¿¡Felices Fiestas!?:NeuroBiología de los días “señalaítos”

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Se las denomina “fechas entrañables” o “jornadas especiales”, se marcan en rojo en los calendarios y, lo más importante, llegan una y otra vez: ¡Son los días “señalaitos”!. Cualquier persona sabe cuáles son, y barrunta cuándo tocan, pero ¿existe alguna razón biológica, que sustente esta constante antropológica, para buscar reincidencias temporales vestidas de “fiestas de guardar”?… El caso es que, si se mira su distribución, se puede vislumbrar que la respuesta es afirmativa ya que, la vida en la Tierra, se desarrolla cíclicamente y prever los cambios que, rítmicamente, se han de producir, una y otra vez, ha tenido y sigue teniendo, una enorme ventaja adaptativa. Esta sería la base del éxito de los ritmos biológicos que habrían surgido, en el curso de la evolución, en respuesta a determinadas variables ambientales cíclicas que varían en el planeta.

Fotoperiodo (que se adivina como el más extendido) temperatura, humedad, salinidad, etc. actúan como claves temporales. Todas estas circunstancias ambientales, que se repiten, aportan información al sujeto que las percibe y se han venido a denominar “zeitgebers” (del alemán Zeit, tiempo; geber, dador). Los seres vivos que fueron capaces de interpretar adecuadamente estas “señales” obtuvieron una notable ventaja selectiva, entre sus congéneres, y evolucionaron “asimilando” el tiempo externo a su propia organización temporal. Siguiendo un principio de homeostasis predictiva, esta detección permitiría al sujeto sincronizarse con el ambiente. Así, las especies se han adaptado a diferentes nichos temporales (adquiriendo hábitos diurnos o nocturnos) o han “programado” su ciclo de reproductivo, de tal forma que, el nacimiento de sus crías coincida con la mayor disponibilidad de nutrientes, por ejemplo. Como consecuencia, cualquier actividad vital, sea de la índole que sea (desde la excitabilidad nerviosa, a las modificaciones endocrinas, pasando por las diferentes pautas de conducta) se desarrollarán con un patrón rítmico, en respuesta a los “relojes biológicos” del individuo.

Estos “cronómetros endógenos”, que se ajustan de acuerdo con la duración de estos ritmos extrínsecos, se clasifican según su duración en relación con el fotoperiodo. Según esto, se denominan ritmos circadianos a aquellos cuyos procesos se repiten cada 24 horas aproximadamente. Es evidente que son ritmos ligados a la rotación de la Tierra, y a las consecuencias que lleva consigo sobre la variación de la luz, temperatura, etc. y subyacen al establecimiento del ciclo sueño-vigilia entre otros. Huelga decir, lo importante que resulta, para el sujeto, mantener su actividad cuando las condiciones ambientales son las adecuadas para ello, como por ejemplo con visibilidad para cazar (¡o para huir!). Estas modificaciones diarias son muy notorias pero también existen otras variaciones cíclicas que afectan a los organismos Así, los ritmos infradianos presentan periodos superiores a 24 horas (es decir, el evento ocurre menos de una vez al día) como el patrón hormonal de las hembras de mamíferos. También existen ritmos ultradianos que ocurren en ciclos fisiológicos de 20 horas o menos, como las modificaciones de la fiebre o los niveles de glucosa en la especie humana. Es decir, existe una “programación temporal” de la fisiología de los organismos.

La reproducción, en este sentido, es un ejemplo interesante de como “relojes biólogos” internos del sujeto y “donadores de tiempo” ambientales interactúan. A través de las variaciones del eje hipotálamo-hipofisario se genera un mecanismo de conexión entre las variaciones ambientales (fundamentalmente el fotoperiodo) y los citados ciclos de origen endógeno, que son prácticamente ubicuos y se mantienen tras períodos prolongados de aislamiento ambiental (esta última característica es de gran trascendencia, pues implica que se trata de una condición intrínseca del sujeto). Así, el grupo entra en celo en una época concreta, lo que optimiza fertilidad y viabilidad de las crías, y esto ocurre a pesar que se modifiquen las condiciones externas. Es decir, se generan cambios hormonales y metabólicos por el organismo que no dependen del ambiente que lo rodea (lo que significa que está codificado genéticamente). Sin embargo, no es una circunstancia irreversible. Si la modificación ambiental persiste, el sistema se puede “reprogramar” (por ejemplo porque el grupo se haya trasladado a una latitud diferente de forma duradera). En cualquier caso, este hecho implica que los ritmos circadianos precisan procesos capaces de medir el tiempo con gran precisión. El concepto de “reloj biológico” se refiere a este grupo de procesos. En los vertebrados, retina, glándula pineal y núcleo supraquiasmático, son las estructuras implicadas en el funcionamiento de este “marcapasos circadiano” capaz de “medir el tiempo”.

