Cuando llora TÚ Bebé. Neurociencia de instinto de protección

CryBaby

La familia es el primer grupo (y el más básico) en las especies sociales. Si, además, son altriciales, como la humana (es decir con una descendencia extremadamente dependiente) el cuidado de su prole se convierte en imperativo para su supervivencia. Nuestra larga historia evolutiva ha precisado, por tanto, de un complejo catálogo de interacciones entre la persona adulta y el individuo en desarrollo, cuya principal señal ha sido LLORAR.  Y es que es fundamental para el indefenso neonato, comunicar sus necesidades a quién pueda/deba protegerle.

Esta necesidad, no es única de la familia humana, sino que se da en otros grupos animales. No obstante, en buena lógica evolutiva, el llanto en las crías se ha aparejado a la aparición de patrones de conducta de cuidado parental. De hecho, salvo Ceratophrys ornata (un sapo argentino cuyos renacuajos emiten llamadas de angustia, aun cuando en su especie no se produce cuidado de la prole) en el resto de los grupos conocidos por presentar “lamentos infantiles”, éstos se traducen en respuestas de protección pautadas por parte de sus progenitores. El llanto, por tanto, debe ser reconocido (e interpretado) por los adultos “a cargo” y, lo sorprendente es que,  los sonido emitidos por las crías estudiadas, hasta hoy, comparten, mayoritariamente  características acústicas muy similares en cuanto a duración del grito, frecuencia fundamental o tono. Ejemplo de ello se encuentran en ciertas especies de ciervos, los lamentos de crías de lobos marinos, o las del murciélago canoso, entre otras.

Este hecho sugiere que circuitos cerebrales específicos (pero similares) pueden mediar en la capacidad de respuesta de adultos hacia bebés. Así ,diversos datos recogidos muestran similitudes conductuales, entre la respuestas que el llanto desencadena en las diferentes especies, y que siempre son rápidas y sintónicas en los sujetos adultos.

No obstante, la cría (y, obviamente, en este sentido también el bebe humano) no cuenta, solo, con sus gritos y lágrimas para desencadenar respuestas de protección y consuelo.  Por supuesto, una de las fuentes esenciales de señales comunicativas es su “carita” redondeada y de grandes ojos que reclaman la atención materna (porque, aunque algunos hay, en la naturaleza, los padres que se implican en el cuidado de su prole no abundan).  De modo genérico la crianza y protección de la descendencia va ligada a la hembra que la gestó.  No obstante, existen bases biológicas que favorecen el desarrollo de una paternidad comprometida y activa, mediada por la hormona principal en la formación de lazos familiares: la oxitocina. En concreto, en la especie humana, valoraciones realizadas en plasma y saliva de esta molécula muestran que, los niveles de oxitocina alcanzados, correlacionan con la intensidad de la interacción de los padres, que estaban cuidando a sus bebes de entre 4 y 6 meses de edad. En esta línea, el análisis de la función cerebral paterna, ha demostrado que cuanto mayor es el compromiso en la nutrición y cuidado prestado a sus descendientes, mayor era su actividad específica en las regiones relacionadas con los circuitos de recompensa. Por tanto, se puede afirmar que el cerebro de los varones, está perfectamente capacitado para el disfrute de la crianza. De hecho los cerebros (tanto de hombres como mujeres) ante caras infantiles, activan varios sistemas neuronales, que incluyen la corteza premotora lateral, el área motora suplementaria, la corteza cingulada, la ínsula anterior y el tálamo. No son unas áreas al azar, obviamente, su activación sugiere la preparación de los adultos para el comportamiento comunicativo con sus bebés, así como el apego y el cuidado. De este modo, la corteza premotora y el área motora suplementaria, tienen que ver con la planificación del habla y del movimiento; el giro fusiforme, está involucrado en el reconocimiento facial y las cortezas, insular y cingulada, participan en la activación emocional, la empatía, la vinculación y  la recompensa.

Por otro lado, un proceso tan básico y vital es, lógicamente, independiente de modulaciones culturales.  De hecho estudios realizados con madres de diferentes culturas han evidenciado que se responde igual al estímulo del “llanto de bebé” se sea de dónde se sea, pero, aunque cualquier lloro genera repuesta afectiva, ésta es, sin duda más intensa y específica, cuando es, concretamente, SU bebe. Se distingue claramente de entre otros sonidos y se identifica ESE llanto en particular. Además, ese sonido, activa las mismas regiones cerebrales asociadas a la acción de cogerlo en brazos y hablarle en los cerebros adultos. La respuesta se produce en regiones neurales primitivas, como el cerebro medio y el cuerpo estriado, relacionadas con el cuidado maternal. Se sabe que cada bebé puede emitir llantos en situaciones diferentes pero lo hacen para transmitir las mismas necesidades. O sea que hambre, sueño, incomodidad o dolor, se traducen en códigos bastante universales. Y, extremadamente efectivos: Llorar como forma de comunicación del recién nacido tiene en la madre receptora un intenso resultado de liberación de hormonas y neurotransmisores (como, la ya mencionada, oxitocina, o la noradrenalina, que desencadena una repuesta de alerta generalizada, con un fuerte correlato vegetativo que afecta desde  la frecuencia cardíaca a la conductividad de la piel).

