos http://portafolioclari.blogspot.com/2016/03/suenos-ensuenos-y-ritmos-circadianos.html

El cronotipo y su importancia http://www.iimel.es/11-que-es-la-melatonina/37-el-cronotipo-y-su-importancia

¿Trasnochas o madrugas? https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/itrasnochas-o-madrugas

Madrugadores y nocturnos  https://jralonso.es/2013/10/17/madrugadores-y-nocturnos/

Búhos contra alondras: ¿es mejor ser madrugador o trasnochador? https://verne.elpais.com/verne/2016/05/13/articulo/1463130740_615492.html

Ser madrugador es cuestión de genes https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190129/genes-madrugadores-nature-7274679

El genoma de los madrugadores los protege de la depresión https://elpais.com/elpais/2019/01/28/ciencia/1548695131_527008.html

El gráfico que muestra que en España tenemos horarios muy raros https://verne.elpais.com/verne/2016/03/18/articulo/1458309794_132930.html

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Abriendo la mente a la INNOVACIÓN: Neurociencia de la Creatividad.

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El cerebro que crea posee la capacidad de generar obras llenas de ingenio o de arte que revelan su capacidad inventiva… Pero esa creación, como decía George Bernard Shaw, es precedida por un acto, voluntario, único y decidido, que es su comienzo porque “imaginas lo que deseas, persigues lo que imaginas y finalmente, creas lo que persigues”. Por tanto, sin duda la máxima expresión de la libertad del individuo es su capacidad creadora y, la Humanidad, en su conjunto, se abre paso a partir de su capacidad de generar pensamientos originales…  Pero no se olvide que inventar, imaginar, innovar, en definitiva: CREAR, no es algo exclusivo de la genialidad (reservada para mentes visionarias de talento privilegiado) sino que es algo esencial en la vida cotidiana de cada individuo. De modo que, cuando cualquier persona, genera alternativas nuevas y diferentes en su día a día (y consigue darle la oportunidad a sus ideas “no tan locas” para que puedan funcionar en la vida real) está abriendo la puerta a la creatividad. Y es que, para nuestra especie, que prosperó en un ambiente cambiante, su capacidad de generar respuestas innovadoras ante los retos que se le presentaban, fue imprescindible para su supervivencia. No obstante, buscar nuevos caminos requiere adentrase fuera del área de confort, rompiendo con la resignación que induce a la adquisición de prejuicios, redefiniendo los problemas y sin aceptar lo que se dice sobre cómo pensar o actuar. Un proceso tan noble como connatural al espíritu humano.

La facultad de establecer por primera vez un concepto, de engendrarlo y llevarlo a cabo, es el producto de la actividad intelectual de cada sujeto. Se trata por tanto, de la habilidad de formar nuevas combinaciones de ideas de forma singular ante los desafíos del conocimiento. Sin embargo, este proceso creativo en el cerebro, precisa un trabajo muy duro que empieza por explorar las alternativas menos obvias para cada situación hasta encontrar la opción “divergente”. Una personalidad creativa, se va caracterizar por supuesto, por su originalidad (que ha de permitir visualizar los problemas de forma diferente), pero, también, por su flexibilidad (ya que las alternativas han de considerarse sobre diferentes áreas de respuesta) así como por su capacidad de elaboración personal (con la que habrá de conseguir que se añadan o separen elementos o detalles a ideas previas y, de este modo, modificarlas en alguno de sus atributos característicos). El pensamiento creativo puede mimetizar las experiencias de un área o disciplina para aplicarlas en otra (es decir se conectan eventos generando nuevos resultados), pero también asociar varias ideas al mismo tiempo con fluidez, o utilizar analogías para encontrar las semejanzas entre elementos distintos. Sea como fuere, el resultado ha de ser la transferencia de información útil de un área a otra, para resolver problemas, inventar historias, pintar murales o cualquier otro producto del ingenio humano. En cualquier caso, la innovación supone libertad y pensamiento independiente en un “cerebro creativo” en el que se van a activar, en paralelo, varios circuitos cerebrales gracias a una potente red de conexiones. El cerebro trabaja como “un todo” y no en una zona limitada y específica del mismo (y diferentes estudios están empezando a desentrañar como ocurre esto).

Hacer funcionar tan complicado engranaje neural, requiere de la identificación de un estímulo relevante (es decir la aparición de una empresa, a la que haya que enfrentarse, y cuya superación requiera de una visión innovadora). Ante un sistema de ecuaciones, armonizando un “compás de compasillo”, o al combinar sabores de “alta cocina”, por ejemplo, los circuitos cerebrales encargados de mantener la atención y organizar los estados emocionales deben reconocer el objetivo y “ponerse a ello”. Entonces, la denominada red neural de “Atención ejecutiva”, deberá focalizarlo y emplear el razonamiento complejo. Esta arquitectura neuronal permite la interacción entre las regiones laterales de la corteza prefrontal y las áreas de la parte posterior del lóbulo parietal. Sin embargo, ni siquiera este primer paso es sencillo: la atención cambia y oscila continuamente, ya sea porque se procesan más de una fuente de estímulos o porque se requiere la ejecución de más de una tarea (y la atención se va dirigiendo, con suerte, alternativamente de una a otra). Este es el motivo de que resulte tan sencillo “colgarse del vuelo de una mosca” y abandonar la concentración en el objetivo inicial. El tiempo de las oscilaciones de la atención es variable y dependerá, en gran medida, de la pasión que se ponga en la meta a alcanzar (es más fácil perseverar en la tarea si, ésta, es una labor a la que se está vinculado, para bien o para mal, emocionalmente; no en vano, los sentimientos siempre son los mejores acicates para atención). Por tanto, se ha de redirigir la atención, constantemente, y poner en marcha sus mecanismos de funcionamiento en función de las demandas propias y ajenas. Esta atención “controlada”, evidentemente, requiere un esfuerzo por parte del sujeto para mantenerla. Pero, con “fijarse mucho” no basta: además, dependiendo de la etapa del proceso cognitivo (y de lo que se esté tratando de generar), la creación precisará de la participación de otra red, la de la “Imaginación” que le permita realizar simulaciones mentales dinámicas (o sea, que se sea capaz de representar conceptos con fantasía). La facultad de representar idealmente cosas involucra áreas profundas dentro de la corteza prefrontal y del lóbulo temporal, además de la comunicación con las diversas regiones, exterior e interior de la corteza parietal. De hecho hasta once áreas del cerebro han sido identificadas, con niveles diferentes de actividad, durante el proceso de “imaginar”. Se darán, así, interacciones que operan en redes a gran escala. Por ejemplo, si se intenta definir un diseño gráfico (y se previsualiza una imagen) la red de la atención dorsal y visuo-espacial se activa (es la que comunica los campos oculares frontales y el surco intraparietal).  Pero si la tarea es escribir un poema o un discurso, el uso del lenguaje verbal (oral o escrito) demandará que se recluten las áreas de Broca y de Wernicke. Y así con cada requisito creativo en particular.

