¡Tú no mami! (pero casi)… ¡Feliz día del padre!

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El hetero-patriarcado ha configurado un rol de padre que se ha creído “inmutable” durante mucho tiempo dentro de un modelo “clásico” de familia. Al padre se le otorgaba la responsabilidad de proteger y encauzar a su prole por “el buen camino” mediante el ejercicio jerárquico de la autoridad. Por suerte, no obstante, esa figura paterna que, hasta hace bien poco, era la del jefe de familia, al que se profesaba respeto (si no cierto miedo) ante su disciplina, se ha deslizado hacia la de un padre, cercano y solidario, que disfruta de la experiencia del desarrollo de la crianza. Este disfrute de la paternidad cuestiona el estereotipo de masculinidad, asociado tradicionalmente a la fuerza y el poder, para empezar a ejercer una relación, más duradera y comprometida, en la que, hoy día, muchos hombres viven su paternidad de una forma intensa, afectiva y satisfecha.

Es justo afirmar ya que no hay un sólo tipo de padre y que,  la paternidad se experimenta, individualmente, en la vida de cada sujeto. En este sentido, existen trabajos que clasifican a los padres en tres grandes grupos: los” intensos” (que incluye a aquellos hombres que se han centrado en la atención de su descendencia) los “responsables” (constituido por el grupo que entiende, y asume, su responsabilidad en la crianza y está dispuesto a sacrificar horarios de trabajo o aficiones para estar más tiempo “en casa”) y los” complementarios” (que apoyan desde “el exterior” ya que ven las labores paternas con mayor naturalidad en una mujer que en ellos mismo). En definitiva, una relación, la de los padres con sus hijos e hijas,  que está cambiando y, con ello, ha de modificar patrones de conducta en los grupos humanos.

Sin embargo lo cierto es que, en la naturaleza, los padres que se implican en la crianza de su prole no abundan. En aquellos grupos en que lo hacen, entre los parientes más próximos del género Homo (es decir, los mamíferos) la implicación de los machos depende de los efectos de ciertas hormonas. Concretamente, destaca la oxitocina, como responsable del establecimiento de las relaciones de apego entre individuos y, en los procesos de formación de lazos familiares. Por tanto, existen algunas bases biológicas que soportan el desarrollo de una paternidad comprometida y activa. En la especie humana, de hecho, se han recogido datos, en plasma y saliva, de este neuropéptido que demuestran que estos niveles correlacionan con la intensidad de la interacción de los padres que estaban cuidando a sus bebes de 4 a 6 meses de edad. Además, un padre desarrolla una relación muy poderosa con sus hijos e hijas que se manifiesta en una actividad cerebral específica en las regiones relacionadas con los circuitos de recompensa.

Por tanto, se puede afirmar que el cerebro de los varones, está perfectamente capacitado para el disfrute de la crianza. Entonces ¿qué ha pasado con todos esos hombres que, durante siglos, han sido “padres ausentes”?…

Hay una hipótesis demoledora al respecto, pues resulta curioso que se haya probado que, la experiencia emocional de las personas que tienen una talante emprendedor y las respuestas cerebrales hacia su propia empresa, se parecen a las de los padres frente a sus propia descendencia. El empleo de técnicas de resonancia magnética cerebral, ha permitido corroborar que, los empresarios varones que se auto-clasificaron como muy unidos con su compañía, mostraron una supresión similar de la actividad en la corteza cingulada posterior, la unión temporo-parietal y la corteza prefrontal dorso-medial, a la que presentaban padres afectuosos durante la visualización de imágenes de sus propios hijos e hijas frente a otros menores . Además, la intensidad emocional se ponía de manifiesto en la amígdala y el núcleo caudado donde unos y otros evidenciaban el grado de su vinculación: Es cierto, para algunos empresarios, su compañía es su “criatura” y existe un “amor empresarial” que, de alguna manera, suplanta el parental apoyándose en estructuras cerebrales asociadas con la recompensa y el procesamiento emocional, así como la comprensión social.

