Sorpresa: ¡Tenía razón!…Bárbara McClintock y el maíz

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Decía Séneca que «No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va». Igualmente cierto es, no obstante que, nada puede parar a la verdad cuando se abre paso (aunque, lamentablemente, si frenarla). Los hallazgos de la estadounidense Bárbara McClintock en el maíz muestran, cuan cierta es, esta última afirmación.Bárbara se especializó en citogenética en los años 20, pero tardó, unas cuantas décadas, en que su descubrimiento se reconociera con el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1983.

Su historia con la Ciencia, comienza con sus estudios sobre los cambios que se producen en los cromosomas durante la reproducción del maíz. Empleando protocolos de microscopía desarrollados en su laboratorio, identificó fenómenos esenciales como la recombinación genética que se produce durante la meiosis (proceso que permite la generación de gametos en las especies). Fue, de hecho, diseñadora de una técnica para visualizar cromosomas. Con estos protocolos consiguió relacionar caracteres que se heredaban conjuntamente con segmentos cromosómicos (análisis del ligamiento). Su trabajo con el maíz le llevó también a hipotetizar que debía existir una estructura en los extremos de los cromosomas que los estabilizaran (ósea los “telómeros”, que hoy son conocidos por su importancia en los procesos de envejecimiento, por ejemplo). Sin embargo, siendo con todo esto, muy obvia la importancia de su aportación científica, la revolución conceptual vino de su descubrimiento del proceso de” transposición de elementos del genoma”.

Bárbara extrajo de sus experimentos datos para explicar cómo los genes determinan ciertas características físicas y, en una época en que los genes se imaginaban como “entes cuasi-estáticos “planteó la idea de que la transmisión de los caracteres parentales a la progenie dependía de ciertos “movimiento en los cromosomas “, descubiertos en las plantas de maíz. McClintock dilucidó el mecanismo subyacente al fenómeno generador de pautas de color en semillas de maíz, y su herencia genética. Descubrió que, ciertos lugares del cromosoma (loci), eran elementos” transponibles” que podían, por tanto, cambiar su posición en el cromosoma.

Esta aproximación cambió el concepto del genoma: No se trataba de un conjunto de instrucciones fijas, que pasa de generación en generación, sino una estructura “dinámica”. Semejante afirmación en palabras de la propia McClintock recibió del resto de la comunidad científica, una respuesta como de «perplejidad e incluso hostilidad».

Pero, de cualquier manera, McClintock continuó con la línea de investigación (aunque, habría que reconocer que abandonó en parte la publicación de sus resultados al respecto). Y lo cierto es que, para que se valorara adecuadamente, fue preciso que se “redescubriera” está “movilidad génica” cuando este proceso fue descrito por otros autores en bacterias y levaduras mucho tiempo después.

No debió ser fácil para Bárbara aceptarlo pues, para el ser humano, es duro no contar con el apoyo de su grupo de identidad. Hay que tener gran auto-confianza en el trabajo realizado para seguir creyendo en él aún cuando no se consigue convencer a “los miembros pares” de nuestra comunidad , ya que tenemos una innata necesidad de búsqueda de aprobación.

Y no todas la opiniones son valoradas igualmente: Se busca el reconocimiento de nuestro “grupo de referencia” (en el caso de McClintock el resto de investigadores) aquel cuya valoración, nos aporta crédito y estatus. No se olvide que, en tanto que miembros de la gran familia Primate, la especie humana es social y, su pertenencia a un grupo un factor identitario básico. Esta interacción entre la opinión del entorno y como se reacciona ante ella se establece en el cerebro, activando mecanismos que procesan las emociones básicas y competencias sociales. El centro del proceso es la amígdala (esa pequeña estructura de nuestro cerebro cuya función es la gestión emocional, en general; y, en particular, interpretar las señales de hostilidad y peligro, de afecto o confianza). En ese circuito participan también corteza prefrontal, surco temporal o corteza occipital, entre otras. Un funcionamiento apropiado de toda esta compleja red garantiza la autoestima y creatividad que ha de permitir soportar un rechazo inicial cuando el sujeto SABE QUE TIENE RAZÓN.

Cuando, por fin, se obtiene el reconocimiento del mérito de lo conseguido, justamente, el cerebro desencadena una clara sensación de satisfacción. Y es que queremos ser queridos, que no se nos rechace, ni se nos desmerezca.

Una investigación rigurosa y unos hallazgos potentes, como los de McClintock, deben imponer la evidencia de los hechos. Los descubrimientos incontestables deben conducir al reconocimiento social al final y, con ello, a la satisfacción personal del sujeto.

Por suerte, aunque tarde, (muy tarde) Bárbara McClintock, lo consiguió.