Por último, otro conjunto de conexiones se van a activar siguiendo el proceso de “supervisión” de toda la información que es relevante para la resolución de la tarea en cuestión. Esta red, consta de la región anterior de las cortezas cingulada dorsal e insular y es capaz de contrastar el estado interno con los eventos externos y alternar, de forma flexible, el control de mando entre la red de “Atención ejecutiva” y la red de “Imaginación”.

La cooperación entre todas las redes mencionadas permite avanzar en el proceso creativo, pero lo hace “por turnos”, de modo que dejar a la “mente vagar”, en búsqueda de nuevas posibilidades, requiere de la reducción de la actividad en la red de “Atención ejecutiva” y el aumento de las de “Imaginación” y las “Supervisoras” (silenciando la autocrítica y sus cortapisas a la creación). Pero no del todo (¡y no todo el tiempo!) porque resulta indispensable reactivar, periódicamente, los sistemas que permiten focalizar los retos para evaluar, minuciosamente, los resultados de las invenciones realizadas… De lo contrario el resultado final podría ser un caos.

En definitiva, la clave para entender las bases fisiológicas de la creatividad, radica en el conocimiento de las redes a gran escala, y en el reconocimiento de los diferentes patrones de activaciones y desactivaciones neuronales que son importantes en las diferentes etapas del proceso creativo. El resto es talento que, en libre curso, se dirige hacia su obra maestra.

Para saber más:

“Higher Node Activity with Less Functional Connectivity during Musical Improvisation”. Dhakal K, Norgaard M, Adhikari BM Yun KS, Dhamala M.Brain Connect. 2019.

“The genesis of errors in drawing”. Chamberlain R, Wagemans J. Neurosci behav Rev. 2016; 65:195-207.

“Evidence-based creativity: Working between art and science in the field of fine dining”. Borkenhagen C. Soc Stud Sci. 2017. 47(5):630-654.

Real World Problem-Solving.  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6028615/

The Dynamics of Creative Ideation: Introducing a New Assessment Paradigm. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2018.02529/full

Neurociencia de la creatividad. https://www.actualidadenpsicologia.com/neurociencia-de-la-creatividad/

Neurociencia y Creatividad. http://sinupsys.com/neurociencia-y-creatividad/

Así funciona el cerebro de las personas creativas. https://www.bbc.com/mundo/noticias-43089118

Qué es el pensamiento creativo. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962012000200012

 

EL CEREBRO Y LA AUSENCIA: La vida ya no será la misma pero…”Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que le gustaría, sonreír, abrir los ojos, amar y seguir” (D. Harkins)

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Aunque sea “ley de vida”, nadie está preparado para perder a una madre o un padre, para decirles adiós (y hacerlo sin rencores). En el fondo, cada individuo atesora (y en gran medida añora) aquella infancia durante la que siempre se podía acudir a sus brazos para sentir protección. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre. Nadie podrá dar, nunca más, esa sensación de amparo total. Por tanto, enfrentar la orfandad, sin duda, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. Esto es lo que hace esta pérdida única y, solamente es posible abordar su gestión, desde la compresión del proceso que ese dolor va a traer consigo.

Porque manejar el duelo es un reto que cada individuo vivencia de una manera personal y concreta y, su entorno, lo puede facilitar (o volverlo aún más doloroso). En este sentido, en vez de ayudar al sufriente, decir cosas como “debes ser fuerte”  puede conducir a una negación de su pena, que bloquee su gestión natural del duelo. Porque las emociones no son buenas ni malas: son necesarias. La pérdida se ha de asumir desde una elaboración muy personal del proceso que, de hecho, tiene una evolución bastante lineal. Por lo general, se llega a aceptar la pérdida del ser querido después de un complejo tránsito emocional que va, desde la incredulidad a la rabia, pasando por la negociación y expresión efectiva del dolor. Solo después de esto, finalmente, con todo ese duro trabajo hecho, entonces sí, se alcanza la aceptación.

No obstante, aunque estas sean las etapas más comunes, (incluso existen datos que indican que el tiempo que lleva todo el proceso son unos tres meses) debe quedar bien establecido que cada persona lo afrontará de una forma particular. No en vano, la muerte de la persona con la que el apego es más intenso, desencadena pensamientos intrusivos acerca de la pérdida. Y es que se parte de una vinculación afectiva intensa que es la base del cuidado parental. Estos pensamientos no deseados, involuntarios, con imágenes o ideas desagradables, pueden convertirse en obsesiones que resulten preocupantes (y que pueden ser muy difíciles de manejar). Perder ese “puerto seguro” donde cobijarse, desvanecido con la orfandad,  necesita de una gran capacidad cognitiva para atenuar las respuestas emocionales que origina.

Esta tormenta afectiva tiene un gran sentido etológico ya que, el apego, es necesario para el funcionamiento del grupo familiar, y representa una gran ventaja adaptativa para el afrontamiento de situaciones que entrañen peligro o dolor. Pero, lógicamente, perder a la persona que más directamente lo representa, implica la re-elaboración de la idea del lugar que se ocupa en el mundo. En este duro  proceso, participan  complejas redes neurales que subyacen a la regulación de  la atención hacia los recuerdos y su gestión emocional. La investigación sobre esta gestión cognitiva de la emoción, ha permitido ampliar la comprensión sobre, cómo se desarrolla, la capacidad humana para procesar esta información (que es crucial para mantener su homeostasis afectiva frente a situaciones, objetivamente, dolorosas). Entre las diversas estrategias control y alivio de los sentimientos de pérdida, una nueva evaluación de lo ocurrido reviste especial importancia para la adaptación y el bienestar del sujeto.

