La Primavera, la Lengua Madre y la Madre de las Lenguas.

Dime algoCada 21 de marzo se celebra el DIA MUNDIAL DE LA LENGUA Nowruz (escrito نوروز en persa). Es el año nuevo del calendario persa. Obviamente, coincide con el equinoccio de primavera. Se trata de una lengua hablada en Irán, aunque se pueden  encontrar comunidades “persa-parlantes” en Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán,​ Rusia, Irak, Omán, Emiratos Árabes y Pakistán (sin contar con los centenares de miles de hablantes que hay en diáspora) o sea que, es posible, que hayan más  de 100 millones de personas que tengan este idioma como lengua materna. El persa, dentro de la familia indo-europea, pertenece a las lenguas indo-iranias y está documentado, con diferentes variantes, desde hace más de 25 siglos. Sea como fuere, el Navruz, fue inscrito en 2009 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, reconociéndose, así, que la fiesta del 21 de marzo se ha celebrado durante, al menos, 3000 años. Esta conmemoración ha de llevarnos a centrar nuestra atención, en la importancia de la lengua como eje vertebrador de las sociedades humanas.

Nuestro cerebro se sirve de la lengua para comunicarse y, aquella que oímos en la cuna, forja nuestro pensamiento para siempre. La comunicación es una actividad consciente que nos permite intercambiar información a través de un sistema compartido de signos y normas semánticas. Y no es un proceso fácil. Se ha de producir:  la intención de comunicar, la persona emisora tiene que componer un mensaje. y codificarlo, para transmitir la señal, que ha ser recibida y decodificada para que el mensaje, finalmente, sea interpretado por parte de un sujeto receptor. Cada elemento, por tanto, precisa de las especializaciones sensoriales y cognitivas necesarias para la percepción de un lenguaje que permita “entenderse” y cuyo origen biológico, se puede intuir a partir de la observación de la comunicación entre primates “no-humanos”. Sin embargo, todavía se desconoce mucho acerca de los mecanismos neurológicos y etológicos que subyacen a sus habilidades comunicativas.

No obstante, parece bien establecido que el sistema de comunicación entre primates consiste en una complicada mezcla de disposición genética, circunstancias ambientales, y aprendizaje de tareas. Así, se sabe que, en distancias largas, los primates se apoyan en señales auditivas. Pueden emitir numerosos y variados sonidos como el siseo de serpiente (a modo de llamada de alarma) o el aviso del depredador…  Claro que eso no es hablar: y entonces ¿Pueden primates distintos a la especia humana aprender un lenguaje “simbólico”? Lo cierto es que los intentos de enseñarles una lengua oral no han sido nada satisfactorios (entre otras cosas por el simple hecho de que carecen de un aparato vocal adecuado) Sin embargo, es un clásico el trabajo con un chimpancé, llamado Washoe, que aprendió el “Lenguaje de Signos Manuales “. Llegó a saber utilizar y combinar hasta 160 signos, e incluso supo generalizar el uso de un signo a nuevos casos, a partir de su referente originario (lo que sugiere que la comunicación compleja no se limita a la Humanidad). No obstante, aunque entre simios se haya demostrado que comprenden ciertos mensajes, la especie humana va un paso más allá: su comunicación es bidireccional, conversacional y, se basa en consensos en cuanto a cómo se quiere transmitir. No hay un equivalente directo en la comunicación de los primates. Al igual que otros animales, los primates se comunican para satisfacer sus necesidades biológicas y sociales, tales como evitar a los depredadores o mantener la cohesión social durante los desplazamientos. Pero el habla, como tal, sigue siendo una cualidad humana. En gran medida consecuencia de las capacidades vocálicas únicas de nuestra especie.

De hecho, hace apenas unos 7.000 años que nuestra especie empezó a dejar muestras de su dominio del lenguaje al empezar a escribir. Pero cualquier bebe humano, que no escribe, obviamente, es capaz de aprender cualquier idioma, lo que potencialmente, hace que esta competencia pueda ser considerada, además de innata, universal.  Esto podría implicar que surgió, en nuestros ancestros comunes, en África. En esta hipótesis, la aparición del lenguaje debe ser anterior al movimiento migratorio con que se habitó el resto del planeta hace 60.000 años. En esta línea, un estudio ha analizado las riquezas de los fonemas de los diferentes idiomas, situando el origen del lenguaje en algún lugar del sudoeste africano. Para ello se empleó un método similar a los análisis genéticos, observando que el número de fonemas de un idioma desciende al alejarse de este continente. Así, algunos idiomas africanos emplean más de 100 fonemas mientras que el hawaiano (muy alejado del origen africano desde donde irradió nuestra capacidad comunicativa) tiene tan solo 13. Esto implicaría que la aparición del lenguaje moderno, habría coincidido con toda una explosión de las capacidades cognitivas humanas que se produjeron poco antes del inicio de la “Gran Migración”. Parejos a este éxito adaptativo corrieron el desarrollo cerebral y las capacidades de vocalización.

Y las de audición.

De hecho, la comprensión del habla permanece ampliamente preservada en las personas adultas a pesar del significativo cambio neurofisiológico relacionado con la edad. Sin embargo, el rendimiento de los sujetos más mayores disminuye rápidamente cuando las condiciones de eficacia auditivas son peores.

Por el contrario, la maduración del cerebro durante la infancia es vital para el desarrollo normal de las habilidades del lenguaje. La mayoría de las áreas de procesamiento de lenguaje se desarrollan en el segundo año de vida en un hemisferio del cerebro, que a menudo corresponde al opuesto de la mano dominante.

En este proceso, las nuevas técnicas de neuro- imagen, han permitido identificar, toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Entre ellas, regiones subcorticales (como el caudado-putamen), así como las áreas premotoras y, especialmente, estructuras de la corteza cerebral relacionadas con las cortezas auditivas primarias y secundarias (como la circunvolución temporal superior, que sería responsable del procesamiento morfo-sintáctico así como, la integración de la información sintáctica y semántica; la circunvolución frontal inferior, o área de Brodmann , relacionada con el procesamiento sintáctico,  y la  memoria de trabajo;  misión que comparte con la circunvolución frontal inferior y, por último, la circunvolución temporal media que se encargaría del  procesamiento léxico semántico)

En definitiva, hablar (y entenderse) fue todo un gran reto evolutivo superado con éxito gracias  a una, nada sencilla, red de estructuras que responde en nuestro cerebro a los requerimientos de comunicación.

Para saber más:

Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa. Atkinson, Q.D. Science (2011):  http://science.sciencemag.org/content/332/6027/346

Human brain evolution writ large and small. Sherwood, C.C., .Bauernfeind A.L. , Bianchi, S., Raghanti, M.A. , .Hof P.R.P rogress in Brain Research (2012) 195: 237-254)

How the brain attunes to sentence processing: Relating behavior, structure, and function. Fengler,A. , Meyer, L., Friederici A.D. Neuroimage(2016) 129: 268–278 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4819595/

Adaptive significance of right hemisphere activation in aphasic language comprehension Meltzer J.A., Wagage,S., Ryder,J. , Solomon, B. , Braunb, A.R., Neuropsychologia (2013); 51(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3821997/

Functional reorganization of language networks for semantics and syntax in chronic stroke: Evidence from MEG. Kielar A. , Deschamps T., Jokel R. , Meltzer J.A.Hum Brain Mapp (2016); 37(8):2869-93.