Para saber más:
https://en.wikipedia.org/wiki/Barbara_McClintock

Campelo, F.F. “ Gestión de la autoestima en las organizaciones” (2016) 73–92: Quitándole ambigüedad y brindando nitidez a los fundamentos de nuestras relaciones

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Mucho más que hacer fotos: Rosalind Franklin

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Rosalind Elsie Franklin fue biofísica y cristalógrafa, de hecho, las técnicas por ella desarrolladas, establecieron la base de los resultados que valieron el Nobel de Química, en 1982, a Aaron Klug “por el desarrollo de los métodos cristalográficos para descifrar la estructura de los complejos proteínicos de los ácidos nucleicos”. Klug era su discípulo y, es posible, que tal vez, de haber seguido con vida, ambos hubieran compartido el galardón. Sin embargo la muerte truncó, muy prematuramente, todo: Esta brillantísima científica, perdió la vida, más que probablemente, debido a su total entrega a una investigación, de cuyos riesgos, apenas se tenía conocimiento.

Franklin hizo muchas aportaciones con su quehacer en el laboratorio pero, si por algo es conocida, es por el trabajo que hizo posible la observación de la estructura del ADN, mediante imágenes tomadas con rayos X. Lamentablemente, falleció cuatro años antes de que la Academia Sueca premiara a las personas implicadas en que, se reconociera, que se habían abierto las puertas a la compresión de las bases moleculares de la herencia genética. Franklin murió por un tumor de ovario que probablemente estaba relacionado con su trabajo sin protegerse de los rayos X. Un sacrificio personal, que permitió desentrañar las bases moleculares de la heredabilidad de los caracteres genéticos, pero que pudo dañar su propio ADN y desencadenar el cáncer. De hecho, sin sus hallazgos, no sabríamos dónde buscar el origen de esta terrible enfermedad….

Pero el premio fue a parar, sólo, a Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick. No puede concederse el nobel a título póstumo, es cierto, pero no lo es menos, que fue muy injusto que, durante la entrega del mismo, ni siquiera se mencionase que imagen de difracción de rayos X obtenida por Franklin (conocida como la “Fotografía 51”) dio la clave para interpretar la doble hélice del ADN …

Y es que el impacto del trabajo de Franklin va mucho más allá “de una foto”: Permitió comprender que las bases del ADN se apareaban en una doble hélice y con ello la replicación del ADN y , saber cómo se organizan las bases en la doble hélice puso, en manos de la investigación, herramientas para explorar como, a lo largo del desarrollo, se expresan unas características y otras no…

En definitiva ya que, todos los organismos vivos, se organizan con las instrucciones de sus ácidos nucleicos, su trabajo está detrás de cualquier avance en la compresión de los secretos de la transmisión de la vida.

Fue una heroína, alguien que, como decía Aristóteles, hizo de la excelencia no un acto, sino un hábito.

Para saber más:

https://es.wikipedia.org/wiki/Rosalind_Franklin

http://esmateria.com/atomos/rosalind-franklin-gran-cientifica-en-la-sombra/

Sin rencor a pesar de tu jefe: Jocelyn Bell y el olvido

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Mirar al cielo sin sentir cierto sobrecogimiento es casi imposible. El ser humano no puede (ni debe) evitar la seducción por lo que existe más allá del pequeño, aunque fascinante, mundo que habita…Y eso le pasaba a la joven Susan Jocelyn Bell, una astrofísica norirlandesa que descubrió la primera radioseñal de un púlsar junto a su tutor de tesis, el doctor Hewish. Púlsares son «estrellas pulsantes» de neutrones cuyo periodo de pulsación aumenta cuando disminuye su velocidad de rotación. Algunos púlsares, con periodos extremadamente constantes, han sido utilizados para calibrar instrumentos de precisión. Jocelyn Bell, en Cambridge, había colaborado en la puesta en marcha de un radiotelescopio. El hecho es que los quásares habían sido descubiertos hacía poco, y este aparato se diseñó para usar los destellos interplanetarios en su estudio, ya que constituían una suerte de fuente astronómica de energía electromagnética. En este proyecto, Bell detectó un pequeño patrón en los registros de las lecturas. Así, descubrió que se trataba de un pulso regular, de alrededor de uno por segundo, y le puso el divertido nombre de Little Green Man 1, (LGM1; Hombrecillo verde 1). El descubrimiento de las “estrellas pulsantes” fue reconocido con un Premio Nobel que, sin embargo, olvidó la aportación del Bell. Lo cierto es que desde el principio la exclusión de Jocelyn Bell, entre los galardonados con el Premio Nobel, causó, como poco, controversia entre sus colegas. Sin embargo, ella afirma no lamentarlo sino que, bien al contrario, cree que”le ha ido mejor en la vida sin ese galardón”.

Esta afirmación, ante tamaña injusticia demuestra que, Jocelyn Bell no solo es una de las científicas más brillantes de nuestra era, sino un ejemplo de la buena gestión ante la adversidad… Ósea como vivir sin rencor. Por salud mental.

Superar un agravio sufrido puede evitar desequilibrios físicos graves por lo que hay que elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos. Obviamente, se trata de una manifestación de grandeza moral pero es que, además, tiene resultados beneficiosos para la persona que es capaz de hacerlo. A lo largo de la vida, todo el mundo pasa por momentos duros, con amistades que no fueron leales o, como en el caso de Jocelyn, con un jefe desconsiderado. En respuesta a las emociones dolorosas, los individuos pueden reaccionar con ira, hostilidad y deseo de venganza. Y sería lógico.