La persona  necesita una re-configuración cognitiva  que le permitan su interpretación y  que, sobretodo, inicie el distanciamiento del evento doloroso. Diversos estudios de neuro-imagen han tendido a inferir que, este proceso de re-evaluación, está vinculado a la capacidad individual de emplear lo que se denomina memoria de  trabajo (funcionalmente relacionadas con la conectividad entre las regiones corticales frontales y pre-frontales y la amígdala).

La memoria de trabajo es un constructo teórico, relacionado con la psicología cognitiva, que se refiere a las estructuras y procesos usados para el almacenamiento temporal de información (memoria a corto plazo) y la elaboración de la información (con especial énfasis en la participación de la corteza pre-frontal). Sin embargo, hay datos que apuntan a que la re-evaluación de la regulación cognitiva de la emoción y la memoria de trabajo no emplean,  exactamente, los mismos recursos neurales aunque si tengan relación con el proceso.  Concretamente, la corteza pre-frontal dorso medial y del cíngulo anterior se activan parcialmente por ambas operaciones mentales, mientras que los circuitos neurales de regiones tanto del cerebro anterior (corteza frontal inferior media y superior) como del cerebro posterior (unión temporo-parietal y giro temporal medio izquierdo presentan diferencias entre ambos procesos).  Es interesante reseñar que, los hallazgos que implican a la corteza frontal superior y la pre-frontal dorso-medial, podrían estar relacionados con el proceso introspectivo de la regulación cognitiva de la emoción. Por su parte, el resto de la corteza frontal modularía la acción centrada en hipocampo, amígdala y corteza orbito-frontal.  Así, el circuito relacionado con la emoción también podría integrarse, en estructuras subcorticales y límbicas, proporcionando una conectividad funcional entre la amígdala y otras regiones reguladoras de la atención y la tristeza que podrían explicar las diferencias (algunas clínicamente relevantes) entre la gestión del duelo de cada sujeto en particular.

Sea como fuere, habrá que asumir que todo este complejo circuito se ha modificado irreversiblemente con una pérdida, que no es similar a ninguna otra. Y no: el tiempo no lo cura todo,  pero lo atenúa.  Algunas emociones pueden volver a resurgir, en algún momento, cuando se aviven los recuerdos de la pérdida (haciendo necesario re-negociar con la propia pena); pero, desde la aceptación de que el duelo es una respuesta adaptativa, aunque nunca termine totalmente, su gestión permitirá, con el paso de los días, convivir con la ausencia;  porque: la añoranza duele, pero la aceptación del sufrimiento, conduce a su superación.

Para saber más:

“El poema para despedir a un ser querido que han compartido más de 150.000 personas” https://verne.elpais.com/verne/2018/02/10/articulo/1518266909_897448.html

Guillermo de Inglaterra: “Echo de menos a mi madre todos los días” https://elpais.com/elpais/2016/08/25/estilo/1472142950_578811.html

“Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres”  https://lamenteesmaravillosa.com/como-cambia-la-vida-tras-la-muerte-de-los-padres/

“Neural Mechanisms of Grief Regulation” Peter J. Freed, Ted K. Yanagihara, Joy Hirsch, and J. John Mann. Biol Psychiatry. 2009. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2782609/

“Does emotion regulation engage the same neural circuit as working memory? A meta-analytical comparison between cognitive reappraisal of negative emotion and 2-back working memory task” Tien-Wen Lee  and Shao-Wei Xue. PLoS One. 2018; 13(9): e0203753. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6136767/

“Attachment-style differences in the ability to suppress negative thoughts: Exploring the neural correlates” Omri Gillatha Silvia A .Bungea Phillip R. Shavera Carter Wende lkena Mario Mikulincerb, NeuroImage Volume 28, Issue 4, December 2005, Pages 835-847. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1053811905004556?via%3Dihub

Brujas y calderos… ¿Quién quiere pasar MIEDO?

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El final de octubre, cada vez más, se ofrece como una oportunidad para explorar diversas formas de inquietar o asustar (aunque sea un poquito) a base de leyendas importadas y películas impactantes… Pero no todo es cosa de broma, ni mucho menos. Como ya escribiera Calderón de la Barca en “La hija del aire”, “Tanto miedo tengo, que aun para huir, valor no tengo”… Y es que asustarse es una emoción ambivalente. Por un lado, sin duda, es un mecanismo biológico de defensa. Así, su objetivo, es proteger a los seres vivos de amenazas que ponen en riesgo su integridad o hasta su existencia. Sin embargo, las estrategias y sensaciones que se desencadenan, pueden ser, tan extremas y desagradables, como las descritas por el personaje calderoniano. Por tanto, miedo sí, pero en su justa medida: Tan peligroso es no temer a nada (lo que puede conducir a emprender conductas temerarias); como asustarse por todo y, generar comportamientos de “bloqueo” individual (que pueden abocar, incluso, a trastornos patológicos). De hecho, desde considerar diversión una cierta (y, por supuesto, controlada) exposición a situaciones atemorizantes, hasta el cerebro que entra en pánico (y para el que, enfrentarse al peligro, deja de ser una opción) hay todo un conjunto de respuestas ante situaciones turbadoras que dan miedo…

En cualquier caso, la vida, en un ambiente en continuo cambio, implica enfrentar amenazas. Y, por tanto, el miedo no es más que una respuesta fisiológica coordinada, aunque puede que no sea “un plato de gusto” (¡o sí!: según quién y… Sobretodo ¡según dónde y cuándo!).

Para comprender el origen de esta aprensión que se siente ante algunas situaciones, es preciso considerar que, el enfrentamiento a riesgos (reales o imaginarios), se origina a partir de la toma de conciencia de las propias limitaciones para afrontar el peligro. Por tanto, el miedo surge de la pérdida de confianza y, puede ser incómodo y paralizante pero, eliminarlo por completo sería como asumir cualquier riesgo (y, con ello, disminuir fatalmente; las posibilidades de supervivencia). Teniendo en cuenta lo vital que resulta un adecuado ajuste de la “conducta miedosa”, no es de extrañar que toda una red neural esté encargada de organizar (y graduar) la sensación desde cierto temor hasta el pánico incontrolable.