El núcleo supraquiasmático tiene un metabolismo celular muy interesante. De hecho, la actividad de sus neuronas, es consecuencia de la oscilación en la expresión de un amplio conjunto de genes que forman asas de retroalimentación transcripción-traducción. Son los genes que controlan los relojes biológicos.

El más conocido, de estos genes “ritmicos”, Clock (de sus siglas en inglés “Circadian Locomotor Output Cycles Kaput”), codifica la proteína CLOCK que parece afectar tanto la persistencia como la duración de los ciclos circadianos. CLOCK es un factor de transcripción capaz de dimerizar in vivo con otra interesante proteína: BMAL-1 y, así, afectar la expresión de los genes Period y Timeless. Se cree que los productos dimerizados de los genes clock y bmal-1 (CLOCK/BMAL1) funcionan como factores de trascripción que se unen en los promotores de varios de los genes per, entre otros. Las proteínas producto de estos los genes forman heterodímeros que, cuando modifican su estructura, son más estables que los monómeros o que los homodímeros, y además son capaces de ser traslocados al núcleo (donde inhiben su propia trascripción al desplazar al complejo CLOCK/BMAL del promotor). Ciclos como este, de expresión-inhibición (en la que la propia proteína es precisa para regular la expresión rítmica de su ARMm) son el origen del reloj interno en la célula.

En el caso de las neuronas del supraquiasmático, sincronizan su actividad con la cantidad de luz ambiental detectada en los ojos. Para ello,se emplea la información que recibe de la retina. La retina contiene, no sólo fotorreceptores que permiten distinguir formas o colores, sino que, también, presenta células ganglionares con un pigmento llamado melanopsina, las cuales a través del tracto retino-hipotalámico llevan la información luminosa al mencionado núcleo supraquiasmático. De hecho la lesión bilateral de esta estructura produce la desorganización del patrón circadiano, que caracteriza tanto conductas como parámetros fisiológicos. Así mismo, la estimulación eléctrica o química de estos núcleos induce cambios similares a los provocados por la exposición a la luz.

En definitiva, para el cerebro, de cómo el calendario pasa sus hojas, se encarga la actividad cíclica endógena en este núcleo y su patrón de conexiones que (aunque modulado desde fuera) una y otra vez repite su actividad. El núcleo supraquiasmático toma esta información sobre el ciclo luz/oscuridad externo, la interpreta, y la envía al ganglio cervical superior. La ruta de determinación cronológica continúa, desde aquí, con la señal redirigida a la glándula pineal que secreta la hormona melatonina. La secreción de melatonina es baja durante el día y aumenta durante la noche. Se trata de una hormona derivada de la serotonina (lo que por si mismo es indicativo de su importancia en la gestión de los estados de ánimo) afectando tanto a los ritmos circadianos como los estacionales. O sea que, desde el punto de vista de la evolución biológica, la glándula pineal representa un tipo de fotorreceptor atrofiado aunque, en algunas especies de anfibios y reptiles, se presenta como un órgano vestigial, conocido como “ojo pineal”.

Todo un complejo circuito de detección de la luminosidad que permite al sujeto ajustar su actividad con eficacia. La duración de la luz ambiental cambia a lo largo de las estaciones en las latitudes medias del planeta y esta modificación anticipa la llegada de la abundancia en primavera o el descenso de actividad invernal…Y con ello esos días “señalaítos” de modo que…

¡Feliz solsticio! ¡qué es lo que toca!…

Para saber más:

