EL CEREBRO Y LA AUSENCIA: La vida ya no será la misma pero…”Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que le gustaría, sonreír, abrir los ojos, amar y seguir” (D. Harkins)

madre

Aunque sea “ley de vida”, nadie está preparado para perder a una madre o un padre, para decirles adiós (y hacerlo sin rencores). En el fondo, cada individuo atesora (y en gran medida añora) aquella infancia durante la que siempre se podía acudir a sus brazos para sentir protección. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre. Nadie podrá dar, nunca más, esa sensación de amparo total. Por tanto, enfrentar la orfandad, sin duda, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. Esto es lo que hace esta pérdida única y, solamente es posible abordar su gestión, desde la compresión del proceso que ese dolor va a traer consigo.

Porque manejar el duelo es un reto que cada individuo vivencia de una manera personal y concreta y, su entorno, lo puede facilitar (o volverlo aún más doloroso). En este sentido, en vez de ayudar al sufriente, decir cosas como “debes ser fuerte”  puede conducir a una negación de su pena, que bloquee su gestión natural del duelo. Porque las emociones no son buenas ni malas: son necesarias. La pérdida se ha de asumir desde una elaboración muy personal del proceso que, de hecho, tiene una evolución bastante lineal. Por lo general, se llega a aceptar la pérdida del ser querido después de un complejo tránsito emocional que va, desde la incredulidad a la rabia, pasando por la negociación y expresión efectiva del dolor. Solo después de esto, finalmente, con todo ese duro trabajo hecho, entonces sí, se alcanza la aceptación.

No obstante, aunque estas sean las etapas más comunes, (incluso existen datos que indican que el tiempo que lleva todo el proceso son unos tres meses) debe quedar bien establecido que cada persona lo afrontará de una forma particular. No en vano, la muerte de la persona con la que el apego es más intenso, desencadena pensamientos intrusivos acerca de la pérdida. Y es que se parte de una vinculación afectiva intensa que es la base del cuidado parental. Estos pensamientos no deseados, involuntarios, con imágenes o ideas desagradables, pueden convertirse en obsesiones que resulten preocupantes (y que pueden ser muy difíciles de manejar). Perder ese “puerto seguro” donde cobijarse, desvanecido con la orfandad,  necesita de una gran capacidad cognitiva para atenuar las respuestas emocionales que origina.

Esta tormenta afectiva tiene un gran sentido etológico ya que, el apego, es necesario para el funcionamiento del grupo familiar, y representa una gran ventaja adaptativa para el afrontamiento de situaciones que entrañen peligro o dolor. Pero, lógicamente, perder a la persona que más directamente lo representa, implica la re-elaboración de la idea del lugar que se ocupa en el mundo. En este duro  proceso, participan  complejas redes neurales que subyacen a la regulación de  la atención hacia los recuerdos y su gestión emocional. La investigación sobre esta gestión cognitiva de la emoción, ha permitido ampliar la comprensión sobre, cómo se desarrolla, la capacidad humana para procesar esta información (que es crucial para mantener su homeostasis afectiva frente a situaciones, objetivamente, dolorosas). Entre las diversas estrategias control y alivio de los sentimientos de pérdida, una nueva evaluación de lo ocurrido reviste especial importancia para la adaptación y el bienestar del sujeto.

La persona  necesita una re-configuración cognitiva  que le permitan su interpretación y  que, sobretodo, inicie el distanciamiento del evento doloroso. Diversos estudios de neuro-imagen han tendido a inferir que, este proceso de re-evaluación, está vinculado a la capacidad individual de emplear lo que se denomina memoria de  trabajo (funcionalmente relacionadas con la conectividad entre las regiones corticales frontales y pre-frontales y la amígdala).

La memoria de trabajo es un constructo teórico, relacionado con la psicología cognitiva, que se refiere a las estructuras y procesos usados para el almacenamiento temporal de información (memoria a corto plazo) y la elaboración de la información (con especial énfasis en la participación de la corteza pre-frontal). Sin embargo, hay datos que apuntan a que la re-evaluación de la regulación cognitiva de la emoción y la memoria de trabajo no emplean,  exactamente, los mismos recursos neurales aunque si tengan relación con el proceso.  Concretamente, la corteza pre-frontal dorso medial y del cíngulo anterior se activan parcialmente por ambas operaciones mentales, mientras que los circuitos neurales de regiones tanto del cerebro anterior (corteza frontal inferior media y superior) como del cerebro posterior (unión temporo-parietal y giro temporal medio izquierdo presentan diferencias entre ambos procesos).  Es interesante reseñar que, los hallazgos que implican a la corteza frontal superior y la pre-frontal dorso-medial, podrían estar relacionados con el proceso introspectivo de la regulación cognitiva de la emoción. Por su parte, el resto de la corteza frontal modularía la acción centrada en hipocampo, amígdala y corteza orbito-frontal.  Así, el circuito relacionado con la emoción también podría integrarse, en estructuras subcorticales y límbicas, proporcionando una conectividad funcional entre la amígdala y otras regiones reguladoras de la atención y la tristeza que podrían explicar las diferencias (algunas clínicamente relevantes) entre la gestión del duelo de cada sujeto en particular.

Sea como fuere, habrá que asumir que todo este complejo circuito se ha modificado irreversiblemente con una pérdida, que no es similar a ninguna otra. Y no: el tiempo no lo cura todo,  pero lo atenúa.  Algunas emociones pueden volver a resurgir, en algún momento, cuando se aviven los recuerdos de la pérdida (haciendo necesario re-negociar con la propia pena); pero, desde la aceptación de que el duelo es una respuesta adaptativa, aunque nunca termine totalmente, su gestión permitirá, con el paso de los días, convivir con la ausencia;  porque: la añoranza duele, pero la aceptación del sufrimiento, conduce a su superación.