Development of a selective left-hemispheric fronto-temporal network for processing syntactic complexity in language comprehension  Xiao,Y. Friederici,A.D. Margulies,D.S. Brauera,J. Neuropsychologia (2016) 83: 274–282. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4780430/

Neural Processing during Older Adults’ Comprehension of Spoken Sentences: Age Differences in Resource Allocation and Connectivity. Peelle,J.E., Troiani,V., Wingfield,A., Grossman, M.  Cereb Cortex. (2010); 20(4): 773–782. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2837088/

Asyntactic Comprehension, Working Memory, and Acute Ischemia in Broca’s Area versus Angular Gyrus. Newhart,M. Trupe,L. A., Gomez,Y.  Cloutman,L. Jarred Molitoris,J.  Davis,C. Leigh,R.,  Gottesman,R.F., Race,D. HillisA.E.,Cortex( 2012); 48(10): 1288–1297.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3389171/

https://elpais.com/elpais/2015/08/07/ciencia/1438961176_330561.html

 

 

 

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Donde habita el Talento… El Sexo del Cerebro

 

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Consideremos esta afirmación: la Humanidad está constituida por PERSONAS ¿Parece bien formulada y evidente por si misma? ¿Sí? Pues no.  Las manifiestas desigualdades entre hombres y mujeres, siguen haciendo imprescindible considerar cuál es la causa de que, más de la mitad de la población humana sea, aún, objeto de estudio, como colectividad homogénea y (lo que es peor) como problema. El trato desigual puede terminar en flagrante discriminación (cuando una persona sea objeto de comportamientos distintos en función de su sexo) pero, antes de eso, se tuvieron que magnificar diferencias. Desde la cuna: Tú de rosa y yo de azul.  Distintos y ¿Desiguales? ¿Por naturaleza?

En realidad, como ocurre mayoritariamente en el Reino Animal, tan sólo se trata de Dimorfismo Sexual. Es decir, las personas  presentan  un  conjunto  de  diferencias  morfológicas  y  fisiológicas  que  caracterizan, y  distinguen, a  los  dos  sexos .  Estas diferencias, tienen una base genética que sustenta características físicas, propias de machos o hembras, variables entre unas especies y otras, y entre individuos de una misma especie. Así, el tamaño, la disposición de la grasa corporal o del vello, la fuerza muscular, o el tono de la voz, son bastante dimórficos en nuestra especie. Sin embargo, que los patrones de conducta lo sean, es un tema que (durante décadas) ha generado controversia.  Es importante profundizar en este tema  pues, se da la paradoja de que, frente a la incansable búsqueda de argumentos para sustentar la asimetría social de hombres y mujeres en clave biológica, no ocurre lo mismo con las mucho más evidentes diferencias anátomo-patológicas. Lo  cierto  es  que, una somera  revisión de las publicaciones de cualquier área de la Biomedicina, evidenciará,  de inmediato que, hace solo apenas dos décadas, que  se  inició, en los  Institutos  Nacionales  de  Salud  (NIH), en EEUU el estudio específico de la Salud de la Mujer …Y que, sorprendentemente, habría que esperar ¡hasta  el 2013!, para  que, de nuevo  el  NIH, fuese pionero  al  exigir  planes  de  sexo  y  de  inclusión  de  género  en  la investigación  pre-clínica. Tan es así que, históricamente, los laboratorios han prescindido de las hembras animales, para evitar posibles cambios de comportamiento relacionados con su ciclo reproductivo. Sin embargo, se sabe, por ejemplo, que muchos fármacos requieren una dosis diferente dependiendo del sexo.

Mientras se obviaban estos problemas (que podían, por cierto, dañar gravemente la salud de las mujeres) se intensificaba la búsqueda de diferencias incontrovertibles entre los gustos, necesidades y, sobretodo, conductas femeninas y masculinas (que en definitiva, demostraran la indiscutible supremacía del hetero-patriarcado) No hubo suerte (o sí, según se mire…) Y es que, buscar dimorfismo en el caso concreto del cerebro es aún más complicado, de lo que ya es, en el resto del organismo. Casi nada en el cuerpo humano es “blanco” o “negro” (bueno, en este caso quizás es más apropiado mantener el “rosa” y “azul”) sino que, el desarrollo, mantiene un continuo en el proceso madurativo, tan complejo como eficaz. Y, obviamente, el cerebro también. Pero, dado que en el cerebro se sitúa el origen de las conductas (y el género está constituido por comportamientos, actividades y atributos que, una sociedad, considera como apropiados para hombres y mujeres) es aquí donde habría que busca a la “mujer-mujer” o /y al “hombre de verdad” (signifique esto lo que signifique…) En este marco ideológico,  lo que fuese consecuencia de la expresión de las diferencias de sexo, se plasmaría, de forma innata, mientras que, la propia plasticidad del cerebro, garantizaría una cierta modulación a través de la experiencia de cada sujeto.  Sin embargo, el cerebro, que es un órgano estructuralmente muy especial, para ejecutar la increíble cantidad de tareas que realiza continuamente, precisa de una bioquímica en sus neuronas, igualmente especializada. Tanto que, un diseño tan “binario” no parece haber encontrado acomodo en sus redes estructurales. De hecho, parece que esa capacidad única de controlar, modular, integrar y procesar información, se sustenta en un extraordinario mosaico de genomas variados, resultado de la acción modificadora de elementos intercalados, que amplifican la diversidad de los genes existentes, posibilitando un repertorio casi infinito de expresiones de ellos. Esto querría decir que, diferentes neuronas dentro del mismo cerebro tienen varios complementos de ADN, sugiriendo que ellas, funcionan de una forma ligeramente diferente unas de otras, incluso en la misma persona. Desafiando el dogma de que los genomas neuronales son invariables, la neurogénesis, estaría creando diversidad incluso de una neurona a otra, enriqueciendo,  con ello, la plasticidad cerebral. En esta línea se sitúan los resultados que arroja, de manera periódica, la Neuro-Endocrinología. Las hormonas sexuales (y, sobretodo, la distribución de sus receptores dentro del cerebro) serían la clave diferenciadora en él. La testosterona, por un lado “masculinizaría” mientras los estrógenos por otro “feminizarían”. Sin embargo, aunque las influencias hormonales son bastante críticas, no es menos cierto que, en ambos sexos , se secretan las hormonas citadas y el “cóctel de señales químicas” en el cerebro es mucho más complejo (además, tiene una importancia crucial la inter-conversión de las diferentes moléculas). Así, todo un aluvión de resultados, empiezan a reforzar la hipótesis de que el desarrollo cerebral es un proceso dinámico sobre el genoma, en el que están actuando en paralelo e influenciándose mutuamente, numerosos elementos. En este contexto, las diferentes regiones del cerebro reaccionan de maneras distintas a las influencias del sexo, pero también (¡cómo no!) ambientales y de otros tipos. Por ejemplo, la exposición a diferentes formas de estrés prenatal, pueden retroalimentar este proceso, alterando el desarrollo cerebral haciendo que los (demasiado) simples estereotipos masculinos o femeninos, para intereses, habilidades o capacidades, fracasen en sus predicciones.