  • “Suprachiasmatic Nucleus and Subparaventricular Zone Lesions Disrupt Circadian Rhythmicity but Not Light-Induced Masking Behavior in Nile Grass Rats”. Gall AJ, Shuboni DD, Yan L, Nunez AA, Smale L. J Biol Rhythms. 2016;31(2):170-81.
  • “Lithium effects on circadian rhythms in fibroblasts and suprachiasmatic nucleus slices from Cry knockout mice”. Noguchi T, Lo K, Diemer T, Welsh DK. Neurosci Lett. 2016;619:49-53.
  • “Real-Time Recording of Circadian Per1 and Per2 Expression in the Suprachiasmatic Nucleus of Freely Moving Rats”. Yamaguchi Y, Okada K, Mizuno T, Ota T, Yamada H, Doi M, Kobayashi M, Tei H, Shigeyoshi Y, Okamura H. J Biol Rhythms. 2016;31(1):108-11.
  • “IA Channels Encoded by Kv1.4 and Kv4.2 Regulate Circadian Period of PER2 Expression in the Suprachiasmatic Nucleus”. Granados-Fuentes D, Hermanstyne TO, Carrasquillo Y, Nerbonne JM, Herzog ED. J Biol Rhythms. 2015;30(5):396-407.
  • “Suprachiasmatic nucleus as the site of androgen action on circadian rhythms”. Model Z, Butler MP, LeSauter J, Silver R. Horm Behav. 2015;73:1-7.
  • “Vasoactive intestinal polypeptide (VIP)-expressing neurons in the suprachiasmatic nucleus provide sparse GABAergic outputs to local neurons with circadian regulation occurring distal to the opening of postsynaptic GABAA ionotropic receptors”. Fan J, Zeng H, Olson DP, Huber KM, Gibson JR, Takahashi JS. J Neurosci. 2015; 4;35(5):1905-20.
  • “Temporally chimeric mice reveal flexibility of circadian period-setting in the suprachiasmatic nucleus”. Smyllie NJ, Chesham JE, Hamnett R, Maywood ES, Hastings MH. Proc Natl Acad Sci U S A. 2016 Mar 29;113(13):3657-62.
  • “The Circadian Clock Gene Period1 Connects the Molecular Clock to Neural Activity in the Suprachiasmatic Nucleus”. Kudo T, Block GD, Colwell CS. ASN Neuro. 2015;7(6).
  • “El núcleo supraquiasmático y la glándula pineal en la regulación de los ritmos circadianos en roedores”. Aguilar-Roblero R, Guadarrama P, Mercado C,y Chávez JC. TEMAS SELECTOS DE NEUROCIENCIAS III ED. JAVIER VELÁZQUEZ MOCTEZUMA UAM, 2004; 321.
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Lo quiero TODO y lo quiero YA… Lo que enseña la Neurociencia a la Clientela

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Comprar es un acto voluntario… ¿O quizás no? …El cerebro y sus circuitos neuronales pueden explicar si se quiere o se necesita (que no es lo mismo) adquirir algo. Tan importante ha llegado a ser este comportamiento que, la sociedad humana (al menos en el denominado mundo desarrollado) ha generado un tipo de agrupación que ha venido a llamarse “Sociedad de Consumo”. Pero, por ser miembro de esta Sociedad, en tanto que factor identitario, cada sujeto modifica su propio concepto de individuo, basándose en su papel de “cliente”, “proveedor” etc… Por tanto, el consumo, no es solo un proceso asociado a la satisfacción de las necesidades y deseos de los agentes económicos, sino un factor que condiciona la conducta de cada sujeto.
Cada persona desarrolla una serie de comportamientos y de toma de decisiones, condicionadas por las estructuras sociales a las que pertenece. Así, en la “Sociedad de Consumo”, una de las actividades de ocio principales de la población será la adquisición de bienes o servicios adicionales, con los que se satisfacen deseos de “estatus social” o “requerimientos materiales”. Esta es la clave del interés del estudio desde el punto de neurobiológico de la “Economía de Mercado”, ya que se trata de un proceso que debe responder a necesidades básicas y lo hace produciendo “recompensas” emocionales. De hecho, este proceso de activación de los mecanismos de recompensa se pone de manifiesto en algunas personas que desarrollan conductas adictivas (son los individuos que sufren un trastorno de compra compulsiva). Sin llegar a estos extremos, no obstante, todos los miembros de la “Sociedad de Consumo”, eligen y toman la decisión de adquirir bienes que le generaran cierto grado de satisfacción.
Tomar decisiones, para cada individuo, es una actividad cerebral continua. Elegir entre varias opciones puede parecer una tarea simple, pero es el resultado de una compleja actividad neuronal. Se trata de poner en marcha un conjunto de “funciones ejecutivas” (entendidas como las capacidades de establecer soluciones a un problema novedoso) llevando a cabo predicciones de las posibles consecuencias, que pueden acarrear, cada una de las soluciones imaginadas. Los seres humanos emplean esas capacidades cognitivas en cada conducta que desarrollan….Y comprar se ha convertido en una muy importante.