Pero hay una alternativa que incluye renunciar al resentimiento. Lo interesante, es que existen estudios que han probado mediante imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) que, la superación de la ofensa, se asocia con la activación de la red neuronal implicada en la teoría de la mente, la empatía y la regulación del afecto, incluyendo estructuras como la corteza prefrontal y parietal. Gracias a este circuito “contra el rencor” el cerebro posee los mecanismos para hacer un procesado cognitivo y emocional, que erradique la hostilidad crónica, la rumia de los acontecimientos pasados, y  sus efectos adversos.

Toda la Fisiología se basa en la búsqueda del mantenimiento del equilibrio interno, también en la gestión emocional de lo que nos ocurra. Así, hay una función homeostática de los procesos de toma de decisiones, que permitan al individuo restablecer su equilibrio emocional subjetivo, después de haber sufrido un evento interpersonal hiriente.

Y “Pasar Página.”

Para saber más:
How the brain heals emotional wounds: the functional neuroanatomy of forgiveness”. Ricciardi E, Rota G, Sani L, Gentili C, Gaglianese A, Guazzelli M, Pietrini P. Front Hum Neurosci. 2013.
“Beyond prejudice: are negative evaluations the problem and is getting us to like one another more the solution? Dixon J, Levine M, Reicher S, Durrheim K. Behav Brain Sci. 2012.
“Forgiveness and psychopathology: psychobiological and evolutionary underpinnings”. Stein DJ, Kaminer D. CNS Spectr. 2006.

… Y así la señora Mentén ayudó a controlar la depresión: la Mujer detrás de la Fórmula

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La vida es una colección de reacciones químicas, en sucesión, en paralelo, en serie o a la vez, en fase o desfase… Que esas reacciones se produzcan en la velocidad y el momento adecuados son la causa de salud o enfermedad, de alegría o tristeza. De cómo se realicen esas reacciones se ocupan unas biomoléculas fascinantes: LAS ENZIMAS.

Las enzimas son proteínas que catalizan reacciones químicas, ósea hacen factible que se produzca una reacción que, siendo energéticamente posible, transcurre a una velocidad muy baja. Pero las enzimas son extremadamente selectivas con sus sustratos y, su velocidad de transformación en productos, crece solo con algunas reacciones y, por tanto, el conjunto de enzimas presentes en una célula determina el tipo de metabolismo que puede llevar a cabo dicha célula.

Una joven investigadora fue la responsable de que hoy se pueda cuantificar y predecir este proceso: Maude Leonora Menten. Ella fue la científica canadiense que en 1912 en la Universidad de Berlín, trabajando con Leonor Michaelis, diseñó el modelo matemático que permite definir a qué velocidad se dará una reacción en presencia de la enzima adecuada. En definitiva, puso los pilares de lo que se denomina cinética enzimática. Juntos propusieron un modelo simple para explicar la mayoría de las reacciones catalizadas por enzimas. En este modelo la enzima se combina, reversiblemente, con su sustrato para formar un complejo enzima-sustrato que cuando se rompe formará el producto de la reacción y regenerará a la enzima.

Una consecuencia de su trabajo es que permitió definir la constante de Michaelis-Menten (Km) que es característica de cada enzima y particular para su sustrato. Este parámetro Km no varía con la concentración de enzima, pero informa sobre su “eficacia”. Así una Km pequeña refleja una alta afinidad de la enzima por su sustrato porque, a una baja concentración del mismo, la enzima ha conseguido que la reacción alcance la mitad de la velocidad máxima de generación de producto. Mientras que una Km alta implica una baja afinidad de la enzima por su sustrato y, sólo a una concentración elevada del mismo, la enzima conseguirá desarrollar la mitad de su velocidad máxima de reacción.

Las enzimas están presentes en todos los procesos metabólicos…Y enzimas son las “monoamino oxidasas” (MAO).

Las MAO (aunque fueron descubiertas por Mary Hare en el hígado) están presentes en el sistema nervioso, en neuronas y astroglía catalizando la reacción que utiliza el oxígeno para eliminar un grupo amino de una molécula, resultando el correspondiente aldehído y amonio. En concreto, las MAO catalizan la degradación de neurotransmisores como la serotonina.

En tanto que enzimas, de la velocidad que las MAO permitan para que se dé la reacción, depende el tiempo que los neurotransmisores tienen para circular por el cerebro. Debido a este papel clave en la inactivación de la serotonina, entre otros, las disfunciones de la MAO (por exceso o defecto de actividad) son causantes de algunos de los trastornos neurológicos más frecuentes, como la depresión. Por ello, las investigaciones farmacológicas se centraron entonces en controlar la cinética de este grupo de enzimas diseñando inhibidores de la misma: los conocidos I-MAO (uno de los más importantes tipos de medicamentos prescritos para el tratamiento de la enfermedad)

De modo que conocer cómo controlar la velocidad de la reacción química resultó ser vital para la salud mental…Y así la señora Mentén ayudó a controlar la depresión.