¡Ya huele a Feria!

Feria (2)
Decía la copla:”Ya huele Feria, que ole, ya huele a Feria… Y se ponen alegres, que ole, la gente seria”.Y es verdad, hay olores que nos traen a la cara sonrisas (como los hay que nos la borran del rostro…) La sofisticada fragancia de un perfume que, ineludiblemente, se une a una persona en concreto, o el sencillo aroma de un plato que alguien solía guisar para nosotros, nos llevan, inmediatamente, al recuerdo emocionado… Los olores tienen la cualidad de activar nuestra memoria, de hacernos recordar.

La facultad para recordar es una función cerebral. La memoria le da al sujeto la capacidad para aprender de sus experiencias ya que codifica, almacena y, sobretodo, le permite recuperar, la información del pasado. Este proceso es resultado de la plasticidad sináptica de áreas concretas del cerebro que, con su conectividad, forman redes neuronales que sustentan la respuesta al estímulo. Lo cierto es que, el olor, induce el recuerdo de forma inmediata y, probablemente, más intensa que ningún otro tipo de estímulo…Y, obviamente, la razón también está en el cerebro: en una pequeña estructura, llamada bulbo olfatorio, y sus conexiones, especialmente, con el hipocampo y la amígdala.

El bulbo olfatorio es fundamental para detectar los olores. Está situado, en la especie humana, en la parte posterior de las cavidades nasales. Son dos protuberancias sobre el epitelio olfativo y por debajo de los lóbulos frontales que participan en la transmisión de información olfativa desde la nariz hasta el cerebro. El olfato es un sistema básico de quimio-recepción imprescindible para supervivencia del individuo. Gracias a él se pueden reconocer los alimentos y su estado antes de ingerirlos (siendo su olor el mejor de los indicadores). También es esencial para identificar miembros de la familia (es un clásico, el efecto calmante que, en un bebe, tiene arroparlo con una prenda usada por su madre, por ejemplo). Así mismo, en muchas especies, ha mostrado tener una gran ventaja adaptativa poder reconocer el olor de un depredador cercano, o de posibles parejas en el momento del celo adecuado… Y, por ello, un sistema muy especializado detecta las sustancias químicas volátiles. En él, cada célula receptora enviará un único axón al bulbo olfatorio y las neuronas del bulbo olfatorio iniciarán el procesado de la información olfativa remitiéndola al resto del encéfalo, destacando, en este diseño, la intervención de la amígdala, (zona de control emocional) y ciertas áreas corticales. En general, el aprendizaje asociativo entre olores y respuestas conductuales se inicia en la amígdala. Los olores sirven como los estímulos reforzantes o aversivos durante el proceso de aprendizaje asociativo. Además indirectamente, la información se procesará otras áreas cerebrales, siendo especialmente importante la conexión entre bulbo e hipocampo ya que, este último, juega un papel fundamental en la memoria y el aprendizaje. Muchos procesos de memoria olfativa ocurren en el momento en que ciertas neuronas del hipocampo disparan sus potenciales de acción asociándose con otra señal recibida, como es un aroma, impulsando la rememoración de aquello con lo que se asoció. El resultado será que cuando aparezca de nuevo ese olor, en concreto, se causará el recuerdo del evento relacionado y que emocionó tiempo atrás…

Y , así, el olor del algodón de azúcar o el “pescaito frito” llevara el ánimo, de nuevo, a esa reunión de amigos, baile y música que llamamos Feria de Abril.
Para saber más:
NEIL R. CARLSON , 2014; Fisiología de la conducta. 11Ed .Editorial: PEARSON;             ISBN: 9788415552758
https://es.wikipedia.org/wiki/Bulbo_olfatorio https://es.wikipedia.org/wiki/Hipocampo_(anatom%C3%ADa)
https://psicologiaymente.net/neurociencias/hipocampo

Anuncios

Por mi culpa, por mi gran culpa. El cerebro “Penitente”