Esta reacción arranca en la amígdala, y prepara al organismo para luchar o la huir ante el peligro surgido. Se desencadena, así, el estado de alerta con todo un correlato vegetativo que prepara al sujeto para la pelea. O la escapada. Se dilatan pupilas y bronquios, el corazón late con más fuerza y el cuerpo entero se prepara para responder a la amenaza. Pero esta respuesta autónoma no ocurre aisladamente sino que, un mecanismo neuronal, se activa a partir de pequeño un grupo de células llamado núcleo paraventricular del tálamo que, al parecer, es una zona de la masa gris extremadamente sensible a las situaciones de estrés. La clave en esta conexión reside en un mensajero químico llamado BDNF (molécula cuya implicación, por cierto, se encontrado en una de las formas más dramáticas de mal función del miedo: las personas que sufren estrés post-traumático). También participan corteza prefrontal e hipocampo (fundamentales para recoger experiencias y aprendizajes previos ante situaciones peligrosas) contribuyendo a interpretar si el peligro es real y el miedo justificado. Para ello, ante cada evento, automáticamente, se analizará la información contextual y, si no se percibiesen verdaderas amenazas, se activarían vías inhibitorias para amortiguar la respuesta al miedo de la amígdala. Sea como fuere, la interpretación de una situación determinada no es igual para todos los individuos (ni siquiera para el mismo sujeto si cambia el contexto). No obstante, el resultado final debe ser que, la activación neural que conduce a la sensación de miedo, aumente conforme lo haga el desconocimiento sobre lo temido, y la impotencia que sienta el sujeto ante cómo afrontarlo. Por tanto, asustarse depende de un análisis de la situación puntual. Esta puede ser la explicación a que, aunque el miedo produce angustia y sensaciones desagradables, a muchas personas les guste recrear estas emociones. De una forma ficticia, a través de imágenes, películas, libros o situaciones simuladas, el sujeto puede reproducir la activación afectiva que se asocia a las situaciones que asustan. De hecho, diversos factores neuro-fisiológicos y culturales estarían ligados a esta pasión, voluntaria, de recrear esta emoción (de resultados tan potencialmente extremos). En este sentido, la Ciencia empieza a desentrañar por qué, algo que de miedo, puede resultar placentero… Y la razón parece estar en que, algunas de las principales sustancias químicas del cerebro que participan en la respuesta de lucha o huida, también lo hacen en las de recompensa o felicidad. Así, diversas moléculas neuroactivas, entrarían en acción en ambos contextos. Se trataría, entonces, de liberar hormonas como testosterona, adrenalina o cortisol y,  una forma de conseguirlo, es exponerse a sentir escalofríos y angustia en una situación controlada. Esto explica la alta excitación que se experimenta durante un susto, y que se pueda vivenciar como algo “divertido”. Además, también parece que tiene cierta ventaja adaptativa, ya que favorecería el aprendizaje social: el organismo, que está preparado para activarse ante lo diferente, libera dopamina, serotonina o estrógenos ante aquello que no se puede etiquetar con facilidad. Todo el circuito hormonal se pone en marcha ante la incertidumbre y favorece la adquisición de una experiencia previa sin arriesgarse a posibles daños… Este aprendizaje (por exposición al peligro pero fuera del alcance de la amenaza “real”) explicaría por qué pervive la costumbre cultural de disfrutar con el miedo.  

Y no es un gusto reciente: Lo siniestro ya tenían gran atractivo en tiempos de Homero, por ejemplo… Así, en su “Odisea”, se relata el espanto ante Gorgona (que tenía serpientes vivas por cabello y poseía el poder de convertir en estatua a quien la mirara a los ojos). Pero no se olvide que estos mitos se han transmitido por tradición oral o sea que, si el texto se conserva, es porque se encontraba placer en recitarlo. No obstante, lejos de todo divertimento, la Gorgona Medusa ha servido para ejemplificar lo que ocurre cuando el peligro es real e insuperable… Entonces, como sus víctimas (y, finalmente, hasta la propia Medusa), ante un horror inasumible, las personas pueden quedar petrificadas. En esta situación, toda la información que entra a través de los sentidos hacia la amígdala, activa una serie de conexiones para generar todo un caleidoscopio de complejas reacciones… Que en su extremo es una “no acción”: quedarse “de piedra”, paralizado por el terror. Y es que, en un ataque de pánico, la respuesta emocional sobre el sistema nervioso autónomo, se concreta en importantes elevaciones de la frecuencia cardíaca; de la conductancia de la piel (que es un indicador de descargas de la rama simpática del sistema nervioso autónomo); reducciones muy marcadas en el volumen sanguíneo o la temperatura periférica, y una importante vasoconstricción, (lo que es especialmente evidente en la palidez de la cara). Se está produciendo la típica reacción que lleva al sujeto a “quedarse helado”… Pero también, se producen efectos sobre el sistema somático, como elevaciones fásicas en la tensión muscular (que generalmente, afecta todo el cuerpo), y aumentos de la frecuencia respiratoria con simultáneas reducciones en su amplitud (o sea una respiración superficial e irregular). Todo ello favorece, en un primer instante, la sensación de paralización y agarrotamiento. Aunque estos ajustes deberían proporcionar el tono muscular adecuado para iniciar una huida, o evitación de la situación desencadenante, en un ataque de pánico (en condiciones extremas) se puede producir un bloqueo profundo con una pérdida total del control de la situación. La paralización, que debería haber servido para activar la atención sobre el peligro y el entorno, por el contrario, “desconecta” el sistema y deja de responder . Desde luego nada placentero. Lo dicho: de tanto miedo, ni huir puedo.

En definitiva, sentir miedo no es para nada algo prescindible aunque si es deseable que se pueda controlar (y el aprendizaje parece ser fundamental para ello). Al fin y al cabo, ya se sabe: Para aspirar a una felicidad plena, antes hay que cruzar las alambradas del miedo.