Para saber más:

“El poema para despedir a un ser querido que han compartido más de 150.000 personas” https://verne.elpais.com/verne/2018/02/10/articulo/1518266909_897448.html

Guillermo de Inglaterra: “Echo de menos a mi madre todos los días” https://elpais.com/elpais/2016/08/25/estilo/1472142950_578811.html

“Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres”  https://lamenteesmaravillosa.com/como-cambia-la-vida-tras-la-muerte-de-los-padres/

“Neural Mechanisms of Grief Regulation” Peter J. Freed, Ted K. Yanagihara, Joy Hirsch, and J. John Mann. Biol Psychiatry. 2009. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2782609/

“Does emotion regulation engage the same neural circuit as working memory? A meta-analytical comparison between cognitive reappraisal of negative emotion and 2-back working memory task” Tien-Wen Lee  and Shao-Wei Xue. PLoS One. 2018; 13(9): e0203753. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6136767/

“Attachment-style differences in the ability to suppress negative thoughts: Exploring the neural correlates” Omri Gillatha Silvia A .Bungea Phillip R. Shavera Carter Wende lkena Mario Mikulincerb, NeuroImage Volume 28, Issue 4, December 2005, Pages 835-847. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1053811905004556?via%3Dihub

Anuncios

BUSCANDO EL EQUILIBRIO: El desafío constante de mantener la calma

equilibrio

Mantener el equilibrio requiere que las fuerzas que actúan sobre un individuo se compensen o anulen mutuamente. En este sentido, si hay un concepto clave para comprender el funcionamiento del organismo es, sin duda, HOMEOSTASIA (o sea la necesidad de mantener el equilibrio interno). El concepto fue aplicado por vez primera, por Walter Cannon, en la primera parte del siglo XX, y se refiere al sostenimiento, en el medio interno, de unas condiciones estables y constantes (o que varían dentro de unos intervalos dados).  Este control de las variables fisiológicas es, por tanto, la principal exigencia de cualquier organismo, que se enfrenta a un medio ambiente en continuo cambio. Esa constancia mediante regulación (como ya definiera, en 1865, Claude Bernard) permitirá mantener las condiciones normales de la vida y conservar la salud. De hecho, la principal causa de la desviación de los valores de las constantes fisiológicas de un sujeto, respecto al medio externo, es la propia actividad de su metabolismo mientras interactúa con el ambiente y el resto de organismos.  Este contacto, implica generar estrategias de conducta que van, desde la evitación (minimizando las variaciones internas utilizando algún mecanismo de escape) hasta la conformidad (en la que se cambia paralelamente a las condiciones externas).

En este proceso, los cambios para lograr estabilidad, tanto de comportamiento como fisiológicos, es lo que se denomina alostasis y fue propuesto por Sterling y Eyer, en 1988, para describir el desafío que supone el restablecimiento de la homeostasis. El cuerpo se va a ajustar activamente a eventos (predecibles o no) mediante una serie de respuestas que, de ser reiteradas, podrían generar, incluso, una “carga alostática” (que representa el costo de recursos, acumulativo, para el individuo). La alostasis es un mecanismo de adaptación, pero con respecto a un equilibrio dinámico que influye a muchos niveles simultáneamente. Los ajustes continuados afectan tanto a variables de tipo físico, como sería la temperatura (que si baja hace tiritar y si sube transpirar) como de carácter conductual, como ocurre en el desarrollo de afectos (que controlan jerarquías o convierten al sujeto en depredador o presa, por ejemplo). En este contexto, en tanto que animales familiares, la sobrecarga alostática comienza cuando hay conflictos entre los miembros del grupo u otros tipos de disfunción social. Sea como fuere, mantener el equilibrio requiere una respuesta adecuada ante cada evento y, con ello, responder al estrés que genera el cambio. Estas repuestas ante un ambiente mutable (que pueden ser muy complejas) se han de traducir en que el sujeto se enfrente al riesgo que se le presente, o que huya de él (las “ff” del inglés fight-or-flight). En el organismo humano, este ajuste pivota sobre de la alteración en las hormonas del eje hipotálamo-hipófisis-glándula adrenal. Estas estructuras coordinan respuestas a lago plazo (mediadas en su mayoría por la activación de medula adrenal) o repuestas agudas (moduladas por el lazo que regula la secreción de la corteza adrenal) Las descargas en este eje, capacitan al sujeto para responder a los diferentes retos ambientales, y prestar atención a aquello que realmente es significativo para su supervivencia. Así, la búsqueda del equilibrio interior, a la vista de estos procesos, se re-interpreta como un “continuum” de ajustes, que devuelven al sujeto a una posición estable aunque dinámica. El mantenimiento de esta respuesta homeotástica, debe modularse evitando que se produzca una sobrecarga alostática (que puede incluso terminar siendo patológica). Estos determinantes externos proceden del medio y posibilitan al individuo que mantenga la atención ante los estímulos. Paralelamente, también hay determinantes internos, o propios de la persona, que serían los que condicionan, no sólo la capacidad y desarrollo de la atención, sino también su rendimiento.

Obviamente, los estímulos que provocan emociones de mayor intensidad tienden a atraer más la atención del sujeto que los percibe. El reto de la supervivencia ante los cambios se enfrenta, en cada momento, a este balance entre el la respuesta inmediata, adecuada y, quizás, extrema, y la permanencia en unas condiciones de mayor o menor estabilidad. Y es que, la calma interior depende de la revisión de los requerimientos del sujeto, y la evaluación constante de su entorno. Todo ello, obviamente, requiere de una enorme atención por parte de cada sujeto. La red neural que controla la atención (que se sitúan en los circuitos de la corteza cerebral prefrontal) actúa en la búsqueda de esa equilibrada focalización.  Sin embargo, los hábitos y modos de actuar de la mente, per se, tienden a conducirla a divagar: la atención permanece centrada en un objeto o evento por un segundo, luego lo abandona y salta hacia otro, después hacia un tercero y así sucesivamente… No obstante, el estado de introspección es posible y empieza por un proceso bastante común: ¡se trata de ‘poner la mente en blanco”!…  Este sería el modo de conseguir, algo así como, entrenar los circuitos neurales para la calma. Las técnicas que favorecen este estado de meditación, activan las regiones cerebrales que modulan el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y, con ello, colaboran a reducir los índices de estrés. Estas estrategias incluyen la práctica de la meditación. Las técnicas de concentración, entendidas como un pensamiento o reflexión cuidadosa, centradas en promover la relajación y enfocadas en habilitar (en su practicante)  un estado de bienestar general, podrían modificar (incluso estructuralmente) el cerebro de quién lo ejercita. En este sentido, existen datos que sugieren que la práctica de la meditación aumenta el volumen de materia gris y el grosor del hipocampo (responsable del aprendizaje y la memoria) y también se ha registrado una tendencia a la disminución del volumen de la amígdala (relacionada con las emociones como el miedo o la ansiedad). La plasticidad del sistema nervioso, por tanto, estaría bajo el sentimiento “paz interior” que sus practicantes asocian a estas técnicas.

En resumen, la clave está en tener el estado de ánimo adecuado para cada situación concreta: No reaccionar ante los cambios del entorno no es adaptativo, pero permanecer continuamente en alerta puede ser agotador. La calma DEBE preceder a la tempestad, NO EVITARLA (aunque si puede modularla y mantenerla controlada con un poco de entrenamiento…) No en vano ya lo decía Goethe: “Tan divinamente está organizado nuestro mundo, que cada persona, en nuestro lugar y tiempo, estamos en equilibrio con todo lo demás”.