Nazareno

Sentirse culpable es un estado emocional frecuente en el ser humano, que se aprende desde la infancia. La culpa surge cuando hay un contraste entre lo que se tiene por ideal, y lo que se ejecuta en realidad. Si lo que se hace está en desacuerdo con los principios y valores que el individuo sostiene y acepta, entonces, aparece el sentimiento de culpabilidad. Por tanto, la culpa, se originaría por algo que se debe cambiar o mejorar y sería, claramente, adaptativa. Sentirse culpable (como cualquier otro patrón de conducta) tiene su origen en un complejo circuito de conexiones neurales, que se activa, durante el proceso de valoración que conduce, a la persona, a tomar conciencia de la inadecuación de sus actos. En este sentido, el avance en las técnicas para el estudio del funcionamiento cerebral, está proporcionando un fecundo campo de experimentación para localizar dónde residen todas las emociones como, la maldad y la bondad, el amor o el odio y, claro, la culpa.

Las emociones han sido objeto de estudio de la Biología en general y la Etología en particular desde los trabajos de Darwin. “The Expression of the Emotions in Man and Animals” (1872) marca el inicio de las investigaciones en conducta emocional. El científico británico mantenía, ya entonces, que la gestión de las emociones era innata, aunque admitiendo la posibilidad de aprendizaje que incrementaría la probabilidad de que el sujeto (y su especie) se adaptasen a un medio ambiente en continua modificación. La Neurobiología de las emociones, ha permitido delimitar como el cerebro establece ciertos mecanismos de regulación de los estados de placer y de dolor, de recompensa y de castigo. Por tanto, las emociones son definidas como patrones de respuestas químicas y neurales, cuya función es contribuir al mantenimiento de la vida del sujeto. Así, las mismas estructuras neuroanatómicas que sustentan el control y la regulación los diferentes estados fisiológicos, participan del mantenimiento del equilibrio emocional. de este modo se originan las denominadas emociones primarias (felicidad, tristeza, miedo, ira, sorpresa y aversión/asco) y secundarias o sociales (vergüenza, celos, orgullo y por supuesto, culpa). Por ejemplo, el tronco del encéfalo se encuentra implicado en prácticamente todas las emociones; en la amígdala se localiza, entre otros, el origen del miedo o la rabia, el hipotálamo y la corteza prefrontal ventromedial parecen ser las responsables de tristeza o ira; y la corteza cingulada anterior, parece jugar un cierto papel en la toma de consciencia de la emoción. Además, se liberan hormonas de varios tipos en la corriente sanguínea, que se dirigen, por una parte, hacia diversas zonas periféricas del organismo, y, por otra, hacia distintas zonas cerebrales. Un delicado conjunto de interacciones que integran todo el comportamiento emocional.

Respecto, específicamente a la investigación sobre la génesis del sentimiento de culpa, la neuroimagen ofrece la posibilidad de saber qué sucede en las distintas áreas del cerebro cuando el sujeto se enfrenta a concepto de “responsabilidad” sobre algo o alguien. Se escoge ese paradigma para el estudio porque, dado que responsabilidad es la cualidad por la que el individuo se ve obligado a responder de sus actos u opiniones, esto le  ha de conducir a contraer deudas o compromisos de reparación de las consecuencias de su supuesto delito, con la consiguiente valoración moral. Por esta vía, alguien que es responsable de algo, y no satisface su compromiso, sufre de un íntimo sentimiento de vergüenza y culpa.  Fisiológicamente, de entre todo el enorme circuito del cerebro emotivo, al parecer, ambas emociones se generarían en estructuras muy próximas.

De nuevo, estudios de neuroimagen (realizados en personas a las que se les pedía que recreasen situaciones que les generaran sentimientos de culpabilidad o vergüenza), mostraron activación en el lóbulo temporal en ambos casos. Dentro de las áreas temporales, no obstante, la vergüenza activó el cíngulo anterior y el giro para-hipocampal, mientras que la culpa se reflejó en una mayor actividad del giro fusiforme y el temporal medio. De forma específica, el sentir vergüenza parece que activa también áreas del lóbulo frontal (giros frontales inferior y medio) mientras que el sentirse culpable se asociaría con la actividad del sistema límbico vía  amígdala e ínsula. Los experimentos realizados muestran, además, ciertas diferencias de género ya que, en el caso de la culpa, las mujeres sólo mostraban activación de las áreas temporales mientras que, los hombres, activaron también algunas zonas frontales, occipitales y la amígdala.