Los estudios de neuro-imagen corroboran esta afirmación, ya que en el cerebro no han podido encontrarse grandes diferencias por pertenecer a uno u otro sexo. Más bien, parece que las personas están hechas de los mencionados “mosaicos” que, con distintas distribuciones de estructuras, una forma personal y rasgos individuales, son únicos para cada sujeto. Aunque se aprecien ciertas diferencias en tamaño, y en algunas de regiones en particular del cerebro, o en la composición de las neuronas y morfología de las dentritas, o el contenido de algunos neurotransmisores, sin embargo, se dan grandes superposiciones entre las distribuciones de mujeres y hombres. Por ejemplo, el sexo femenino  ha sido relacionado, por lo general, con una mayor proporción de sustancia blanca y un cuerpo calloso de mayor tamaño (lo cual estaría vinculado a una transmisión de la información más rápida entre los distintos hemisferios y estructuras); también se han encontrado indicios de que, el sistema límbico (la parte del encéfalo más “emocional”) tiende a ser algo mayor. En lo que respecta al sexo masculino, su cerebro contaría con una mayor proporción de materia gris (relacionada con el procesamiento de la información); así mismo, se dice que, en los hombres también suele haber un hipotálamo mayor (siendo éste el  auténtico centro regulador del sistema neuroendocrino). Sin embargo las últimas investigaciones (que han identificado hasta una docena de regiones o conexiones cerebrales que diferían entre los sexos) han puesto en evidencia que los cerebros reales son una mezcla de ambos patrones, y los “sólo masculinos” o “sólo femeninos” no llegaron a 1 de cada 10 casos.

En definitiva, la distinción CEREBRO MASCULINO, CEREBRO FEMENINO sólo sería posible si las diferencias de sexo/género en los rasgos del cerebro fueran altamente dimórficas. Y eso no es lo que pasa. El cerebro que reúne cualidades únicas en cada sujeto, moldea sus habilidades en un mosaico diverso, híbrido, ¡prodigioso!. En él, se originara el talento, entendido como esa especial capacidad intelectual, que hace que una persona tenga facilidad para desarrollar una actividad. Por tanto, el talento, también nace independiente de  cuál es sexo del sujeto, en cuyo cerebro se alberga… Y tan necesitada como está la Humanidad de él: ¡No se puede seguir desperdiciando a la mitad!…La mitad femenina, por cierto.

Para saber mas: 

“Sex differences in rat decision-making: The confounding role of extraneous feeder sampling between trials”. Donovan CH, Wong SA, Randolph SH, Stark RA, Gibb RL, Gruber AJ. Behav. Brain Res. (2018) 342:62-69. doi: 10.1016/j.bbr.2018.01.018.

“Sexual differentiation of the human brain: relation to gender identity, sexual orientation and neuropsychiatric disorders”. Bao AM, Swaab DF. Front Neuroendocrinol. (2011) 32(2):214-26. doi: 10.1016/j.yfrne.2011.02.007.

“La psicología de las diferencias de sexo”. Bausela, E., Colom, R. y Zara, M.J. Madrid: Biblioteca Nueva, 429. (2004). Boletín de Estudios e Investigación

Sex beyond the genitalia: The human brain mosaic https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4687544/

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/pensamiento-mgico-445/el-sexo-del-cerebro-8205

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/sexo-gnero-y-ciencia-720/existe-un-cerebro-femenino-15734

http://www.ngenespanol.com/fotografia/fotogalerias/17/01/9/edicion-especial-sobre-genero-revista-national-geographic/

AL ENAMORARTE NO LO NOTAS PERO TE DEJA IDIOTA… y ¡la culpa la tiene la dopamina!

corazón

Se acaba enero y, con él, se marchan los últimos coletazos de festejos navideños y, hasta las rebajas se terminan… Así que, en lo más frío del frío invierno y, cuando aún queda muy lejos el renacer primaveral, ¡llega febrero! A este mes, huérfano de grandes fechas, sólo le salva del triste erial comercial en que transcurre, los Carnavales y, sobre todo  ¡San Valentín!… Y eso que, según dice Wikipedia, el 14 de febrero es una celebración que se hizo popular hace bien poco: Solo a partir del siglo XX, al empezar a denominarse “día de los enamorados”. No obstante, hay que hacer constar que su origen no es nada “romántico”. Bien al contrario: parece ser que, en la antigua Roma, el 14 de febrero estaba dedicado a una fiesta muy truculenta de la fertilidad, llamada Lupercalia. Dicha celebración, incluía dar de latigazos para favorecer la preñez (¡vamos,” un amor” de festividad!) La “entrañable tradición”, en el año 496, fue prohibida por el papa Gelasio I que instauraría, en su lugar, el 14 de febrero como día de San Valentín. El santo resulta ser uno de los tres mártires, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. Real o no, la leyenda habla de un médico romano, que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador Claudio) De casamentero a patrón del enamoramiento, solo había un paso que, en nuestro país, fundamentalmente, le debemos a la cadena, de grandes almacenes, Galerías Preciados. Su dirección, sería la encargada de poner en marcha una, tan exitosa como edulcorada, campaña comercial, que dura hasta hoy (para alegría de las hojas de balance de ventas…)

Pero ¿qué lleva a personas, que hasta el momento parecían normales, a transformarse en sujetos que “se mueren de amor” o “que se quieren más que al aire que respiran?.

Pues (sintiéndolo mucho por la poesía) entre otras cosas, son responsables de que estemos en éxtasis: una corteza prefrontal inundada de dopamina, oxitocina corriendo por la venas, o adrenalina y serotonina fluyendo con intensidad… ¡Ya está!

¡Hormonas y cerebro que nos llevan a locura!  No obstante, como escribiera Friedrich Nietzsche “En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón”

Buscar los orígenes de “este estado transitorio de enajenación, que denominamos amor”, ha conducido a comprobar que activa las regiones cerebrales responsables de una felicidad más plena, y que producen un placer más intenso (áreas que, por cierto, son blanco, también para las drogas más adictivas).  Este grupo de estructuras reciben el nombre de “circuito de recompensa” y se relacionan con la potenciación de aquellas conductas que son más favorables para pervivencia del individuo (como comer) o de la especie (como reproducirse). Así que, lejos de un  “supremo encuentro entre espíritus puros”, esto va más de la supervivencia de la especie. Todo depende de lo placentero que resulte el encuentro en pareja, y de que estos grupos neuronales se activen fuertemente con el acercamiento amoroso.  De hecho, cuando el amor romántico se estudia a través de la resonancia magnética funcional, se comprueba la activación de áreas nerviosas concretas, con solo mostrar al sujeto la imagen del ser amado. Entre ellas, destaca el área tegmental ventral, que se estimula, y envía señales a otras partes del cerebro, como el núcleo caudado. No obstante, estas estructuras neuro-anatómicas involucradas en el amor romántico, también están estrechamente relacionadas con las conexiones que organizan motivación y emoción. Neuro-químicamente, la reunión de los amantes, estimula la vía dopaminérgica mesolímbica. En esta vía, la dopamina se libera desde la mencionada área tegmental ventral  hacia el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, que luego se dirige al pálido ventral para completar todo el “circuito de recompensa”. De ahí que, en ese “momento mágico”, del enamoramiento el cerebro de la “víctima” de la pasión “no esté para nada más”. El sentimiento amoroso desencadenado en el, tradicionalmente, denominado sistema límbico, ocupa a las áreas responsables del procesamiento emocional, motivación y memoria.