Para saber más:

“Homeostasis”, Hardy, R.N., Ed. Omega, colección Cuadernos de biología, Barcelona, 1979.

“Fisiología humana. La base de la Medicina”. Pocock, G. y Richards, C.D. (2005). 2ª Edición. Masson, Barcelona.

“Neurociencia”,  Purves, D., Augustine, G.J., Fistpatrick, D., Hall, W.C., LaMantia, A-S. y Willians, S.M. (2007). Panamericana, Madrid.

“El concepto de alostasis en biología y biomedicina” McEwen, Bruce S.; Wingfield, John C. (2003). Horm. Behav. (en inglés) 43 (1): 2-15. ISSN 0018-506X. doi:10.1016/S0018-506X(02)00024-7.

“Meditación como herramienta para el equilibrio y la felicidad” https://www.elnuevodia.com/estilosdevida/saludyejercicios/nota/meditacioncomoherramientaparaelequilibrioylafelicidad-2215871/

“Cómo domar tu mente errante”. https://mujeresconciencia.com/2018/05/13/como-domar-tu-mente-errante/

“Las Cuentas del Rosario son escaleras, para subir al cielo, las almas buenas”. Neurociencia del cerebro que salmodia

rosarioComo dice la copla tradicional, cada 7 de octubre en muchos pueblos y ciudades andaluces las “almas buenas” celebran, de un modo especial, la festividad de “su” Virgen del Rosario. Carrión de los Céspedes, Cádiz, Bornos.  El Gastor, Cartaya o Salobreña, son algunas de las poblaciones que conmemoran el rezo de los veinte «misterios» recitando (después de anunciar cada uno de ellos), un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. En los orígenes de este rito, se entrelazan tradiciones antiguas de la oración del Oriente y del Occidente en el que, la clave, está en la repetición de aclamaciones y alabanzas, junto con himnos y oraciones propias de las liturgias orientales. Un manuscrito de 1501 es la primera referencia al respecto, pero no fue hasta mucho después, tras la batalla de Lepanto, que la Iglesia católica empezó a celebrar una fiesta anual con este propósito. A la Sevilla del XVII se debe que el rezo de los rosarios se volviera “callejero” en cortejos, de canto comunal, presididos por una insignia mariana denominada   ”Simpecado”. Obviamente, muchas fiestas locales que aún se celebran, tienen su origen en esta práctica que se centra en un recitado repetitivo y grupal que hunde sus raíces una tradición muy antigua y que no es exclusiva del orbe cristiano , sino que entronca con otros rezos similares (como el canto de mantras) por sus posibles efectos fisiológicos.

El hecho es que existen datos experimentales, que muestran que, aquellos patrones o fórmulas rítmicas que impliquen ciclos respiratorios coincidentes con ritmos circulatorios endógenos, pueden inducir efectos fisiológicos mediante cierta la sincronización en los ritmos respiratorio y cardiovascular. Obviamente, la frecuencia que se imprima a las repeticiones y la estructura de la palabra repetida, son muy importantes de modo que, por ejemplo,  el  “ora pro nobis “ católico “Om mani padme hum” budista tendrían esta propiedad y, verbalizados con un ritmo constante, podrían generar un ajunte de la funciones autonómicas afectadas, con determinados efectos físicos, al margen de sus implicaciones religiosas.

De hecho repetir algo “como un mantra” (expresión verbal repetitiva prolongada) es una de las prácticas mentales más universales en la cultura humana. Sin embargo, aún no se conocen completamente los mecanismos neuronales subyacentes que pueden explicar su poderoso impacto emocional y cognitivo. El estudio de los correlatos neuronales del habla repetitiva simple, sin carga religiosa alguna, empieza a dar pistas al respecto. Así, utilizando imágenes de resonancia magnética funcional se ha demostrado que, una salmodia repetitiva, induce una reducción generalizada de la señal de actividad cerebral en comparación con la línea de base en reposo. Esta reducción, se centra principalmente en la red asociada con procesos de generación del pensamiento. El desencadenamiento de esta inhibición global por uso de sentencias repetitivas (independientemente del sentido que éstas tengan e, incluso, de que carezcan de él) resulta mínimamente exigente y puede explicar el efecto, como calmante emocional, que describen las personas que realizan habitualmente estas prácticas meditativas. No obstante, la meditación, es una familia de prácticas mentales que abarca una amplia gama de técnicas (que emplean estrategias mentales distintivas) por lo que podrían activarse o inhibirse diferentes funciones (dependiendo de la estrategia seguida por el sujeto que salmodia). Aún así,  se ha comprobado que, el dominio de la meditación se relaciona con efectos concretos en la función cerebral (desarrollados a lo largo del tiempo en que se realiza) que afectan a diferentes estructuras, como el giro frontal derecho, y que se extienden hasta incluir los lóbulos parietal y occipital, Además, estas redes se pueden expandir enormemente durante la práctica de la meditación para incluir regiones homólogas del hemisferio izquierdo. El proceso de “reclutamiento” de áreas en este fenómeno de “activación-inhibición” podría terminar incluyendo a la ínsula y las cortezas motoras, cingulada y frontal.

Por último, no está de más señalar que, en general, el canto de la plegaria bajo el “Simpecado” se realiza conjuntamente. Se ha demostrado también, que el canto de grupos al unísono promueve el bienestar de las personas cantoras. Una razón para esto puede ser que el canto requiere una respiración más lenta que la normal, lo que a su vez puede afectar la actividad del corazón. El acoplamiento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca a la respiración se denomina arritmia sinusal respiratoria. Este acoplamiento generaría un efecto (que se sumaría al ya descrito)  de tipo subjetivo que, además de biológicamente calmante, ajustaría y la función cardiorrespiratoria de cada miembro del grupo que participa en el rezo.

De modo que (como dice la copla ) el rezo del rosario (o cualquier otro recitado repetitivo que cumpla las condiciones descritas) facilita la “escalera” que conduce a una situación con efectos neurofisiológicos distinguibles. Sin embargo, aunque los diferentes análisis realizados apoyen las consecuencias descritas para las prácticas de meditación, también se plantean muchas inquietudes metodológicas (lo que implica que son necesarias futuras investigaciones).