Para saber más:

“Psicología del miedo: temores, angustias y fobias” André, Cristoph (2010),. Kairós

“Biología del miedo: el estrés y los sentimientos Hütler, Gerald (2001)” Plataforma actual

“Psychology of fear”: Gower, L. Paul (2005) Nova Biomedical Books

La naturaleza de los trastornos de ansiedad https://webs.ucm.es/info/seas/ta/introduc.htm

La anatomía del miedo: bases fisiológicas y psicológicas https://lamenteesmaravillosa.com/anatomia-del-miedo-bases-fisiologicas-psicologicas/

Las bases fisiológicas y psicológicas del miedo. ¿Por qué sentimos miedo y cómo se manifiesta esta sensación en nuestro cuerpo y mente? https://psicologiaymente.com/psicologia/bases-fisiologicas-psicologicas-miedo

https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnins.2018.00656/full?utm_source=AD&utm_medium=TW&utm_campaign=CORP_PLANS_20180904

http://apuntesdecienciaytecnologia.blogspot.com/2012/07/la-zarigueya-una-maquina-de.html

https://www.xlsemanal.com/conocer/20170302/hacerse-el-muerto-animales-tanatosis.html#foto3

https://www.ngenespanol.com/naturaleza/muertos-vivientes-animales-que-fingen-estirar-la-pata/

 

 

 

“Las Cuentas del Rosario son escaleras, para subir al cielo, las almas buenas”. Neurociencia del cerebro que salmodia

rosarioComo dice la copla tradicional, cada 7 de octubre en muchos pueblos y ciudades andaluces las “almas buenas” celebran, de un modo especial, la festividad de “su” Virgen del Rosario. Carrión de los Céspedes, Cádiz, Bornos.  El Gastor, Cartaya o Salobreña, son algunas de las poblaciones que conmemoran el rezo de los veinte «misterios» recitando (después de anunciar cada uno de ellos), un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. En los orígenes de este rito, se entrelazan tradiciones antiguas de la oración del Oriente y del Occidente en el que, la clave, está en la repetición de aclamaciones y alabanzas, junto con himnos y oraciones propias de las liturgias orientales. Un manuscrito de 1501 es la primera referencia al respecto, pero no fue hasta mucho después, tras la batalla de Lepanto, que la Iglesia católica empezó a celebrar una fiesta anual con este propósito. A la Sevilla del XVII se debe que el rezo de los rosarios se volviera “callejero” en cortejos, de canto comunal, presididos por una insignia mariana denominada   ”Simpecado”. Obviamente, muchas fiestas locales que aún se celebran, tienen su origen en esta práctica que se centra en un recitado repetitivo y grupal que hunde sus raíces una tradición muy antigua y que no es exclusiva del orbe cristiano , sino que entronca con otros rezos similares (como el canto de mantras) por sus posibles efectos fisiológicos.

El hecho es que existen datos experimentales, que muestran que, aquellos patrones o fórmulas rítmicas que impliquen ciclos respiratorios coincidentes con ritmos circulatorios endógenos, pueden inducir efectos fisiológicos mediante cierta la sincronización en los ritmos respiratorio y cardiovascular. Obviamente, la frecuencia que se imprima a las repeticiones y la estructura de la palabra repetida, son muy importantes de modo que, por ejemplo,  el  “ora pro nobis “ católico “Om mani padme hum” budista tendrían esta propiedad y, verbalizados con un ritmo constante, podrían generar un ajunte de la funciones autonómicas afectadas, con determinados efectos físicos, al margen de sus implicaciones religiosas.

De hecho repetir algo “como un mantra” (expresión verbal repetitiva prolongada) es una de las prácticas mentales más universales en la cultura humana. Sin embargo, aún no se conocen completamente los mecanismos neuronales subyacentes que pueden explicar su poderoso impacto emocional y cognitivo. El estudio de los correlatos neuronales del habla repetitiva simple, sin carga religiosa alguna, empieza a dar pistas al respecto. Así, utilizando imágenes de resonancia magnética funcional se ha demostrado que, una salmodia repetitiva, induce una reducción generalizada de la señal de actividad cerebral en comparación con la línea de base en reposo. Esta reducción, se centra principalmente en la red asociada con procesos de generación del pensamiento. El desencadenamiento de esta inhibición global por uso de sentencias repetitivas (independientemente del sentido que éstas tengan e, incluso, de que carezcan de él) resulta mínimamente exigente y puede explicar el efecto, como calmante emocional, que describen las personas que realizan habitualmente estas prácticas meditativas. No obstante, la meditación, es una familia de prácticas mentales que abarca una amplia gama de técnicas (que emplean estrategias mentales distintivas) por lo que podrían activarse o inhibirse diferentes funciones (dependiendo de la estrategia seguida por el sujeto que salmodia). Aún así,  se ha comprobado que, el dominio de la meditación se relaciona con efectos concretos en la función cerebral (desarrollados a lo largo del tiempo en que se realiza) que afectan a diferentes estructuras, como el giro frontal derecho, y que se extienden hasta incluir los lóbulos parietal y occipital, Además, estas redes se pueden expandir enormemente durante la práctica de la meditación para incluir regiones homólogas del hemisferio izquierdo. El proceso de “reclutamiento” de áreas en este fenómeno de “activación-inhibición” podría terminar incluyendo a la ínsula y las cortezas motoras, cingulada y frontal.

Por último, no está de más señalar que, en general, el canto de la plegaria bajo el “Simpecado” se realiza conjuntamente. Se ha demostrado también, que el canto de grupos al unísono promueve el bienestar de las personas cantoras. Una razón para esto puede ser que el canto requiere una respiración más lenta que la normal, lo que a su vez puede afectar la actividad del corazón. El acoplamiento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca a la respiración se denomina arritmia sinusal respiratoria. Este acoplamiento generaría un efecto (que se sumaría al ya descrito)  de tipo subjetivo que, además de biológicamente calmante, ajustaría y la función cardiorrespiratoria de cada miembro del grupo que participa en el rezo.

De modo que (como dice la copla ) el rezo del rosario (o cualquier otro recitado repetitivo que cumpla las condiciones descritas) facilita la “escalera” que conduce a una situación con efectos neurofisiológicos distinguibles. Sin embargo, aunque los diferentes análisis realizados apoyen las consecuencias descritas para las prácticas de meditación, también se plantean muchas inquietudes metodológicas (lo que implica que son necesarias futuras investigaciones).