De este modo, lóbulos temporales, hipotálamo, amígdala e hipocampo, se activan para llevarnos a sentir el disfrute supremo. Con esa activación se va reforzar, ese sentimiento positivo, cuando ocurra nuevamente el evento inicial deseable (en nuestro caso el encuentro con la pareja) y, si no ocurre espontáneamente, va inducirnos  la búsqueda del mismo.

En cualquier caso, siendo sin duda la vía dopaminérgica fundamental, además de la dopamina, hay más componentes del “coctel del amor”. Entre ellos destacan dos neuro-péptidos :  la oxitocina y la vasopresina,  ambos bajo control hipotalámico y relacionados con la duración del vínculo…Porque, pasada la fiebre inicial, el apego garantizará que la pareja viva una tranquila y duradera relación, más próxima a la paz de la complicidad que al embeleso arrebatado de las primeras fase del cortejo. Asimismo, se modifican los niveles de sustancias directamente relacionadas con los estados de animo, como adrenalina o serotonina. Por último, también tienen su importancia los cambiantes niveles de estrógenos y andrógenos. Y es importante recalcar que, tanto hombres como mujeres, tienen todas estas moléculas, pero las proporciones difieren entre sexos y con la edad… Pero esto, obviamente ¡es otra historia!

En definitiva, querido enamorado, querida enamorada, si está en esas primeras fases de arrobo, de frenesí, de arrebato: ¡a disfrutar! Su amor está activando las vías  dopaminérgicas: Es cierto, de repente algo ha cambiado  en su interior. Así se explica muchas de las conductas que su enamoramiento desencadena: esa euforia sin límite, el insomnio y la ansiedad que padece, o esa pasión desmedida por el objeto de sus desvelos. Todos son consecuencia de las altas dosis de dopamina circulante que se corresponden con el inicio de una relación amorosa…Aunque cuidado con volverlo patológico, de pura excitación placentera ¡el amor puede resultar adictivo! .

Sea como fuere, el amor es una tormenta emocional  difícil de describir pero imposible de detener , así que “atontante” o no, en circunstancias normales, los datos de la Neurociencia indican que, sin duda, debe hacernos felices… Nada apoya que suframos  por amor, así que: ¡feliz día de San Valentín!

Para saber más: 

The Oxytocin-Vasopressin Pathway in the Context of Love and Fear.; Carter CS. Front Endocrinol (Lausanne). 2017 Dec 22;8:356. doi: 10.3389/fendo.2017.00356. eCollection 2017. Review.. PMID: 29312146 Free PMC Article.

The Role of Oxytocin and Vasopressin in Attachment. Carter CS. Psychodyn Psychiatry. 2017 Winter;45(4):499-517. doi: 10.1521/pdps.2017.45.4.499.PMID: 29244625.

‘Love builds brains’: Representations of attachment and children’s brain development in parenting education material. Wall G.Sociol Health Illn. 2017 Dec 12. doi: 10.1111/1467-9566.12632. PMID: 29235128

http://www.ngenespanol.com/ciencia/salud/13/02/14/funciona-amor-cerebro/

http://www.mentesana.es/psicologia/cerebro/neurociencia-amor-como-se-enamora-nuestro-cerebro_971

https://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-enamorado_a12240.html

 

 

 

Lo del “Blue Monday” es una tontería pero que sea lunes y haga frío tampoco ayuda ;-)

aPCuando la melancolía se abre paso, armada de inercias y rutinas, sólo queda pedir  socorro a  Rita… Y es que la profesora Levy-Montalcini nunca falla: Tiene respuesta para todo (más de cien años de existencia y un cerebro prodigioso dan tiempo, y facultades, de sobra para ello). En este caso parece que se le oye susurrar: “Por encima de todo, no temas los momentos difíciles. El mejor viene de ellos”… Y es que esta maravillosa mujer, a pesar de sufrir tremendas desdichas (o quizás precisamente por ello) nunca dejo de creer que los buenos tiempos se abrirían paso. Optimista convencida, además, no esperó a que los acontecimientos se precipitaran por sí solos, sino que apostó por hacer del mundo un  lugar mejor gracias a la Ciencia y la Educación. De hecho, su obra científica es extraordinaria pero, aún lo es más, su actitud frente a la vida:  ejemplo de persona comprometida, valiente y serena, que siempre actuó a favor de la igualdad de género y en pro de dignidad de todos los seres humanos. Así, a finales del siglo pasado, creó la fundación que lleva su nombre, dedicada a prestar ayuda a la educación de mujeres jóvenes, especialmente en África. Contaba en  su libro, “Las pioneras” , que la inspiración para ello le surgió de  “las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia a través de la historia”  con las que compartía  (dicho sea de paso) como principales méritos, la “perseverancia y el optimismo”. Cabe preguntarse, por tanto, en que consiste ese optimismo capaz de ser el principal motor del progreso humano.

Se dice que el optimismo consiste en una disposición de ánimo que impulsa a esperar lo mejor, o lo más favorable, de todo lo que pueda acontecer. Precisamente, por la trascendencia que esta esperanza en el futuro tiene en el devenir de las personas, ha sido doctrina de estudio en Psicología, Ética o Filosofía. Para el campo de investigación de la conducta humana, el optimismo radicaría en la presencia de expectativas (como causa de que, ante eventos más o menos cotidianos, se reaccione positivamente, a pesar de contratiempos y frustraciones). En este sentido, se suele considerar que un “temperamento optimista” es más proclive a tomar con humor las desdichas y, con ello, a recuperarse, de problemas y fracasos, con ánimo más resiliente.

Como actitud, el optimismo impide caer en la apatía o la desesperación, ya que favorece la lucha contra la adversidad.  De hecho, existen estudios que indican que las personas optimistas suelen sufrir menos problemas depresivos, y se ha asociado a mejores rendimientos en el desempeño de tareas y adaptación profesional. Para obtener estos efectos, parece que el individuo optimista cuenta con una tendencia mayor a activar las respuestas conductuales dirigidas a la solución de los problemas.