Sea como fuere, mientras tanto, por supuesto; muchas felicidades a Rosarios Charos y Charitos…

Para saber más:

“Repetitive speech elicits widespread deactivation in the human cortex: the “Mantra” effect?” Aviva Berkovich-Ohana, Meytal Wilf, Roni Kahana, Amos Arieli & Rafael Malach. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4511287/pdf/brb30005-e00346.pdf

“Low and then high frequency oscillations of distinct right cortical networks are progressively enhanced by medium and long term Satyananda Yoga meditation practice”. John Thomas, Graham Jamieson and Marc Cohen. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4051196/pdf/fnhum-08-00197.pdf

“EEG Spectral Analysis on OM Mantra Meditation: A Pilot Study” Bhavna P. Harne, A. S. Hiwale.  https://link.springer.com/content/pdf/10.1007%2Fs10484-018-9391-7.pdf

“Functional neuroanatomy of meditation: A review and meta-analysis of 78 functional neuroimaging investigations”, Kieran C.R. Fox; Matthew L. Dixon; Savannah; Nijeboer; Manesh Girn; James L. Floman; Michael Lifshitz; Melissa Ellamil; Peter Sedlmeier; Kalina Christoffa;  https://ac.els-cdn.com/S0149763415302244/1-s2.0-S0149763415302244-main.pdf?_tid=d23072bc-05a6-448b-8e95-8af4e39afa25&acdnat=1538643551_c099d25013e30d3b030eeef9dd7c8858

“Music structure determines heart rate variability of singers” Björn Vickhoff, Helge Malmgren, Rickard Åström, Gunnar Nyberg, Seth-Reino Ekström, Mathias Engwall, Johan Snygg, Michael Nilsson; Rebecka Jörnsten. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3705176/pdf/fpsyg-04-00334.pdf

 

 

 

 

 

 

 

rosario

¿SE ACABÓ LO BUENO?… Lo que la Neurociencia sabe de la “vuelta a la rutina”

rutinadeltiempo

La llegada de septiembre trae consigo un sinfín de tópicos, asociados al final del periodo de tregua, soleada y feliz que, se supone,  conceden las vacaciones veraniegas. Incluso se le ha puesto un rimbombante nombre de patología: es el síndrome post-vacacional pero… ¿De verdad enferma terminar de descansar? ¿En serio “se acabó lo bueno”?

Existen numerosos datos que demuestran que el descanso no es opcional, que el organismo humano necesita hacer paradas en su actividad para poder continuar con ella pero, tras estos periodos de relax,  sin duda, volver a la vida diaria de cada cual, no tiene por qué resultar duro. Sin embargo, lo cierto es que, llegado el momento del retorno, son bastante unánimes  las quejas sobre la vuelta a la rutina (como si recuperar una vida predecible fuese una maldición apocalíptica y… ¿Verdaderamente, lo es?)

La rutina se pinta como una asfixiante pauta de conducta alienante. Sin embargo, lo cierto es que numerosos datos apuntan a mostrar que el comportamiento humano se asienta sobre hábitos y costumbres. El cerebro necesita de esas acciones repetitivas que se vuelven arraigadas con práctica y reiteración. Ir a trabajar a misma hora, vivir en el mismo barrio o frecuentar a la misma gente, son costumbres que constituyen las bases de un comportamiento adaptativo. Para ello, se ha de llegar a establecer un hábito de forma tan arraigada que se manifieste de manera “casi involuntaria” (pensemos en esa experiencia, bastante común, de confundir el itinerario si un día no hay que ir “al mismo sitio de costumbre” y, a pesar de ello, terminamos en camino a “donde siempre”… ¡Cómo si un “piloto automático” condujese a la clase de inglés del lunes se quiera o no!).  El cerebro “sabe lo que toca a hacer” e inducido, por la repetición prolongada del comportamiento, produce respuestas inculcadas que se reproducen, casi instintivamente, ante determinadas situaciones ambientales…

Pero no son situaciones “cualquiera”: La respuesta “de costumbre” solo se desencadena en aquellas condiciones a las que el sujeto se enfrenta reiteradamente y, cómo sabe qué va a pasar, su atención se puede desplazar a nuevos objetivos… Mientras, pareciese que nuestro pies se dirigen, por sí solos, hacia el “lugar donde todo el mundo sabe tu nombre” como se decía la sintonía (https://www.youtube.com/watch?v=SoZJUK4_ue8) de la al mítica serie Cheers… Y lo del bar del barrio, y el aperitivo de los domingos, no es un ejemplo baladí , ya que pone de manifiesto como las conductas  rutinarias son ¡reconfortantes!…Porque, probablemente, es  esta la característica más relevante del proceso: resulta placentero y gratificante, para el cerebro, moverse en esas situaciones donde sabemos qué hacer, cuando y con quién hacerlo… O sea que ser rutinario y predecible ¡te hará feliz!

Es cierto que esta propiedad del cerebro tiene un” lado oscuro” pues es verdad que la adquisición de un hábito es bastante independiente (en principio) de si estas acciones producen resultados útiles. De modo que las costumbres adquiridas no tienen por qué ser, necesariamente, beneficiosas (por ejemplo, “un cigarrito después de comer” o cualquier otro hábito asociado con el tabaquismo, resulta, casi, tan potentemente adictivos como la propia nicotina) Sin embargo,  es tan grande la ventaja adaptativa que supone esta capacidad de responder estereotipadamente ante situaciones comunes, que el cerebro favorece el establecimiento de estos protocolos (aun a riesgo de que el mecanismo fije pautas no tan beneficiosas e, incluso, hábitos directamente nocivos). Obviamente, la forma en que esta fijación se produce implica los circuitos neuronales de recompensa, que se activan y unen a las personas con sus más queridos ritos. No en balde, constituyen el conjunto de estructuras cerebrales que, mediante estímulos, nos hacen “sentirnos bien” después de realizar cualquier actividad o modifican comportamientos mediante un refuerzo positivo: Se aprende a comportarse y hacerlo produce una gran satisfacción…