Sea como fuere, mientras tanto, por supuesto; muchas felicidades a Rosarios Charos y Charitos…

Para saber más:

“Repetitive speech elicits widespread deactivation in the human cortex: the “Mantra” effect?” Aviva Berkovich-Ohana, Meytal Wilf, Roni Kahana, Amos Arieli & Rafael Malach. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4511287/pdf/brb30005-e00346.pdf

“Low and then high frequency oscillations of distinct right cortical networks are progressively enhanced by medium and long term Satyananda Yoga meditation practice”. John Thomas, Graham Jamieson and Marc Cohen. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4051196/pdf/fnhum-08-00197.pdf

“EEG Spectral Analysis on OM Mantra Meditation: A Pilot Study” Bhavna P. Harne, A. S. Hiwale.  https://link.springer.com/content/pdf/10.1007%2Fs10484-018-9391-7.pdf

“Functional neuroanatomy of meditation: A review and meta-analysis of 78 functional neuroimaging investigations”, Kieran C.R. Fox; Matthew L. Dixon; Savannah; Nijeboer; Manesh Girn; James L. Floman; Michael Lifshitz; Melissa Ellamil; Peter Sedlmeier; Kalina Christoffa;  https://ac.els-cdn.com/S0149763415302244/1-s2.0-S0149763415302244-main.pdf?_tid=d23072bc-05a6-448b-8e95-8af4e39afa25&acdnat=1538643551_c099d25013e30d3b030eeef9dd7c8858

“Music structure determines heart rate variability of singers” Björn Vickhoff, Helge Malmgren, Rickard Åström, Gunnar Nyberg, Seth-Reino Ekström, Mathias Engwall, Johan Snygg, Michael Nilsson; Rebecka Jörnsten. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3705176/pdf/fpsyg-04-00334.pdf

 

 

 

 

 

 

 

rosario

¿SE ACABÓ LO BUENO?… Lo que la Neurociencia sabe de la “vuelta a la rutina”

rutinadeltiempo

La llegada de septiembre trae consigo un sinfín de tópicos, asociados al final del periodo de tregua, soleada y feliz que, se supone,  conceden las vacaciones veraniegas. Incluso se le ha puesto un rimbombante nombre de patología: es el síndrome post-vacacional pero… ¿De verdad enferma terminar de descansar? ¿En serio “se acabó lo bueno”?

Existen numerosos datos que demuestran que el descanso no es opcional, que el organismo humano necesita hacer paradas en su actividad para poder continuar con ella pero, tras estos periodos de relax,  sin duda, volver a la vida diaria de cada cual, no tiene por qué resultar duro. Sin embargo, lo cierto es que, llegado el momento del retorno, son bastante unánimes  las quejas sobre la vuelta a la rutina (como si recuperar una vida predecible fuese una maldición apocalíptica y… ¿Verdaderamente, lo es?)

La rutina se pinta como una asfixiante pauta de conducta alienante. Sin embargo, lo cierto es que numerosos datos apuntan a mostrar que el comportamiento humano se asienta sobre hábitos y costumbres. El cerebro necesita de esas acciones repetitivas que se vuelven arraigadas con práctica y reiteración. Ir a trabajar a misma hora, vivir en el mismo barrio o frecuentar a la misma gente, son costumbres que constituyen las bases de un comportamiento adaptativo. Para ello, se ha de llegar a establecer un hábito de forma tan arraigada que se manifieste de manera “casi involuntaria” (pensemos en esa experiencia, bastante común, de confundir el itinerario si un día no hay que ir “al mismo sitio de costumbre” y, a pesar de ello, terminamos en camino a “donde siempre”… ¡Cómo si un “piloto automático” condujese a la clase de inglés del lunes se quiera o no!).  El cerebro “sabe lo que toca a hacer” e inducido, por la repetición prolongada del comportamiento, produce respuestas inculcadas que se reproducen, casi instintivamente, ante determinadas situaciones ambientales…

Pero no son situaciones “cualquiera”: La respuesta “de costumbre” solo se desencadena en aquellas condiciones a las que el sujeto se enfrenta reiteradamente y, cómo sabe qué va a pasar, su atención se puede desplazar a nuevos objetivos… Mientras, pareciese que nuestro pies se dirigen, por sí solos, hacia el “lugar donde todo el mundo sabe tu nombre” como se decía la sintonía (https://www.youtube.com/watch?v=SoZJUK4_ue8) de la al mítica serie Cheers… Y lo del bar del barrio, y el aperitivo de los domingos, no es un ejemplo baladí , ya que pone de manifiesto como las conductas  rutinarias son ¡reconfortantes!…Porque, probablemente, es  esta la característica más relevante del proceso: resulta placentero y gratificante, para el cerebro, moverse en esas situaciones donde sabemos qué hacer, cuando y con quién hacerlo… O sea que ser rutinario y predecible ¡te hará feliz!

Es cierto que esta propiedad del cerebro tiene un” lado oscuro” pues es verdad que la adquisición de un hábito es bastante independiente (en principio) de si estas acciones producen resultados útiles. De modo que las costumbres adquiridas no tienen por qué ser, necesariamente, beneficiosas (por ejemplo, “un cigarrito después de comer” o cualquier otro hábito asociado con el tabaquismo, resulta, casi, tan potentemente adictivos como la propia nicotina) Sin embargo,  es tan grande la ventaja adaptativa que supone esta capacidad de responder estereotipadamente ante situaciones comunes, que el cerebro favorece el establecimiento de estos protocolos (aun a riesgo de que el mecanismo fije pautas no tan beneficiosas e, incluso, hábitos directamente nocivos). Obviamente, la forma en que esta fijación se produce implica los circuitos neuronales de recompensa, que se activan y unen a las personas con sus más queridos ritos. No en balde, constituyen el conjunto de estructuras cerebrales que, mediante estímulos, nos hacen “sentirnos bien” después de realizar cualquier actividad o modifican comportamientos mediante un refuerzo positivo: Se aprende a comportarse y hacerlo produce una gran satisfacción…

