Donde habita el Talento… El Sexo del Cerebro

 

IMG-20180306-WA0001

Consideremos esta afirmación: la Humanidad está constituida por PERSONAS ¿Parece bien formulada y evidente por si misma? ¿Sí? Pues no.  Las manifiestas desigualdades entre hombres y mujeres, siguen haciendo imprescindible considerar cuál es la causa de que, más de la mitad de la población humana sea, aún, objeto de estudio, como colectividad homogénea y (lo que es peor) como problema. El trato desigual puede terminar en flagrante discriminación (cuando una persona sea objeto de comportamientos distintos en función de su sexo) pero, antes de eso, se tuvieron que magnificar diferencias. Desde la cuna: Tú de rosa y yo de azul.  Distintos y ¿Desiguales? ¿Por naturaleza?

En realidad, como ocurre mayoritariamente en el Reino Animal, tan sólo se trata de Dimorfismo Sexual. Es decir, las personas  presentan  un  conjunto  de  diferencias  morfológicas  y  fisiológicas  que  caracterizan, y  distinguen, a  los  dos  sexos .  Estas diferencias, tienen una base genética que sustenta características físicas, propias de machos o hembras, variables entre unas especies y otras, y entre individuos de una misma especie. Así, el tamaño, la disposición de la grasa corporal o del vello, la fuerza muscular, o el tono de la voz, son bastante dimórficos en nuestra especie. Sin embargo, que los patrones de conducta lo sean, es un tema que (durante décadas) ha generado controversia.  Es importante profundizar en este tema  pues, se da la paradoja de que, frente a la incansable búsqueda de argumentos para sustentar la asimetría social de hombres y mujeres en clave biológica, no ocurre lo mismo con las mucho más evidentes diferencias anátomo-patológicas. Lo  cierto  es  que, una somera  revisión de las publicaciones de cualquier área de la Biomedicina, evidenciará,  de inmediato que, hace solo apenas dos décadas, que  se  inició, en los  Institutos  Nacionales  de  Salud  (NIH), en EEUU el estudio específico de la Salud de la Mujer …Y que, sorprendentemente, habría que esperar ¡hasta  el 2013!, para  que, de nuevo  el  NIH, fuese pionero  al  exigir  planes  de  sexo  y  de  inclusión  de  género  en  la investigación  pre-clínica. Tan es así que, históricamente, los laboratorios han prescindido de las hembras animales, para evitar posibles cambios de comportamiento relacionados con su ciclo reproductivo. Sin embargo, se sabe, por ejemplo, que muchos fármacos requieren una dosis diferente dependiendo del sexo.

Mientras se obviaban estos problemas (que podían, por cierto, dañar gravemente la salud de las mujeres) se intensificaba la búsqueda de diferencias incontrovertibles entre los gustos, necesidades y, sobretodo, conductas femeninas y masculinas (que en definitiva, demostraran la indiscutible supremacía del hetero-patriarcado) No hubo suerte (o sí, según se mire…) Y es que, buscar dimorfismo en el caso concreto del cerebro es aún más complicado, de lo que ya es, en el resto del organismo. Casi nada en el cuerpo humano es “blanco” o “negro” (bueno, en este caso quizás es más apropiado mantener el “rosa” y “azul”) sino que, el desarrollo, mantiene un continuo en el proceso madurativo, tan complejo como eficaz. Y, obviamente, el cerebro también. Pero, dado que en el cerebro se sitúa el origen de las conductas (y el género está constituido por comportamientos, actividades y atributos que, una sociedad, considera como apropiados para hombres y mujeres) es aquí donde habría que busca a la “mujer-mujer” o /y al “hombre de verdad” (signifique esto lo que signifique…) En este marco ideológico,  lo que fuese consecuencia de la expresión de las diferencias de sexo, se plasmaría, de forma innata, mientras que, la propia plasticidad del cerebro, garantizaría una cierta modulación a través de la experiencia de cada sujeto.  Sin embargo, el cerebro, que es un órgano estructuralmente muy especial, para ejecutar la increíble cantidad de tareas que realiza continuamente, precisa de una bioquímica en sus neuronas, igualmente especializada. Tanto que, un diseño tan “binario” no parece haber encontrado acomodo en sus redes estructurales. De hecho, parece que esa capacidad única de controlar, modular, integrar y procesar información, se sustenta en un extraordinario mosaico de genomas variados, resultado de la acción modificadora de elementos intercalados, que amplifican la diversidad de los genes existentes, posibilitando un repertorio casi infinito de expresiones de ellos. Esto querría decir que, diferentes neuronas dentro del mismo cerebro tienen varios complementos de ADN, sugiriendo que ellas, funcionan de una forma ligeramente diferente unas de otras, incluso en la misma persona. Desafiando el dogma de que los genomas neuronales son invariables, la neurogénesis, estaría creando diversidad incluso de una neurona a otra, enriqueciendo,  con ello, la plasticidad cerebral. En esta línea se sitúan los resultados que arroja, de manera periódica, la Neuro-Endocrinología. Las hormonas sexuales (y, sobretodo, la distribución de sus receptores dentro del cerebro) serían la clave diferenciadora en él. La testosterona, por un lado “masculinizaría” mientras los estrógenos por otro “feminizarían”. Sin embargo, aunque las influencias hormonales son bastante críticas, no es menos cierto que, en ambos sexos , se secretan las hormonas citadas y el “cóctel de señales químicas” en el cerebro es mucho más complejo (además, tiene una importancia crucial la inter-conversión de las diferentes moléculas). Así, todo un aluvión de resultados, empiezan a reforzar la hipótesis de que el desarrollo cerebral es un proceso dinámico sobre el genoma, en el que están actuando en paralelo e influenciándose mutuamente, numerosos elementos. En este contexto, las diferentes regiones del cerebro reaccionan de maneras distintas a las influencias del sexo, pero también (¡cómo no!) ambientales y de otros tipos. Por ejemplo, la exposición a diferentes formas de estrés prenatal, pueden retroalimentar este proceso, alterando el desarrollo cerebral haciendo que los (demasiado) simples estereotipos masculinos o femeninos, para intereses, habilidades o capacidades, fracasen en sus predicciones.