En definitiva, una red neuronal hace que aparezca la culpa y, con ella, da la oportunidad al individuo de emprender la modificación de una situación no  deseada  (ni deseable)… Y, en cerebro, también se ha de iniciar la “Redención”, ¿siendo, por tanto, éste el significado biológico de la “Penitencia”?

De hecho, la respuesta parece encontrarse en la evidencia de que el dolor mitiga el sentimiento negativo que provocó la falta cometida. El malestar físico puede aliviar el sufrimiento mental. Existen investigaciones, al respecto, que indican que se generaría un comportamiento de búsqueda de dolor físico para proporcionar una suerte de “purga emotiva” de los sentimientos de culpa o vergüenza. El cerebro se vuelve “penitente” y, al parecer, el castigo auto-infringido, produce el efecto de consuelo y perdón deseado. Ahí estaría, por tanto, el origen neurofisiológico del éxito de los diferentes rituales de “expiación de los pecados.”

Para saber más:

Neurobiology of emotion at a systems level. En J.C. Borod (eD.): The Neuropsychology of Emotion. Adolphs, R. y Damasio, A.R. (2000). Oxford: Oxford University Press.

FISIOLOGIA DE LA CONDUCTA (11ª ED.) Neil R. Carlson, 2014

The Expression of the Emotions in Man and Animals Darwin, C.R. (1872/1965).. Chicago: University of Chicago Press.

BIOLOGIA DEL COMPORTAMIENTO HUMANO: MANUAL DE ETOLOGIA HUMANA, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, 1993

LA EMOCIÓN DESDE EL MODELO BIOLÓGICO. F. Palmero: http://reme.uji.es/articulos/apalmf5821004103/texto.html

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/51/el-dolor-mitiga-la-culpa-8808

http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/la-verguenza-y-la-culpa-vecinas-en-el-cerebro-831407742415

http://elpais.com/elpais/2015/04/10/ciencia/1428694015_335589.html

 

Investigar para entender. Entender para curar: Estudiando la depresión con modelos animales

RatasDeLab

El Día Mundial de la Salud, se celebra, cada 7 de abril, para conmemorar el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud, ofreciendo una oportunidad única para concienciar a la sociedad, en su conjunto, en torno a un tema de sanitario específico. En 2017 el tema escogido es la depresión.

La depresión es un trastorno mental muy extendido que puede afectar a cualquier persona, de cualquier edad y en cualquier condición socio-cultural. Sin embargo, parece que esta patología (tan frecuente, tan común… ¡Tan devastadora!) sigue estando infradiagnosticada y, por ello, obviamente, son muchas las personas que necesitarían tratamiento, y no lo reciben. Además, hay que luchar contra cierta “trivialización” de su estado pues, un individuo deprimido, siente una angustia mental tal, que puede incapacitarle para llevar a cabo incluso las tareas cotidianas más sencillas. Una depresión, no tratada, puede impedir que la persona afectada participe en su vida familiar o desarrolle una adecuada actividad laboral  Incluso, en los casos más severos, el estado depresivo puede conducir al suicidio.

Este hecho, por sí mismo, en pura lógica, bastaría para justificar la necesidad de, no sólo continuar sino, incrementar las investigaciones acerca de las causas y evolución de la enfermedad: Investigar para entender. Entender para curar. Dos ideas que deben subyacer a cualquier programa de promoción de la salud mental, en general, y de lucha contra la depresión en particular. Y es que se trata de una enfermedad de la que, aunque se ha aprendido mucho, aún se ignoran muchos aspectos.