En este sentido se ha descrito que, las personalidades optimistas, no rehúyen del conflicto, sino que enfrentan el evento doloroso o frustrante (con lo que aumentan su propia probabilidad de éxito). Se trataría de un ejemplo EN POSITIVO de “Profecía Auto-cumplida”: al esperar poder resolver los problemas, se intenta hacerlo, con lo que se hace más plausible encontrar la solución a cualquier situación no deseada. Además, se refuerza la conducta, con un manejo de causalidad/recompensa bastante asimétrico ya que, el éxito conseguido, se tiende a atribuir a causas generales que perduran en el tiempo (y que, además, relacionan con su propia competencia individual). Por el contrario, los acontecimientos desfavorables, se asocian con factores externos que, puntualmente (y este dato es muy importante) hayan podido “torcer” la ruta hacia el objetivo final.  En esta situación, obviamente,  el cerebro estará  más “predispuesto” a intentar,  de nuevo reconducir el  devenir de los sucesos (ya que lo negativo se considera momentáneo y lo positivo estructural): ¿Qué puede, entonces, salir mal?… Como  repetía el joven dueño del hotel Marigold “Al final todo acabará bien y si no acaba bien es que aún no es el final

Ahora bien, es oportuno considerar qué procesos mentales de toma de decisiones permiten al cerebro ESPERAR LO MEJOR y PREPARARSE PARA LO PEOR. En este sentido, parece bien establecido que la amígdala es la encargada de la detección de riesgos y amenazas mientras, paralelamente, el núcleo accumbens está implicado en la puesta en marcha del sistema de recompensa, que ha de favorecer la búsqueda de situaciones placenteras; además, la corteza prefrontal se encargaría de evaluar y modular las reacciones ante los estímulos (a partir de la experiencia previa y dentro de un contexto específico). Todo este patrón de conexiones, habría de permitir modular una respuesta emocional (e iniciar un nuevo reto) siempre evaluando las diversas alternativas. Por tanto, la decisiones se tomarían en una pequeña área neuronal, situada en el lóbulo frontal, que integraría la información para, luego, tomar la optimista decisión de SEGUIR INTENTÁNDOLO .

En definitiva, para concluir, volvamos a la más optimistas de la etapas de la vida humana, que es su infancia y, así, en las “aguas turbulentas de los tiempos oscuros “ hagamos que nuestro ánimo optimista, como la pequeña Dory de “Buscando a Nemo”, cante:  Sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando,… porque ¿qué hay que hacer? NADAR

Para saber más:

https://elpais.com/sociedad/2012/12/30/actualidad/1356885109_735814.html

https://www.eduardpunset.es/22984/general/la-investigadora-del-optimismo

http://asociacioneducar.com/cerebro-toma-decisiones

Bechara A, Damasio H, Damasio AR. Role of the amygdala in decision-making. Ann N Y Acad Sci. 2003 Apr;985:356-69.

Fetsch CR, Kiani R, Newsome WT, Shadlen MN. Effects of cortical microstimulation on confidence in a perceptual decision. Neuron. 2014 Aug 20;83(4):797-804.

 

 

“Erre que erre” o los inconvenientes de no dejarse convencer

cambiar de opinión

Leo con sorpresa (y algo de contradicción interna ¡a que negarlo!) que una famosa estrella de Hollywood anda vendiendo ¡¿lavativas?! de un café carísimo, ¡eso sí!, pero que, a fin de cuentas, no son más que irrigaciones anales.  Sea como fuere, me resulta curioso, que (por muy apasionante que sea la fisiología digestiva) se ocupen, tan explícitamente, de “labores de retrete” en el ambiente “mega-ultra-glamuroso” que (se supone) rodea a nuestra protagonista. Más asombrosa, aún, es la repercusión mediática que todo esto ha tenido porque, la pseudo-terapia que sugiere, resulta, dicho sea de paso, como poco, inútil, cuando no absolutamente contraindicada para mantener la salud del colon.  Con todo, lo realmente preocupante es ¡que lo vende! O lo que es lo mismo, ¡hay gente que SE LO CREE! y, por tanto,  lo compra.

Esto no deja de ser una prueba más de que CREER ES UN ACTO VOLUNTARIO. Solo aceptando esta evidencia, se puede entender que, de motu proprio, las personas se aferren a convicciones como estas (por infundadas que sean). De hecho, parece que cuando se establece una creencia, se ponen en marcha ciertos resortes mentales que influenciarán cualquier juicio posterior. Se produce el denominado fenómeno de “ceguera a la elección” que hace que, una vez se escoja una opción, inevitablemente, se trate de justificarla. Quien controla este mecanismo puede generar adhesiones inquebrantables haciendo comprar, al grupo recién converso, “cafés  purgadores de colón”, o cualquier otra peregrina idea.  Paralelamente, conseguirá también  volver una labor ímproba (cuando no imposible) la tarea de hacer cambiar su opinión al respecto, aun cuando las evidencias indiquen, claramente, que se está persistiendo en una equivocación manifiesta…¡Se ha conseguido la “fidelización del cliente total”!, demoledora para el juicio crítico, pero sin competencia posible.

No obstante, lamentablemente, en este caso, se trata de algo más que una anécdota, más o menos jocosa , ya que se enmarca en un ambiente social en el que las “pseudo-ciencias pseudo-curativas” cada día, parecen reunir más crédulos discípulos (a los que, por otra parte, una vez convencidos, resulta extremadamente difícil sacar de su error).Y es que, el problema de conseguir que alguien cambie de opinión, hunde sus raíces en el hecho de que el cerebro trabaja partiendo de la base de que no se equivoca. Así, dado que, modificando un juicio se acepta que se ha cometido un error, cambiar un punto de vista no será, para nada, fácil.

De hecho, existen bastantes estudios que han probado que, ni argumentos, ni evidencias sirven para ello. Bien al contrario, pareciese que, el hecho de mostrar pruebas contra lo defendido, reforzase la posición y creencias sostenidas por cada individuo y su grupo de referencia.  Para que así ocurra, la mente humana se ve impelida a fijar posiciones ante  cualquier cuestión que se plantee reaccionando, fundamentalmente, en clave  emocional y juzgando al respecto (mientras que, la indecisión, es considerada una prueba de inconsistencia o debilidad).  Sin embargo, al opinar prematuramente, o con datos insuficientes, es más proclive a equivocaciones de las que será mucho más difícil desprenderse pues, el cerebro YA HABRÁ TOMADO PARTIDO y, una vez hecha una elección, la circuitería neuronal de toma de decisiones, va a empezar a trabajar a favor de sustentarla (especialmente si entran en el terreno de las creencias definitorias de la persona, como serían postulados religiosos o políticos, por ejemplo).  Por esta vía, por tanto, se va a establecer todo el “corpus ideológico” de cada sujeto. Por lo que un buen consejo sería “pensar antes de hablar” (o, mejor aún “consultar con la almohada”) para dejar un tiempo de reflexión antes de “posicionarse”sobre cualquier tema, aunque resulte más fácil decirlo que hacerlo. Además, existen hallazgos que indican que, precisamente, las personas se aferran a sus convicciones con mayor intensidad frente urgencias o amenazas (reales o aparentes). Así, las creencias afianzarían las redes grupales en condiciones de riesgo, al mantenerlas sin discusión lo que sería ventajoso. Algo así como que “contra algo” (o alguien) es cuando más unidad se consigue. Por cierto que, alguna situación política recurrente (como los debates territoriales en las regiones europeas), serían un magnífico ejemplo de esto.