Se tienen costumbres porque se aprenden códigos y se encuentran soluciones y esta capacidad depende de circuitos neurales encargados de ello. Desde el principio, el cerebro, va sumando experiencias que le confieren habilidades de modo que sus aprendizajes iniciales (como caminar o hablar) se adquieren por repetición hasta que el cerebro los automatiza. Pero no va a parar de aprender y, así se irán “afinando” las conductas (y no sólo caminará sino que podrá, correr, saltar ¡o ejecutar complicados ejercicios de gimnasia  rítmica!  que, por cierto, se llaman “rutinas”). Con la enorme satisfacción que produce adquirir más y más destrezas. Lógicamente, esa placentera sensación (como todo lo grato) se relaciona con la “molécula del disfrute” o sea, la dopamina, que se libera cuando, bien establecidos estos “protocolos de actuación,” se optimizan las respuestas del individuo. Esta substancia es un neurotransmisor que se produce en muchas partes del sistema nervioso y tiene numerosas funciones, incluyendo la actividad motora, la motivación, el humor, la atención o el aprendizaje. En el constante proceso de adquirir experiencia, la dopamina desempeña un papel crucial, entre otras cosas, porque ayuda a mantener la motivación. Sus niveles circulantes en el cerebro están implicados en el refuerzo de los hábitos (por ejemplo, es lunes, hay que levantarse temprano e ir al colegio y la ruta es… etc. etc.  Al seguir estas”instrucciones”,  prefijadas, o hábitos, nos sentiremos seguros ya que intuimos que se favorece “que todo vaya bien”)  Además,  esos niveles se relacionan con la “focalización” de la conducta en un objetivo. En este sentido, es importante recordar que, la capacidad de ejercer un control sobre las acciones, permite a las personas ajustar sus respuestas de acuerdo con las necesidades y deseos en cada momento. No obstante, todo el rato, el cerebro va a oscilar entre la confortable repetición de las pautas y la necesaria dosis de manejo de imprevistos (en nuestro ejemplo, si resultase que habían obras en el camino y tuviésemos que explorar un nuevo itinerario, o algo así, es muy útil que “no cunda el pánico” por tener que salir de “lo habitual…). De hecho, la dopamina está relacionada tanto con los comportamientos habituales, como en aquellos en que el sujeto “improvisa” para conseguir el objetivo.  De hecho, se ha demostrado que los fármacos potenciadores de la dopamina aceleran el paso a esa especie de “modo automático” asociado a las conductas rutinarias y, las lesiones en la vía dopaminérgica nigroestriada, evitarían la formación del hábito. Sin embargo, por otro lado, la predicción de resultados, que está vinculada a una conducta repetida mil veces, parece estar sostenida por un circuito (dopaminérgico también) que incluye la corteza prefrontal ventromedial y el núcleo accumbens. Lo cierto es que, sea como fuere, se trata de estructuras implicadas en los circuitos de recompensa cerebrales.

Se podría afirmar que, los niveles de dopamina van jugar un papel fundamental al incorporar una señal de aprendizaje que permite intuir las recompensas venideras, favoreciendo, así, las acciones útiles… Fomentando, en suma, usos y costumbres. Además esos hábitos (asociados a efectos predecibles) aumentan la sensación de ejercer un alto grado de control sobre aspectos clave del entorno (ya se sabe: Más vale malo conocido…). De hecho el tema del control es clave: Aunque la curiosidad y la motivación sean fundamentales en la adquisición de un hábito (y por tanto en el aprendizaje) una vez establecido resulta muy difícil vencer la rutina de un circuito cerebral bien consolidado (es decir, bien aprendido) que permite dirigir nuestros pasos con eficacia en el entorno seguro de la vida “del día a día” que controlamos en tanto que conocemos.

En definitiva, que tras el disfrute veraniego y fugaz de lo inusual o hasta imprevisto, lo bueno, no solo no se acaba, sino que vuelve empezar ¡de la mano de lo cotidiano que nos protege y sostiene!...Que ya lo decía Reade:

Siembra un pensamiento y cosecharás una acción

 Siembra una acción y cosecharás un hábito;

 Siembra un hábito y cosecharás un carácter;

 Siembra un carácter y cosecharás un destino…

Para saber más:

“Managing Post-holiday Stress Naturally”. Diabetes Self Manag. Wiley F. 2015;32(1):64-6.

“How to beat the post-holiday blues”.Nurs Stand. Day-Calder M. 2016 Sep 14;31(3):37-38.

“Safety out of control: dopamine and defence” Behav Brain Funct. Kevin Lloyd and Peter Dayan, 2016; 12: 15. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4878001/

“Reliance on habits at the expense of goal-directed control following dopamine precursor depletion“ Psychopharmacology (Berl).  Sanne de Wit, Holly R. Standing, Elise E. DeVito, Oliver J. Robinson, K. Richard Ridderinkhof,2,3 Trevor W. Robbins, and Barbara J. Sahakian, 2012; 219(2): 621–631. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3249188/

“Shifting the Balance Between Goals and Habits: Five Failures in Experimental Habit Induction” J Exp Psychol Gen. Nelson Cowan, Ed. 2018 Jul; 147(7): 1043–1065. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6033090/

“Enhanced Avoidance Habits in Obsessive-Compulsive Disorder “ Biol Psychiatry. Claire M. Gillan,Sharon Morein-Zamir,Gonzalo P. Urcelay,Akeem Sule,Valerie Voon,Annemieke M. Apergis-Schoute,Naomi A. Fineberg, Barbara J. Sahakian, and Trevor W. Robbins,2014; 75(8): 631–638. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3988923/

https://www.webmd.com/balance/features/after-vacation-tips-to-bounce-back-fast#1

http://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-existe-sindrome-postvacacional-claves-vuelta-trabajo-vacaciones-20180828075936.html

https://neuropediatra.org/2015/09/20/rutina-habito-y-aprendizaje-solo-21-dias/10.1016/j.neuron.2014.08.060

 

 

TURING in memoriam . Cuando no había ORGULLO y la injusticia era legal.

 

vvvOrgullo2018

Amarse, hasta hace bien poco, podía ser perseguido y condenado, legalmente, por “indecencia y perversión”. Baste recordar que, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, la homosexualidad se consideraba un delito en Europa. De hecho, avergüenza y duele que, ahora mismo, en el mundo queden 72 países que criminalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo e, incluso, ser gay o lesbiana, puede costar la vida en 8 de ellos. Mientras esta trágica situación perdura, al rededor del 28 de junio, en todo el mundo (el sábado anterior o posterior a esta fecha) se celebra El Día del Orgullo con marchas y desfiles por la diversidad, la libertad y el respeto. El día escogido se debe a que, en 1969, la madrugada del 28 de junio, la policía de Nueva York dirigió una redada contra el pub Stonewall, situado en el Greenwich Village. Se considera que, este dramático episodio, señala el momento en que se inicia la lucha contra todo un sistema, legal, policial y social, que condenaba los afectos no hetero-normativos… Porque era delito. Y estaba penado.

Y si alguien ejemplifica, para la comunidad científica, la esta injusticia con dramáticas consecuencias es, sin duda, Turing y su tragedia personal. Un héroe. Un genio.

Una víctima.