Se tienen costumbres porque se aprenden códigos y se encuentran soluciones y esta capacidad depende de circuitos neurales encargados de ello. Desde el principio, el cerebro, va sumando experiencias que le confieren habilidades de modo que sus aprendizajes iniciales (como caminar o hablar) se adquieren por repetición hasta que el cerebro los automatiza. Pero no va a parar de aprender y, así se irán “afinando” las conductas (y no sólo caminará sino que podrá, correr, saltar ¡o ejecutar complicados ejercicios de gimnasia  rítmica!  que, por cierto, se llaman “rutinas”). Con la enorme satisfacción que produce adquirir más y más destrezas. Lógicamente, esa placentera sensación (como todo lo grato) se relaciona con la “molécula del disfrute” o sea, la dopamina, que se libera cuando, bien establecidos estos “protocolos de actuación,” se optimizan las respuestas del individuo. Esta substancia es un neurotransmisor que se produce en muchas partes del sistema nervioso y tiene numerosas funciones, incluyendo la actividad motora, la motivación, el humor, la atención o el aprendizaje. En el constante proceso de adquirir experiencia, la dopamina desempeña un papel crucial, entre otras cosas, porque ayuda a mantener la motivación. Sus niveles circulantes en el cerebro están implicados en el refuerzo de los hábitos (por ejemplo, es lunes, hay que levantarse temprano e ir al colegio y la ruta es… etc. etc.  Al seguir estas”instrucciones”,  prefijadas, o hábitos, nos sentiremos seguros ya que intuimos que se favorece “que todo vaya bien”)  Además,  esos niveles se relacionan con la “focalización” de la conducta en un objetivo. En este sentido, es importante recordar que, la capacidad de ejercer un control sobre las acciones, permite a las personas ajustar sus respuestas de acuerdo con las necesidades y deseos en cada momento. No obstante, todo el rato, el cerebro va a oscilar entre la confortable repetición de las pautas y la necesaria dosis de manejo de imprevistos (en nuestro ejemplo, si resultase que habían obras en el camino y tuviésemos que explorar un nuevo itinerario, o algo así, es muy útil que “no cunda el pánico” por tener que salir de “lo habitual…). De hecho, la dopamina está relacionada tanto con los comportamientos habituales, como en aquellos en que el sujeto “improvisa” para conseguir el objetivo.  De hecho, se ha demostrado que los fármacos potenciadores de la dopamina aceleran el paso a esa especie de “modo automático” asociado a las conductas rutinarias y, las lesiones en la vía dopaminérgica nigroestriada, evitarían la formación del hábito. Sin embargo, por otro lado, la predicción de resultados, que está vinculada a una conducta repetida mil veces, parece estar sostenida por un circuito (dopaminérgico también) que incluye la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo accumbens. Lo cierto es que, sea como fuere, se trata de estructuras implicadas en los circuitos de recompensa cerebrales.

Se podría afirmar que, los niveles de dopamina van jugar un papel fundamental al incorporar una señal de aprendizaje que permite intuir las recompensas venideras, favoreciendo, así, las acciones útiles… Fomentando, en suma, usos y costumbres. Además esos hábitos (asociados a efectos predecibles) aumentan la sensación de ejercer un alto grado de control sobre aspectos clave del entorno (ya se sabe: Más vale malo conocido…). De hecho el tema del control es clave: Aunque la curiosidad y la motivación sean fundamentales en la adquisición de un hábito (y por tanto en el aprendizaje) una vez establecido resulta muy difícil vencer la rutina de un circuito cerebral bien consolidado (es decir, bien aprendido) que permite dirigir nuestros pasos con eficacia en el entorno seguro de la vida “del día a día” que controlamos en tanto que conocemos.

En definitiva, que tras el disfrute veraniego y fugaz de lo inusual o hasta imprevisto, lo bueno, no solo no se acaba, sino que vuelve empezar ¡de la mano de lo cotidiano que nos protege y sostiene!...Que ya lo decía Reade:

Siembra un pensamiento y cosecharás una acción

 Siembra una acción y cosecharás un hábito;

 Siembra un hábito y cosecharás un carácter;

 Siembra un carácter y cosecharás un destino…

Para saber más:

“Managing Post-holiday Stress Naturally”. Diabetes Self Manag. Wiley F. 2015;32(1):64-6.

“How to beat the post-holiday blues”.Nurs Stand. Day-Calder M. 2016 Sep 14;31(3):37-38.

“Safety out of control: dopamine and defence” Behav Brain Funct. Kevin Lloyd and Peter Dayan, 2016; 12: 15. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4878001/

“Reliance on habits at the expense of goal-directed control following dopamine precursor depletion“ Psychopharmacology (Berl).  Sanne de Wit, Holly R. Standing, Elise E. DeVito, Oliver J. Robinson, K. Richard Ridderinkhof,2,3 Trevor W. Robbins, and Barbara J. Sahakian, 2012; 219(2): 621–631. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3249188/

“Shifting the Balance Between Goals and Habits: Five Failures in Experimental Habit Induction” J Exp Psychol Gen. Nelson Cowan, Ed. 2018 Jul; 147(7): 1043–1065. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6033090/

“Enhanced Avoidance Habits in Obsessive-Compulsive Disorder “ Biol Psychiatry. Claire M. Gillan,Sharon Morein-Zamir,Gonzalo P. Urcelay,Akeem Sule,Valerie Voon,Annemieke M. Apergis-Schoute,Naomi A. Fineberg, Barbara J. Sahakian, and Trevor W. Robbins,2014; 75(8): 631–638. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3988923/

https://www.webmd.com/balance/features/after-vacation-tips-to-bounce-back-fast#1

http://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-existe-sindrome-postvacacional-claves-vuelta-trabajo-vacaciones-20180828075936.html

https://neuropediatra.org/2015/09/20/rutina-habito-y-aprendizaje-solo-21-dias/10.1016/j.neuron.2014.08.060

 

 

La Primavera, la Lengua Madre y la Madre de las Lenguas.

Dime algoCada 21 de marzo se celebra el DIA MUNDIAL DE LA LENGUA Nowruz (escrito نوروز en persa). Es el año nuevo del calendario persa. Obviamente, coincide con el equinoccio de primavera. Se trata de una lengua hablada en Irán, aunque se pueden  encontrar comunidades “persa-parlantes” en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán,​ Rusia, Irak, Omán, Emiratos Árabes y Pakistán (sin contar con los centenares de miles de hablantes que hay en diáspora) o sea que, es posible, que hayan más  de 100 millones de personas que tengan este idioma como lengua materna. El persa, dentro de la familia indo-europea, pertenece a las lenguas indo-iranias y está documentado, con diferentes variantes, desde hace más de 25 siglos. Sea como fuere, el Navruz, fue inscrito en 2009 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconociéndose, así, que la fiesta del 21 de marzo se ha celebrado durante, al menos, 3000 años. Esta conmemoración ha de llevarnos a centrar nuestra atención, en la importancia de la lengua como eje vertebrador de las sociedades humanas.

Nuestro cerebro se sirve de la lengua para comunicarse y, aquella que oímos en la cuna, forja nuestro pensamiento para siempre. La comunicación es una actividad consciente que nos permite intercambiar información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas. Y no es un proceso fácil. Se ha de producir:  la intención de comunicar, la persona emisora tiene que componer un mensaje. y codificarlo, para transmitir la señal, que ha ser recibida y decodificada para que el mensaje, finalmente, sea interpretado por parte de un sujeto receptor. Cada elemento, por tanto, precisa de las especializaciones sensoriales y cognitivas necesarias para la percepción de un lenguaje que permita “entenderse” y cuyo origen biológico, se puede intuir a partir de la observación de la comunicación entre primates “no-humanos”. Sin embargo, todavía se desconoce mucho acerca de los mecanismos neurológicos y etológicos que subyacen a sus habilidades comunicativas.