Por suerte la recuperación del rol del padre, que se entrega y disfruta de la crianza, puede (y debe) poner las cosas de nuevo en su sitio…
Para saber más:
Entrepreneurial and parental love-are they the same? Halko ML, Lahti T, Hytönen K, Jääskeläinen IP. Hum Brain Mapp. 2017 Mar 13.
Moxitocinahers report more child-rearing disagreements following early brain injury than do fathers. Bendikas EA, Wade SL, Cassedy A, Taylor HG, Yeates KO. Rehabil Psychol. 2011
Maternal and paternal plasma, salivary, and urinary oxytocin and parent-infant synchrony: considering stress and affiliation components of human bonding. Feldman R, Gordon I, Zagoory-Sharon O. Dev Sci. 2011 Jul;14(4):752-61.
Brain responses differ to faces of moxitocinahers and fathers. Arsalidou M, Barbeau EJ, Bayless SJ, Taylor MJ. Brain Cogn. 2010 Oct;74(1):47-51.
Nuevos padres

 

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Sin π no soy nada: El instinto matemático.

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¿Es “natural” hacer cuentas? ¿Hay un “instinto matemático“?¿Es posible que exista un “cerebro que goza” con la aritmética y  el álgebra?… Las preguntas son pertinentes porque aunque  casi (y sin casi) de vergüenza decirlo, habrá que admitir que, las Matemáticas (así, en general), provocan, ya desde la escuela, cierta “hostilidad” (las  “Mates” no son precisamente populares entre el alumnado sino, más bien, temidas cuando no detestadas) Pero es una opinión injusta (MUY INJUSTA) y tomada a la ligera pues, la realidad es, que cada día, miles de veces al día, todas personas ( y no solo ellas: es algo más bien frecuente en el Reino Animal) compararan, suman o sustraen cantidades …Y determinadas regiones corticales resultan activadas durante estas tareas así que:

¿Cómo “se llevan” cerebro y Matemáticas? … ¡Pues divinamente!

Cuantificar y calcular ha demostrado tener una enorme ventaja adaptativa: El cerebro de bastantes especies puede hacer “trabajos aritméticos” (por ejemplo, la capacidad de aproximar o comparar cantidades está presente en primates no humanos o aves, entre otros). Por tanto, como todo lo que es importante para la supervivencia, está capacitación ha devenido en la especialización, en esa tarea, de una determinada región cerebral. Así, hay algunos elementos de la anatomía (y momentos del desarrollo del cerebro), directamente vinculados con el pensamiento matemático.

Para empezar, parece bastante probado que, algunas áreas de la corteza (en concreto la parietal lateral y la temporal ventral) codifican para representaciones de cantidades y dígitos. De hecho, existen experimentos que muestran que cuando las personas realizan “tareas aritméticas” en sus cabezas se activan “centros de Matemáticas”. Estudios de neuro-imagen, electrofisiología o sobre lesiones cerebrales, han implicado al lóbulo parietal en esta “tarea numérica” de modo que el cerebro, en esa zona, ante   [5 ] o [cinco]  o [*****] identifica  y “sabe” que son lo mismo.

Esta es la base de la “Teoría del Código Triple” que establece que, el cerebro humano, contiene tres representaciones numéricas diferentes: la cantidad simbólica, la verbal y la abstracta, y que cada una, está codificada en una región cerebral distinta. En este esquema, el código de magnitud se localizaría en los sulcos intraparietales bilaterales (activándose cuando se tiene que estimar o comparar las cantidades); el código visual, se situaría en las áreas occipito-temporales ventrales inferiores (siendo responsable del procesamiento de las formas “dibujadas “de números , en general “dígitos árabes”, y la aritmética); y, por último, el código verbal se encontraría en las áreas relacionadas con el lenguaje en la región temporo-parietal izquierda, (involucrada en el acceso a la memoria de los hechos aritméticos permitiendo, con ello, que los números estén representados fonológicamente).