El matemático, científico de la computación y criptógrafo londinense Alan Mathison Turing, era un hombre tan brillante como complejo. Por su famosa “Máquina de Turing”, está considerado uno de los padres de la informática ya que, al formalizar los conceptos matemáticos que la sustentaban, allá por 1936, iba a establecer los fundamentos de la computación. Su diseño fue presentado en la revista Proceedings of the London Mathematical Society y, aunque tan solo era un dispositivo que manipulaba símbolos sobre una tira de cinta (de acuerdo a una tabla de reglas) puede ser adaptada para simular la lógica de cualquier algoritmo de computación. De hecho, permite explicar, muy bien, las funciones de la CPU dentro de los ordenadores. Solo por este trabajo ya se merecía un sitio preponderante en la HISTORIA DE LA CIENCIA y, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Pero su vida se vio azotada, como la de toda la población europea de su tiempo, por la Segunda Guerra Mundial. Y sabía cuál era su deber. Por eso puso sus habilidades, para el cálculo y la lógica, al servicio de la lucha contra el nazismo enfrentándose (y venciendo) a otra máquina: Enigma. La “Máquina Enigma” era un sistema de rotores que permitía, al ejército alemán, tanto cifrar como descifrar, mensajes, haciendo las comunicaciones nazis inexpugnables… Hasta que resolvió su código el genial Alan. Se estima que este éxito acortó la duración de esa guerra entre dos y cuatro años. Salvando miles, quizás millones, de vidas. Una acción heroica que, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Sin embargo, su vida fluyó por otros cauces y de hecho, se adentró en el diseño de uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales (el del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido). Poco tiempo después, construiría otra de las primeras máquinas de computación en la Universidad de Mánchester. Estaba poniendo los pilares de lo que denominamos “Inteligencia Artificial”. Fue tan trascendente su visionario punto de vista que, con su “Test de Turing”, aún hoy, se prueban las habilidades de las máquinas para exhibir un comportamiento inteligente (similar al de un ser humano o indistinguible de éste). Un talento que, sin duda, debería haber recibido reconocimiento y admiración.

Debería haber sido así. Pero no fue.

Alan fue procesado, perseguido y condenado.

Por quién amaba. Por cómo amaba.

Le dieron a elegir entre un año de prisión o “curarle” con una terapia hormonal, experimental, que pretendía ser un “tratamiento de reducción de la libido”. La barbarie cruel, la intransigencia ignorante, recubiertas de legalidad vigente. Se cebaron , sin consideración alguna, con el genio, con el héroe, con el ser humano… Y lo destruyeron. Su sentencia fue la castración química mediante una serie de inyecciones de estrógenos (que, es bien sabido, ejercen numerosos efectos periféricos y centrales). Trágica y dolorosamente acabalaron con él, física y psíquicamente. Era 1952. Murió dos años después, muy posiblemente por suicidio.

Hasta el 24 de diciembre de 2013 el gobierno del Reino Unido, no reconoció cuánto le debía Europa (y el mundo) a Turing y que injustamente había sido tratado. Cuanto dolor, cuanto sufrimiento detrás de la intolerancia y crueldad de una sentencia… De muchas, de demasiadas, sentencias como la de Alan. Pero ya hace mucho tiempo de esto ¿de verdad que, aún, hace falta un Día del Orgullo?

Sin duda.  Hay tantas razones como víctimas de prejuicios homófobos se producen diariamente. Para recordarlo. Para no olvidarlas. Para que nunca más, nadie, se sienta escrutado o asediada por ir de la mano de su pareja. Para que nunca más, nadie, llame nada a nadie por besarse… Para que nunca más, nadie, tenga que sufrir por AMAR A QUIEN LE DE LA GANA.

Entre tanto sigue siendo necesario reivindicar.

Entre tanto celebremos, en las calles que han de ser de todos y de todas:  FELIZ DÍA DEL ORGULLO

Para saber más:

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20180628/dia-orgullo-gay-historia-28-junio-5234055

https://www.20minutos.es/opiniones/helena-resano-columna-celebrar-dia-orgullo-3070185/

http://blogs.elpais.com/turing/2012/07/turing-el-nacimiento-del-hombre-1912-la-maquina-1936-y-el-test-1950.html

https://elpais.com/internacional/2013/12/24/actualidad/1387873660_129481.html

Adela Muñoz Páez (2012) “Historia del veneno: De la cicuta al polonio”. Editorial: DEBATE. ISBN: 9788499921693

 

 

La Primavera, la Lengua Madre y la Madre de las Lenguas.

Dime algoCada 21 de marzo se celebra el DIA MUNDIAL DE LA LENGUA Nowruz (escrito نوروز en persa). Es el año nuevo del calendario persa. Obviamente, coincide con el equinoccio de primavera. Se trata de una lengua hablada en Irán, aunque se pueden  encontrar comunidades “persa-parlantes” en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán,​ Rusia, Irak, Omán, Emiratos Árabes y Pakistán (sin contar con los centenares de miles de hablantes que hay en diáspora) o sea que, es posible, que hayan más  de 100 millones de personas que tengan este idioma como lengua materna. El persa, dentro de la familia indo-europea, pertenece a las lenguas indo-iranias y está documentado, con diferentes variantes, desde hace más de 25 siglos. Sea como fuere, el Navruz, fue inscrito en 2009 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconociéndose, así, que la fiesta del 21 de marzo se ha celebrado durante, al menos, 3000 años. Esta conmemoración ha de llevarnos a centrar nuestra atención, en la importancia de la lengua como eje vertebrador de las sociedades humanas.

Nuestro cerebro se sirve de la lengua para comunicarse y, aquella que oímos en la cuna, forja nuestro pensamiento para siempre. La comunicación es una actividad consciente que nos permite intercambiar información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas. Y no es un proceso fácil. Se ha de producir:  la intención de comunicar, la persona emisora tiene que componer un mensaje. y codificarlo, para transmitir la señal, que ha ser recibida y decodificada para que el mensaje, finalmente, sea interpretado por parte de un sujeto receptor. Cada elemento, por tanto, precisa de las especializaciones sensoriales y cognitivas necesarias para la percepción de un lenguaje que permita “entenderse” y cuyo origen biológico, se puede intuir a partir de la observación de la comunicación entre primates “no-humanos”. Sin embargo, todavía se desconoce mucho acerca de los mecanismos neurológicos y etológicos que subyacen a sus habilidades comunicativas.

