“El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!”: Rita Levy-Montalcini y el Factor de Crecimiento Neuronal.

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Cada enero, inevitablemente, surge una especie de nostalgia causada por la evidencia del paso del tiempo… Tiempo que, en su transcurso, cansa y desgasta. Cada enero conviene, por ello, repasar la peripecia vital de alguien que, como Rita Levi-Montalcini, hizo cierto que merece la pena dar vida a los años, y no sólo años a la vida… ¡Y lo hizo llenando más de un siglo de experiencias y compromiso!

Decía Rita Levi-Montalcini que, para vivir mejor los años que se vivan, la clave estaba en mantener curiosidades, empeños y tener pasiones… La de ella fue la Ciencia. Y descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso. Sin embargo no le fue fácil convencer a la comunidad científica de ello (durante casi medio siglo sus hallazgos estuvieron en entredicho) no obstante, la solidez de su trabajo hizo innegable aceptar su validez y en 1986 se le concedió el premio Nobel.

Nacida en Turín, era la menor de cuatro hijos de una familia sefardí y, desde niña, tuvo el empeño de estudiar. Su padre, sin embargo, como probablemente todos los padres de los años 20, quería casarla bien… Pero ella anhelaba algo diferente: hacer de la búsqueda del conocimiento y la responsabilidad social el centro de su vida. Deseaba ayudar a las personas que sufrían. Así, en 1930 se matriculó en la Facultad de Medicina y se graduó con la máxima calificación en 1936 (en las puertas del inicio de la” Gran Tragedia Europea”). De hecho, en 1938 Benito Mussolini publicó el “Manifesto per la Difesa della Razza”, que prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional, lo que, en realidad, implicaba su separación de, la que empezaba ser, una muy brillante labor investigadora. Pero la palabra rendición no estaba en el diccionario de Rita: En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, montó, a la luz de las velas, un laboratorio secreto en su dormitorio, donde estudiaba el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo. Finalizada la guerra, aceptó una invitación de la Universidad Washington, bajo la supervisión de Viktor Hamburger y fue allí donde culminó su trabajo acerca del factor de crecimiento nervioso (NGF), por el que acabaría recibiendo, junto a Stanley Cohen, el premio Nobel.

El desarrollo del sistema nervioso empezó a comprenderse con el descubrimiento de la señales químicas que lo dirigían, de ahí la trascendencia de los trabajos de Rita Levy-Montalcini. Así, en el embrión, a partir de una placa neural (una zona engrosada de la capa ectodérmica), el tubo neural se diferencia formando el encéfalo y la médula espinal. En este proceso la presencia de factores neurotróficos como el propio NGF es vital. El NGF, lógicamente, es una proteína muy conservada en la escala filogenética, constituyendo su presencia una condición necesaria para la supervivencia y crecimiento de las neuronas inmaduras. Según modelo de funcionamiento más aceptado, la producción durante el período embrionario de cantidades pequeñas de factores neurotróficos, debido a su limitada disponibilidad espacio-temporal, provoca que los axones de las neuronas susceptibles a estas moléculas compitan por el factor. Los axones que han tenido acceso a los factores neurotróficos sobreviven y forman conexiones, mientras que los otros degeneran y, de esta forma, se desarrollan las vías nerviosas.

Además, el NGF ejerce sus funciones también fuera del sistema nervioso central. El factor actúa a través de la estimulación de la síntesis hepática de las hormonas de crecimiento; o, a través de receptores específicos, en el desarrollo y la función de los ovarios; estimula angiogénesis en diferentes tejidos; aumenta la proliferación de las células endoteliales… Y, aún queda mucho trabajo pendiente sobre el papel de la molécula descubierta por la Dra. Levy-Montalcini (de hecho, por ejemplo, se estudia su posible utilidad en las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer).

Y es que la Ciencia siempre está planteándose nuevos retos y, detrás de cada hallazgo, surge una nueva pregunta. Rita Levy-Montalcini lo sabía. Y sabía que, en la búsqueda de las respuestas, todos los cerebros, de todas las etnias, de hombres y de mujeres, eran necesarios, y que había que trabajar por facilitar el acceso de todas las personas al conocimiento. Por eso, toda su vida, fue ejemplo de integridad en el trabajo científico y compromiso con la sociedad, ayudando a niñas desfavorecidas a tener acceso a la educación. En 1994 creó la Fundación que presidió hasta su muerte, dedicada a prestar ayuda a la formación a todos los niveles de mujeres jóvenes, sobretodo en África. Además, el 16 de octubre de 1999, fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y, el 1 de agosto de 2001, Carlo Azeglio Ciampi, entonces presidente de la República Italiana, la designó senadora vitalicia.

En definitiva, la vida ejemplar de una MUJER, tan inteligente como valerosa y comprometida con la igualdad de género o, lo que es lo mismo, con la dignidad de todos los seres humanos. Porque, ciertamente, el cerebro no se arruga, la mente no se para y, el tiempo, se gana llenándolo de nuevos retos.

Para saber más:

“Elogio de la imperfección”. RITA LEVI-MONTALCINI. Ediciones B, S. A.(1989).

“El factor de crecimiento nervioso en la neurodegeneración y el tratamiento neuro-restaurador”. L. Lorigados-Pedre, J. Bergado-Rosado. REV NEUROL (2004); 38: 957-71.

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/35/el-factor-de-crecimiento-nervioso-2632

http://www.huffingtonpost.com/cesar-leo-marcus/rita-levimontalcini-una-m_b_2411739.html

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