Ya no se trata (que también) de proveerse de productos necesarios, sino que se compran bienes o servicios emocionalmente y luego se intentan justificar dichas compras. En este sentido, un área del cerebro jugará un papel central: la amígdala. Esta estructura cerebral estará en el origen de que se decida comprar algo porque se “desea”. Sólo después la corteza intentará razonar hasta conseguir explicar por qué “se necesita”.

Establecido esto, es evidente que la Fisiología puede explicar perfectamente los mecanismos que conducen a una buena venta, ya que la clientela responderá positivamente a aquellas ofertas que se hagan sobre dos pilares fundamentales: Por un lado, las “Necesidades básicas” (es decir, esencialmente alimentación y seguridad) y, por otro, la “Respuesta emocional “ (especialmente si cree que un producto por su exclusividad, o porque sus existencias son ya muy limitadas, etc, le pueden ayudar para ganar en “prestigio” en la estructura jerárquica de su grupo base) .

El sujeto decidirá adquirir el producto y todo su cerebro participará en ello. Así, dado que la toma de decisiones pone en juego numerosos procesos cognitivos (como, procesamiento de estímulos presentes en la tarea, recuerdo de experiencias anteriores o estimación de las posibles consecuencias de las diferentes opciones) todos estos procesos requieren la implicación de las funciones cerebrales “ejecutivas”. Al escoger un producto, su necesidad (física o emocional) activará el proceso racional de contabilizar o comparar las pérdidas y ganancias que resultan de una elección determinada. La anticipación de las posibles consecuencias de una elección, generará respuestas somáticas de origen emocional que guiarán el proceso de toma de decisiones permitiendo una conducta social apropiada.

Se han identificado algunas regiones corticales y subcorticales que intervienen en diferentes procesos relevantes para la toma de decisiones. Se trata de aquellas encargadas de la integración de la información sensorial, mnésica y emocional (en concreto, corteza prefrontal ventro-medial), las responsables del procesamiento y codificación de la señal emocional y su asociación con estímulos contextuales (es decir, la amígdala), y las que monitorizan el proceso e inhibición de respuesta, especialmente en situaciones de incertidumbre (corteza cingulada). Por último, aunque con cierto debate, se admite, la participación de la corteza prefrontal dorso-lateral ya que estaría implicada en la necesaria activación de la memoria de trabajo.

Se hipotetiza, que todas estas regiones, actuarían en dos sistemas diferentes que intervendrían interactuando entre sí al tomar una decisión. Así, un sistema sería el desencadenante del comportamiento impulsivo o de la amígdala, mientras que, un segundo sistema, sería el encargado de conductas reflexivas basadas en la activación de la corteza prefrontal ventro-medial, sensible a las futuras consecuencias de la decisión tomada (¡o la compra realizada!). Es interesante señalar que, el acto de comprar, por tanto, comparte estructuras nerviosas con cualquier mecanismo reforzado por la recompensa (y, por ello, potencialmente adictivo). En este sentido, el primer sistema responde a lo que está presente en el momento de la elección y proporciona respuestas motoras o viscerales rápidas. El segundo sistema, en cambio, emplea la experiencia previa para con ello, basándose en la anticipación, generar respuestas emocionales que guíen las decisiones a tomar.

En cualquier caso, es evidente que la región crítica es la corteza prefrontal ventro-medial. Esta área se estructura, a su vez, en tres subsistemas: en primer lugar la ínsula y la corteza somato-sensorial (que contribuirían a representar patrones somáticos de estados afectivos y motivacionales); en segundo, un subsistema compuesto por la corteza prefrontal dorso-lateral y el hipocampo, (esenciales para gestión de los recuerdos y las funciones ejecutivas, necesarias para la toma de decisiones); y por último, las áreas implicadas en la inhibición de conductas, es decir, la región cingulada anterior y el cerebro basal.

En definitiva que “Ir de Compras” pone en marcha circuitos cerebrales bien conocidos. Por tanto, cualquier plan de marketing (en tanto que dirigido a mejorar los resultados de ventas), no puede obviar esos hallazgos sobre cómo y por qué un individuo se convierte en cliente.Es más, conocer a la clientela potencial conduce, directamente, a otro concepto fundamental de las Neurociencias: la “Teoría de la Mente”.