No obstante, parece bien establecido que el sistema de comunicación entre primates consiste en una complicada mezcla de disposición genética, circunstancias ambientales, y aprendizaje de tareas. Así, se sabe que, en distancias largas, los primates se apoyan en señales auditivas. Pueden emitir numerosos y variados sonidos como el siseo de serpiente (a modo de llamada de alarma) o el aviso del depredador…  Claro que eso no es hablar: y entonces ¿Pueden primates distintos a la especia humana aprender un lenguaje “simbólico”? Lo cierto es que los intentos de enseñarles una lengua oral no han sido nada satisfactorios (entre otras cosas por el simple hecho de que carecen de un aparato vocal adecuado) Sin embargo, es un clásico el trabajo con un chimpancé, llamado Washoe, que aprendió el “Lenguaje de Signos Manuales “. Llegó a saber utilizar y combinar hasta 160 signos, e incluso supo generalizar el uso de un signo a nuevos casos, a partir de su referente originario (lo que sugiere que la comunicación compleja no se limita a la Humanidad). No obstante, aunque entre simios se haya demostrado que comprenden ciertos mensajes, la especie humana va un paso más allá: su comunicación es bidireccional, conversacional y, se basa en consensos en cuanto a cómo se quiere transmitir. No hay un equivalente directo en la comunicación de los primates. Al igual que otros animales, los primates se comunican para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, tales como evitar a los depredadores o mantener la cohesión social durante los desplazamientos. Pero el habla, como tal, sigue siendo una cualidad humana. En gran medida consecuencia de las capacidades vocálicas únicas de nuestra especie.

De hecho, hace apenas unos 7.000 años que nuestra especie empezó a dejar muestras de su dominio del lenguaje al empezar a escribir. Pero cualquier bebe humano, que no escribe, obviamente, es capaz de aprender cualquier idioma, lo que potencialmente, hace que esta competencia pueda ser considerada, además de innata, universal.  Esto podría implicar que surgió, en nuestros ancestros comunes, en África. En esta hipótesis, la aparición del lenguaje debe ser anterior al movimiento migratorio con que se habitó el resto del planeta hace 60.000 años. En esta línea, un estudio ha analizado las riquezas de los fonemas de los diferentes idiomas, situando el origen del lenguaje en algún lugar del sudoeste africano. Para ello se empleó un método similar a los análisis genéticos, observando que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de este continente. Así, algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras que el hawaiano (muy alejado del origen africano desde donde irradió nuestra capacidad comunicativa) tiene tan solo 13. Esto implicaría que la aparición del lenguaje moderno, habría coincidido con toda una explosión de las capacidades cognitivas humanas que se produjeron poco antes del inicio de la “Gran Migración”. Parejos a este éxito adaptativo corrieron el desarrollo cerebral y las capacidades de vocalización.

Y las de audición.

De hecho, la comprensión del habla permanece ampliamente preservada en las personas adultas a pesar del significativo cambio neurofisiológico relacionado con la edad. Sin embargo, el rendimiento de los sujetos más mayores disminuye rápidamente cuando las condiciones de eficacia auditivas son peores.

Por el contrario, la maduración del cerebro durante la infancia es vital para el desarrollo normal de las habilidades del lenguaje. La mayoría de las áreas de procesamiento de lenguaje se desarrollan en el segundo año de vida en un hemisferio del cerebro, que a menudo corresponde al opuesto de la mano dominante.

En este proceso, las nuevas técnicas de neuro- imagen, han permitido identificar, toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Entre ellas, regiones subcorticales (como el caudado-putamen), así como las áreas premotoras y, especialmente, estructuras de la corteza cerebral relacionadas con las cortezas auditivas primarias y secundarias (como la circunvolución temporal superior, que sería responsable del procesamiento morfo-sintáctico así como, la integración de la información sintáctica y semántica; la circunvolución frontal inferior, o área de Brodmann , relacionada con el procesamiento sintáctico,  y la  memoria de trabajo;  misión que comparte con la circunvolución frontal inferior y, por último, la circunvolución temporal media que se encargaría del  procesamiento léxico semántico)

En definitiva, hablar (y entenderse) fue todo un gran reto evolutivo superado con éxito gracias  a una, nada sencilla, red de estructuras que responde en nuestro cerebro a los requerimientos de comunicación.

Para saber más:

Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa. Atkinson, Q.D. Science (2011):  http://science.sciencemag.org/content/332/6027/346

Human brain evolution writ large and small. Sherwood, C.C., .Bauernfeind A.L. , Bianchi, S., Raghanti, M.A. , .Hof P.R.P rogress in Brain Research (2012) 195: 237-254)

How the brain attunes to sentence processing: Relating behavior, structure, and function. Fengler,A. , Meyer, L., Friederici A.D. Neuroimage(2016) 129: 268–278 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4819595/

Adaptive significance of right hemisphere activation in aphasic language comprehension Meltzer J.A., Wagage,S., Ryder,J. , Solomon, B. , Braunb, A.R., Neuropsychologia (2013); 51(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3821997/

Functional reorganization of language networks for semantics and syntax in chronic stroke: Evidence from MEG. Kielar A. , Deschamps T., Jokel R. , Meltzer J.A.Hum Brain Mapp (2016); 37(8):2869-93.

Development of a selective left-hemispheric fronto-temporal network for processing syntactic complexity in language comprehension  Xiao,Y. Friederici,A.D. Margulies,D.S. Brauera,J. Neuropsychologia (2016) 83: 274–282. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4780430/

Neural Processing during Older Adults’ Comprehension of Spoken Sentences: Age Differences in Resource Allocation and Connectivity. Peelle,J.E., Troiani,V., Wingfield,A., Grossman, M.  Cereb Cortex. (2010); 20(4): 773–782. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2837088/

Asyntactic Comprehension, Working Memory, and Acute Ischemia in Broca’s Area versus Angular Gyrus. Newhart,M. Trupe,L. A., Gomez,Y.  Cloutman,L. Jarred Molitoris,J.  Davis,C. Leigh,R.,  Gottesman,R.F., Race,D. HillisA.E.,Cortex( 2012); 48(10): 1288–1297.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3389171/

https://elpais.com/elpais/2015/08/07/ciencia/1438961176_330561.html

 

 

 

AL ENAMORARTE NO LO NOTAS PERO TE DEJA IDIOTA… y ¡la culpa la tiene la dopamina!