Cabría preguntarse “qué pasa en las cabezas” de esas personas que siguen defendiendo cualquier postulado, aun cuando, objetivamente, les resulte perjudicial… Y algo se empieza a saber: Existen datos que sitúan el origen de esta especie de juego de autoengaños, en la corteza frontal posterior medial (pMFC). Esta estructura juega un papel clave en la detección de discrepancias entre las condiciones deseadas por cada sujeto, y las que realmente disfruta (o padece) ajustando el comportamiento posterior para resolver dichos conflictos.  Para ello, en situaciones de crisis, la pMFC actuaría potenciando la adhesión a las ideologías, como un mecanismo cognitivo subyacente a los procesos de decisión. Se trata del mecanismo mental que fuerza a huir de las paradojas e incoherencias cuando generan “disonancia cognitiva”. Gracias a él, cuando se entra en contradicción entre creencias y hechos, no se acaba con la disolución del grupo que mantenía la idea que se muestra equivocada, sino que se refuerza encontrando justificaciones “ad hoc”. He aquí el origen de las elaboradísimas teorías “conspiranóícas” en general. Estos mecanismo neurales actuarían, igualmente, con cualquier afirmación del tipo “la Tierra es plana”, “el Apolo 11 no llegó a la Luna” o, las extremadamente peligrosas, de apoyo a la homeopatía, del negacionismo climático, o del gremio anti-vacunas, por ejemplo…

Es importante señalar, en este contexto, que las ideologías resumen las dimensiones de una persona, definiendo tanto su comportamiento en público, como en privado, por lo que confieren  propiedades “identitarias”, asumiendo, con ello, postulados y valores. Y, lógicamente, “sostenella y no enmendalla”, sería una respuesta común ante los retos personales y de grupo. De hecho, la Historia muestra, en abundancia, hasta que extremos se llega en defensa de creencias sociales, como son convicciones políticas, o confesiones religiosas (generando tanto actos de valor heroico, como de una injusticia horrorosa). Por tanto, si se quiere, en un debate, una mínima posibilidad de éxito, se ha de tener en cuenta que, cada cerebro, construye su razonamiento desde un supuesto de veracidad y, por tanto, NO SE VA A DEJAR CONVENCER de que está equivocado.

Pero, si las pruebas no sirven ¿cómo generar, entonces, un cambio de actitud cuando la mayoría de experimentos muestran que los prejuicios tienen “las de ganar” frente a las nuevas ideas? Pues parece evidente que una buena estrategia para impedir que se extienda una creencia (especialmente si esta es irracional o peligrosa) pasaría por evitar la confrontación directa, para no activar el mecanismo de defensa cognitivo contra quién indica que se está en un error. También es útil, dar una idea original al respecto, ya que la dinámica anti-disonancia cognitiva, tiende a dar razones para justificar los conceptos que ya se tienen, pero no las innovaciones.  Si se presenta el razonamiento cómo nuevo no tendrá que ajustarse a las ideas previas, evitando lo que se ha denominado “efecto ancla”‘… Porque las opiniones son cómo los clavos ¡se hunden más cuanto más se martillean! dejando “anclado” el razonamiento al juicio pre-instaurado.  

La conclusión es que “tener razón” es un “sentimiento” muy arraigado y, por tanto, no se estará predispuesto  a tratar de escuchar  argumentos que “osen”a intentar quitarnos tan preciada posesión , pero persistir en un  error no es loable, ni se debe justificar con la fidelidad a unos principios inquebrantables, bien al contrario, aunque cueste, RECTIFICAR ES DE SABIOS (¡y SABIAS!)

Para saber más:

http://www.elperiodico.com/es/extra/20180109/lavativas-cafe-gwyneth-paltrow-6539424

Manual de instrucciones para cambiar de opinión: https://verne.elpais.com/verne/2014/11/17/articulo/1416205830_000028.html

https://www.newyorker.com/science/maria-konnikova/i-dont-want-to-be-right

http://naukas.com/2010/08/19/ceguera-a-la-eleccion-asi-inventamos-una-explicacion-para-nuestras-decisiones/

http://www.vozpopuli.com/altavoz/next/Ciencia-Psicologia-Neurociencia_0_701029898.html

http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0071303#pone.0071303-Moore1

Neuromodulation of group prejudice and religious belief;  Soc Cogn Affect Neurosci. 2016 Mar; 11(3): 387–394, (2015); Colin Holbrook, Keise Izuma, Choi Deblieck, Daniel M. T. Fessler, and Marco Iacoboni.

Nonpolitical Images Evoke Neural Predictors of Political Ideology . Curr Biol. (2014); 24(22): 2693–2699. Woo-Young Ahn,  Kenneth T. Kishida,Xiaosi Gu,Terry Lohrenz,Ann Harvey, John R. Alford, Kevin B. Smith, Gideon Yaffe,John R. Hibbing, Peter Dayan, and P. Read Montague.

Individual differences in political ideology are effects of adaptive error management Behavioral and Brain Sciences, Volume 37, Issue 3  (2014) , pp. 324-325  Michael Bang Petersen, Lene Aarøe.

Attitude Change: Persuasion and Social Influence;  Wendy Wood. Annual Review of Psychology Vol. 51:539-570 (2000).

 

 

 

 

 

 

 

Se acerca el seis de enero: ¡Silencio se juega!

AAAReyesMagos

La infancia es juego y, recordar esto, es fundamental para que, con el devenir de los días, no se pierda, en la edad adulta, esa criatura libre e imaginativa de los primeros años… Jugar no es (sólo) divertido: es una necesidad y la Neurociencia empieza aportar muchos argumentos que evidencian su importancia en el desarrollo y mantenimiento cerebrales.

Los seres humanos son “juguetones” por naturaleza, como otros muchos grupos de animales. También la mayoría de los mamíferos jóvenes dedican una gran cantidad de tiempo y energía a jugar juntos pues, el juego es divertido. No obstante, y aunque resulte muy agradable, es más que una actividad frívola: es crucial para el desarrollo de la flexibilidad conductual, la adquisición de competencia social y cognitiva y el mantenimiento de la cohesión grupal. El juego es un reforzador natural, y los sistemas de neurotransmisores, íntimamente implicados en los aspectos motivacionales, placenteros y cognitivos de recompensa (como opioides, endocannabinoides, dopamina o noradrenalina), también tienen un papel modulador importante en el desempeño de las actividades lúdicas. Esto proporciona el marco conceptual que permitirá comprender cómo el cerebro procesa el juego y que se obtiene de él.

Las actividades “de recreo” son un fenómeno que aparece, de hecho, no solo en mamíferos, también aves, algunos peces, reptiles o anfibios muestran este tipo de forma de relacionarse con el mundo. Lo cierto es que existen numerosos trabajos que han puesto de manifiesto cómo los animales “juegan” mostrando, al introducir objetos en su entorno, curiosidad y comportamientos “lúdicos” hacia ellos. Por tanto, no es de extrañar que también, entre Primates, jugar sea una actividad muy generalizada. A lo largo de la Evolución, se ha potenciado la propensión a desarrollar tareas gratas y divertidas en cualquier sitio y ocasión. Obviamente, para que una actividad haya sido tan conservada, debe otorgar ciertas ventajas adaptativas: Todo parece indicar que este éxito evolutivo está relacionado con el adecuado desarrollo del cerebro social (ya que el juego permitiría el aprendizaje de conductas grupales). Esta hipótesis implicaría que, en un entorno “lúdico,” se estarían propiciando las condiciones para que, el cerebro en desarrollo, aprendiese a experimentar con situaciones de la vida real, pero sin peligro.