La “Teoría de la Mente” es una de las piezas fundamentales de los estudios sobre la cognición social. Con este nombre, se incluyen las investigaciones que abordan los procesos que subyacen a la comprensión de la conducta desarrollada por otros. Así, cuando interaccionan dos sujetos, cada uno de sus cerebros construye una conjetura sobre lo que el otro piensa. La explicación fisiológica de este proceso está en la existencia de unas neuronas particulares denominadas “espejo”. Estas neuronas (localizadas en el área premotora del lóbulo frontal , por delante de la corteza motora primaria) se activan, en un sujeto, cuando observa a otro realizar cualquier actividad: Las mismas regiones que “generarían” una conducta se “encienden” para su reconocimiento al ser llevada a cabo por otros. Este es el origen de las investigaciones sobre la empatía. Es obvio que, estas neuronas “espejo” juegan un papel fundamental en la “Teoría de la Mente” y ésta, a su vez, es crucial para entender a los comportamientos sociales. Pero no únicamente de modo “teórico”: Para para comprender como se decide adquirir un objeto dado, en la práctica, es básico: Se compra ¡por imitación!… Comprender esto permite dimensionar la importancia que tienen (y tendrán cada día más) los trabajos en Neuromarketing en el éxito de las ventas.
Para saber más:
“Mecanismos cerebrales de la toma de decisiones”J.M. Martínez-Selva, J.P. Sánchez-Navarro, A. Bechara, F. Román. REV NEUROL 2006; 42: 411-8.

“EEG Spectral Dynamics of Video Commercials: Impact of the Narrative on the Branding Product Preference”, Wang RW, Chang YC, Chuang SW. Sci Rep. 2016; 6:36487.

“Discrete classification technique applied to TV advertisements liking recognition system based on low-cost EEG headsets”. Soria Morillo LM, Alvarez-Garcia JA, Gonzalez-Abril L, Ortega Ramírez JA. Biomed Eng Online. 2016, 15; 15. 1:75.

“Controlled categorisation processing in brand extension evaluation by Indo-European language speakers. An ERP study”.Fudali-Czyż A, Ratomska M, Cudo A, Francuz P, Kopiś N, Tużnik P. Neurosci Lett. 2016. 15; 628:30-4.

“Multiple “buy buttons” in the brain: Forecasting chocolate sales at point-of-sale based on functional brain activation using fMRI”. Kühn S, Strelow E, Gallinat J. Neuroimage. 2016. 1; 136:122-8.

“The impact of parameters of store illumination on food shopper response”. Berčík J, Horská E, Wang RW, Chen YC. Appetite. 2016. 1; 106:101-9.

Si tú estás: ¡Ese es mi hogar!… NeuroBiología “en familia”

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La familia es lo primero. Es probable que ésta sea una de las afirmaciones que más acuerdos recabe entre cualquier grupo humano. Con sus luces y sus sombras. Con su más y sus menos… Pero ese conjunto de personas,  emparentadas entre sí, que viven juntas constituyen, sin duda, los pilares sobre los que se sustenta la sociedad humana… Es, por tanto, una estructura cuya generación y mantenimiento, necesita que cada miembro sea capaz de reconocer sus integrantes y establecer lazos entre ellos (de amor o de odio, que de todo hay); una capacidad que consume una buena cantidad de recursos en el cerebro.

El tema de la familia, desde siempre, ha originado polémicas antropológicas, sociológicas y etológicas. Sin embargo, quizás porque cuando se intenta analizar el parentesco se mezclan experiencias propias, es uno de los campos donde más fácilmente se han ido introduciendo prejuicios culturales sobre la realidad a analizar. No obstante, se puede afirmar que cada pueblo posee algún tipo de sistema de regulación entre parientes. En las sociedades simples, la indiferenciación de sus instituciones permite que el parentesco sea la forma más básica de estructura social. En las sociedades complejas, en cambio, otras instituciones, como la economía, sustituyen, o enmascaran, las relaciones filogenéticas en su papel privilegiado de acceso a la sociedad.