corazón

Se acaba enero y, con él, se marchan los últimos coletazos de festejos navideños y, hasta las rebajas se terminan… Así que, en lo más frío del frío invierno y, cuando aún queda muy lejos el renacer primaveral, ¡llega febrero! A este mes, huérfano de grandes fechas, sólo le salva del triste erial comercial en que transcurre, los Carnavales y, sobre todo  ¡San Valentín!… Y eso que, según dice Wikipedia, el 14 de febrero es una celebración que se hizo popular hace bien poco: Solo a partir del siglo XX, al empezar a denominarse “día de los enamorados”. No obstante, hay que hacer constar que su origen no es nada “romántico”. Bien al contrario: parece ser que, en la antigua Roma, el 14 de febrero estaba dedicado a una fiesta muy truculenta de la fertilidad, llamada Lupercalia. Dicha celebración, incluía dar de latigazos para favorecer la preñez (¡vamos,” un amor” de festividad!) La “entrañable tradición”, en el año 496, fue prohibida por el papa Gelasio I que instauraría, en su lugar, el 14 de febrero como día de San Valentín. El santo resulta ser uno de los tres mártires, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. Real o no, la leyenda habla de un médico romano, que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador Claudio) De casamentero a patrón del enamoramiento, solo había un paso que, en nuestro país, fundamentalmente, le debemos a la cadena, de grandes almacenes, Galerías Preciados. Su dirección, sería la encargada de poner en marcha una, tan exitosa como edulcorada, campaña comercial, que dura hasta hoy (para alegría de las hojas de balance de ventas…)

Pero ¿qué lleva a personas, que hasta el momento parecían normales, a transformarse en sujetos que “se mueren de amor” o “que se quieren más que al aire que respiran?.

Pues (sintiéndolo mucho por la poesía) entre otras cosas, son responsables de que estemos en éxtasis: una corteza prefrontal inundada de dopamina, oxitocina corriendo por la venas, o adrenalina y serotonina fluyendo con intensidad… ¡Ya está!

¡Hormonas y cerebro que nos llevan a locura!  No obstante, como escribiera Friedrich Nietzsche “En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón”

Buscar los orígenes de “este estado transitorio de enajenación, que denominamos amor”, ha conducido a comprobar que activa las regiones cerebrales responsables de una felicidad más plena, y que producen un placer más intenso (áreas que, por cierto, son blanco, también para las drogas más adictivas).  Este grupo de estructuras reciben el nombre de “circuito de recompensa” y se relacionan con la potenciación de aquellas conductas que son más favorables para pervivencia del individuo (como comer) o de la especie (como reproducirse). Así que, lejos de un  “supremo encuentro entre espíritus puros”, esto va más de la supervivencia de la especie. Todo depende de lo placentero que resulte el encuentro en pareja, y de que estos grupos neuronales se activen fuertemente con el acercamiento amoroso.  De hecho, cuando el amor romántico se estudia a través de la resonancia magnética funcional, se comprueba la activación de áreas nerviosas concretas, con solo mostrar al sujeto la imagen del ser amado. Entre ellas, destaca el área tegmental ventral, que se estimula, y envía señales a otras partes del cerebro, como el núcleo caudado. No obstante, estas estructuras neuro-anatómicas involucradas en el amor romántico, también están estrechamente relacionadas con las conexiones que organizan motivación y emoción. Neuro-químicamente, la reunión de los amantes, estimula la vía dopaminérgica mesolímbica. En esta vía, la dopamina se libera desde la mencionada área tegmental ventral  hacia el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, que luego se dirige al pálido ventral para completar todo el “circuito de recompensa”. De ahí que, en ese “momento mágico”, del enamoramiento el cerebro de la “víctima” de la pasión “no esté para nada más”. El sentimiento amoroso desencadenado en el, tradicionalmente, denominado sistema límbico, ocupa a las áreas responsables del procesamiento emocional, motivación y memoria.

De este modo, lóbulos temporales, hipotálamo, amígdala e hipocampo, se activan para llevarnos a sentir el disfrute supremo. Con esa activación se va reforzar, ese sentimiento positivo, cuando ocurra nuevamente el evento inicial deseable (en nuestro caso el encuentro con la pareja) y, si no ocurre espontáneamente, va inducirnos  la búsqueda del mismo.

En cualquier caso, siendo sin duda la vía dopaminérgica fundamental, además de la dopamina, hay más componentes del “coctel del amor”. Entre ellos destacan dos neuro-péptidos :  la oxitocina y la vasopresina,  ambos bajo control hipotalámico y relacionados con la duración del vínculo…Porque, pasada la fiebre inicial, el apego garantizará que la pareja viva una tranquila y duradera relación, más próxima a la paz de la complicidad que al embeleso arrebatado de las primeras fase del cortejo. Asimismo, se modifican los niveles de sustancias directamente relacionadas con los estados de animo, como adrenalina o serotonina. Por último, también tienen su importancia los cambiantes niveles de estrógenos y andrógenos. Y es importante recalcar que, tanto hombres como mujeres, tienen todas estas moléculas, pero las proporciones difieren entre sexos y con la edad… Pero esto, obviamente ¡es otra historia!

En definitiva, querido enamorado, querida enamorada, si está en esas primeras fases de arrobo, de frenesí, de arrebato: ¡a disfrutar! Su amor está activando las vías  dopaminérgicas: Es cierto, de repente algo ha cambiado  en su interior. Así se explica muchas de las conductas que su enamoramiento desencadena: esa euforia sin límite, el insomnio y la ansiedad que padece, o esa pasión desmedida por el objeto de sus desvelos. Todos son consecuencia de las altas dosis de dopamina circulante que se corresponden con el inicio de una relación amorosa…Aunque cuidado con volverlo patológico, de pura excitación placentera ¡el amor puede resultar adictivo! .

Sea como fuere, el amor es una tormenta emocional  difícil de describir pero imposible de detener , así que “atontante” o no, en circunstancias normales, los datos de la Neurociencia indican que, sin duda, debe hacernos felices… Nada apoya que suframos  por amor, así que: ¡feliz día de San Valentín!

Para saber más: 

The Oxytocin-Vasopressin Pathway in the Context of Love and Fear.; Carter CS. Front Endocrinol (Lausanne). 2017 Dec 22;8:356. doi: 10.3389/fendo.2017.00356. eCollection 2017. Review.. PMID: 29312146 Free PMC Article.

The Role of Oxytocin and Vasopressin in Attachment. Carter CS. Psychodyn Psychiatry. 2017 Winter;45(4):499-517. doi: 10.1521/pdps.2017.45.4.499.PMID: 29244625.

‘Love builds brains’: Representations of attachment and children’s brain development in parenting education material. Wall G.Sociol Health Illn. 2017 Dec 12. doi: 10.1111/1467-9566.12632. PMID: 29235128

http://www.ngenespanol.com/ciencia/salud/13/02/14/funciona-amor-cerebro/

http://www.mentesana.es/psicologia/cerebro/neurociencia-amor-como-se-enamora-nuestro-cerebro_971

https://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-enamorado_a12240.html