La “Tribu Primate”: Amor de Madre

La maternidad tiene un efecto humanizador:   Todo se reduce a lo esencial ( Meryl Streep)

La relación madre-cría se ha ido definiendo y delimitando  a lo largo de la evolución, también en el caso concreto de la “Gran Familia Primate”. De modo general, se puede afirmar que salvo honrosas (y muy interesantes para su estudio) excepciones en los mamíferos, la responsabilidad del cuidado de la prole recae en la hembra que la gestó. Una atención que es, además, costosa ya que las especies altriciales, como la humana, son especialmente vulnerables y dependientes en sus primeras fases de desarrollo. Esta necesidad de protección, hace que la maternidad requiera, por tanto, una gran inversión parental… ¡Y no todo el Reino Animal emplea tantos recursos en que sus crías lleguen a término!.

Sin embargo, chimpancés, bonobos, gorilas o humanos sí pertenecen al selecto “Club de las Madres Protectoras y Abnegadas”. En este caso, se vuelve crucial la identificación de la progenitora y su cachorro  así como el establecimiento de un fuerte vínculo entre ambos. Para garantizar dicha unión, las conductas de apego han representado, una gran ventaja adaptativa en los grupos donde se han desarrollado.

El apego, es la vinculación afectiva intensa, duradera y de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos individuos por medio de su interacción recíproca proporcionándoles seguridad, consuelo y protección. Gracias al establecimiento de este apego, en la relación madre-cría, se produce un desarrollo emocional que jugará un papel clave en el futuro del cachorro.

Establecido el vínculo, la conducta maternal se plasma en la expresión de una serie de patrones motores desplegados al final de la gestación, durante y después del parto, que proveen de la alimentación, calor, protección y estímulos necesarios para el desarrollo de la progenie. Suele ser la primera manifestación de esta “capacitación maternal”  la construcción del nido, pero su máxima expresión se  manifiesta con un súbito y singular cambio en su competencia como madre al nacer las crías. Algo se modifica drásticamente en el cerebro de la futura madre, que cambia para siempre su relación con el medio. Así, repentinamente la rata sabrá cómo acarrear a las crías al nido,  lamerlas o adoptar la postura de amamantamiento.

La base fisiológica de esta trasformación, depende de la acción de una secuencia de cambios hormonales que ocurren durante y  al final de la gestación. La transición a la maternidad es un acontecimiento intenso y definitorio durante la vida de la hembra. En conjunto,  cambios estructurales,  y a muchos niveles,  del sistema nervioso de la madre posibilitan la crianza eficiente de la descendencia. Hormonas ováricas tales como estrógenos y progesterona actúan sobre el cerebro de la gestante antes del parto. Por su parte, la  prolactina estimulará la aparición inmediata de conductas maternales tras el nacimiento. Además, la liberación de una serie de moléculas  y sistemas neuromoduladores, entre los que destaca la oxitocina, permitirán el desarrollo normal de las conductas “cuidadoras”. Por tanto, el comportamiento maternal surge de la interacción entre el sistema endocrino y el sistema nervioso central destacando, en este proceso, áreas concretas del hipotálamo.

Estos cambios adquieren una gran relevancia emocional de manera que se favorece la aceptación de las crías, la atención específica hacia su cuidado y un cierto aislamiento de los estímulos del entorno.  Esta emocionalidad justifica la hipótesis de que es que el sistema mesolímbico dopaminérgico quién está directamente involucrado en el proceso.

Además se trata de una experiencia de gran impacto a largo plazo y que  perdurara en el tiempo fijándose en la memoria. Las experiencias de las  primíparas pueden, y deben, permitirles aprender a cuidar de los cachorros de manera que, la maternidad, es un ejemplo extraordinario de la plasticidad de origen natural que, además, es multimodal (incluyendo gestión de muchos tipos de estímulos  auditivos, visuales,  de olores…). Así, diversas  interacciones en las neuronas corticales de las madres recientes pueden proporcionar la base que sustentará  sus comportamientos con las crías.

Para saber más:

J.A. Miranda, K.N. Shepard, S.K. McClintock, R.C. Liu Adult plasticity in the subcortical auditory pathway of the maternal mouse PLOS ONE, 9 (2014), p. e101630

B.J. Marlin, M. Mitre, J.A. D’amour, M.V. Chao, R.C. Froemke Oxytocin enables maternal behavior by balancing cortical inhibition Nature, 520 (2015), pp. 499–504

R.S. Bridges Neuroendocrine regulation of maternal behavior Front Neuroendocrinol, 36C (2014), pp. 178–196

Elyada YM, Mizrahi A, Becoming a mother-circuit plasticity underlying maternal behavior. Curr Opin Neurobiol. (2015)pp. 35:49-56

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