El hecho es que, los grupos humanos unidos por lazos de sangre, responden a varios modelos de organización que, a su vez, se reflejan en sus sistemas de valores. De este modo, se describen, frente al modelo predominante monógamo (al menos durante períodos de tiempos limitados) sociedades con poligamia (tanto con poliginia como con mucho menos frecuencia, con poliandria) combinados con préstamos de parejas. En el mundo occidental, no obstante, se puede afirmar que, de forma general, la sociedad ha pasado, con notable éxito, de una familia extensa a una familia nuclear, amortiguando la solidaridad del grupo doméstico, para dar paso a un modelo de vida familiar a pequeña escala, con un creciente desarrollo de la familia conyugal, y con el consiguiente predominio de las relaciones afectivas sobre las relaciones instrumentales.

La familia nuclear representa un cambio hacia la emoción, el individualismo y lo privado. Así, las relaciones conyugales, basadas en conductas “amorosas”, representan la mayor parte de las unidades familiares. Bien es cierto, no obstante, que este tipo de afectos no son un invento reciente ni tampoco lo es el interés por la crianza de la descendencia. En cualquier caso, son las bases del diseño del modelo de matrimonio que se establece bajo un cálculo sobre ventajas y desventajas (tanto de tipo económico, como afectivas y sexuales).  En este modelo, los miembros de la familia están unidos por factores como lazos legales, derechos y obligaciones, así como una red precisa de actitudes y conductas, aderezadas con una cantidad variable de sentimientos. Justo aquí se han centrado los estudios neuro-etológicos sobre el tema: Los lazos afectivos que se establecen entre los miembros de las familias y que son muy distintos según el estatus individual del sujeto en la misma.

En la familia monógama, la pareja se ha convertido en el eje central de la relación. El desarrollo de técnicas de neuro-imagen ha permitido observar directamente lo que pasa en “el cerebro enamorado”. Los sentimientos amorosos no se forman en el corazón sino en el cerebro, como la ciencia ha demostrado hace tiempo.  El área cerebral más potentemente activada en el enamoramiento resulta ser el núcleo “accumbens”.

El “accumbens” es un grupo de neuronas que junto, al tubérculo olfatorio, constituyen la parte ventral del cuerpo estriado. Fisiológicamente, se le atribuye una función importante en el placer, así como en otras emociones como miedo o agresión. Pero lo más interesante es que, este núcleo, también está implicado en el desarrollo de las adicciones y el efecto placebo al estar relacionado con el circuito de premio-recompensa. Dada su activación durante la fascinación amorosa, el enamoramiento se incluiría, por tanto, en una de esas actividades “potencialmente adictivas”. La pasión amorosa (como cualquier otra obsesión, por cierto) puede ser el máximo exponente del disfrute vital, pero siempre que no se adueñe (o no por mucho tiempo) del cerebro por completo.La pasión es un motor de la motivación y, por tanto de la consecución de objetivos. Desde la Antigüedad se ha intentado resolver este laberinto emocional. Por ejemplo, para Platón, las pasiones se relacionan con el placer y el dolor, y las había nobles (como amor o valentía) y bajas.  Sin embargo, la fisiología pone de manifiesto que la pasión tan solo (o nada menos… ¡Según se mire!) organiza las emociones en torno al objeto que la suscita. En apenas unos milisegundos en el cerebro se desata una  tormenta de sustancias químicas que desencadenan el enamoramiento activándose  las áreas cerebrales encargadas de liberar neurotransmisores euforizantes, como la dopamina, y hormonas del tipo de la oxitocina, asociadas al establecimiento de lazos afectivos duraderos.

Por otra parte, esa familia nuclear se proyecta en el cuidado de su descendencia, también aquí, la Neurobiología empieza a desentrañar los mecanismos que relacionan los afectos y conductas entre hermanos y hermanas.  Aunque hay controversia, existen algunas investigaciones que sugieren que habría una relación entre el orden de nacimiento, que ha sido denominada el efecto del Hermano Mayor.  Sin embargo, otros estudios mostrarían que ser el mayor, estar en el medio o crecer siendo el benjamín de la familia apenas influiría en la personalidad del individuo adulto.  Más estudios permitirán en un futuro responder ésta, y otras, interrogantes al respecto.

Para saber más:

¿En qué zona del cerebro se encuentra el amor?

http://www.muyinteresante.es/curiosidades/preguntas-respuestas/ien-que-zona-del-cerebro-se-encuentra-el-amor

Así funciona el cerebro enamorado

http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/asi-funciona-el-cerebro-enamorado-451454413998

Igualdad entre hermanos

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/79/igualdad-entre-hermanos-14361

Número de hermanos y repercusiones en la personalidad adulta

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/34/nmero-de-hermanos-y-repercusiones-en-la-personalidad-adulta-1374