No obstante, el concepto “lúdico” es conflictivo pues se trata de definir una situación de contexto, y no de una conducta en concreto. De hecho hay ciertas fronteras que delimitan el ámbito del juego del mundo real. Así, por ejemplo, pelear jugando contiene los mismos patrones conductuales que la lucha real; sin embargo, los sujetos combatientes saben que es “de mentiras”. Como consecuencia de ello durante el juego se produce una “relajación de las normas” que hace que haya pocas sanciones cuando se transgreden las reglas. Mientras se juega, las disculpas son aceptadas con más facilidad y se favorecen las conductas cooperativas. Todo ello estaría coadyuvando a un esquema facilitador del aprendizaje de las habilidades sociales (vital en las espacies que, como la humana, se sostienen gracias a fuertes lazos grupales). Además, en estas condiciones de voluntariedad y cierta informalidad, se generaría el entorno perfecto para el establecimiento de valores y juicios morales. Por otra parte, existen algunas hipótesis según las cuales, la fantasía que favorece el juego, potenció, en el proceso de hominización, la aparición y desarrollo del lenguaje. En esta línea, el juego sería el medio por el cual, finalmente, la sociedad desarrolló cultura, sueños y hasta lealtades grupales.

Para ello, el cerebro que juega activa algunas áreas específicas. Parece que la actividad lúdica estimula el desarrollo funcional en la amígdala (centro de la emocionalidad) y en la corteza prefrontal dorsolateral (área fundamental en el proceso de toma de decisiones). De hecho, existen modelos animales (en ratas concretamente) que indican que hay relaciones claras entre el nivel de comportamiento en el juego y cambios neurobiológicos, que afectan a la plasticidad sináptica y al desarrollo neural. Lo interesante es que, además, estos cambios morfo-fisiológicos encontrados, se correspondían con conductas más agresivas y temerosas en las ratas privadas de juego que en aquellas sí disfrutaron de él.

En definitiva, aunque desde siempre se haya sabido que jugar es connatural a la infancia, hoy en día, se empieza a vislumbrar como esta actividad puede ser fundamental para el desarrollo cerebral, en aspectos tan importantes como el lenguaje, la socialización o la creatividad… Y es que  (citando a Heidi Britz-Crecelius )“No hay nada que los seres humanos hagan, sepan, piensen, esperen o teman que no haya sido ensayado, experimentado, practicado o al menos anticipado, en la etapa del juego infantil”.

Para saber más:

Blair C.(2017) “Educating executive function”. Wiley Interdiscip Rev Cogn Sci.;8(1-2).

.Garaigordobil, M. (1990). “Juego y desarrollo infantil”. Madrid. SecoOlea.

Healy, J.M. (2011). “Different learners: identifying, preventing, and treating your child’s learning problems”. Simons & Schuster Ed.

Pellis, S. and Pellis, V. (2009). “The playful brain: venturing to the limits of neuroscience”. Oxford, UK: One World Publications.

Taffoni F, Tamilia E, Focaroli V, Formica D, Ricci L, Di Pino G, Baldassarre G, Mirolli M, Guglielmelli E, Keller F.(2014) ”Development of goal-directed action selection guided by intrinsic motivations: an experiment with children”. Exp Brain Res.;232(7):2167-77.

Socio-cultural effects on children’s initiation of joint attention: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3480652/

The Pleasures of Play: Pharmacological Insights into Social Reward Mechanisms: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2946511/

Play, attention, and learning: How do play and timing shape the development of attention and influence classroom learning? https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3842829/

Right brain – left brain – a primer. The Dana Foundation: http://dana.org/Briefing_Papers/Right_Brain-Left_Brain%E2%80%93A_Primer/

http://www.education.com/reference/article/language-play-development/

https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2015/07/29/el-juego-como-instrumento-de-aprendizaje-aplicaciones-practicas-para-el-cerebro-en-desarrollo/

http://www.somosprimates.com/2010/06/entre-animales-anda-el-juego/

 

 

 

 

Cuando llora TÚ Bebé. Neurociencia de instinto de protección

CryBaby

La familia es el primer grupo (y el más básico) en las especies sociales. Si, además, son altriciales, como la humana (es decir con una descendencia extremadamente dependiente) el cuidado de su prole se convierte en imperativo para su supervivencia. Nuestra larga historia evolutiva ha precisado, por tanto, de un complejo catálogo de interacciones entre la persona adulta y el individuo en desarrollo, cuya principal señal ha sido LLORAR.  Y es que es fundamental para el indefenso neonato, comunicar sus necesidades a quién pueda/deba protegerle.

Esta necesidad, no es única de la familia humana, sino que se da en otros grupos animales. No obstante, en buena lógica evolutiva, el llanto en las crías se ha aparejado a la aparición de patrones de conducta de cuidado parental. De hecho, salvo Ceratophrys ornata (un sapo argentino cuyos renacuajos emiten llamadas de angustia, aun cuando en su especie no se produce cuidado de la prole) en el resto de los grupos conocidos por presentar “lamentos infantiles”, éstos se traducen en respuestas de protección pautadas por parte de sus progenitores. El llanto, por tanto, debe ser reconocido (e interpretado) por los adultos “a cargo” y, lo sorprendente es que,  los sonido emitidos por las crías estudiadas, hasta hoy, comparten, mayoritariamente  características acústicas muy similares en cuanto a duración del grito, frecuencia fundamental o tono. Ejemplo de ello se encuentran en ciertas especies de ciervos, los lamentos de crías de lobos marinos, o las del murciélago canoso, entre otras.

Este hecho sugiere que circuitos cerebrales específicos (pero similares) pueden mediar en la capacidad de respuesta de adultos hacia bebés. Así ,diversos datos recogidos muestran similitudes conductuales, entre la respuestas que el llanto desencadena en las diferentes especies, y que siempre son rápidas y sintónicas en los sujetos adultos.