Dependiendo de las demandas de la tarea, estas regiones del cerebro interactuarían entre sí, de una forma organizada (por ejemplo, durante el  reconocimiento visual simple de un número frente a la determinación del menor entre varios o, reconociendo el vocablo que identifica a la cifra).Se trata por tanto de un proceso fascinante y complejo en el que, la existencia de múltiples lazos de retro-alimentación entre estas regiones corticales, operarían en diferentes etapas de procesamiento numérico.  Así, cuando se identifican diferentes dígitos, en el lóbulo parietal izquierdo se inicia una cadena de acontecimientos, comparando números en lo profundo de la hendidura post-central derecha. Si, además, se empieza a “operar” con las cifras (por ejemplo multiplicando) se provoca una fuerte activación de la hendidura interparietal izquierda. Pero es que, si se hace más de una operación, se causará una mayor activación en el lóbulo prefrontal, así como en la región anterior del surco interparietal derecho. En definitiva, se trata de un proceso que va “reclutando estructuras “ especializadas con cada tarea.  De su correcta ejecución depende la exactitud en las operaciones realizadas y la eficacia en el cálculo elaborado.

Así que, es hay un “cerebro calculador” que, además, necesita “recordar” como hacerlo (osea que, otro mito a derribar, es que las Matemáticas no necesitan memoria). De hecho, se ha evaluado la relación entre, el desempeño en tareas algebraicas y de agudeza en el manejo numérico y, la experiencia en álgebra, implica la formación de un esquema de memoria para la estructura básica de las ecuaciones. El sistema se ejercita y mejora con la práctica. Por tanto, estas habilidades se van perfeccionando con procesos de aprendizaje a lo largo de la vida…

Y a lo “largo de una que vida” en la que, la adolescencia, es la etapa en el que las capacidades cognitivas (que han empezado a formarse durante la infancia) se refinan y , por tanto es, precisamente, durante este periodo de intensa transformación cerebral, donde las estructuras neurales muestran su mejor predisposición al aprendizaje matemático. Es obvio que hacer, entonces, una estimulación adecuada permitirá aprovechar la plasticidad del cerebro al máximo (y en el mejor momento).

Sería muy interesante que, las gentes que enseñan Matemáticas, tomaran en consideración todos estos hallazgos en Neurociencia y, apoyándose en el desarrollo neurofisiológico, facilitaran en su alumnado la aparición y  evolución del pensamiento matemático…

Quizás así las “Mates” pierdan, de una vez por todas, su más que inmerecida “mala fama” y más gente se de cuenta de que “Sin π no soy nada”

Para saber más:

Mapping human temporal and parietal neuronal population activity and functional coupling during mathematical cognition Daitch, A.L.; Foster,B.L.;   Schrouff, J; Rangarajan,V.; Kaşikçi, I.; Gattas,S. y Parvizi (2016) J.PNAS vol. 113 no. 46.

Brain activity during arithmetic in symbolic and non-symbolic formats in 9–12 year old children. Peters, L.;  Polspoel , B.;  Op de Beeck H. y  De Smedt, B.  (2016), Neuropsychologia. Volume 86, 19–28

Individual Differences in Algebraic Cognition: Relation to the Approximate Number and Sematic Memory Systems . Geary, D.C.; Hoard, M.K.; Nugent, L. y  Jeffrey N. RouderJ.N. (2015). J Exp Child Psychol. 2015 Dec; 140: 211–227..

Cerebro, cognición y Matemáticas.  Radford, L. y André, M. (2009)  Revista latinoamericana de investigación en matemática educativa. vol.12 no.2 .

Functional imaging of in numerical processing adults and 4–y–old children. Cantlon, J. F., Brannon, E. M., Carter, E. J. y  Pelphrey, K. A. (2006). PLOS Biology 4 (5), 844–854.

The change of the brain activation patterns as children learn algebra equation solving. Qin, Y., Carter, C. S., Silk, E. M., Stenger, V. A., Fissell, K., Goode, A. & Anderson, J.R. (2004). PNAS 101(15), 5686–5691.

How educational theories can use neuroscience data. Mind, Brain and Education Willingham, D., T. & Lloyd, J. W. (2007). 1 (3), 140–149.