Los estudios de neuro-imagen corroboran esta afirmación, ya que en el cerebro no han podido encontrarse grandes diferencias por pertenecer a uno u otro sexo. Más bien, parece que las personas están hechas de los mencionados “mosaicos” que, con distintas distribuciones de estructuras, una forma personal y rasgos individuales, son únicos para cada sujeto. Aunque se aprecien ciertas diferencias en tamaño, y en algunas de regiones en particular del cerebro, o en la composición de las neuronas y morfología de las dentritas, o el contenido de algunos neurotransmisores, sin embargo, se dan grandes superposiciones entre las distribuciones de mujeres y hombres. Por ejemplo, el sexo femenino  ha sido relacionado, por lo general, con una mayor proporción de sustancia blanca y un cuerpo calloso de mayor tamaño (lo cual estaría vinculado a una transmisión de la información más rápida entre los distintos hemisferios y estructuras); también se han encontrado indicios de que, el sistema límbico (la parte del encéfalo más “emocional”) tiende a ser algo mayor. En lo que respecta al sexo masculino, su cerebro contaría con una mayor proporción de materia gris (relacionada con el procesamiento de la información); así mismo, se dice que, en los hombres también suele haber un hipotálamo mayor (siendo éste el  auténtico centro regulador del sistema neuroendocrino). Sin embargo las últimas investigaciones (que han identificado hasta una docena de regiones o conexiones cerebrales que diferían entre los sexos) han puesto en evidencia que los cerebros reales son una mezcla de ambos patrones, y los “sólo masculinos” o “sólo femeninos” no llegaron a 1 de cada 10 casos.

En definitiva, la distinción CEREBRO MASCULINO, CEREBRO FEMENINO sólo sería posible si las diferencias de sexo/género en los rasgos del cerebro fueran altamente dimórficas. Y eso no es lo que pasa. El cerebro que reúne cualidades únicas en cada sujeto, moldea sus habilidades en un mosaico diverso, híbrido, ¡prodigioso!. En él, se originara el talento, entendido como esa especial capacidad intelectual, que hace que una persona tenga facilidad para desarrollar una actividad. Por tanto, el talento, también nace independiente de  cuál es sexo del sujeto, en cuyo cerebro se alberga… Y tan necesitada como está la Humanidad de él: ¡No se puede seguir desperdiciando a la mitad!…La mitad femenina, por cierto.

Para saber mas: 

“Sex differences in rat decision-making: The confounding role of extraneous feeder sampling between trials”. Donovan CH, Wong SA, Randolph SH, Stark RA, Gibb RL, Gruber AJ. Behav. Brain Res. (2018) 342:62-69. doi: 10.1016/j.bbr.2018.01.018.

“Sexual differentiation of the human brain: relation to gender identity, sexual orientation and neuropsychiatric disorders”. Bao AM, Swaab DF. Front Neuroendocrinol. (2011) 32(2):214-26. doi: 10.1016/j.yfrne.2011.02.007.

“La psicología de las diferencias de sexo”. Bausela, E., Colom, R. y Zara, M.J. Madrid: Biblioteca Nueva, 429. (2004). Boletín de Estudios e Investigación

Sex beyond the genitalia: The human brain mosaic https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4687544/

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/pensamiento-mgico-445/el-sexo-del-cerebro-8205

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/sexo-gnero-y-ciencia-720/existe-un-cerebro-femenino-15734

http://www.ngenespanol.com/fotografia/fotogalerias/17/01/9/edicion-especial-sobre-genero-revista-national-geographic/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s