La depresión cursa con una profunda tristeza que se manifiesta, orgánicamente, con una inhibición de las funciones neurofisiológicas y con serios trastornos de la conducta. Por tanto, la depresión es un drama humano que se ha convertido en un importante problema de Salud Pública. Según la propia Organización Mundial de la Salud afecta a unos 121 millones de personas en el mundo, de los que menos del 25% tienen acceso a tratamientos. Es evidente que, por la magnitud y gravedad del problema, es prioritario, tanto obtener diagnósticos adecuados, como desarrollar terapias eficaces contra la depresión. Y la base para el éxito en esta empresa es ejecutar proyectos de investigación innovadores. Puesto que no parece existir una causa única para la depresión, diseños experimentales complejos e interdisciplinares, que aborden los efectos combinados de factores genéticos, bioquímicos y neurofisiológicos han de conducir a prevenir, tratar de manera eficaz y, finalmente, vencer a la enfermedad.

Existen, ya, algunas evidencias sobre que ocurre en la “mente que se deprime”. Las tecnologías para obtener imágenes del cerebro como la resonancia magnética, han demostrado que el sistema nervioso central de las personas con la enfermedad, presenta diferencias evidentes con quienes no la padecen, mostrando importantes discrepancias en la distribución de algunos neurotransmisores. De hecho, los neurotransmisores implicados, han mostrado ser una vía de acceso al control de la patología muy potente, destacando notablemente uno en concreto: la serotonina. Esta amina (la 5-hidroxitriptamina), es un neurotransmisor que se produce a partir del aminoácido triptófano. Es un mensajero químico que se libera entre las células nerviosas regulando la intensidad de su actividad. Está muy establecido que los niveles de serotonina desempeñan un papel clave en el sistema nervioso central y en el funcionamiento general del organismo. En este proceso, son claves las enzimas monoamino-oxidasas que catalizan la oxidación y la degradación de estas moléculas. Los delicados equilibrios entre producción, transporte y degradación de la serotonina pueden desencadenar (pero también enmendar) la aparición de la patología depresiva. Y es que la depresión, incluso en los casos más graves, es una enfermedad que se puede tratar medicamente. Los fármacos antidepresivos normalizan las sustancias químicas naturales del cerebro de diversas formas. Así, destacan por su amplia distribución, los que actúan aumentando los niveles de serotonina en el encéfalo, como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y el grupo de los tricíclicos (llamados así por su estructura química). Por su parte los inhibidores de la monoamino-oxidasa enlentecen la degradación del neurotransmisor.

Es importante señalar que todos estos medicamentos (y otros abordajes terapéuticos) inician su desarrollo en los experimentos con modelos animales. Los ensayos con animales han sido cruciales para el avance en la búsqueda y desarrollo de nuevas terapias contra la enfermedad. El modelo más empleado en el estudio de la depresión fue diseñado, en la década de los 70 del siglo pasado, por Martin Seligman basándose en los protocolos de “condicionamiento clásico”. El concepto clave es la “indefensión aprendida” consistente en que el sujeto asume que, a pesar de los esfuerzos individuales realizados, determinada situación no puede ser cambiada. Este hecho, genera un sentimiento de desesperanza que vuelve al individuo del experimento muy vulnerable. El diseño académico implica que el animal de experimentación (en general ratas) aprenda a reaccionar mediante un salto a una descarga eléctrica, que sigue al sonido de un timbre, según una respuesta refleja totalmente “pauloviana”. Cuando el timbre, por sí sólo, origina el salto del animal, las descargas dejan tanto de ser previsibles como de poder evitarse con la conducta aprendida. Este cambio provoca, en el animal, una inhibición completa de su reactividad y diversos efectos vegetativos (algunos muy severos) ante su impotencia para defenderse del peligro al que se haya expuesto. Esta “indefensión aprendida” es en todo similar a la sintomatología presentada en cuadros depresivos por lo que, entender qué estructuras neurales se modifican, o dañan, en todo este proceso (y repararlo en su caso), ha sido la principal herramienta para enfrentarse a la depresión. Gracias a ello existe una definición más precisa de la enfermedad, y los abordajes farmacéuticos y terapéuticos son cada vez mejores.

Los llamados modelos in vivo permiten la aplicación de técnicas de análisis que solo son accesibles en estos diseños brindando datos que, de no ser obtenidos así, no se lograrían ya que, mediante técnicas alternativas, los resultados no siempre reproducen lo que ocurre en el organismo integro. Las investigaciones pre-clínicas con ensayos con animales, por tanto, resultan imprescindibles para el desarrollo de posibles terapias que conduzcan, tanto a la prevención, como al tratamiento de la enfermedad.