No obstante, parece bien establecido que el sistema de comunicación entre primates consiste en una complicada mezcla de disposición genética, circunstancias ambientales, y aprendizaje de tareas. Así, se sabe que, en distancias largas, los primates se apoyan en señales auditivas. Pueden emitir numerosos y variados sonidos como el siseo de serpiente (a modo de llamada de alarma) o el aviso del depredador…  Claro que eso no es hablar: y entonces ¿Pueden primates distintos a la especia humana aprender un lenguaje “simbólico”? Lo cierto es que los intentos de enseñarles una lengua oral no han sido nada satisfactorios (entre otras cosas por el simple hecho de que carecen de un aparato vocal adecuado) Sin embargo, es un clásico el trabajo con un chimpancé, llamado Washoe, que aprendió el “Lenguaje de Signos Manuales “. Llegó a saber utilizar y combinar hasta 160 signos, e incluso supo generalizar el uso de un signo a nuevos casos, a partir de su referente originario (lo que sugiere que la comunicación compleja no se limita a la Humanidad). No obstante, aunque entre simios se haya demostrado que comprenden ciertos mensajes, la especie humana va un paso más allá: su comunicación es bidireccional, conversacional y, se basa en consensos en cuanto a cómo se quiere transmitir. No hay un equivalente directo en la comunicación de los primates. Al igual que otros animales, los primates se comunican para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, tales como evitar a los depredadores o mantener la cohesión social durante los desplazamientos. Pero el habla, como tal, sigue siendo una cualidad humana. En gran medida consecuencia de las capacidades vocálicas únicas de nuestra especie.

De hecho, hace apenas unos 7.000 años que nuestra especie empezó a dejar muestras de su dominio del lenguaje al empezar a escribir. Pero cualquier bebe humano, que no escribe, obviamente, es capaz de aprender cualquier idioma, lo que potencialmente, hace que esta competencia pueda ser considerada, además de innata, universal.  Esto podría implicar que surgió, en nuestros ancestros comunes, en África. En esta hipótesis, la aparición del lenguaje debe ser anterior al movimiento migratorio con que se habitó el resto del planeta hace 60.000 años. En esta línea, un estudio ha analizado las riquezas de los fonemas de los diferentes idiomas, situando el origen del lenguaje en algún lugar del sudoeste africano. Para ello se empleó un método similar a los análisis genéticos, observando que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de este continente. Así, algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras que el hawaiano (muy alejado del origen africano desde donde irradió nuestra capacidad comunicativa) tiene tan solo 13. Esto implicaría que la aparición del lenguaje moderno, habría coincidido con toda una explosión de las capacidades cognitivas humanas que se produjeron poco antes del inicio de la “Gran Migración”. Parejos a este éxito adaptativo corrieron el desarrollo cerebral y las capacidades de vocalización.

Y las de audición.

De hecho, la comprensión del habla permanece ampliamente preservada en las personas adultas a pesar del significativo cambio neurofisiológico relacionado con la edad. Sin embargo, el rendimiento de los sujetos más mayores disminuye rápidamente cuando las condiciones de eficacia auditivas son peores.

Por el contrario, la maduración del cerebro durante la infancia es vital para el desarrollo normal de las habilidades del lenguaje. La mayoría de las áreas de procesamiento de lenguaje se desarrollan en el segundo año de vida en un hemisferio del cerebro, que a menudo corresponde al opuesto de la mano dominante.

En este proceso, las nuevas técnicas de neuro- imagen, han permitido identificar, toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Entre ellas, regiones subcorticales (como el caudado-putamen), así como las áreas premotoras y, especialmente, estructuras de la corteza cerebral relacionadas con las cortezas auditivas primarias y secundarias (como la circunvolución temporal superior, que sería responsable del procesamiento morfo-sintáctico así como, la integración de la información sintáctica y semántica; la circunvolución frontal inferior, o área de Brodmann , relacionada con el procesamiento sintáctico,  y la  memoria de trabajo;  misión que comparte con la circunvolución frontal inferior y, por último, la circunvolución temporal media que se encargaría del  procesamiento léxico semántico)

En definitiva, hablar (y entenderse) fue todo un gran reto evolutivo superado con éxito gracias  a una, nada sencilla, red de estructuras que responde en nuestro cerebro a los requerimientos de comunicación.

Para saber más:

Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa. Atkinson, Q.D. Science (2011):  http://science.sciencemag.org/content/332/6027/346

Human brain evolution writ large and small. Sherwood, C.C., .Bauernfeind A.L. , Bianchi, S., Raghanti, M.A. , .Hof P.R.P rogress in Brain Research (2012) 195: 237-254)

How the brain attunes to sentence processing: Relating behavior, structure, and function. Fengler,A. , Meyer, L., Friederici A.D. Neuroimage(2016) 129: 268–278 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4819595/

Adaptive significance of right hemisphere activation in aphasic language comprehension Meltzer J.A., Wagage,S., Ryder,J. , Solomon, B. , Braunb, A.R., Neuropsychologia (2013); 51(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3821997/

Functional reorganization of language networks for semantics and syntax in chronic stroke: Evidence from MEG. Kielar A. , Deschamps T., Jokel R. , Meltzer J.A.Hum Brain Mapp (2016); 37(8):2869-93.

Development of a selective left-hemispheric fronto-temporal network for processing syntactic complexity in language comprehension  Xiao,Y. Friederici,A.D. Margulies,D.S. Brauera,J. Neuropsychologia (2016) 83: 274–282. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4780430/

Neural Processing during Older Adults’ Comprehension of Spoken Sentences: Age Differences in Resource Allocation and Connectivity. Peelle,J.E., Troiani,V., Wingfield,A., Grossman, M.  Cereb Cortex. (2010); 20(4): 773–782. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2837088/

Asyntactic Comprehension, Working Memory, and Acute Ischemia in Broca’s Area versus Angular Gyrus. Newhart,M. Trupe,L. A., Gomez,Y.  Cloutman,L. Jarred Molitoris,J.  Davis,C. Leigh,R.,  Gottesman,R.F., Race,D. HillisA.E.,Cortex( 2012); 48(10): 1288–1297.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3389171/

https://elpais.com/elpais/2015/08/07/ciencia/1438961176_330561.html