No obstante, la cría (y, obviamente, en este sentido también el bebe humano) no cuenta, solo, con sus gritos y lágrimas para desencadenar respuestas de protección y consuelo.  Por supuesto, una de las fuentes esenciales de señales comunicativas es su “carita” redondeada y de grandes ojos que reclaman la atención materna (porque, aunque algunos hay, en la naturaleza, los padres que se implican en el cuidado de su prole no abundan).  De modo genérico la crianza y protección de la descendencia va ligada a la hembra que la gestó.  No obstante, existen bases biológicas que favorecen el desarrollo de una paternidad comprometida y activa, mediada por la hormona principal en la formación de lazos familiares: la oxitocina. En concreto, en la especie humana, valoraciones realizadas en plasma y saliva de esta molécula muestran que, los niveles de oxitocina alcanzados, correlacionan con la intensidad de la interacción de los padres, que estaban cuidando a sus bebes de entre 4 y 6 meses de edad. En esta línea, el análisis de la función cerebral paterna, ha demostrado que cuanto mayor es el compromiso en la nutrición y cuidado prestado a sus descendientes, mayor era su actividad específica en las regiones relacionadas con los circuitos de recompensa. Por tanto, se puede afirmar que el cerebro de los varones, está perfectamente capacitado para el disfrute de la crianza. De hecho los cerebros (tanto de hombres como mujeres) ante caras infantiles, activan varios sistemas neuronales, que incluyen la corteza premotora lateral, el área motora suplementaria, la corteza cingulada, la ínsula anterior y el tálamo. No son unas áreas al azar, obviamente, su activación sugiere la preparación de los adultos para el comportamiento comunicativo con sus bebés, así como el apego y el cuidado. De este modo, la corteza premotora y el área motora suplementaria, tienen que ver con la planificación del habla y del movimiento; el giro fusiforme, está involucrado en el reconocimiento facial y las cortezas, insular y cingulada, participan en la activación emocional, la empatía, la vinculación y  la recompensa.

Por otro lado, un proceso tan básico y vital es, lógicamente, independiente de modulaciones culturales.  De hecho estudios realizados con madres de diferentes culturas han evidenciado que se responde igual al estímulo del “llanto de bebé” se sea de dónde se sea, pero, aunque cualquier lloro genera repuesta afectiva, ésta es, sin duda más intensa y específica, cuando es, concretamente, SU bebe. Se distingue claramente de entre otros sonidos y se identifica ESE llanto en particular. Además, ese sonido, activa las mismas regiones cerebrales asociadas a la acción de cogerlo en brazos y hablarle en los cerebros adultos. La respuesta se produce en regiones neurales primitivas, como el cerebro medio y el cuerpo estriado, relacionadas con el cuidado maternal. Se sabe que cada bebé puede emitir llantos en situaciones diferentes pero lo hacen para transmitir las mismas necesidades. O sea que hambre, sueño, incomodidad o dolor, se traducen en códigos bastante universales. Y, extremadamente efectivos: Llorar como forma de comunicación del recién nacido tiene en la madre receptora un intenso resultado de liberación de hormonas y neurotransmisores (como, la ya mencionada, oxitocina, o la noradrenalina, que desencadena una repuesta de alerta generalizada, con un fuerte correlato vegetativo que afecta desde  la frecuencia cardíaca a la conductividad de la piel).

En definitiva, si SU bebé llora, la madre responderá cogiéndole en brazos y hablándole inmediatamente.  Esta reacción coordinada se habrá generado porque el llanto provocó mayor actividad en las regiones asociadas con la preparación para el movimiento e intención de moverse , es decir el área motora suplementaria y, también activó varias regiones implicadas en el habla y el procesamiento de los sonidos como áreas de Broca y giro temporal superior del cerebro.

Sin embargo, por supuesto, el estado físico de la madre influirá decisivamente en la respuesta neural  al llanto de un bebé. En este sentido existen datos que indican que la actividad en la corteza fronto-insular derecha y la red límbica subcortical se asocia con el estado mental de la madre.  Y esto es importante porque, las conductas cuidadoras relacionadas con el apego materno, requieren que las madres regulen su angustia relacionada con el hecho de la crianza. Pero el reajuste hormonal asociado al post-parto provoca la aparición, no infrecuente, de cuadros depresivos. Pues bien, diversos resultados recogidos muestran que, las madres deprimidas, en comparación con las sanas, aumentan las respuestas de tipo “amenaza” ante el llanto de los bebés y de desregulación en el contexto del apego. Se podría decir que, en estas condiciones, el llanto es percibido como un reto demasiado duro e inafrontable. Es por tanto vital, para madre y bebé, que se identifiquen pronto (¡cuanto antes, de hecho!) estos problemas fisiológicos para paliarlos…

Y lo mismo para cualquier evento que aumente el estrés sobre la familia que cría, porque, aunque innata, la respuesta protectora ante un bebé que llora es, no obstante, modulable. Y no siempre, lamentablemente, para mejor, (lo que debería ser tenido en cuanta, sobretodo, en tiempos de crisis). Por ejemplo se han encontrado evidencias de que, la desventaja socioeconómica, puede aumentar los niveles de angustia, lo que puede hacer que las madres sean más vulnerables a las dificultades de la crianza. De hecho hay datos que muestran que, el estrés percibido asociado con la pobreza, puede contribuir a la reducción de las respuestas neuronales al llanto infantil, que se asociarían a percepciones menos positivas de la maternidad. En definitiva, y puesto que las respuestas de los padres y madres a su descendencia está influenciada, de manera crucial, por el estrés, habrá que facilitar al máximo que los estresores se minimicen.

O sea que habrá que proteger a las familias. En nuestra especie toda la sociedad está llamada a ello y, con el apoyo grupal, a facilitar el desarrollo de los menores… Y es que ya lo decía el viejo el proverbio africano: Para educar a un niño(o una niña, claro está) hace falta la tribu entera.                                                                                                                               Para saber más:

https://elpais.com/elpais/2017/10/20/ciencia/1508523413_073663.html

https://www.guiainfantil.com/articulos/bebes/interpreta-el-llanto-de-tu-bebe/

https://www.bebesymas.com/bebes-de-0-a-6-meses/el-instinto-de-proteccion-se-activa-en-el-cerebro-adulto-al-ver-un-bebe

Species-specific response to human infant faces in the premotor cortex AndreaCaria; Simonade Falcob Paola Venuti Sangkyun Lee Gianluca Espositob Paola Rigo Niels Birbaumer Marc H. Bornsteine,  NeuroImage,  60, 2, 2, 2012, 884-893.

Neurobiology of culturally common maternal responses to infant cry. Bornstein MH, Putnick DL, Rigo P, Esposito G, Swain JE, Suwalsky JTD, Su X, Du X, Zhang K, Cote LR, De Pisapia N, Venuti P. Proc Natl Acad Sci U S A. 2017.

Depression alters maternal extended amygdala response and functional connectivity during distress signals in attachment relationship. Ho SS, Swain JE. Behav Brain Res. 2017 May 15;325(Pt B):290-296.

Parent-child intervention decreases stress and increases maternal brain activity and connectivity during own baby-cry: An exploratory study. Swain JE, Ho SS, Rosenblum KL, Morelen D, Dayton CJ, Muzik M. Dev Psychopathol. 2017 May;29(2):535-553.

Socioeconomic disadvantages and neural sensitivity to infant cry: role of maternal distress. Kim P, Capistrano C, Congleton C. Soc Cogn Affect Neurosci. 2016 Oct;11(10):1597-607.

Right Frontoinsular Cortex and Subcortical Activity to Infant Cry Is Associated with Maternal Mental State Talk. Hipwell AE, Guo C, Phillips ML, Swain JE, Moses-Kolko EL. J Neurosci. 2015 Sep 16;35(37):12725-32.