AL ENAMORARTE NO LO NOTAS PERO TE DEJA IDIOTA… y ¡la culpa la tiene la dopamina!

corazón

Se acaba enero y, con él, se marchan los últimos coletazos de festejos navideños y, hasta las rebajas se terminan… Así que, en lo más frío del frío invierno y, cuando aún queda muy lejos el renacer primaveral, ¡llega febrero! A este mes, huérfano de grandes fechas, sólo le salva del triste erial comercial en que transcurre, los Carnavales y, sobre todo  ¡San Valentín!… Y eso que, según dice Wikipedia, el 14 de febrero es una celebración que se hizo popular hace bien poco: Solo a partir del siglo XX, al empezar a denominarse “día de los enamorados”. No obstante, hay que hacer constar que su origen no es nada “romántico”. Bien al contrario: parece ser que, en la antigua Roma, el 14 de febrero estaba dedicado a una fiesta muy truculenta de la fertilidad, llamada Lupercalia. Dicha celebración, incluía dar de latigazos para favorecer la preñez (¡vamos,” un amor” de festividad!) La “entrañable tradición”, en el año 496, fue prohibida por el papa Gelasio I que instauraría, en su lugar, el 14 de febrero como día de San Valentín. El santo resulta ser uno de los tres mártires, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. Real o no, la leyenda habla de un médico romano, que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador Claudio) De casamentero a patrón del enamoramiento, solo había un paso que, en nuestro país, fundamentalmente, le debemos a la cadena, de grandes almacenes, Galerías Preciados. Su dirección, sería la encargada de poner en marcha una, tan exitosa como edulcorada, campaña comercial, que dura hasta hoy (para alegría de las hojas de balance de ventas…)

Pero ¿qué lleva a personas, que hasta el momento parecían normales, a transformarse en sujetos que “se mueren de amor” o “que se quieren más que al aire que respiran?.

Pues (sintiéndolo mucho por la poesía) entre otras cosas, son responsables de que estemos en éxtasis: una corteza prefrontal inundada de dopamina, oxitocina corriendo por la venas, o adrenalina y serotonina fluyendo con intensidad… ¡Ya está!

¡Hormonas y cerebro que nos llevan a locura!  No obstante, como escribiera Friedrich Nietzsche “En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón”

Buscar los orígenes de “este estado transitorio de enajenación, que denominamos amor”, ha conducido a comprobar que activa las regiones cerebrales responsables de una felicidad más plena, y que producen un placer más intenso (áreas que, por cierto, son blanco, también para las drogas más adictivas).  Este grupo de estructuras reciben el nombre de “circuito de recompensa” y se relacionan con la potenciación de aquellas conductas que son más favorables para pervivencia del individuo (como comer) o de la especie (como reproducirse). Así que, lejos de un  “supremo encuentro entre espíritus puros”, esto va más de la supervivencia de la especie. Todo depende de lo placentero que resulte el encuentro en pareja, y de que estos grupos neuronales se activen fuertemente con el acercamiento amoroso.  De hecho, cuando el amor romántico se estudia a través de la resonancia magnética funcional, se comprueba la activación de áreas nerviosas concretas, con solo mostrar al sujeto la imagen del ser amado. Entre ellas, destaca el área tegmental ventral, que se estimula, y envía señales a otras partes del cerebro, como el núcleo caudado. No obstante, estas estructuras neuro-anatómicas involucradas en el amor romántico, también están estrechamente relacionadas con las conexiones que organizan motivación y emoción. Neuro-químicamente, la reunión de los amantes, estimula la vía dopaminérgica mesolímbica. En esta vía, la dopamina se libera desde la mencionada área tegmental ventral  hacia el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, que luego se dirige al pálido ventral para completar todo el “circuito de recompensa”. De ahí que, en ese “momento mágico”, del enamoramiento el cerebro de la “víctima” de la pasión “no esté para nada más”. El sentimiento amoroso desencadenado en el, tradicionalmente, denominado sistema límbico, ocupa a las áreas responsables del procesamiento emocional, motivación y memoria.

De este modo, lóbulos temporales, hipotálamo, amígdala e hipocampo, se activan para llevarnos a sentir el disfrute supremo. Con esa activación se va reforzar, ese sentimiento positivo, cuando ocurra nuevamente el evento inicial deseable (en nuestro caso el encuentro con la pareja) y, si no ocurre espontáneamente, va inducirnos  la búsqueda del mismo.

En cualquier caso, siendo sin duda la vía dopaminérgica fundamental, además de la dopamina, hay más componentes del “coctel del amor”. Entre ellos destacan dos neuro-péptidos :  la oxitocina y la vasopresina,  ambos bajo control hipotalámico y relacionados con la duración del vínculo…Porque, pasada la fiebre inicial, el apego garantizará que la pareja viva una tranquila y duradera relación, más próxima a la paz de la complicidad que al embeleso arrebatado de las primeras fase del cortejo. Asimismo, se modifican los niveles de sustancias directamente relacionadas con los estados de animo, como adrenalina o serotonina. Por último, también tienen su importancia los cambiantes niveles de estrógenos y andrógenos. Y es importante recalcar que, tanto hombres como mujeres, tienen todas estas moléculas, pero las proporciones difieren entre sexos y con la edad… Pero esto, obviamente ¡es otra historia!

En definitiva, querido enamorado, querida enamorada, si está en esas primeras fases de arrobo, de frenesí, de arrebato: ¡a disfrutar! Su amor está activando las vías  dopaminérgicas: Es cierto, de repente algo ha cambiado  en su interior. Así se explica muchas de las conductas que su enamoramiento desencadena: esa euforia sin límite, el insomnio y la ansiedad que padece, o esa pasión desmedida por el objeto de sus desvelos. Todos son consecuencia de las altas dosis de dopamina circulante que se corresponden con el inicio de una relación amorosa…Aunque cuidado con volverlo patológico, de pura excitación placentera ¡el amor puede resultar adictivo! .

Sea como fuere, el amor es una tormenta emocional  difícil de describir pero imposible de detener , así que “atontante” o no, en circunstancias normales, los datos de la Neurociencia indican que, sin duda, debe hacernos felices… Nada apoya que suframos  por amor, así que: ¡feliz día de San Valentín!

Para saber más: 

The Oxytocin-Vasopressin Pathway in the Context of Love and Fear.; Carter CS. Front Endocrinol (Lausanne). 2017 Dec 22;8:356. doi: 10.3389/fendo.2017.00356. eCollection 2017. Review.. PMID: 29312146 Free PMC Article.

The Role of Oxytocin and Vasopressin in Attachment. Carter CS. Psychodyn Psychiatry. 2017 Winter;45(4):499-517. doi: 10.1521/pdps.2017.45.4.499.PMID: 29244625.

‘Love builds brains’: Representations of attachment and children’s brain development in parenting education material. Wall G.Sociol Health Illn. 2017 Dec 12. doi: 10.1111/1467-9566.12632. PMID: 29235128

http://www.ngenespanol.com/ciencia/salud/13/02/14/funciona-amor-cerebro/

http://www.mentesana.es/psicologia/cerebro/neurociencia-amor-como-se-enamora-nuestro-cerebro_971

https://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-enamorado_a12240.html

 

 

 

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