En definitiva, si SU bebé llora, la madre responderá cogiéndole en brazos y hablándole inmediatamente.  Esta reacción coordinada se habrá generado porque el llanto provocó mayor actividad en las regiones asociadas con la preparación para el movimiento e intención de moverse , es decir el área motora suplementaria y, también activó varias regiones implicadas en el habla y el procesamiento de los sonidos como áreas de Broca y giro temporal superior del cerebro.

Sin embargo, por supuesto, el estado físico de la madre influirá decisivamente en la respuesta neural  al llanto de un bebé. En este sentido existen datos que indican que la actividad en la corteza fronto-insular derecha y la red límbica subcortical se asocia con el estado mental de la madre.  Y esto es importante porque, las conductas cuidadoras relacionadas con el apego materno, requieren que las madres regulen su angustia relacionada con el hecho de la crianza. Pero el reajuste hormonal asociado al post-parto provoca la aparición, no infrecuente, de cuadros depresivos. Pues bien, diversos resultados recogidos muestran que, las madres deprimidas, en comparación con las sanas, aumentan las respuestas de tipo “amenaza” ante el llanto de los bebés y de desregulación en el contexto del apego. Se podría decir que, en estas condiciones, el llanto es percibido como un reto demasiado duro e inafrontable. Es por tanto vital, para madre y bebé, que se identifiquen pronto (¡cuanto antes, de hecho!) estos problemas fisiológicos para paliarlos…

Y lo mismo para cualquier evento que aumente el estrés sobre la familia que cría, porque, aunque innata, la respuesta protectora ante un bebé que llora es, no obstante, modulable. Y no siempre, lamentablemente, para mejor, (lo que debería ser tenido en cuanta, sobretodo, en tiempos de crisis). Por ejemplo se han encontrado evidencias de que, la desventaja socioeconómica, puede aumentar los niveles de angustia, lo que puede hacer que las madres sean más vulnerables a las dificultades de la crianza. De hecho hay datos que muestran que, el estrés percibido asociado con la pobreza, puede contribuir a la reducción de las respuestas neuronales al llanto infantil, que se asociarían a percepciones menos positivas de la maternidad. En definitiva, y puesto que las respuestas de los padres y madres a su descendencia está influenciada, de manera crucial, por el estrés, habrá que facilitar al máximo que los estresores se minimicen.

O sea que habrá que proteger a las familias. En nuestra especie toda la sociedad está llamada a ello y, con el apoyo grupal, a facilitar el desarrollo de los menores… Y es que ya lo decía el viejo el proverbio africano: Para educar a un niño(o una niña, claro está) hace falta la tribu entera.                                                                                                                               Para saber más:

https://elpais.com/elpais/2017/10/20/ciencia/1508523413_073663.html

https://www.guiainfantil.com/articulos/bebes/interpreta-el-llanto-de-tu-bebe/

https://www.bebesymas.com/bebes-de-0-a-6-meses/el-instinto-de-proteccion-se-activa-en-el-cerebro-adulto-al-ver-un-bebe

Species-specific response to human infant faces in the premotor cortex AndreaCaria; Simonade Falcob Paola Venuti Sangkyun Lee Gianluca Espositob Paola Rigo Niels Birbaumer Marc H. Bornsteine,  NeuroImage,  60, 2, 2, 2012, 884-893.

Neurobiology of culturally common maternal responses to infant cry. Bornstein MH, Putnick DL, Rigo P, Esposito G, Swain JE, Suwalsky JTD, Su X, Du X, Zhang K, Cote LR, De Pisapia N, Venuti P. Proc Natl Acad Sci U S A. 2017.

Depression alters maternal extended amygdala response and functional connectivity during distress signals in attachment relationship. Ho SS, Swain JE. Behav Brain Res. 2017 May 15;325(Pt B):290-296.

Parent-child intervention decreases stress and increases maternal brain activity and connectivity during own baby-cry: An exploratory study. Swain JE, Ho SS, Rosenblum KL, Morelen D, Dayton CJ, Muzik M. Dev Psychopathol. 2017 May;29(2):535-553.

Socioeconomic disadvantages and neural sensitivity to infant cry: role of maternal distress. Kim P, Capistrano C, Congleton C. Soc Cogn Affect Neurosci. 2016 Oct;11(10):1597-607.

Right Frontoinsular Cortex and Subcortical Activity to Infant Cry Is Associated with Maternal Mental State Talk. Hipwell AE, Guo C, Phillips ML, Swain JE, Moses-Kolko EL. J Neurosci. 2015 Sep 16;35(37):12725-32.

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