La utilización de modelos animales es vital para el avance en Bio-Medicina, pero desde luego, el uso de animales en investigación impone la responsabilidad de cumplir unas estrictas normas éticas. La investigación con animales requiere la observancia rigurosa del principio de las “tres R” que obliga a buscar los protocolos que permitan: Reemplazar los animales en la investigación siempre que sea posible; Reducir el número de animales utilizados a los estrictamente necesarios para obtener resultados significativos y válidos para la investigación y Refinar los métodos empleados para mejorar el bienestar de los animales usados en la investigación. Estas “tres R” y escrupulosos protocolos bioéticos, garantizan, el adecuado diseño experimental, cuando éste requiere el manejo de animales. La sociedad debe saber que el uso de animales en Ciencia, está regulado y extremadamente justificado, ofreciendo datos muy valiosos ya que, los resultados recogidos en animales de experimentación, son extrapolables, y generalizables, a los seres biológicamente similares (incluida la especie humana).

Es importante contar con el consenso social sobre el uso de animales en investigación, desde la plena seguridad en el cumplimento de los más altos estándares de bienestar de los sujetos experimentales, que sólo se utilizan cuando no existe alternativa alguna; porque desde el conocimiento, que en gran medida se consigue gracias a los modelos animales (como el que diseñado por Seligman) se han de desarrollar nuevas terapias cada vez más selectivas, con menos efectos secundarios y más eficaces generando todo un “círculo virtuoso “de más conocimiento para progresar más y viceversa. Con más Ciencia surgen más preguntas y, todas ellas, han de derivar en la recuperación de la salud.

La depresión se puede prevenir y tratar de manera eficaz. Cuanto más se conoce sobre sus causas, su evolución y su tratamiento, más posibilidades de recuperación tienen las personas afectadas ya que, saber más contribuye a que un número mayor de personas reciba la ayuda que precisa. Pero para ello, se ha de trabajar, también, más, pues aportar investigación, es la principal herramienta para, inicialmente, coadyuvar a la necesaria superación de la estigmatización, que suele acompañar al desconocimiento de lo que es la depresión pero, sobretodo, para que, al final, se  llegue a la curación definitiva de la enfermedad .

Para saber más:
The endogenous and reactive depression subtypes revisited: integrative animal and human studies implicate multiple distinct molecular mechanisms underlying major depressive disorder”. K. Malki, R. Keers, MG.rTosto, A. Lourdusamy, L. Carboni, E. Domenici, R. Uher, P. McGuffin y LC .Schalkwyk; BMC Med. (2014); 12: 73.
“Animal models of major depression and their clinical implications”, B. Czéha, E. Fuchse, O. Wiborgd, M. Simong; Progress in Neuro-Psychopharmacology and Biological Psychiatry Vol. 64, (2016); 293–310.
Animal models of recurrent or bipolar depression” T. Kato, T. Kasahara, M. Kubota-Sakashita, T.M. Kato, K. Nakajima; Neuroscience, Vol. 321 (2016); 189–196.
“Helplessness: On Depression, Development, and Death”. San Francisco: W. H. Freeman. (1075); M.E.P. Seligman.
“Psychology the science of behavior” (2010) N.R. Carlson, Pearson Canada.
“Prevalencia de la depresión en España: Análisis de los últimos 15 años”, F. Cardila, A. Martos, AB. Barragán, MC. Pérez-Fuentes, MM. Molero, JJ. Gázquez. http: // dx.doi.org/10.1989/ejihpe.v5i2.118

http://www.understandinganimalresearch.org.uk                                                     http://www.faseb.org                                                                                                                 http://www.basel-declaration.org
https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/depresion/index.shtml
http://eara.eu/es/tag/comision-europea/
https://icono.fecyt.es/informesypublicaciones/Documents/2012%20-%20Gu%C3%ADa%20de%20Desarrollos%20Precl%C3%ADnicos%20(document_13136629682).pdf
http://www.cosce.org/pdf/Documento_COSCE_Comision_Animal_Research.pdf